El préstamo negado y la razón de los ediles

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A los gobiernos les gusta gastar. Y los parlamentos están para evitar sus excesos, vigilar la bolsa, controlar que no se saque de la caja más de lo que hay y asegurarse de que lo que sí se gasta esté bien invertido. Con esa función, los parlamentos cuidan los intereses del ciudadano que paga sus impuestos. Fue con esos saludables reflejos que reaccionó la Junta Departamental de Montevideo (el parlamento municipal) al evitar que la Intendencia pidiera un enorme préstamo para realizar un ambicioso (pero necesario) plan de obras.

El episodio produjo enojos, respuestas airadas y acusaciones de electoralismo. Por cierto, trabar un préstamo del BID por 70 millones de dólares es todo un desafío: responde a una decisión muy pensada y, a la vez, muy audaz. Hay que atreverse a impedir, con esos votos, la llegada de un dinero que permitirá impulsar obras imprescindibles y postergadas en Montevideo. Se necesitan buenos argumentos para ello.

Lo cierto es que argumentos sobran. Quienes impidieron el préstamo hubieran preferido otra situación pero tenían motivos para votar como lo hicieron. Tal como se vienen dando las cosas, la actual administración municipal (heredera de otras aún peores) no merecía esa confianza y era razonable dudar de su capacidad para manejar esos fondos y mostrar resultados eficientes.

Para lograr la autorización de la Junta Departamental a efectos de obtener ese cuantioso préstamo pedido al Banco Interamericano de Desarrollo (BID), la bancada frentista necesitaba conseguir cuatro votos de la oposición. Sólo convenció a dos y no le alcanzó.

La oposición fue acusada de reaccionar así por intereses electorales. En un año en que se realizan las elecciones nacionales (y en mayo próximo, las municipales), el argumento parecería tener sostén.
Sin duda la oposición actuó, entre otras razones, por motivos electorales y es bueno que lo haya hecho así. Los votos que busca expresan a la gente que esos ediles representa. Es gente que está enojada con la ineficiente y escasa obra pública que han hecho cinco sucesivas administraciones frentistas en el gobierno departamental.

Al expresar y atraer a esos votantes, los ediles opositores reflejan lo que está ocurriendo en la ciudad.

No menos electoralista sería la postura de la Intendencia Municipal de Montevideo al solicitar dicho préstamo para poner en marcha obras que se iniciarían sobre el final de su período, a la vista de todo el mundo y justo antes de las elecciones.

Es verdad que el habitante y contribuyente de Montevideo pierde con esta decisión. No habrá fondos para hacer obras que se consideran importantes para el desarrollo de la ciudad. Obras de ensanche en Avenida Italia, General Flores y avenida José Belloni.

¿Pero realmente pierde?

El inmenso error cometido con el corredor Garzón parece irreversible. O, al menos, exigirá mucho tiempo, más dinero aún y un proyecto serio y viable para revertir lo que se ha hecho ahí. Mientras tanto, día a día quienes usen esa avenida, sean conductores de autos o buses, sean pasajeros o simples peatones, se verán perjudicados sin remedio.

Fue un error grotesco. Alguien tomó mal las medidas, usó incorrectamente el centímetro y diseñó una vía donde apenas pasan los buses, con canteros donde no caben los pasajeros que esperan. Todo salió mal y tal vez la única solución sea demolerla y hacerla de nuevo.

El préstamo fue negado a quienes hicieron mal esa obra, a quienes debieron suspender las de la avenida General Flores por temor a que se repitieran los mismos errores, a quienes durante un cuarto de siglo han postergado la realización de obras fundamentales pese a la inmensa recaudación tributaria que reciben. La negativa tiene sentido.

Por un lado plantea una clara desconfianza en quienes piden el préstamo. Por otro lado refleja dudas respecto a si las prioridades señaladas son las correctas y, por último, plantea un cuestionamiento al calendario de obras. A cuatro años de iniciada la gestión de la intendenta Ana Olivera, y casi llegando a su término, ¿le corresponde a ella endeudar a quien será su sucesor?

Es probable que la bancada opositora piense que el próximo gobierno departamental no sea del Frente Amplio. Pero aun si lo fuera, igual no es prudente endeudarse y comprometer al siguiente gobierno, sea quien sea el que lo ejerza. Sería atarlo de pies y manos y dejarle como legado todos los problemas previos, una deuda a futuro y una agenda de prioridades que tal vez no comparta el sucesor.

Por eso sobran argumentos para entender la decisión de negar ese préstamo, aun cuando a primera vista perjudique a los contribuyentes montevideanos.

La decisión, asimismo, obliga al gobierno montevideano a rendir cuentas y responder por sus actos y a ser sancionado si no hace las cosas bien. Sí, a ser sancionado.

Lamentablemente, la Intendencia fue reacia a ofrecerle a los montevideanos un claro y firme reconocimiento de que se equivocó con el corredor Garzón, y no mostró señales de estar preocupada por su pronta corrección. La sensación que persiste es que las cosas se hicieron mal, ya están hechas y así quedarán.

A diferencia de lo que ocurre gracias a las buenas administraciones municipales en muchas ciudades del mundo, Montevideo no es una ciudad por la cual se fluye con facilidad, crece con armonía o es a la vez cómoda para vivir, funcional y además hermosa. La expectativa generada por el Frente Amplio cuando ganó en 1989 se fue desinflando poco a poco. El hecho de que durante dos períodos gobernara un arquitecto que, por su especialidad y antecedentes, se suponía que conocía y quería a la ciudad y por lo tanto sabía qué hacer con ella, fue una de las grandes decepciones que sufrió Montevideo.

El retraso en obras es monumental, el mal gusto campea y la falta de funcionalidad también. No parece haber prioridades pero de golpe surgen todas juntas y por razones electoralistas. Eso no está mal; las elecciones recuerdan a quienes gobiernan que por lo menos hay que mostrar que se hace algo. Pero eso solo no alcanza.

La negativa de la Junta Departamental mostró lo mejor del funcionamiento de un país con instituciones que cumplen su rol. Tomó nota de la frustración de la población y se hizo cargo de ella.

Observó que la Intendencia eludía asumir en forma clara y plena la responsabilidad por un error mayúsculo como el de Garzón, y que sin corregir los mecanismos que llevaron a cometer ese error, pretendió endeudarse para hacer aún más obras. Ante todo ello, la Junta desconfió. Y antes de atar al país a una deuda de destino incierto, optó por negarla.

Para eso están los ediles: para vigilar los intereses, las necesidades y los bolsillos de los ciudadanos. Esta vez, cumplieron.

Por Tomás Linn

AÑO 2014 Nº 1765 – MONTEVIDEO, 22 AL 28 DE MAYO DE 2014, SEMANARIO BÚSQUEDA

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