Milani: se votó el retorno de los militares a la política

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Treinta y nueve senadores, algunos provenientes de las provincias feudales del Norte, otros que presumen de progresistas, votaron el ascenso de Milani. Hubo quienes hicieron trascender que lo hacían de mala gana. Pueril disculpa, pues se vota a favor o en contra. No hay graduación del voto.

Votaron por un acusado de violar los derechos humanos durante la dictadura y haber provocado la desaparición de su asistente, el soldado riojano Ledo. Votaron por un violador de la ley de seguridad interior con sus labores de espionaje vedadas por la ley. Votaron por un acusado de enriquecimiento ilícito, aunque esto puede ser una condecoración en un régimen donde la corrupción es alentada, premiada y exhibida impúdicamente por los niveles más altos del poder.

A treinta años del restablecimiento de la democracia, los genuflexos votaron por el retorno de los militares a la política. Les pareció bien que Milani promueva un ejército comprometido con el “modelo nacional y popular”. La única lealtad de las Fuerzas Armadas debe ser con la Constitución, y no con el gobierno de turno. El año 1983 no sólo fue el final de la dictadura militar iniciada en 1976. Fue el cierre de un ciclo iniciado en 1930 en que los militares se arrogaron el derecho de tutelar a la sociedad, auspiciados por sectores civiles y terminando de formar un verdadero “partido militar”.

El partido militar se nutrió de civiles fascistas y grupos políticos que ante las derrotas electorales recurrían al golpismo.

Ninguna fuerza política tradicional estuvo exenta de culpabilidad. La importancia del 30 de octubre de 1983 fue concluir con ese ciclo, a lo que ayudó el juicio a las Juntas, algo inédito en la región, y la actitud del peronismo renovador cuando en la Semana Santa de 1987, ante la sublevación carapintada, no dudó en apoyar al gobierno legítimo.

La democracia argentina ha experimentado un grave retroceso por el voto de quienes juraron defender la Constitución, pero sólo son serviles a los caprichos de un Gobierno, cuyo interés por los derechos humanos fue faccioso y fenicio.

Marta Valerde, Club Político Argentino CPA

Publicado en Clarín, 27/12/2013

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