Malvinas: cómo recuperar credibilidad e iniciativa

En su reciente -y excelente- libro El orden mundial, Henry Kissinger recuerda que durante la guerra de Crimea, Austria intentó aprovecharse de la debilidad de su aliada Rusia movilizando tropas para ocupar territorios en los Balcanes, rompiendo todos los acuerdos previos del sistema de alianzas que sostenía a Europa. Dos años después, Napoleón III invadió Austria y Rusia le devolvió la gentileza a los austríacos, dejándolos solos. Una década más tarde, Bismarck excluyó a Austria de los acuerdos por la reunificación alemana, sin que Rusia moviese un dedo por su ex aliado. Concluye Kissinger diciendo que “Austria aprendió demasiado tarde que en las relaciones internacionales, la reputación de ser confiable es un activo mucho más importante que la demostración de picardía táctica”. La historia está llena de ejemplos en los que ha sido posible construir y destruir sobre la base de acuerdos explícitos o implícitos en los que lo esencial es la confianza en el otro. En un mundo interconectado, las relaciones se miran con perspectiva de largo plazo, como lo aprendió trágicamente Galtieri al suponer que una dictadura transitoria podía ser mas importante que dos siglos de alianza atlántica ante su delirio mesiánico en Malvinas. Si miramos la situación argentina en relación al tema Malvinas en la última década con esta vara de la credibilidad, el retroceso ha sido abrumador; precisamente porque el kirchnerismo ha basado toda su política exterior en la improvisación y la impredictibilidad. Haber entrado en el juego mas importante de la política internacional, como es la disponibilidad de materiales nucleares, de la mano de un grupo de marginales, ahuyenta cualquier posibilidad de diálogo en los temas mas baladíes con cualquier país, no solo con las grandes potencias.

Es por esta falta de profesionalismo y credibilidad que durante los últimos diez años, el tema Malvinas ha estado dominado por espasmos generados por intereses coyunturales o por tapas de diarios amarillistas. Cameron y Cristina Fernandez fueron socios de un mismo juego fútil en el que el ganador es el Reino Unido, a quien le interesa que no haya ningún avance sustancial. Más aún, la repetición burocrática de propuestas descolonizadoras en Naciones Unidas, ha perdido cualquier capacidad para generar hechos nuevos que cambien ese statu- quo, pues Argentina no tiene ninguna capacidad diplomática para lograr que – en una suerte de carambola- otras áreas del sistema multilateral hagan algo para lograr que el Reino Unido se siente a negociar. Las decisiones del Congreso, como incluir en el derecho penal argentino a quienes comercien con las Islas, es más una muestra de debilidad que de fuerza.

El próximo Gobierno deberá empezar desde cero en el tema Malvinas, como en todas las cuestiones de política internacional. Y el punto de partida -insisto, cero- será demostrar que el kirchnerismo no es una expresión del modo como la República entiende las relaciones políticas, locales e internacionales. O sea, recomenzar el lento camino de la confiabilidad. Para ello, deberá retomar cuestiones que fueron parte de la mejor tradición diplomática argentina, como la proactividad en los foros multilaterales en los que se discutan cuestiones que tienen que ver con la paz; el rechazo al terrorismo, el crimen organizado, los derechos humanos, etc. Tendrá también que encontrar los espacios de interacción y mutuo interés con los países relevantes del Continente para sumarse a los muy relevantes movimientos de integración que se han generado y de los que estamos excluidos, precisamente por nuestros dislates diplomáticos. Y en lo específicamente malvinense, comenzar un pausado y profesional trabajo de generar espacios de negociación en las múltiples dimensiones que rodean a las Islas, desde los mismos Kelpers, hasta el Atlántico Sur y la Antártida, teniendo conciencia que estamos ante un proceso que puede durar décadas, pero que los ladrillos que allí se coloquen serán más sólidos que los que se construyen con discursos melancólicos ante el mar o con respuestas intrascendentes ante las necesidad presupuestarias de las fuerzas armadas inglesas.

Eduardo Amadeo, Socio del CPA,
Clarín, 2-4-15

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