Diferendo limítrofe Bolivia-Chile

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En el marco de la reciente declaración del gobierno chileno en la que anunció que impugnará la competencia de Tribunal de La Haya en la demanda boliviana, la presidente Michelle Bachelet señaló que después de un proceso de consulta, donde escuchó a diferentes actores del país y cumpliendo su deber de salvaguardar el interés superior de Chile, tomó la decisión de objetar la competencia de la Corte Internacional de La Haya presentado para ello objeciones preliminares a la jurisdicción de dicha Corte, dentro del plazo previsto para estos efectos que vence el próximo 15 de julio.

Surgen algunas inquietudes respecto a ¿Cómo se tomaron las declaraciones de la presidente de Chile en Bolivia? ¿Será esta una nueva razón para que el presidente Morales apele y exacerbe el sentir patrio previo a las elecciones? ¿Cómo se va a manejar la relación con Chile, teniendo en cuenta que la presidente es Michelle Bachelet (ya no Sebastián Piñera) y partiendo del hecho qué Evo Morales seguirá al frente del poder?

Marcelo Ostria* responde sobre este tema que genera tensión y afecta las relaciones entre los países de Mercosur (pero también en el marco de las recientes declaraciones de Bachelet quién consideró necesario el acercamiento entre el Mercosur y la Alianza del Pacífico).

La intención del oficialismo chileno de objetar la jurisdicción de la Corte Internacional de Justicia de La Haya, notoriamente está dirigida a tranquilizar a su opinión pública, muy sensibilizada luego del fallo adverso en el caso del diferendo con el Perú por la delimitación del mar territorial. La presentación de esta objeción pudiera, si no es aceptada, demorar la tramitación del proceso por más de un año. Pero si la Corte admitiera que no tiene competencia como lo plantea el gobierno de la señora Michelle Bachelet, todo volvería al comienzo, es decir sin que se llegue a ninguna solución a la demanda boliviana de retornar al océano Pacífico con un corredor. Esto quedará, entonces, como un tema pendiente.

Eludir por un tiempo la acción judicial o la posibilidad de una negociación de buena fe, no hará desaparecer la reclamación boliviana. Es un asunto histórico, es un asunto político, es una reparación incuestionable, es una cuestión que merece atenderse para zanjar los efectos perversos de una guerra de conquista en la que Bolivia perdió su litoral.

Cuánto se extrañan opiniones serenas como la del recientemente fallecido diplomático, abogado, historiador, poeta, escritor, académico y explorador chileno don Oscar Pinochet de la Barra (1920 – 2014); “No nos echemos tierra a los ojos, no incurramos en la simpleza, la ilusión de creer que Bolivia a la larga se olvidará del litoral perdido. El país del altiplano continuará clamando por el mar. No es capricho suyo, es una cuestión de identidad, de patria, inolvidable, insoslayable, inmodificable.” (Oscar Pinochet de la Barra, diplomático chileno en la revista “Qué pasa”. 09.01.2004). Todo esto frente a las estridencias del actual canciller de Chile, Heraldo Muñoz, conocido militante de los “halcones” opuestos a un arreglo negociado de la mediterraneidad de Bolivia, que en la Asamblea General de la OEA de 2001 reunida en San José, Costa Rica, afirmó que, si en veinte años le tocara intervenir en un foro similar seguiría, como siempre lo había hecho, negando la posibilidad de una solución negociada de la mediterraneidad de Bolivia.

Con este actitud, que linda en el odio insano a Bolivia, Muñoz ahora repite el retruécano majadero de su predecesor en el gobierno de Sebastián Piñera: Chile defiende la vigencia de los tratados, y con Bolivia hay uno que fija los límites de ambos países, el suscrito el 20 de octubre de 1904 por el que Bolivia cedió a perpetuidad todo su territorio adyacente al Océano Pacífico ocupado por el vecino país desde la guerra de 1879.

Lo que no dice –en esto hay mala fe– es que Bolivia no ha demandado la nulidad de dicho tratado. Se trata de una demanda basada en la ya reconocida teoría de los actos propios o unilaterales, que obliga a un Estado a cumplir de buena fe los ofrecimientos que hizo a otro Estado. Este es el caso de esta demanda. Chile, en muchas oportunidades (las principales en 1895, 1925, 1950, 1961 y 1975), ha ofrecido oficialmente negociar con la cesión de una franja territorial que vincule a Bolivia con el océano Pacífico. Este es el fondo de este asunto, ni más ni menos. Es más, no se plantea recuperar el litoral perdido (120.000 Km2 cuadrados, sino una franja con algo más de 1000 Km2.

Plantear que la Corte de La Haya decline jurisdicción en este caso, luce como una argucia abogadil, a la vez que un contrasentido jurídico, pues es inadmisible que ignore que en la mediterraneidad de Bolivia hay una controversia que debe ser resuelta, por la demanda se presentó en una corte que las partes aceptaron con anticipación como de jurisdicción obligatoria de acuerdo con el Pacto de Bogotá de solución pacífica de las controversias.

Demorar uno o dos años más de lo esperado en la tramitación de la causa en La Haya, no le favorece a Chile –tampoco a Bolivia– y deja pendiente un tema que lastima a América.

Nunca debió llegarse a esta instancia judicial. Ambos países tendrían que haber seguido la tradición de paz y de concordia, y negociar de buena fe una solución de la mediterraneidad de Bolivia. Pero la audacia junto a la intemperancia, la estridencia y, sobre todo, el interés político interno circunstancial pudo más que la sensatez.

Claro está que para llegar a ese entendimiento entre las dos naciones, se requiere de coraje para el desarme de prejuicios y para dejar de lado la animosidad más que centenaria que separa a dos naciones con destino de ser vecinas eternamente.

Santa Cruz de la Sierra, 12 de julio 2014

Marcelo Ostria

*Marcelo Ostria Trigo se desempeñó como viceministro de Relaciones Exteriores, ha sido embajador de Bolivia en diferentes países, también ante la Organización de los Estados Americanos (OEA) entre 1999 y 2002. Actualmente es columnista en diferentes publicaciones de América Latina.

 

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