Una diplomacia innovadora

Por Mohamed Bendriss Alami[1]

Mohamed Bendriss Alami, Harhoura, julio, 2019
La diplomacia es un elemento fundamental en la política de un país, acompaña su desarrollo y su evolución y posibilita su posicionamiento exterior. Su eficacia emana del dinamismo y de la estrategia proactiva y coherente que le impriman quienes toman las decisiones en materia de política exterior. Precisa objetivos y metas definidas con precisión y experticia y en consonancia con las circunstancias, los contextos y el proyecto de sociedad que se tenga, en correspondencia con las aspiraciones y los desafíos que imponen el siglo XXI. El éxito diplomático depende de una visión clara de Estado.

Hace tres décadas, bajo el impulso de la globalización, la diplomacia participativa empezó a desarrollarse con el propósito de contribuir a un mundo más solidario, responsable e inclusivo. En últimas, se trató de la legitima aspiración de un mundo con un rostro más humano. No obstante, los gobiernos no han tomado las medidas necesarias para orientar al mundo en esa dirección. Inciden factores e intereses políticos y, principalmente, económicos de los grupos de presión en lo local y en lo global. Las organizaciones de la sociedad civil han tomado esta responsabilidad bajo el impulso y estímulo de las Naciones Unidas. La sociedad civil no debe subestimarse, es el mandante electoral en los países democráticos y, por tanto, está en capacidad de elevar sus demandas e incidir en el debate público para la toma de decisiones políticas que la afectan.

Lo anterior significa que los representantes son votados justamente para representar y concretar las aspiraciones de la ciudadanía que los elige. Las ONGs intervienen cada vez más en asuntos de carácter universal, a saber: el cambio climático, el desarrollo sostenible, la universalidad de los derechos humanos, el comercio internacional, el medio ambiente, las migraciones, etc. Esta presencia ramificada a nivel global se ha visto reforzada y amplificada con los medios de comunicación, concediéndole mayor autoridad y poder a la sociedad civil que hoy actúa en paralelo con los canales diplomáticos regulares que, valga decir, muchas veces no comparten los mismos planteamientos y visión de la sociedad. La discordancia de opiniones y argumentos ha obligado a los políticos y a las autoridades de cada país a dialogar y a procurar un mayor entendimiento con la sociedad civil.

La emergencia de una nueva fuerza deliberativa y dialogante ha dinamizado e incluso ha llevado a la transformación de las lógicas electorales. Los representantes hoy conceden mayor relevancia a la opinión pública e intentan articular sus demandas en sus programas y candidaturas. Estos procesos también implican la adaptación de nuestros instrumentos y canales diplomáticos para que actúen en consonancia con los objetivos que se deben alcanzar para la resolución de problemas sobre cuestiones diversas. Se trata de involucrar a diferentes actores —canales gubernamentales (formales) y canales paralelos (sociedad civil)— que propendan a la acción desde su experticia redistribuyendo los roles y las tareas, optimizando los recursos y maximizando las oportunidades.

A partir de estos planteamientos se puede sugerir que Marruecos tiene la ocasión de explorar y aprovechar todas sus potencialidades desde una perspectiva global profunda, tanto para sobrepasar la cuestión del Sahara, como para apoyar todos los compromisos que nuestro país está asumiendo en el ámbito internacional, especialmente en África, pero también en Asia y en América Latina. De la inserción de Marruecos como actor comprometido en el escenario global depende nuestro desarrollo económico y social, corolario del desarrollo de nuestros partenariados en el marco de acuerdos equilibrados y soberanos basados en el concepto ganador-ganador.

Nuestro gran proyecto nacional abarca múltiples objetivos y necesita del apoyo y de la contribución de todos los marroquíes, indistintamente de donde se encuentren, de su color político y de su vocación profesional, susceptibles de generar riqueza y bienestar. Este proyecto movilizador —global e inclusivo— debe ser horizontal, dinámico y evolutivo, innovador y renovable, catalizador de sinergias, orientado a la obtención de resultados, al seguimiento riguroso, a la estrecha coordinación y —con base en las lecciones aprendidas y en las experiencias del pasado— capaz de corregirse regularmente para conservar su vigencia, eficacia y pertinencia, superando obstáculos y desafíos.

Desde el comienzo de la cuestión del Sahara nos hemos encontrado con situaciones embarazosas más allá de que tengamos el respaldo de países socios o amigos. De la posición oficial que asumen los gobiernos se ocupan los canales diplomáticos oficiales y formales, son relaciones entre Estados, evidentemente. Pero, ¿qué sucede a nivel de sociedad civil? ¿Quién se ocupa de este tema? Nos encontramos con algunos casos donde los Estados y gobiernos (Francia, España, Estados Unidos, Reino Unido, etc.,) tienen posiciones de respaldo, respeto o neutralidad hacia Marruecos, pero a nivel de sociedad civil la desinformación y el desconocimiento llevan a acciones sociales adversas y a la descalificación de Marruecos sobre la base de informaciones falsas interesadas en contaminar las relaciones políticas. En este caso las vías de la diplomacia formal poco pueden hacer. El ámbito social excede su influencia.

Desde luego, no se trata de promover la censura, pero si de procurar un intercambio y un debate respetuoso entre iguales —a nivel de sociedad civil y academia— que aporte mayores elementos para la reflexión y el análisis de un tema complejo. Esta es la diplomacia o fuerza paralela que puede exponer con propiedad y con conocimiento los argumentos de Marruecos, representar sus intereses que, en últimas, son los intereses de todos los marroquíes. Transcurridas más de cuatro décadas de la controversia territorial, la comunidad internacional puede suponer que como sociedad llevamos una carga considerable y somos los más interesados en la resolución del diferendo para que la región del Sahara pueda surgir en todo su potencial y Marruecos pueda avanzar en su consolidación política, social, económica e internacional.

Gráfico conceptual de concomitancia

Gráfico elaborado por Mohamed Bendriss Alami

El marco conceptual presentado en el gráfico esquematiza la concomitancia existente entre los gobiernos y la sociedad civil; y, de otra parte, a nivel de sociedad civil, en su dimensión nacional e internacional, en un escenario de solidaridad mundial. Estos flujos de influencia tienen carácter bidireccional. Es preciso que la diplomacia paralela o diplomacia no gubernamental (DNG) se posicione en esferas estratégicas para optimizar las oportunidades ocupando diferentes espacios sociopolíticos con el fin de dar a conocer, descubrir y representar los intereses de nuestro país. Este despliegue estratégico debe canalizar los medios disponibles y hacer un uso eficiente de los recursos escasos.

Es preciso materializar una estructura que sea capaz de concebir ese proyecto integrado, diseñar su arquitectura y ejecutarla con un plan de acción que se corresponda con objetivos determinados, con estrategias y etapas delineadas, con evaluación de los riesgos potenciales, del impacto y de los resultados esperados. Al tratarse de un proyecto pluridisciplinario es altamente aconsejable que no esté subordinado a una estructura vertical, debe ser concebido horizontalmente y ser permeable a la participación y a la contribución de actores con potencialidades y conocimientos diversos encaminados a la consecución de objetivos comunes y progresivos. Marruecos —por su fuerte compromiso con el continente africano— necesita concebir una herramienta apropiada y eficaz con capacidad de ejercer influencia sobre las instancias regionales e internacionales. Los intereses del continente africano son el objetivo primordial de la política exterior marroquí y, por tanto, de la agenda de S.M. el Rey Mohamed VI. Marruecos recuperó su lugar en la Unión Africana y con su red ramificada de partenariados —en el norte y en el sur— debe procurar el fortalecimiento de su visibilidad y presencia en África. Lo anterior implica el despliegue de la acción y de la movilización social en cuatro dimensiones, a saber:

  • Solidaridad internacional
  • Opinión pública
  • Debate público sobre temas internacionales que tienen incidencia directa en Marruecos
  • Diplomacia cultural

Por último —y en consonancia con lo expuesto en estas líneas— quisiera señalar que hay dos actores relevantes que deben ser movilizados en esta estrategia de diplomacia innovadora: las universidades y los centros de investigación científica; y, los actores del sector privado que todavía no contribuyen de manera suficiente al sostenimiento de sus actividades en el continente africano. Sin embargo, también es de señalar que las universidades marroquíes todavía deben abrirse al continente africano y a los países latinoamericanos. Estas regiones tendrían que conocer Marruecos a través de nuestras universidades y expertos y no como ha ocurrido hasta ahora, con un conocimiento desinformado, muchas veces interesado y de segunda mano sobre nuestro país. Los medios de comunicación marroquíes también podrían jugar un papel más destacado y activo para potenciar el acercamiento y el conocimiento de Marruecos con estas regiones y viceversa.

[1] Mohamed Bendriss Alami, antiguo Director Regional Adjunto de UNICEF para el Oriente Medio y África del Norte (MENA), Representante de UNICEF en varios países de África y de Asia.

Un artículo exclusivo para CPLATAM -Análisis Político en América Latina- ©

Rabat, Reino de Marruecos, julio, 2019

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