El señor Muñoz y la demanda boliviana

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Autoridades chilenas siguen repitiendo que, con Bolivia, su país no tiene ninguna cuestión territorial pendiente, pues el Tratado de 20 de octubre de 1904 fijó definitivamente los límites entre ambas naciones. Se agrega que Chile es respetuoso los tratados, y que estos no son revisables.

El actual canciller chileno Heraldo Muñoz, cuando se desempeñaba como Subsecretario de Relaciones Exteriores, presidió la delegación de su país ante la Asamblea General de la OEA, reunida en 2001 en San José, Costa Rica, y en una eufórica intervención expresó que, si en veinte años le tocara nuevamente intervenir en un foro similar, seguiría, como siempre lo había hecho, negando la posibilidad de un acuerdo con Bolivia para solucionar la mediterraneidad con una cesión territorial.

Muñoz no tuvo que esperar dos décadas: persiste en sus forzadas negativas cuando aborda el problema marítimo de Bolivia. A la agresividad, añade la distorsión histórica: insiste en que esa política fue constante en Chile desde que se suscribió el mencionado tratado de 1904, y se propone que siga incólume. Claro que esto no es verdad; Chile aceptó en varias oportunidades  la posibilidad de una cesión territorial negociada. Documentos históricos desmienten el embuste de que La Moneda tuvo una política invariable sobre la mediterraneidad de Bolivia.

Precisamente en estos antecedentes se funda la demanda de Bolivia presentada en la Corte Internacional de Justicia de La Haya. Se exige que Chile se avenga a negociar, de buena fe, la solución de la mediterraneidad de Bolivia, haciendo honor a ofrecimientos pasados. Esto se apoya en la teoría –hay jurisprudencia de su aplicación– de los actos  propios o  unilaterales, o sea en la figura jurídica llamada Estoppel. Esto nada tiene que con la pretensión del gobierno de Michelle Bachelet de que la Corte de La Haya se declare incompetente para conocer el caso planteado por Bolivia, que no ha demandado la nulidad ni la modificación de ese “santo” tratado.

De lo que se trata es que, en aplicación de la teoría de los actos unilaterales, Chile se avenga a negociar con Bolivia una cesión de un territorio que, con  continuidad, la vincule con el Pacífico. Habrá que recordar que los últimos ofrecimientos chilenos en 1950 y 1975, estaban en un territorio ajeno a lo dispuesto por el tratado de 1904. Por ello, habría que consultar con el Perú, pues ese territorio le perteneció hasta 1879.

Las argucias de Muñoz para no honrar la palabra empeñada, no tienen límites.

Marcelo Ostria Trigo

Publicado en: El Deber, EJU, HoyBolivia, La Patria de Oruro,  30 de julio de 2014

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