Evo en campaña: primeros movimientos

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Cuando falta un año exacto de las elecciones, el presidente Evo Morales comenzó (aunque quizá sería mejor decir que intensificó) su campaña política con gestos de acercamiento hacia dos sectores que hasta ahora habían sido sus adversarios: el primero, los católicos y el segundo, las elites de Santa Cruz, la región opositora por excelencia. En los dos casos estos gestos fueron recibidos con los brazos abiertos.

Podría decirse que ambos movimientos se complementan entre sí: aunque Bolivia no tiene cifras sobre la cantidad de seguidores de las diferentes confesiones, se sabe que el porcentaje de católicos es mayor en la más conservadora Santa Cruz que en otras partes del país. Durante las elecciones de 2009 la oposición cruceña a Morales agitó fuertemente el distanciamiento entre éste y el clero a causa de la “secularización sui generis” del Estado que se produjo durante su primera gestión (la peculiaridad residió en que la separación de la iglesia católica se operó al mismo tiempo que la promoción oficial de las creencias animistas de las culturas indígenas). En cambio en el occidente, mucho más ganado por otras formas de cristianismo o por la indiferencia religiosa, este tema no tuvo casi ninguna importancia.

La aproximación a la iglesia católica la facilitó la elección de Francisco, a quien Evo visitó hace un par de semanas en Roma, pues para los gobiernos izquierdistas sudamericanos basta que éste sea distinto de su antecesor para considerarlo un papa de izquierda. En consonancia, la Conferencia Episcopal dejó saber, a través del periódico Página Siete, que sus amonestaciones habían sido “más duras para con los gobiernos neoliberales” que para con Morales, porque en él veían una mayor preocupación social. Dulces palabras para el oficialismo… Impulsados por la presencia de un jesuita en el trono pontificio, los católicos se mueven hacia la izquierda y simultáneamente Evo –quien según su Ministra de Comunicación es “un hombre muy religioso”– lo hace en dirección suya.

Durante la estadía de Morales en su ciudad, Costas se mantuvo una distancia prudente de éste.

La novedad, sin embargo, sólo es relativa: hacía tiempo que el oficialismo había embridado a la “oligarquía cruceña”, la cual decidió pragmáticamente aspirar a convertirse en “boliburguesía” (el nombre que se le da a la clase empresarial venezolana que apoya al chavismo). Más innovador fue el llamamiento que dirigió el Presidente –quien normalmente se opone a cualquier colaboración con la oposición– a la dirigencia política de Santa Cruz, en particular al gobernador Rubén Costas, para cooperar en nombre del pueblo.

En la ya mencionada entrevista con El Deber, el Presidente se portó muy modoso con Costas, a quien no atacó pese a la invitación a criticarlo que el entrevistador le había hecho. No pudo evitar decir, sin embargo, que incluso “un antimperialista y un proimperialista” podían trabajar juntos. Sólo en esta respuesta su genio lo apartó de la estrategia diseñada por sus asesores electorales, con la que por cierto los bolivianos ya están familiarizados, pues se aplica en cada periodo electoral. Consiste en mostrar moderación y apertura a los demás, a fin de no asustar e incluso, en lo posible, atraer de nuevo a las clases medias y sus prejuicios (por ejemplo sus prejuicios religiosos).

Durante la estadía de Morales en su ciudad, Costas se mantuvo una distancia prudente de éste. El Gobernador debe de saber que su viabilidad política depende de que siga representando al “núcleo duro” opositor. A diferencia del Alcalde de Santa Cruz, que luego de una larga carrera en la derecha se convirtió en aliado del MAS, Costas quiere ser un líder nacional, un proyecto que sólo puede desarrollar dentro de la corriente antievista.

Las reacciones de los intelectuales cruceños frente a lo ocurrido también reflejaron la electoralización que comienza a sufrir el país: Unos trataron de aprovechan el clima de “pachacutij” (nueva era de armonía) imperante para subirse al carro ganador, creyéndose –o pretendiendo que se creen– la especie de que a partir de ahora el juego político se normalizará. Otros, despechados, denunciaron la “relación especial” ente Evo y Santa Cruz como un acto de “infidelidad” para el cual debía encontrarse móviles y culpables-alcahuetes. Y los más oficialistas auguraron que, como ocurrió con el MNR después de la Revolución Nacional de los años 50, de aquí en adelante Santa Cruz se convertirá en la plaza fuerte del MAS.

FERNANDO MOLINA

Publicado en Infolatam, La Paz, 30 septiembre 2013

 

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