Amnistía

Con la visita del Papa Francisco a Bolivia, muchos ciudadanos han visto que esta es una oportunidad para pedir al gobierno nacional que, en una demostración de respeto a los derechos humanos y a las libertades democráticas, dé amnistía en favor de los presos, perseguidos y exiliados políticos. Se exige no solamente la libertad de los detenidos injustamente, sino también que, en el futuro, se respeten las leyes, se dignifique la justicia y se depure el ministerio público, de manera que no se repitan juicios con interés político contra inocentes.

En Bolivia, es sabido, hay presos políticos enjuiciados penalmente. Muchos están encarcelados desde hace más de cuatro años sin sentencia, y algunos tienen su salud quebrantada. Sin embargo, la larga detención de los presos políticos, no ha despertado la protesta internacional, como es el caso del líder opositor venezolano Leopoldo López. La prioridad, ahora, es conseguir en esta oportunidad la libertad de los presos, el retorno de los exiliados y el cese da las persecuciones. En Bolivia se ha otorgado amnistía en diversas oportunidades. Se las daba antes de elecciones. Se pensaba, cada vez que el gobierno adoptada esta medida, que se abría la posibilidad de lograr paz, respeto mutuo y observancia de la ley que siempre fue torcida para endilgar delitos a inocentes, solo culpables de pensar diferente.

Sin embargo, no corresponde la amnistía, sino el simple desistimiento de los representantes del ministerio público –al fin y al cabo, éstos obedecen al poder– de los juicios penales contra políticos y dirigentes encausados por el imaginario delito de terrorismo, y aún de separatismo. Se debe autorizar el ingreso al país de los exiliados y ordenar a los organismos de represión que cesen las persecuciones. Todo esto si hay auténtica voluntad de humanizar la política.

Lo anterior, es diferente a la amnistía, que es el “perdón de penas decretado por el Estado como medida excepcional para todos los presos condenados por determinados tipos de delitos”. Los pedidos de libertad no son para “presos condenados” sino para encausados injustamente por delitos no cometidos.

Tampoco corresponde el indulto “que supone el perdón de la pena”. No se perdona al inocente. Nunca los ciudadanos que están en las cárceles sin haber cometido delitos debieron ser detenidos, coartando su derecho a la efectiva defensa en un procedimiento judicial. Es el derecho a la libertad que es “uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos…”. (Don Quijote a Sancho).

Marcelo Ostria Trigo
El Deber, (Bolivia). Julio 8, 2015

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