A su sitio

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Es obvio que el motivo del apoyo estaba en la continuidad del proceso de paz, la estabilidad institucional y una cuenta de cobro por la pugnacidad de Uribe.

Santos recogió un inmenso apoyo entre creadores de opinión, académicos y ONG. Pero este apoyo no era hacia él, sino que era en realidad un profundo rechazo a Uribe. Pese a todo, no por eso dejaba de ser un apoyo lleno de pasión. En las semanas pasadas era difícil mantener una postura crítica frente a ambas candidaturas sin ser acusado de ser un colaboracionista del uribismo.

Tanta pasión llevaba implícito un riesgo. En nombre del antiuribismo se estaba entregando una legitimidad a la agenda y a la gestión de Santos que no correspondía a un sentimiento real. Por eso es importante ahora que columnistas y analistas regresen a su sitio y dejen claro para qué ayudaron a reelegir a Santos y para qué no.

Es obvio que el motivo del apoyo estaba en la continuidad del proceso de paz, la estabilidad institucional y una cuenta de cobro por la pugnacidad de Uribe. Pero en la pasión pasaron por alto que Santos cometió muchos de los abusos que tanto criticaban.

Primero, la reelección tal como funciona en Colombia conlleva el riesgo de que el Presidente utilice las instituciones del Estado para atacar a sus contrincantes. En concreto, cualquier fiscal le debe gran parte de su puesto al Presidente-candidato. Y en la campaña se demostró cómo el Fiscal puede jugar un papel definitivo a costa de su legitimidad como institución.

Está bien perseguir a los hackers, solicitar la extradición de Hurtado y esclarecer la participación de generales en los ‘falsos positivos’. Lo malo es que se haga para que el Presidente se reelija, no para hacer justicia. Si Zuluaga hubiera ganado, ¿estaría bien que utilizara al próximo fiscal para sacarse el clavo con Santos?

Segundo, el triunfo de Santos le debe bastante al derroche de los recursos públicos. Una simple mirada de los resultados electorales nos muestra la deuda de Santos con el clientelismo de Musas y Ñoños.

Tercero, la gestión de Santos, así quiera pasar por modernizadora, carga lastres muy pesados. Los nombramientos en los principales cargos de gobierno no obedecen a puros criterios de méritos. Pertenecer al círculo social del Presidente es una ventaja descarada.

No es tiempo de celebrar que el país evitó una dictadura, una apreciación ligera, aun a pesar de los excesos contra las instituciones cometidos por Uribe en su afán de reelegirse. Es hora, más bien, de pasarle la cuenta de cobro a Santos por el apoyo. Ya otros lo están haciendo.

Gustavo Duncan
El Tiempo, 18 de junio de 2014

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