“COMBO”

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La acepción del término “combo” que recientemente se ha popularizado, ya está registrada en el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española. Su uso se ha extendido como un conjunto de productos que se ofrecen por un precio global. Así es como se van añadiendo palabras y nuevas acepciones a nuestra lengua, enriqueciéndola. Claro está que los puristas no las van a aceptar.

Esto del “combo” me sugiere que en la política hay muchos intentos de vendernos unos combos electorales que pretenden ser la expresión de las preferencias ciudadanas, aunque con frecuencia sus integrantes –los partidos–, suelen tener propósitos finales totalmente opuestos. Esta tendencia de presentar un combo electoral, ciertamente se manifiesta cuando hay que enfrentar una opción que, ya predominante, ejerce el poder con visible autoritarismo; y que tiene, además, controlados los órganos de administración y control electoral.

Si bien los partidos dispersos no tienen, en circunstancias como la que vivimos, muchas opciones para cambiar un estado de cosas visiblemente injusto, las consecuencias, si se tiene éxito en el empeño de llegar al poder con un “combo”, pueden ser, al final, casi tan malas, por las contradicciones que se van a producir inevitablemente, como el régimen que se desplace electoralmente.

Es sabido que hay concepciones políticas opuestas que no es posible reunir en una sola propuesta, a menos que algunos de los aliados renuncie a sus postulados, lo que no es probable que ocurra. Entonces, ese “combo” electoral, compuesto por disimiles no podría asegurar un gobierno coherente.

La actual consigna es que la unidad de los partidos de oposición en Bolivia es la única opción para desplazar en elecciones al Movimiento al Socialismo. Podría ser. Pero ¿cómo armonizar planes y programas de gobierno entre partidos liberales y partidos socialdemócratas y otros francamente socialistas? Se dirá que en Bolivia ya hubo alianzas entre contrarios: MNR – ADN y ADN – MIR, que funcionaron relativamente bien. Pero, en los hechos, resalta que en el último caso, el MIR, una vez en el gobierno de coalición, abandonó su línea socialista, siguiendo nomás lo que se heredó de la anterior alianza MNR-ADN. Otro signo de estas alianzas: los dirigentes de los partidos que las integraban tenían credibilidad y habían probado su disposición de sujetarse a las reglas de la democracia.

La unidad es buena. Pero no cualquier “combo” garantiza coherencia, estabilidad y armonía.

Marcelo Ostria Trigo

Publicado en: El Deber, EJU, HoyBolivia, La Patria de Oruro, 4 de junio de 2014

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