Zapatero, los menores y la inseguridad

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La venida del dirigente socialista español José Luis Rodríguez Zapatero, invitado por el Partido Colorado a dar una conferencia, generó revuelo en filas del frentista Partido Socialista. ¿Qué hacía un dirigente socialista del peso internacional de Zapatero en la sede colorada? ¿Cómo puede ser que quien presidió el gobierno español y dirigió el legendario PSOE, venga a hablarles a los colorados, en plena campaña? Y lo que es peor, para hablar sobre el tema de los menores infractores y la inseguridad.

Su presencia en un acto promovido por el candidato presidencial Pedro Bordaberry afectó la sensibilidad de los socialistas uruguayos y puso el tema del plebisicito sobre la «baja de la edad » fuertemente sobre la mesa.

Más allá del innegable espaldarazo que esta visita significó para Pedro Bordaberry, lo que ella demostró es que (por encima de quienes la apoyan y quienes no) la propuesta del candidato colorado de lograr una reforma constitucional que establezca en 16 años la edad de imputabilidad penal, es un tema que afecta a la sociedad en la medida en que es visto como una parte del creciente drama de la inseguridad.

Hasta ahora las encuestas venían dando una adhesión importante a la propuesta; sin embargo, los sondeos más recientes muestran un leve pero constante descenso que pone en duda la posibilidad de que la reforma sea finalmente aprobada.

Es verdad que otros temas tomaron su lugar en la agenda electoral y este quedó rezagado. Recién ahora Bordaberry empieza a insistir con más vehemencia y la venida de Rodríguez Zapatero fortalece su estrategia. Habrá que ver si de ese modo logrará o no volcar los números a favor de la iniciativa. El margen en disputa es mínimo y por eso tanto sus partidarios, como quienes se oponen a dicha reforma, están nerviosos.

Decidir si votar la reforma es un dilema difícil. Hay una realidad instalada que alarma e irrita a la sociedad y es el creciente número de jóvenes, menores de edad, que amparados en la ventaja legal que esa juventud otorga se vuelcan a la delincuencia. Podrá discutirse si son muchos o pocos, pero lo cierto es que son suficientes como para que el impacto se sienta. Para colmo, actúan a sabiendas de que su edad los protege. En este tema, las víctimas de tales robos, delitos y a veces hasta crímenes, no piensan en términos ideológicos ni juzgan en función de su filiación partidaria. Se sienten profundamente afectadas y entienden que quienes los perjudicaron se la llevan «gratis».

Sin embargo, hay mucha gente, no necesariamente simpatizante del gobierno o del Frente Amplio, que tiene fuertes reparos respecto a la reforma. El Partido Nacional está dividido. Ello no es un problema en términos electorales porque en caso de ganar las elecciones, asumiría el gobierno ya sabiendo si deberá atenerse a una nueva situación, le guste o no. El arzobispo de Montevideo, Daniel Sturla, se manifestó en contra de la baja y su opinión se apoya en argumentos que nada tienen que ver con lo político-partidario. Se podrá estar o no de acuerdo con él, pero su punto de vista no tiene sesgo hacia ningún sector. Por lo general las opiniones contra la reforma expresadas por los no frentistas son las mejor fundamentadas por cuanto no expresan una simplista posición militante.

La consigna «ser joven no es delito» es un ejemplo de esa militancia vacía en la medida en que no afirma nada. O por el contrario, da a entender que ser adulto sí es delito. Nadie dice que por el mero hecho de ser joven alguien automáticamente se convierte en delincuente. La reforma pretende que a partir de los 16 años, aquellas personas que cometen delitos, y solo ellas, pasen a ser penalmente tan responsables como los que tienen más de 18. No dice nada respecto a los que no son delincuentes.

Una de las razones por las cuales mucha gente rehúye votar a favor de esta reforma es porque se pretende instalar una normativa que debería ser una simple ley, como parte de la Constitución. Días atrás, en su columna habitual en el diario «El País», Washington Beltrán fue muy claro al respecto. Tras reconocer que la gente está harta de la inseguridad y reclama medidas que le garanticen tranquilidad y que «el papel que juegan los menores infractores es alarmante», asegura no estar a favor de consagrar por la vía propuesta la baja de la imputabilidad. Es, dice, «un tema ajeno a la Constitución; corresponde a la ley». Una reforma de ese nivel no otorga una solución con efectos mágicos, asegura Beltrán: «La Constitución no es de chicle».

Más allá de las muchas y legítimas dudas que se le plantean a la gente, hay un hecho cierto. Cuando Pedro Bordaberry puso el tema sobre la mesa, obligó a los demás a darle prioridad a la situación de inseguridad que vive el país y forzó al gobierno a aceptar que el problema era aún más grave de lo que quería admitir. Las cosas que pasaban no eran resultado de una simple «sensación» sino que eran reales.

Gracias a la propuesta, el gobierno tomó algunas medidas que dieron resultados. Parciales, pero al menos fueron algo. Lo hecho sirve pero hasta ahora sigue siendo insuficiente y por lo tanto urge ir más a fondo para afrontar con firmeza una situación que está al límite del descontrol. Aun así, si bien escasa, hubo una reacción provocada por el solo lanzamiento del tema al ruedo. Bordaberry mostró, pues, reflejos acertados. Salga o no salga la reforma, ella obligó a profundizar en un tema que aterra a la población.

Es bueno que Bordaberry haya provocado este lío y es razonable que a medida que se acerca la fecha de decidir aparezcan dudas genuinas. Posturas como las de Sturla y las de Beltrán, que no tienen el sello oficialista de los que propugnan como militancia ideológica el «no a la baja», son las que obligan a pensar.

No habrá debate político entre los cuatro candidatos, ya que Tabaré Vázquez se rehúsa a presentarse. Pero importa saber lo que cada uno piensa, ya no solo sobre la delincuencia ejercida por menores, sino sobre todo el tema de inseguridad. Los candidatos de los otros tres partidos confirmaron que al menos entre ellos sí debatirán y es de esperar que este tema sea puesto sobre la mesa.

Al parecer, dicho debate ocurrirá en octubre en un programa periodístico de Canal 12, «Código País». Programa que tiene su prestigio, sin duda, pero que es transmitido a una hora que garantiza que poca gente lo vea. A medianoche (y aun más tarde) buena parte de la población se fue a dormir. Me incluyo en esa parte. Algún trasnochador nos contará lo que sucedió en ese programa a la mañana siguiente.

Por Tomás Linn
AÑO 2014 Nº 1780 – MONTEVIDEO, 4 AL 10 DE SETIEMBRE DE 2014, SEMANARIO BÚSQUEDA

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