Un viajero curioso, una vida en tránsito / En diálogo con Mohamed Bendriss Alami

Clara Riveros y Mohamed Bendriss Alami, Harhoura, julio, 2019
Mohamed Bendriss Alami (1945) es un antiguo Director Regional Adjunto de UNICEF para Oriente Medio y el Norte de África (MENA), ha sido representante de UNICEF en varios países de África y de Asia. Su vida causa admiración y extrañeza. Alami, un hombre tranquilo, reflexivo y de sonrisa apacible, con quien recorrí el Marruecos Mediterráneo semanas atrás, resultó ser un guía experimentado en la historia de la zona norte. Su perfil da cuenta de una vocación de apertura, pero también de esa curiosidad individual que hace la diferencia, que impulsa a tomar riesgos y a aventurarse por caminos desconocidos. Él quiso descubrir el mundo siendo un joven. Desde entonces ha transitado los cinco continentes, tiene la mirada del viajero —no del turista—, se la debe a su proactividad, a su capacidad de adaptación y a su hacer profesional.
Chauen, junio, 2019

La aventura empezó como estudiante universitario en Madrid, España (1964). Desde allí se desplazó algunas temporadas a los países nórdicos, entre 1967 y 1979. El joven Alami se sintió fascinado con las sociedades del norte de Europa. El señor Alami resalta hoy con admiración el funcionamiento de estos países. En 1970, cuando terminó su formación universitaria, retornó a Marruecos e ingresó en la función pública, se desempeñó como Ingeniero Hidrólogo en el Departamento de Agricultura, en el sector de Ingeniería Rural. Durante 14 años contribuyó al desarrollo rural de las cuatro provincias que le fueron asignadas, no lo hizo desde la comodidad de su oficina, Alami trabajó con la gente, se metió en el barro y conoció las necesidades cotidianas de los marroquíes, iba a contramano del modelo que dominaba la administración marroquí y que define como “extremamente vertical y providencial que marginaliza al ciudadano”. En 1984, aunque su carrera en la administración iba en ascenso, Alami sintió que necesitaba un cambio, hallar nuevos horizontes, ampliar oportunidades y posibilidades para su formación humana, profesional e intelectual. Ese año empezó a trabajar con UNICEF, primero como Experto Nacional durante 6 años (1984-1990) y, después, como Experto Internacional durante 24 años. Ocupó diferentes cargos en 12 países, además asistió técnicamente a otros 23. Su trabajo con Naciones Unidas lo llevó a interesarse en ramas del saber como la sociología que le aportó herramientas y elementos conceptuales para analizar los comportamientos de los grupos humanos que ha conocido en estas décadas.

Chauen, junio, 2019

Alami pasó un cuarto de siglo entre cuatro continentes, no es poco para un hombre que ambicionaba a descubrir el mundo y a hacerlo un lugar mejor, ser un factor de cambio. Hablamos de todo, de su origen y de la infancia en la ciudad azulada (Chauen); de la influencia de esa mixtura cultural arabo-andaluza; de la juventud; de la transformación en viajero satélite; de los diferentes obstáculos y desafíos durante su trayectoria vital; así como de su retorno a Marruecos y las dificultades que supuso la readaptación a la sociedad y al entorno marroquí; finalmente, de las expectativas y de los retos que enfrenta Marruecos para su futuro y consolidación democrática.

Chauen, junio, 2019

CLARA RIVEROS: Hábleme de su infancia y de la cotidianidad bajo el régimen de protectorado español en sus primeros años de vida

M. BENDRISS ALAMI: Nací en la primavera de 1945, el 8 de marzo, en la ciudad de Chéfchaouen, conocida como Chaouen o Chauen. La ciudad es una fortaleza implantada en las montañas del Rif Occidental, territorio de Yebala. Mis padres, Ahmed (1902-1985) y Fatma (1920-2008), pertenecían a las familias rurales hacendadas en la periferia de Chauen. Mi padre se independizó de la vida patriarcal a los 16 años para hacer su propio camino, se acercó a la cultura española. A los cuatro años ya me habían incorporado a la escuela coránica (el-Msid) del barrio, era un aula de unos 20m², sin luz, sin agua, sin servicios y sin espacios recreativos para jugar. Esta escuela comunitaria estaba localizada en la periferia de la ciudad, rodeada de tumbas en uno de los cementerios de la ciudad, yuxtapuesta a una cámara donde lavaban los muertos que no tienen conocidos. En esta escuela tradicional se amontonaban entre 30 y 40 aprendices. Las familias confiaban los niños, adolescentes y jóvenes a este sistema educativo con el fin de aprender el santo Corán. La escuela coránica de aquel entonces no pudo adaptarse a los cambios de la sociedad, le faltaba pedagogía para comprender aspectos emocionales, recreativos y, sobre todo, los elementos básicos de las ciencias, el cálculo, las lenguas, los principios de higiene, la educación cívica, la historia, etc. Mi padre, consciente de esas nuevas necesidades para la educación de su hijo, decidió llevarme a la escuela primaria musulmana, en 1953. Era la única escuela moderna que había en Chauen, dispensaba los cursos en árabe y en español. El propósito de la escuela moderna, impulsada por España en la zona norte (protectorado español) y por Francia en el centro del país (protectorado francés), era la creación de una élite que pudiera comunicarse y colaborar con el colonizador y, de paso, participar de manera discriminatoria en la gestión del país.

Chauen, junio, 2019
C.R.: ¿Qué cambios trajo para su entorno la independencia de Marruecos en 1956?

M.B.A.: La educación primaria (1953-1958), transcurrió en un clima de expectación, de dualismo y de transferencia de poderes entre la administración española y la recién nacida administración marroquí que tomó posición desde la independencia del país (1956). Tras la obtención del Certificado de Estudios Primarios (CEP) en 1958, llegó la educación secundaria. Pasé el primer segmento de mi vida bajo la administración del protectorado español (11 años), sentí el entusiasmo y la calurosa acogida de la independencia del país (1956). Con el advenimiento de la independencia emergió una voluntad política que apuntó a la reconstrucción de las instituciones nacionales y a la preparación del ciudadano marroquí que debía afrontar los desafíos del futuro. Esta voluntad política tomó diferentes formas y benefició el afán de la población de adherir a los proyectos nacionales. La nueva dinámica se hacía manifiesta en la escuela y en la familia.

Tetuán, junio, 2019

No hay que olvidar que la sociedad marroquí, durante el periodo colonial, había perdido sus atribuciones e iniciativas. Como alumno de la escuela primaria marroquí tuve la oportunidad de participar en diversas actividades colectivas, también fui miembro de la asociación “Exploradores Hasania”, inspirada en el “scoutismo” mundial (Reino Unido), cuya filosofía y misión tomaban inspiración en valores humanistas. Durante cuatro años en las filas de esta organización hemos aprendido a asistir al prójimo, a convivir con los demás, a ser autosuficientes y responsables, a enfrentar al público, a desarrollar y a expresar nuestras facultades intelectuales y artísticas a través del teatro, el canto y el juego en el espacio público. Esto significó un verdadero cambio “inocente y espontáneo” que influyó fuertemente en la configuración de mi personalidad. Por supuesto, con la bendición y el apoyo infalible de mis padres, algo que nunca faltó durante mi trayectoria profesional. En Chauen se improvisó la creación del primer ciclo de educación secundaria, utilizó los medios disponibles que no eran ni suficientes ni apropiados. Pero, gracias a la voluntad colectiva, los estudiantes y el profesorado, hicimos que ese primer ciclo de la educación secundaria transcurriera bastante bien. Culminé con la obtención del diploma de estudios secundarios (BES) en 1961. Con este diploma ingresé al Liceo Jaber Ben Hayan de Tetuán, éramos estudiantes de siete ciudades del norte de Marruecos. Este grupo de 50 estudiantes del norte se formó en ciencias, matemáticas, ciencias experimentales y comercio general, con obstáculos y desafíos, pero el resultado fue positivo. Culminé este ciclo de tres años con la reválida marroquí y obtuve el grado de Bachiller en ciencias experimentales, en junio de 1964.

C.R.: ¿Cómo fue ese primer encuentro con Europa?
M. Bendriss Alami en Dinamarca (trabajo de verano, 1969)

M.B.A.: Intenté, en vano, inscribirme en una Escuela de Ingeniería en Marruecos, como no fue posible, mi destino fue España, sin haber obtenido la mínima información que pudiera facilitar mi aterrizaje en ese país. Fue un salto a lo desconocido, tanto en términos académicos, como logísticos. Fue mi primer viaje a España, tenía ideas parciales, imprecisas, contradictorias. Con el tiempo se fue despejando esa nubosidad, pude integrarme en la vida social española, generaba curiosidad, me sentía orgulloso de mi cultura política global, comparada con la de algunos compañeros españoles de aquel tiempo, muy apolítica, volcada al fútbol y a los toros. Probablemente esto se debió a la poca libertad de expresión durante el régimen franquista, pero también a la fuerte influencia de la Iglesia en la vida de los españoles. Cursaba el tercer año de la carrera de Ingeniería en Obras Públicas en Madrid, cuando viajé a Dinamarca para trabajar durante las vacaciones de verano, en junio de 1967. También quería conocer y descubrir esta parte de Europa, siempre me impresionó su sistema político que respeta la dignidad humana y practica espontáneamente “la confesión democrática”. Mis visitas veraniegas duraron tres años, entre 1967 y 1969. Intercambié ideas y opiniones con la población y llegué a conocer las bases y el funcionamiento político escandinavo.

M. Bendriss Alami, viaje por la Unión Soviética (1968)

Por supuesto, también estaba interesado en el socialismo, era el sistema que los políticos del Tercer Mundo “comercializaban” y promovían con fuerza, utilizando todos los medios y manipulaciones, incluida la violencia. Una ideología que fue presentada como el modelo liberador de los pueblos, que salvaría a la clase proletaria de la miseria mediante la justicia social y la igualdad. La verificación intelectual in situ era necesaria luego de que el modelo escandinavo hubiese acaparado mi conciencia política. La confusión en mi “confesión política” necesitaba ser clarificada. Desmitificada. La “desmitificación” entre lo que se profesaba y lo que se practicaba llegó al conocer el otro lado del Muro de Berlín. Con este doble propósito emprendí, en septiembre de 1968, un viaje en tren a ocho países de la antigua Unión Soviética.

M. Bendriss Alami, viaje a Budapest, Belgrado (1968)

En Copenhague obtuve los visados requeridos sin ser observado ni perseguido por este “pecado político” que sometió a muchos a múltiples interrogatorios. La conclusión de este viaje no fue positiva para mis ideas socialistas. Aunque globalmente se propagaba como la cura recomendada para la injusticia, me ofreció la imagen de unos pueblos oprimidos y discriminados en su propia patria, desanimados y despojados de su iniciativa individual, eran ciudadanos ansiosos y con anhelos de vivir como los “demás”, con libertad para aprovechar su propio esfuerzo.

C.R.: ¿Pensó quedarse en Europa o su deseo era regresar a Marruecos?

M.B.A.: Terminé la carrera universitaria en Madrid, en junio de 1970, obtuve el título de Ingeniero Hidrólogo. Otra experiencia me aguardaba en la orilla sur del Mediterráneo, hacía parte de mi destino anunciado: servir a mi patria. El país necesitaba las contribuciones de todos para su construcción y desarrollo. El regreso a Marruecos fue una verdadera “integración diferida”, una integración intelectual, el embarque en un sistema que poco conocíamos, altamente dominado y controlado por la élite francófona. Esta integración suponía enfrentar al menos tres desafíos esenciales: el manejo del francés, que es la lengua de trabajo; el conocimiento de las reglas y procedimientos administrativos, de inspiración francesa; y, la adaptación a la vida social del país, sobre todo fuera de la zona norte. Toda esta adaptación socio-profesional necesitaba un esfuerzo simultáneo acompañado de voluntad y determinación, sin ningún complejo de inferioridad.

Bab el-Ain, Chauen, junio, 2019
C.R.: Usted fue a trabajar a la antigua “zona francesa” sin dominio del francés…

M.B.A.: Desde el comienzo de la carrera profesional, en la extensa y rica provincia de Meknés, me sentí capaz de aportar todo cuanto se esperaba de mí. Desarrollé un estilo de trabajo inclusivo y democrático, en equipo. Pasados 18 meses fui nombrado jefe de servicio de Ingeniería Rural en Beni Mellal y debía cubrir las provincias de Beni Mellal, Azilal y Khouribga. Debía promover el desarrollo rural con todos sus componentes socio-económicos, en particular con los equipamientos colectivos y los sistemas de regadío. Estos proyectos se ejecutaban en estrecha colaboración con las autoridades provinciales, con las comunidades territoriales y con los servicios técnicos sectoriales. Durante una década (1971-1981), acumulé una experiencia rica y variada en el conocimiento de los aspectos políticos, administrativos, técnicos y económicos. En esos años se trabajaba siguiendo una “lógica de asistencia” corolaria de la política del “Estado-Providencia” que marginalizaba las expectativas y las capacidades de la población objetivo. Con el paso del tiempo, ante los resultados del esfuerzo colectivo y vertical, surgieron muchos interrogantes por la disfunción y la falta de sostenibilidad de los proyectos realizados. Empecé a sentir que me faltaban algunos conocimientos, que necesitaba adquirir otras capacidades y más herramientas de análisis para lograr mejores diagnósticos, así como para el diseño de respuestas y de soluciones que fueran convenientes para el desarrollo de las zonas rurales afectadas por un retraso estructural. Estas inquietudes me llevaron a cursar un máster en Urbanismo y ordenamiento territorial, en Rabat, entre 1981 y 1984. Fue una formación multidisciplinaria que abordó los diferentes aspectos susceptibles de afectar los asentamientos humanos en una perspectiva espacial, pero combinando la dinámica demográfica y la repartición de las actividades socioeconómicas en el espacio territorial y a escala provincial, regional y nacional

Chauen, junio, 2019
C.R.: Pero, si la administración era vertical y buscaba más la obediencia que la innovación, ¿cómo podría aplicar a cabalidad sus conocimientos y competencias?

M.B.A.:La administración en aquel momento no era un ámbito para las reflexiones libres y profundas, así que decidí explorar otros horizontes. En septiembre de 1984 obtuve un puesto como Experto Nacional de UNICEF, debía administrar el programa de agua potable y saneamiento ambiental en la oficina del Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) en Rabat. Este programa cubría las zonas rurales de 23 provincias del Reino. La meta en el largo plazo apuntaba al fomento de una política nacional de abastecimiento de agua potable y al saneamiento ambiental en el mundo rural, implementada de manera concertada y sostenible, considerando el acceso al agua potable como un derecho humano y no simplemente como una necesidad que debía cubrirse. Actualmente esta política nacional se está llevando a cabo. Hay un avance que honra al país y que redunda en mejoras notables para la vida de las mujeres, muchas chicas ahora van a la escuela de su pueblo, cuando tradicionalmente han tenido que transportar el agua diariamente a sus domicilios, entre otras tareas domésticas.

En 1990 UNICEF me ofreció postular al cargo de Experto Internacional, con base en Camerún, asistiendo a un cierto número de países de África y de América Latina, a saber: Guinea Ecuatorial, Senegal, Burkina Fasso, República Centroafricana, Chad, Colombia, Sudán, entre otros. En 1994 asumí el cargo de Representante Delegado de UNICEF en Guinea Ecuatorial, mis funciones incluían aspectos administrativos y programáticos. En ese momento (1994-1998), Guinea Ecuatorial era uno de los países más pobres del mundo, con unas condiciones de vida bastante difíciles tanto para el trabajo como para la familia, por ejemplo, mi hijo Adam tuvo que tomar cursos por correspondencia durante dos años por falta de escuela.

Clara Riveros y Mohamed Bendriss Alami, Harhoura, julio, 2019
C.R.: ¿Cuáles fueron los aspectos más notables de su experiencia en UNICEF y los países que más lo impresionaron?

M.B.A.: El trabajo duro no terminó en Guinea Ecuatorial, sino que se extendió a otro país en el cuerno de ÁfricaSudán. Este es un país destrozado por una guerra fratricida que duró más de cuatro décadas y que dejó más de cinco millones de víctimas entre muertos y desplazados. Allá fui en mayo de 1998, llegué precipitadamente. La parte sur sufría de hambruna. La falta de alimentos se debía a la guerra entre el Movimiento Popular de Liberación de Sudán (SPLM) y el Gobierno de Sudán en Khartoum. La gente moría de hambre en todas partes de la provincia de Bahr el-Ghazal, pocos conseguían llegar a Waw, la capital provincial donde se distribuía la asistencia humanitaria, alimentos y otros productos de primera necesidad. Frente al punto de distribución de los alimentos (Programa Mundial de Alimentos), las tumbas se excavaron sin parar, muchos recién nacidos fueron puestos en cajas de cartón, en el camino, sus mamás habían fallecido de hambre y por falta de asistencia médica. Otros niños se perdieron, no conocían a nadie, ni eran reconocidos. Todas estas víctimas de la guerra debían ser atendidas, precisaban asistencia humanitaria, agua potable y letrinas, medicamentos, nutrición, educación, asistencia psicológica, condiciones básicas, techo y ropa, orientación, reunificación con sus familias y parientes, etc. Fue un trabajo gigantesco que demandó muchas negociaciones, pasamos noches en blanco preparando planes de acción, estableciendo alianzas con ONGs, coordinando con otras agencias de Naciones Unidas, contactando a los donantes para conseguir fondos y, sobre todo, negociando duramente con las dos partes en conflicto para obtener las autorizaciones requeridas que permitieran despachar la asistencia humanitaria[1].

M. Bendriss Alami, en Damasco (2003), con su equipo de UNICEF

En septiembre de 2000 tomé el camino a Damasco como Representante de UNICEF en la República Árabe Siria, un país de gran historia cuya trayectoria política en las últimas décadas ha sido objeto de observación. Este nombramiento coincidió con el fallecimiento del presidente Hafed al-Assad que estuvo seguido por el nombramiento “cesariano” de su hijo, el oftalmólogo Dr. Bashar al-Assad. Un sucesor que no figuraba en la lista de sucesión del presidente fallecido. El fallecimiento súbito de su hermano mayor Bassim le dejó el camino libre para ocupar el puesto presidencial mediante un rápido ajuste de la Constitución del país, llevado a cabo en 48 horas. A priori, mi nacionalidad marroquí no debía ser objeto de ninguna “sospecha”, salvo que nuestro sistema político es diferente de la ideología gobernante en Siria, adoctrinada por el partido Baath y sus tentáculos. Esta diferencia de sistema político hizo que mi persona estuviera sometida a una discreta observación durante algún tiempo. La preocupación securitaria provenía del contenido de los conceptos e “ideologías” que, eventualmente, pretendiera divulgar en el país en el marco de la misión humanitaria que desarrollaba. Fue una alerta espontánea, producto de la alergia a los conceptos ajenos y capitalistas que buscarían diseminar ideas tóxicas e incompatibles con la filosofía y con la doctrina socialista del partido dominante, el Baath. Una vez que fue superada de forma satisfactoria esa fase de desconfianza, la relación con el gobierno se reforzó, permitiendo el desarrollo de la misión, estableciendo relaciones de alto nivel, tanto con la primera dama (sra. Asmaa al-Assad), como con el jefe del Gobierno de aquel entonces, el Ingeniero Naji al-Otri.

M. Bendriss Alami durante un encuentro con la primera dama Asmaa al-Assad

Tuvimos progresos en las áreas relativas a los derechos del niño, en particular respecto a los componentes de desarrollo y protección de la Convención de los Derechos del Niño. Siria, como adepta de la ideología socialista, disponía de una buena cobertura en materia de salud, educación, seguridad social, etc. Pero este esfuerzo cuantitativo necesitaba una reorientación en vista de mejorar la calidad del servicio ofrecido, incluida su sostenibilidad y apropiación por parte de los beneficiarios. La misión buscaba contrarrestar la intromisión del gobierno (partido) y de sus tentáculos, así como promover el cambio a partir de la movilización de la población. Hubo no pocas resistencias por parte de algunas ramas del partido Baath que temía perder el control de la población que había adoctrinado durante décadas. La resistencia se manifestaba incluso al nivel de la jefatura del Estado. El presidente Bashar, en el segundo año de mandato, fue incapaz de promover cambios en el sistema de gobierno y en la renovación del partido. El presidente no disponía de una base social propia para impulsar las iniciativas de cambio que se precisaban. Esta realidad explica parcialmente la actualidad siria. Bashar ha sobrevivido a la guerra que conoce Siria desde 2011, apoyado por grupos minoritarios, por militares que han aprovechado el estado de guerra con Israel desde 1967 y por las sólidas alianzas regionales (Irán) y mundiales (Rusia). El balance de la labor desempeñada en Siria fue favorable como experiencia profesional, pero también por lo que pudimos hacer en el país para visibilizar su realidad más allá de las rivalidades políticas y de los prejuicios arraigados.

M. Bendriss Alami con Mohamed VI, rey de Marruecos, en Damasco (2003)

En noviembre de 2003 fui nombrado Director Regional Adjunto de UNICEF para la Región de Oriente Medio y el Norte de África (MENA). Una región estratégica por su potencial económico y, también, por ser un volcán de conflictos en erupción que continúan vigentes.  Esta región abarca los países del Norte de África y de Oriente Medio, incluida la República Islámica de Irán, el único país no árabe (persa), cuya integración plantea continuas dificultades. Este conglomerado de países dispone de diferentes riquezas y credos ideológicos, extremadamente dependientes y polarizados que no cesan de generar noticias, hasta hoy día[2]. Este cargo fue una promoción administrativa que coincidió con el final de mi carrera en UNICEF por razones de edad (60 años), pero no fue en lo personal el tipo de trabajo que prefería, siempre me sentí a gusto con el trabajo en terreno, con una población objetivo que conozco, porque me daba un mayor margen de acción y de responsabilidad individual al asumir desafíos, diseñar estrategias, fijar metas y objetivos, etc. En cambio, la oficina regional ofrece una vista panorámica de la región, pero no deja de ser una encrucijada por el constante flujo e intercambio de información. La oficina regional, con sus mecanismos de funcionamiento y de coordinación, genera sinergias entre diferentes organizaciones, instituciones regionales y grupos de trabajo, mediante la formación de alianzas, el intercambio de experiencias y la promoción de la excelencia en el trabajo. Esta experiencia terminó formalmente en abril de 2005 y abrió la puerta a mi jubilación a los 60 años.

C.R.: Pero usted estaba muy joven para jubilarse y parece poco probable que se viera a los 60 años descansando en su casa después de una vida en tránsito y con tanto movimiento…
M. Bendriss Alami, en Bakú (Azerbaiyán) presentando el informe sobre la situación de la infancia en el mundo

M.B.A.: Efectivamente, transcurridos algunos meses en Rabat, ciudad elegida para el asentamiento, recibí la oferta de asistir la oficina de UNICEF en Pakistán, entre 2005 y 2006, a raíz del terremoto que azotó una parte de ese país. Le siguió una misión en la oficina regional en Amman, haciendo el trabajo anterior (DRA). En 2007, asistí la oficina de UNICEF en Beirut (Líbano), para rehabilitar y reforzar los sistemas de agua potable, destruidos por Israel en su guerra contra Hezbolá o Hezbollah, el “Partido de Dios”, una organización islámica musulmana chií libanesa de carácter político y militar. En 2008 se me asignó el cargo de Representante de UNICEF en Bakú, Azerbaiyán. Esta misión duró un año y se caracterizó por la dificultad de comunicación con la población y con los medios de comunicación debido a mi desconocimiento de la lengua azari o del ruso, todavía frecuente en este país ex-soviético. Tras una corta misión en la Oficina Regional de Amman (2010), pasé casi un año en Libia, como consejero del Director Regional para orientar la acción de UNICEF en ese país. Libia tenía un ingreso per cápita muy alto que no le permitía ser elegible para recibir asistencia de UNICEF. Sin embargo, la infancia no disfrutaba de todos sus derechos por insuficiencias institucionales. Esta misión terminó meses antes de la revolución que tumbó el régimen de Muamar el Gadafi. En 2014, UNICEF Jordania, me asignó cerca del Ministerio de Agua y de Irrigación de Jordania como consejero principal y estratega en temas referentes a la gestión de recursos hídricos. Este país es uno de los más pobres en recursos hídricos en el mundo, la situación se vio agravada con el gran flujo de refugiados sirios a causa de la guerra en su país. Con esta misión se cerró el capítulo de UNICEF. Considero mi aporte a UNICEF en términos de herramientas e inspiración.

Clara Riveros y Mohamed Bendriss Alami, Harhoura, julio, 2019

C.R.: Yendo de un lugar a otro, pasaron 10 años más… ¿Y el retorno? Tengo amigos y conocidos marroquíes que viven hace años fuera de Marruecos y todavía no se plantean el retorno. Otros han retornado, luego de largas estancias en el exterior, me han hablado de la dificultad para readaptarse a la sociedad y al entorno marroquí. Hay algunas situaciones que les hacen difícil esa reincorporación, a saber: la falta de una valoración racional del tiempo, la intromisión social, la opacidad en que transcurre la vida cotidiana, la pervivencia de leyes adversas a las libertades individuales, la implicación del Estado confesional en la vida individual (falta de derechos y de libertades), el clientelismo, la corrupción, etc. En mis cortas estancias no comprendía cabalmente aquello que describían, pero luego de varios meses viviendo en Marruecos pude entender —ver y vivir—, en parte, aquello que me han explicado diferentes ciudadanos. ¿Cómo fue su retorno definitivo a Marruecos luego de tantos años viviendo afuera?

M.B.A.: Efectivamente, el cierre de este gran paréntesis no se consigue fácilmente. Hubo —y hay— algunas dificultades para la readaptación. Este largo viaje me llevó en un cuarto de siglo más allá de lo que el país pudo alcanzar en este periodo. Pasé 25 años fuera de mi país y muchas cosas han cambiado desde entonces, tanto en el país elegido para jubilarme (Marruecos), como a nivel intrínseco. Volví a Marruecos después de tantas aventuras e intercambios socioculturales con otras sociedades. La larga estancia fuera del país produjo cambios en mi manera de ver y de pensar, por la influencia de valores que adquirí y que adopté. Estos valores incluyen modelos de gobernanza que he practicado e integrado en mi hacer profesional. La buena gobernanza procura un desarrollo económico, social e institucional duradero, promueve el equilibrio y la complementariedad entre el Estado, la sociedad civil y los actores económicos. Reconozco que me acostumbré a un tratamiento respetuoso y recíproco que valora el esfuerzo individual, pero además a un entorno de transparencia y de confianza mutua. A este respecto, el trabajo en el sistema de Naciones Unidas durante 25 años fue para mí una fuente importante de cambio e inspiración que se añadió a mi experiencia de 15 años en el seno de la administración marroquí, donde me comporté como un funcionario y ciudadano responsable, respeté la dignidad humana y asumí mi trabajo como un compromiso de servicio con mi país. Entonces, mi reserva de valores y de principios y el actuar con transparencia han delineado mi trayectoria vital y se han erigido en mi columna vertebral. ¿Qué veo hoy? Pues encuentro dosis de ineficacia y nubosidad que salpican y dañan la imagen de la administración marroquí. Esta ineficacia se manifiesta en la dificultad de acceder libremente a la información, en la dilapidación del tiempo y de los recursos públicos, en las prácticas de clientelismo, en la discriminación y en la falta de respeto al ciudadano, en la exclusión combinada con la arrogancia de quienes ejercen posiciones de poder. Esto dificulta el arraigo de la tolerancia y del pluralismo, elementos esenciales de la democracia, fundamentales para un país como Marruecos que está compuesto de varias entidades culturales. La cultura democrática necesita que los ciudadanos estén en capacidad de escuchar ideas diferentes y de respetar al adversario. Hay una gran ignorancia en torno a diferentes conceptos, como son: el servicio público, los derechos del contribuyente, los derechos del ciudadano, entre otros. Este nivel de ignorancia en la ciudadanía pone en peligro el civismo, de vez en cuando se perciben señales alarmantes.

C.R.: Pero el Estado marroquí se está modernizando, se aprecia en la profesionalización del servicio público y en la implementación de protocolos, procesos y sanciones contra agentes del Estado que abusan del poder. Incluso, el Estado tiende a modernizarse a mayor velocidad que la sociedad… sin que haya una apuesta pedagógica clara desde el Estado para la formación de ciudadanía y de ciudadanos constitucionales. Quizá modernizar a la sociedad sea el mayor desafío y lo que hoy no está claro ni hace parte de la agenda política de nadie…

M.B.A.: El problema en nuestro país es que hemos perdido mucho tiempo discutiendo las opciones políticas que debíamos adoptar, esto dio lugar a muchas riñas políticas que perjudicaron en cierto modo la credibilidad de las instituciones. El mejor ejemplo que le puedo dar al respecto son las discusiones actuales sobre la lengua a utilizar para enseñar las materias científicas en la escuela y en los colegios: ¿debe ser el árabe o el francés? Esto está ocurriendo pasados más de 60 años de la independencia. No quiero generalizar una imagen obscura y negativa, porque no sería justa ni justificada. En la administración marroquí también hay gente capaz, inteligente, honesta, eficaz e inclusiva, con la intención de escuchar y de discutir sin complejos. Intentan hacer lo mejor que pueden en un sistema de gobierno defectuoso y sofocado que carece de mecanismos y de medios meritocráticos y de promoción de la excelencia. Hay un problema estructural de ética política y de ética pública. La administración deviene así en un enorme obstáculo para el desarrollo del país, mientras que un verdadero bloque de oposición circula a baja velocidad, mirando solamente el retrovisor, pero sin ver demasiado hacia adelante, hacia el futuro. Lo mismo pasa con la ciudadanía que no cree en nada, porque los líderes políticos no hacen lo que predican. El desafio consiste en devolverle a los ciudadanos la confianza en las instituciones.

C.R.: No minimizo en absoluto los problemas políticos y administrativos de carácter estructural que usted plantea, pero tengo la impresión de que a nivel social se presentan enormes obstáculos, quizá más difíciles de superar de cara al proyecto de modernidad, alimentados por algunas facciones políticas y por el populismo religioso del partido de gobierno (PJD). Desde luego, la oposición tampoco está libre de responsabilidad, parecería que la clase política marroquí no está a la altura de los desafíos que enfrenta Marruecos considerando el rol protagónico que su país quiere jugar en el continente africano…

M.B.A.: Este malestar estructural afecta tanto al sector público, como al privado, pero mucho más al público, parece que no hubiera medios eficaces para deshacerse de esa clase parasitaria que se instaló allí y que no solo no cumple con sus responsabilidades, sino que en muchos casos ha utilizado la función pública como una renta para enriquecerse.

C.R.: ¿Cuáles son las principales amenazas o los retos y desafíos más importantes para la consolidación democrática del país y cuáles son sus expectativas?
Mohamed Bendriss Alami, Harhoura, julio, 2019

M.B.A.: Marruecos, de cara a su futuro inmediato, pero también hacia el largo plazo, necesita comprometer una visión profunda, proactiva y pragmática para hacer frente a los retos y a los desafíos múltiples y diversos que afectan e inciden en su desarrollo. Los desafíos internos precisan decisiones firmes y sostenidas que fijen como objetivo la consolidación del compromiso democrático a partir del reforzamiento del Estado de derecho, así como el respeto de la dignidad humana y la modernización del sistema de gobernanza a todos los niveles. Estos requisitos son necesarios también para asumir los desafíos externos, cuyos síntomas indican profundas transformaciones regionales y globales. Marruecos, con sus ambiciones de liderazgo en África y su voluntad de extender y diversificar su red de partenariados, necesita apoyar esta voluntad con una diplomacia innovadora, utilizando todos sus medios intelectuales, culturales, económicos, políticos, etc. Los medios desplegados deben hacer parte de una acción a nivel nacional que sea el resultado de una visión amplia y coherente con proyección para el mediano y el largo plazo, que involucre al sector público y al sector privado en lo que podría entenderse como un “pacto de patriotismo économico”, planteado con seriedad para lograr el desarrollo económico del país con justicia social. Esta tendría que ser la hoja de ruta para guiar las acciones políticas y las políticas nacionales en todos los sectores, con una ejecución racional, eficiente, eficaz, coherente, coordinada y complementaria que establezca la rendición de cuentas, la transparencia, las responsabilidades individuales y las responsabilidades colectivas, encaminada a la obtención de resultados mesurables. Es preciso alcanzar un pacto o compromiso nacional cuyo objetivo sea la consolidación de la democracia, del Estado de derecho y la adopción de un sistema de gobernanza eficaz.

*Clara Riveros, politóloga, consultora y analista política en temas relacionados con América Latina y Marruecos y directora en CPLATAM -Análisis Político en América Latina- ©

Rabat, Reino de Marruecos, julio, 2019

Notas aclaratorias 

Por Mohamed Bendriss Alami

[1] «El trabajo en Sudán, como jefe de las operaciones en terreno (OLS), fue una verdadera escuela de aprendizaje rápido, espontáneo y sobre la marcha. Los eventos y los procesos eran de extrema urgencia. Todo el tiempo debían tomarse decisiones rápidas para resolver problemas y salvar vidas. Llegaba a la oficina en la mañana y siempre era difícil saber lo que ocurriría durante el día, más allá de las actividades rutinarias y de las reuniones casi “sagradas” de coordinación que absorbían el tiempo reglamentario de trabajo. Todo ello daba lugar a jornadas extras, el tiempo de trabajo era muy “elástico”, había que acomodarse para trabajar con los horarios de otras capitales, como Nueva York o Ginebra, en desfase con el horario de Khartoum. La responsabilidad del cargo exigía coordinar acciones en diferentes áreas: la prestación de servicios básicos; la producción diaria de informes regulares de seguimiento, destinados a diferentes partenariados; y la coordinación entre los diferentes actores, incluyendo el gobierno, los donantes, el sistema de Naciones Unidas, las ONGs y la sociedad civil. Las actividades se llevaban a cabo en terreno, a través de seis oficinas implantadas en diferentes provincias, con un efectivo de 160 personas de todas las categorías profesionales. La complejidad de las operaciones provocaba interferencias, conflictos y sensibilidades a diferentes niveles de la jerarquía. La situación necesitaba un tratamiento de máxima delicadeza y diplomacia para mantener las coaliciones establecidas y conservar la buena imagen de UNICEF, codiciada y concurrida por las ONGs que pretendían hacer el mismo trabajo con menos coste. La convergencia de todas estas solicitudes hizo del cargo desempeñado una verdadera “vitrina” y un foro de conocimientos y de relaciones que contribuyeron a mi promoción profesional dentro de la organización. Esta misión me aportó un valor añadido, tanto en términos profesionales, como humanos y sociopolíticos, alcancé una buena capacidad de análisis y de previsión de riesgos». 

[2] «El trabajo de UNICEF en este espacio geográfico (MENA) está caracterizado por dos parámetros socio-culturales que constituyen el supuesto mortero de cohesión que mantiene unido el tejido geográfico, estos son: la lengua árabe, que domina a otras lenguas regionales (amazigh); y la religión musulmana, con todas sus fracciones y sectas, enviando también señales de exclusiones recíprocas. Esta imagen precaria, compleja y complicada de la región demanda un conocimiento, pero también una habilidad y pericia para la reconciliación, así como un fuerte sentido de compromiso y capacidad para la resolución de problemas. Todo ello indica que es un cargo sensible, en vista de varias situaciones, algunas estructurales (como el problema de Palestina e Israel); y, otras coyunturales, efectivas o latentes, cuyo manejo debe darse con precaución y experticia. No hay que perder de vista que el trabajo de UNICEF se caracteriza por la neutralidad, el compromiso y la defensa de los derechos de la infancia en todas las circunstancias y bajo cualquier condición. La Oficina Regional de UNICEF con sede en Amman, Jordania, supervisa, coordina y orienta la acción de 18 oficinas de país. El papel esencial de estas oficinas de país consiste en implementar programas de cooperación en favor de la infancia y de la mujer que son preparados conjuntamente entre el gobierno de cada país y la misión de UNICEF en ese país. Los objetivos de estos programas se inscriben en el marco los objetivos universales de desarrollo (MDG) que Naciones Unidas adopta cada 10 años, previa concertación y aprobación de los países miembros. Por la preeminencia de las tareas asignadas al Director Regional Adjunto, le asiste un equipo de expertos y de consejeros regionales que se ocupan de cada sector, apoyando a las oficinas del país y con coordinación en la sede de Nueva York. La oficina regional ejerce una autoridad sin tener su “propio” territorio. El Representante designado por el Director Ejecutivo de UNICEF es el responsable del programa de cooperación referente al territorio en el cual ejerce su mandato, bajo la supervisión del Director Regional». 

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