Las Malvinas en la visión de cuatro diputados

Publicado en: América Latina 0

La carta salió publicada el jueves antes de Semana Santa, en Búsqueda, justo cuando el país se preparaba para disfrutar de un «merecido descanso» (¿hay alguno que no lo sea?). Tal vez por eso pasó inadvertida. Sin embargo, tocaba un asunto relevante y sintetizaba una manera audaz pero sensata de ver y entender el tema de las Islas Malvinas.

La carta fue firmada por cuatro diputados: dos de ellos blancos (Jaime Trobo y Daniel Mañana), uno colorado (Fitzgerald Cantero) y el otro del Partido Independiente (Daniel Radío) e incluía el informe que presentaron a la Cámara tras haber visitado las Islas Malvinas, invitados por su Asamblea Legislativa. Faltaría la de un legislador frentista. Uno de ellos fue invitado, pero el Frente Amplio se negó a que viajara. Es una lástima porque de ese modo el país se privó de conocer su punto de vista. Tal vez hubiera sumado su firma a este informe, tal vez no.

Los cuatro firmantes deciden publicar su mensaje «en virtud del gran interés que venimos constatando por parte de la población uruguaya en el fortalecimiento de las relaciones con las islas». Esa sola afirmación ya es elocuente en sí misma.

La postura de los mencionados legisladores expresa una visión de cuál debería ser la política uruguaya en un tema delicado, que le es cercano y que lo afecta por varios flancos. Es probable que no todo el país comparta esa visión, pero los cuatro diputados representan a una porción importante de la población y, por eso, lo que dicen es relevante y explícito.

Por estar en la oposición y no tener responsabilidades de gobierno, los autores plantean con claridad los dilemas posibles de enfrentar y eluden, con sabiduría, los que no les corresponde enfrentar por no ser esa su función.

No entran en el tema de la soberanía. Entienden que esa es otra discusión y que sea cual sea el desenlace, lo que ellos sí proponen sería duradero y para bien de toda la región.

Hablan de las islas y de los isleños. En ningún momento mencionan ni a Argentina ni al Reino Unido. Sugieren un acercamiento «sin perjuicio de la situación política relativa a la soberanía sobre los territorios de las islas». Es decir, reconocen que el tema está planteado, no cuestionan las posturas asumidas por Uruguay ni por sus propios partidos, pero sí trabajan sobre una realidad de hecho y que en el pasado significó una fuerte cercanía entre la población malvinense y Uruguay.

Este planteo adquiere particular relevancia frente a una realidad que parece consolidarse con el paso del tiempo. Hay una población (sin duda pequeña) asentada desde hace más de un siglo y medio que no se reconoce argentina, más allá de que Argentina tiene buenos argumentos para sostener que el archipiélago le pertenece. Se genera aquí un choque de concepciones. Por un lado, entender que la soberanía se define por la posesión histórica y geográfica de un territorio y, por otro lado, entender que la soberanía la definen quienes viven en ese territorio.

Una reciente consulta a los isleños (en la que manifestaron su deseo de continuar siendo un territorio británico de ultramar con cierto grado de autonomía) sacudió el debate. El resultado era cantado: más del 99 por ciento de los habitantes votaron a favor de su actual status (solo hubo tres votos en contra), lo cual era esperable. Y no solo porque la población se siente culturalmente británica. ¿Por qué habrían de querer ser parte de Argentina, un país que les declaró la guerra y los invadió en 1982? ¿Por qué habrían de querer ser parte de un nación cuya idiosincrasia les es ajena? ¿Por qué habrían de desear integrarse a un lugar cuyos gobiernos desgobiernan?

Es natural que los isleños se sientan bien como están. Eso no invalida el argumento de la soberanía territorial pues ocupan un espacio que le fue quitado a las Provincias Unidas en 1833. También es verdad que más allá de una pequeña dotación no hubo allí una población argentina asentada. En la misma época en que Uruguay surge como una nación separada de las Provincias Unidas, el archipiélago pasó a dominio británico y su población, generación tras generación, se asentó y creció allí. Aunque no se trata de una situación comparable, si la población uruguaya fuera hoy consultada, tampoco querría regresar a aquellas Provincias Unidas de las cuales una vez formó parte. El tiempo va tejiendo historias que no siempre tienen retorno.

Hay una importante presencia militar en las islas que no responde a una estrategia de expansión colonialista británica sobre el resto del continente. De no haber habido una guerra en 1982, no estarían allí.

Los legisladores recuerdan que ya antes hubo una relación estrecha entre los malvinenses y Uruguay y definen esa vecindad como un «patrimonio histórico». Un barco unía con regularidad a los dos lugares y muchos hijos de los pobladores recibieron su educación en colegios bilingües montevideanos. Cuando era necesaria una atención médica delicada, era acá donde recalaban. La comunidad uruguayo-británica era una referencia para ellos.

Los legisladores proponen trabajar en el intercambio comercial, en lo educativo y la investigación científica y en mejorar la conectividad entre ambos lugares. Sin duda, eso implica la marítima pero también sugieren la posibilidad de algún vuelo semanal entre ambas capitales. Respecto a los servicios portuarios, lo piensan como una alternativa a los destinos actuales de los isleños (Isla de Santa Elena, Sudáfrica, España y hasta el muy latinoamericano Brasil). Los diputados entienden que un acuerdo en este tema sería conveniente para ambas partes.

El informe se refiere siempre a la población de las Malvinas. Los acuerdos posibles serían con el gobierno isleño y su Asamblea Legislativa, un pequeño cuerpo de ocho miembros elegidos por la ciudadanía cada cuatro años.

Esa pequeña pero activa población, largamente arraigada en las Malvinas, es la realidad innegable. El reclamo argentino hasta el momento se ha expresado a través de estrategias a veces dramáticas y siempre fracasadas, tal vez por apoyarese en supuestos errados. Mientras tanto, se consolida allí un pequeño lugar cuyos habitantes tienen proyectos, formas de vida y una economía pujante.

Por ese motivo, la conclusión a la que llegan los cuatro diputados es sensata: «Si la relación con Uruguay en materia comercial, de servicios de salud y educacionales, de servicios logísticos y otros asuntos, contribuye a superar la histórica situación de aislamiento que viven estos territorios, será también un invalorable apoyo a la convivencia pacífica en la región».

Es así y sobre esto tendrá que meditar Uruguay. Hay una tradicional solidaridad con los reclamos argentinos. Pero eso no significa que el país esté en guerra con el Reino Unido o pretenda sitiar hasta hambrear a los pobladores asentados desde hace más de un siglo y medio en las Malvinas. Por lo tanto, la estrategia razonable es trabajar con ellos y demostrar que un enclave de clara cultura e idiosincrasia británica bien puede, y debe, ser parte de este continente. Simplemente gracias al deseo de querer entenderse mejor.

Por Tomás Linn

Edición 1761 – Abril 24 al 29 2014, SEMANARIO BÚSQUEDA.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.