Una mirada a la situación y realidad de la mujer amazigh

Por Fátima Makhoukh

Fátima Makhoukh, periodista marroquí

«Orgullo de ser amazigh y mujer». Esta combinación dio un impulso distinto a la reciente historia de las movilizaciones sociales en Marruecos, en donde destacó la naturaleza combativa de la mujer amazigh. Parece que las bereberes también se inyectaron en sus venas la capacidad de supervivencia y la milenaria lucha de los amazighies frente a los diferentes regímenes políticos del norte de África, específicamente en Marruecos.

«Fuimos y somos motor de los cambios que se producen progresivamente en la sociedad marroquí en términos de derechos y libertades, pero sobre todo en el campo del reconocimiento de nuestra identidad bereber», dijo desde su asociación Voz de Mujeres Amazigh,  Amina Zioual. No es la única.

Decenas de colectivos de mujeres amazighíes florecieron en los últimos años al calor del movimiento amazigh y de los cambios preconizados por la nueva Constitución en 2011 que aún no dando los resultados esperados, sí abrió una nueva espita al clamor popular de la identidad amazigh. La palabra «voz» es la más trillada por Amina, será por eso que una de las habitaciones de su local acoge la primera radio comunitaria de Rabat y bereber.

Que la Constitución de 2011 marcara un punto de inflexión en la literatura reivindicativa del movimiento amazigh, al reconocerse la oficialidad de la lengua obedece, en parte, al liderazgo de las mujeres en las protestas. 

Durante años llevan blandiendo la voz de la transición democrática en Marruecos, sobre todo, en los tiempos de Hassan II, el padre de Mohamed VI. Tras ocho años de letargo, el pasado 10 de julio se aprobó definitivamente la ley orgánica que aúpa el amazigh a lengua nacional, al mismo nivel que la árabe.  «La oficialización de la lengua es un derecho no sólo de los amazighies también del resto de los marroquíes. El siguiente paso, en esta etapa transitoria de entre 5 y 10 años, es que las escuelas, administraciones, tribunales y parlamento adopten la traducción simultánea en cada una de las sesiones», indicó Noureddine Mediane, diputado rifeño y jefe del grupo parlamentario del partido nacionalista y conservador Istiqlal, para quien el movimiento amazigh palpitó distinto desde la incorporación de la voz femenina.

Esta formación política incorporó en sus planteamientos ideológicos la reivindicación de los derechos de la mujer que se materializó con la nueva creación en 1944 de la Asociación de Mujeres Independientes. Tanto es así que la mujer abanderó la lucha contra la ocupación colonial. Sin embargo, la reivindicación exclusiva de los derechos de la mujer amazghí nunca fue una prioridad para un partido nacionalista que, en su lugar, apoyó el carácter arabo-musulmán del país magrebí. Eso sí, en la última década un giro de tuerca se produjo seguidamente del discurso inclusivo del Rey del reconocimiento de la identidad amazígh que ha permitido al partido Istiqlal incorporar en sus filas nuevas voces de mujeres «amazighíes». 

El progreso del reconocimiento de los derechos culturales, sociales, políticos y lingüísticos de los amazighíes se alcanzó por la resistencia femenina. En especial, en el campo cultural en donde la poesía, el arte, la música, el folclor se vehiculaban a través de un sólo hilo conductor: la mujer amazigh.

La cultura amazigh asociada expresamente a la mujer se enfrentó discretamente al contexto de la centralización y de la arabización iniciado por Hassan II y su visión de la construcción del Estado. Sobre las paredes de la asociación, Amina exhibe los colores de su tierra natal, el oasis paradisiaco de Tafilalet en la población de Ait Khabbash en donde las mujeres preservan la tradición beréber de tejer las alfombras de colores brillantes. Se bordan los edredones de noche, se pintan las caras con azafrán, llevan joyas en manos y brazos. Con ello no tratan de ostentar los bienes materiales, sino demostrar las artes hechas por y para mujeres que simbolizan un grupo social, una etnia. 

Las ropas, los tatuajes, las joyas han venido siendo una declaración pública de la cultura amazigh.

Un fascinante ritual artístico que Marruecos se apropia con orgullo en sus festivales nacionales como muestra de la diversa identitaria.  Así las cosas, el control sobre estos símbolos de la identidad amazigh dio a la mujer poder y prestigio. Tanto es así que la mujer amazígh ha sido considerada como en tantas otras culturas beduinas, una mujer emancipada e insumisa. «Sin embargo, el patriarcalismo conducido por el machismo árabe ha interferido en nuestra cultura y ha erosionado nuestros modos de vida y costumbres», denunció Amina. 

Las interpretaciones del Islam en manos de los eruditos árabes limitando y oprimiendo los espacios de la mujer también impactaron en la identidad amazigh. Del último estudio realizado en el año 2015 por la asociación de Voz de la mujer amazigh para conocer mejor la participación política de la mujer bereber se desprende que las autoridades religiosas y  la tradición, entendida ésta como la exclusión de la mujer del espacio público, influyeron en el desbanque de las bereberes del campo político.

Más allá de las interpretaciones machistas del Islam, el feroz patriarcalismo jugó un rol fundamental en la discriminación de la mujer amazigh. «¿En donde ha quedado, por tanto, la definición real de Tamghart?»—se preguntó Malika Khalil. Recupera este concepto procedente de Amghar que en amazigh quiere decir «jefe», el que lidera y ostenta poder, pero siempre refiriéndose a la mujer. Lo que había permitido poner en pie de igualdad a hombres y mujeres amazhíes.

Khalil es parlamentaria del partido Autenticidad y Modernidad(PAM), que la administración creó en 2009 para hacer frente al acérrimo rival, la formación islamista del PJD que gobierna actualmente en coalición. La dirección del PAM se apropió del discurso progresista feminista con la finalidad de promover una mejora de las condiciones sociales, económicas y lingüísticas de las mujeres en general y en particular, de la mujer amazigh.

«Desde la constitución del PAM, hemos ayudado a la emancipación de más de mil mujeres amazhíes», matizó la parlamentaria. Pese al constante combate, el liderazgo femenino de la identidad amazigh se da de bruces con la realidad de las normas sociales que confinan a las mujeres al espacio estrictamente doméstico. «Las visiones del hombre oriental en alusión a la mentalidad de la doctrina wahabita de Oriente Medio, se han utilizado de referencia por el hombre amazigh para igualmente marginar a la mujer y auto-convencerse de la conducta machista, exclamando para todo un «haram» (prohibido en árabe)», señaló Malika. A lo que añadió «no sólo nos enfrentamos a las desigualdades promovidas por nuestros entornos más cercanos sino que, además, debemos lidiar con la ideología rigorista que nos acusan de infieles y de ser opositoras a los valores del Islam».

Las generaciones de hoy extendieron sus reivindicaciones identitarias a los derechos y libertades de la mujer. 

«En aquel entonces, principios de los años 2000, el movimiento femenino nació desde una perspectiva más política porque sentíamos que el movimiento feminista marroquí tomaba como referencia la cultura árabe a la hora de hablar de nuestra historia. Veíamos un descuido de la cultura indígena amazigh como fuente igualmente de la construcción histórica de este país. A esta reivindicación, le hemos incorporado nuestros derechos que son comunes a todas las mujeres del país»; comentó a este diario Meryam Damnati, responsable de la comisión de la mujer en el Observatorio Amazigh de Derechos y Libertades y coordinadora del Foro de mujeres amazhíes de Tamazgha. Y añadió: « aunque nuestras limitaciones como identidad nos empujó a crear las asociaciones asentadas sobre la cuestión amazigh, nos consideramos la voz amazigh de toda la nación». El nicho de actuación de Meryem se sitúa, en especial, en las zonas rurales porque la mujer bereber sufre una mayor exclusión, sin acceso a la escuela y expuesta a casamientos prematuros.

Las marcas del analfabetismo y el desempleo que todavía persisten desvelan la violencia lingüística a la que el colectivo femenino bereber sigue sometido. Las mujeres de las zonas rurales sólo pueden hablar tamazight, por lo que cuando toca recurrir a las autoridades locales—proceden en muchas ocasiones de zonas no bereberes—les resulta imposible comunicar. «Tienen dificultades a la hora de explicar a un médico un dolor, a un policía si sufren maltratos y en un tribunal les es imposible defenderse. ¿Qué tipo de amparo reciben estas mujeres?» describió Amina Ibnou Cheikh, militante y directora del periódico amazigh. «Necesitamos intérpretes para estas mujeres tanto en las zonas rurales como en las grandes ciudades marroquíes hacia donde muchas mujeres bereberes emigraron por trabajo y encuentra la dificultad de la comunicación» matizó Amina Ibnou Cheikh.

La migración ha sido el único medio de movilidad social para las mujeres pobres bereberes rurales que una vez en ciudad debían adoptar la lengua árabe. 

Teniendo en cuenta su condición social y la escasez de medios para aprender el idioma estándar, este colectivo vive la exclusión y el aislamiento.  

Sobre la desprotección de la lengua y la cultura bereberes ha trabajado estos años Amina Zioual que se enorgullece de la fuerte militancia en el campo y en la ciudad para que las bereberes conozcan sus derechos. A pesar de la experiencia acumulada por parte de las asociaciones de mujeres amazighíes y su enorme contribución en la movilización de la identidad, los desafíos son mayores. La mujer bereber sigue enfrentada a la «hogra», humillación en tamazigh.

Siente en la vida cotidiana un trato injusto y discriminatorio tanto en las administraciones, instituciones como en otros establecimientos públicos en donde difícilmente se pueden expresar en la lengua bereber. «¿Sabes cuántas veces escucho de mis conciudadanos, esta gente no habla árabe»», confesó Meryem Demnati. Entre sus combates se sitúan la reposición lingüística cultural de la mujer amazigh y su inclusión en la sociedad. 

«Nuestros hijos son víctimas de la marginalización. Sienten que su lengua es una basura. Como si fueran perros que ladran. Es tal el desprecio que muchas familias rechazan que sus hijos preserven su lengua y se les sensibiliza para aprender el árabe, la lengua del Corán», matizó. En este sentido, Meryem o Amina reconocen el enorme reto que se les presenta en el movimiento femenino amazigh no sólo sensibilizando las Instituciones, sino también a la opinión pública y a las propias familias amazighíes para que defiendan su bandera identitaria y recuperen su lengua como la base de todo un colectivo.

Más allá del reciente reconocimiento de la lengua tamazigh, el colectivo femenino entiende que es momento también de superar otra barrera: el registro de los nombres, hasta el momento todos árabes. « Nuestra libertad pasa por bautizar a nuestros niños con los nombres que deseamos. Lo contrario es una violación de los derechos humanos. Exigimos que se revise este tema para garantizar el derecho a elegir un nombre y adquirir personalidad jurídica sin discriminación», afirmó Zahra Ouhsain, periodista en la televisión nacional Tamazight, además de conducir la vicepresidencia de la asociación nacional Amazigh por la ciudadanía «Azetta Amazigh». Fundada en 2002, defiende y promueve la lengua y cultura amazigh. Esta red alcanzó una mayor legitimidad popular por parte del movimiento frente al Instituto Real de la Cultura Amazigh al que se le califica de «poco independiente». 

Zahara no oculta la satisfacción que le ha producido la materialización de la ley orgánica que equipará el amazigh a la lengua árabe. A partir de ahora las mujeres enseñarán con menos resquemor su cultura a través de los tres colores, el azul, el verde y el amarillo. Sobre ellos, las letras «tifinagh».

Este es un importante signo de vida para la continuidad del movimiento amazigh. Quedan muchos otros en aras de los derechos de la mujer bereber. Posiblemente, no en este siglo, pero sí en el siguiente surgirá la defensa del colectivo LGTBI. No está en la agenda de este movimiento social u otros porque no casa con la tradición musulmana. La homosexualidad, además, es considerado un delito y se purga con cárcel, por lo que su reivindicación es, por el momento, una ilusión. Sin embargo, esta restricción no ha impedido la aparición de colectivos ilegales pero tolerados como Kifkif (« de igual a igual») o también la organización Aswat que se mueven sigilosamente en las redes sociales para avanzar en la defensa de los homosexuales en Marruecos.

El reto no sólo es institucional también popular. El asalto de la población contra el colectivo de KGTBI es, en ocasiones, mayor que el ejercido por las propias autoridades. Por lo tanto, la supresión de los artículos del código penal que condena al colectivo homosexual sería insuficiente sin antes poner en marcha políticas públicas que contribuyan en la transformación de la mentalidad marroquí.

*Fátima Makhoukh es periodista marroquí. Este artículo fue publicado previamente en Nationalia y se reproduce en CPLATAM con el consentimiento de su autora.

Enero, 2020

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