“Aprés moi, le déluge”

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El título de esta nota, “Después de mi, el diluvio”, es una frase atribuida a Luis XV, rey de Francia. Representa el absolutismo del siglo XVIII, y ahora debería quedar solamente como referencia histórica. No obstante, el empeño de algunos poderosos sigue siendo el mismo: perdurar en el poder por siempre, hasta su muerte…

El presidente de Venezuela, Hugo Chávez Frías, retuvo el poder hasta su final, y dejó ese “diluvio” en forma de tragedia, poniendo en evidencia el fracaso del populismo, pues no logró ni justicia ni libertad, ni bonanza pese a la enorme riqueza –el petróleo de Venezuela–, ni paz y armonía para la ciudadanía.

Venezuela va a cambiar pese a la violencia chavista. Apena, sin embargo, que se tenga que recordar que “lo más atroz de las cosas malas de la gente mala es el silencio de la gente buena” (Mahatma Gandhi, 1868 – 1948). Es el silencio, ciertamente culpable, que ya resuena en los pasillos de la maltrecha OEA de Insulza; y que, además, pone en evidencia a los que olvidaron que “Los pueblos de América tienen derecho a la democracia”, e incumplieron “la obligación de promoverla y defenderla” (Carta Democrática  Interamericana).

No se explica que gobiernos, considerados serios y consecuentes, en la OEA hayan renunciado a hacer valer los principios que dicen compartir: la libertad, la democracia y la justicia, como valores indispensables para vivir en un espacio propicio para la armonía y la paz.

Pero hay luces que muestran que no todo está perdido. Los ex presidentes Oscar Arias de Costa Rica, Fernando Henrique Cardoso de Brasil, Ricardo Lagos de Chile y Alejandro Toledo de Perú, expresaron –lo que no hicieron los representantes de sus sucesores en la OEA– su alarma por la violencia en Venezuela y por la “represión desproporcionada por parte de la fuerza pública y de ataques por parte de grupos armados ilegales que algunos medios vinculan con partidos políticos en el gobierno (venezolano)”. Agregaron que “es indispensable que se ponga cese de inmediato a la persecución contra los estudiantes y los líderes de oposición, incluida la liberación del señor Leopoldo López y de todos los detenidos o perseguidos por razones políticas”, y que es imperativa “una investigación independiente y transparente sobre las denuncias de torturas y otras violaciones a los derechos humanos y que se ponga cese al hostigamiento a la prensa independiente…”.

Mientras tanto, Venezuela sufre abandonada por los otros. Y el ominoso diluvio dejado por el extinto comandante, persiste.

Marcelo Ostria Trigo

Publicado en: El Deber, EJU, HoyBolivia, La Patria de Oruro, Informe Uruguay, 12 de marzo de 2014

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