El país futbolizado

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País adolescente” califica a la Argentina y a su sociedad en sus columnas Fernando González, Director de éste diario. “El enano nacionalista que todos guardamos adentro” describe el historiador Luis Alberto Romero, como el fantasma que nos traba, nos enloquece y no nos deja encaminarnos como deberíamos.

Yo me permito agregar a esa lista el calificativo de País futbolizado, pero sin que nada tenga que ver el Mundial que estamos presenciando. Tras las grandes frustraciones en la historia reciente, la evaporación de las adhesiones febriles a los partidos políticos y a sus líderes, después del grito que se vayan todos” más la ausencia de referencias claras de mejor futuro, aparece una pasión desmedida e irracional. Se mide todo como en el fútbol. Es creer que las relaciones humanas, la práctica de la política, los vínculos con el exterior, las negociaciones con nuestros acreedores, se puede interpretar con la lógica futbolera.

Pero, se sabe, la realidad pasa por otro lado. Por supuesto: muchos dirigentes aprovechan esa manera de encarar el día a día como en un potrero. Porque, simplemente la gente “está en otra cosa, distraída, despreocupada de lo que pasa alrededor. De paso, entonces, forjan la anomia. Del potrero a la falta de normas y a la impunidad. A un país fuera de la ley, donde ciertos delitos pasan desapercibidos. Donde la corrupción de los individuos y del Estado son una constante casi aceptada en medio del partido.

En estos días se han producido algunos hechos que deberían llamarnos más la atención de la que ponemos porque se definen la estabilidad y la credibilidad definitiva de las instituciones. No es poca cosa que un vicepresidente de la Nación esté acorralado por la justicia, mientras sigue sonriendo. Tampoco es un dato menor que un jury integrado por personas con algunos antecedentes que llaman la atención juzguen la estabilidad, el desempeño o el destierro de un fiscal que se atrevió a describir las maldades cometidas por un empresario demasiado amigo del poder.

¿Qué hace el gobierno ante situaciones tan graves? Repite que es un invento de los medios de comunicación críticos o ‘hegemónicos. Creen que los medios son el demonio que busca su derrota, que pretende refundar el país, tirar el nacional-populismo a la banquina y erigir un monumento a la oligarquía traidora de la patria. Como en la cancha, los barrabravas del gobierno entienden que los que no piensan como ellos no solo hacen lo imposible por derrumbarlos sino al país mismo.

El problema que surgió a partir de la decisión de la Corte Suprema de los Estados Unidos, que avala las conclusiones del juez Griesa en los Estados Unidos evidencia hasta qué punto el Gobierno está regido por la imprevisión y la ineficiencia. Y los equívocos que pudieron cometer los que vienen llevando esta causa y creen estar defendiendo a la Argentina. Nadie puede entender por qué no había un plan de emergencia para hacer frente a una sentencia de ese tipo, que no se le diera la razón a los argumentos de Buenos Aires. Es como preguntarse ¿Por qué a mí? ¿Qué hice? ¿Por qué no se estudiaron las alternativas imprescindibles para no quedar atrapados?

Pero allí no terminó la sorpresa. El Gobierno llamó a la movilización de sus hinchadas que se apuraron en empapelar la ciudad con afiches que llamaban a cuestionar duramente a los que reclamaban y a la imposibilidad de negociar con los fondos buitre, los que, como se ve, están ganando la partida. Sin olvidar de descalificar, otra vez, a Griesa, y con ello empantanar más la cuestión.

Esquizofrénicamente, al día siguiente, viendo que esa estrategia no funcionaría (de ninguna manera) la presidente le dio la espalda a los de La Cámpora, que firmaron los afiches, y prometió negociar, ingresar en un trato civilizado. ¿Será así? ¿Los tiempos legales lo permitirán? ¿Bastará con sonreír al contrincante, que el paralelo baje y aumente la cotización de las acciones? ¿Es sólo una cuestión de abogados? ¿O se cometerán los mismos equívocos de llevar a la negociación a los mismos que firmaron el acuerdo con Repsol y con el Club de París, donde no se discutió el descomunal crecimiento de la deuda, aceptado sin chistar, y donde nada se informó al Congreso, el único ámbito que decide, según la Constitución, todo lo referido a la deuda externa?

Que no se crea ahora que con los holdouts nos encontraremos en una cancha de fútbol.

Que el trámite se haga como corresponde y termine bien, que haya una gota de criterio y buen ánimo. Ayudaría a evitar otro default. Que no tendría la dimensión del de 2002, pero que produciría muy serios destrozos. Ese descontrol es que nos quedaríamos absolutamente solos cuando necesitamos con urgencia inversiones extranjeras, un mejor entendimiento con el mundo (especialmente con nuestros vecinos) y cuando venimos perdiendo más de u$s 20.000 millones en un par de años, reservas externas que son esenciales para que subsista la producción, haya empleo y para que tengamos esperanza de una buena sobrevivencia.

Daniel Muchnik, Club Político Argentino CPA

Publicado en El Cronista, 26-6-14

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