Señales de cambio

Dos sucesos, en apariencia intrascendentes, señalan que la sociedad colombiana está experimentando interesantes cambios culturales. En la entrada de un exclusivo bar, Nicolás Gaviria partió en dos la historia del “usted no sabe quién soy yo”. Alicorado y esposado, insultó a la policía y amenazó a los agentes con usar su influencia para trasladarlos al Chocó. Su arrogancia no pasó impune, porque un video lo convirtió en la noticia del momento.

Pero el hecho de que el episodio se haya convertido en noticia es señal de un cambio importante. El incidente llamó la atención de los medios, porque la sociedad colombiana ya encuentra repudiable que las personas justifiquen el incumplimiento de las normas por poseer una posición social superior. Y que la sociedad colombiana se indigne con ese comportamiento es de por sí la verdadera noticia. En adelante, la gente se cuidará de usar el “usted no sabe quién soy yo” para no ser visto como un arribista o, al menos, para evitar hacer un Nicolás Gaviria.

Ojalá alguien grabara a un presidenciable bogotano que se rehúsa a dejar de hablar por celular cuando el avión va a despegar y también grita furioso “usted no sabe quién soy yo” cuando una simple empleada se atreve a pedirle la cédula. ¿Podría eso arruinar sus aspiraciones presidenciales?

El otro suceso fue la celebración del día de la mujer en Anzoátegui (Tolima). Para la ocasión, el Alcalde contrató a unos strippers. Si bien una celebración tan escandalosa con recursos públicos puede parecer un acto del más puro despilfarro y, de paso, un insulto a las mujeres y niños que asistieron al evento, es también una señal de cambios.

Al revisar las novelas de autores como García Márquez, Gardeazábal, Mejía Vallejo, entre otros, es imposible encontrar que las mujeres de los pueblos soñaran con ir a un espectáculo de hombres desnudos. Ni la Iglesia, ni sus padres, ni sus maridos iban a dejar que hicieran lo que los hombres hacían sin ningún remordimiento. Por eso, lo que pasó en Anzoátegui, así haya sido a través de una forma de entretenimiento repulsivo para moralistas y feministas, es una señal de que las desigualdades entre géneros poco a poco se diluyen en la propia periferia del país.

Son cambios que pueden parecer pequeños y sutiles, casi imperceptibles, pero es que los cambios culturales toman mucho tiempo, la mayoría de las veces generaciones. Finalmente, comienzan a mostrarse.
Gustavo Duncan

El Tiempo, (Bogotá). Marzo 11, 2015

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