Un ciudadano constitucional del Reino de Marruecos en toda la extensión del término / En diálogo con Mohamed Cheij (Cheikh) Biadillah

Por Clara Riveros*

Clara Riveros y Mohamed Cheij (Cheikh) Biadillah. Rabat, enero 2019
De democracia, partidos políticos y actualidad marroquí, pero también de la irresuelta cuestión del Sahara y del desarrollo y las perspectivas para las provincias del sur, hablamos esta semana con Mohamed Cheij (Cheikh) Biadillah, ciudadano marroquí oriundo del Sahara y senador de trayectoria política destacada, un ciudadano constitucional del Reino de Marruecos en toda la extensión del término.
Biadillah pertenece al partido Autenticidad y Modernidad (PAM), el PAM es un partido político joven con un ideario progresista que apuesta por un proyecto de modernidad para Marruecos frente a las corrientes más retrógradas y a los movimientos y líderes que hicieron del populismo religioso un instrumento eficaz para ganar electores y dominar en la política nacional.

 

 

La cuestión del Sahara

Clara RIVEROS: Entiendo que usted habla muy bien el español, como otros ciudadanos del sur de Marruecos a quienes he podido conocer y entrevistar en estos años. El español tiene que ver con la presencia y ocupación española del Sahara, región de la que usted es oriundo…

M. BIADILLAH: No, mi español es flojo porque no lo practico. Nací en Smara en 1949. Soy de la tribu Erguibat. Mi padre era juez. Él estudió en Marrakech en los años 40. Yo estudié en Casablanca y en Rabat, en esas ciudades cursé estudios de primaria, secundaria y universitarios. En realidad, mi historia de estudios es complicada. Estuve dos años en Casablanca, dos años en Guelmim, dos años en Tinduf (que en ese entonces todavía era territorio marroquí, era un pueblo más, una ciudad más de Marruecos, incluso había una línea de autobús de CTM que se llamaba Satas y que iba de Agadir a Tinduf. En Tinduf mis padres tenían una casa, junto a la de mi primo, el coronel Habouha Lahbib, nosotros teníamos familia y primos en Tinduf). También cursé dos años en Bouzakarene, dos años en Agadir y el último año de secundaria lo hice en Rabat. Mis estudios universitarios los cursé en Rabat.

C.R.: ¿Por qué cursó sus estudios en estas ciudades y no exclusivamente en el Sahara?

M.B.: Desde 1958, después de la operación Ecouvillon, cuando las fuerzas francesas y españolas atacaron Smara, las Fuerzas de Liberación Marroquí, claro, enviaron a los niños a estudiar a Casablanca. Los lazos históricos entre el norte y el sur de Marruecos han sido muy importantes, así como la resistencia a la ocupación colonial y la lucha marroquí para la liberación de los territorios del Sahara. Entonces, desde los ocho años vine al norte de Marruecos para estudiar. Vine con otros niños del Sahara. Estuvimos unas decenas de alumnos en esa época. Desde siempre estuve viajando entre el sur y el norte de Marruecos. Regresé a Smara hasta 1969, se necesitaba un salvoconducto para entrar y salir de Smara porque España estaba instalada en el Sahara y la frontera estaba cerrada, se abría dos veces por semana y había que esperar a que expidieran ese salvoconducto que a veces podía tardar. Desde ese entonces la familia se dispersó… como un grupo de pájaros al sonido de los cazadores tirando con sus escopetas.

C.R.: Usted tiene una trayectoria destacada en la vida política marroquí de las últimas décadas, ¿cuándo se interesó en la política?

M.B.: Yo era muy joven, tenía 12 o 13 años, ahí empecé a sentir interés en la política marroquí. Tenía un primo militar, era un gran coronel de las Fuerzas Armadas de Marruecos, Habouha Lahbib, yo lo acompañaba en todo siempre que podía y él me enseñó los problemas de la política. Lahbib perteneció a las Fuerzas de Liberación Marroquí y después a la FAR (Fuerzas Armadas de Marruecos). En la Batalla de Amgala (enfrentamiento bélico entre Argelia-Polisario y Marruecos en enero de 1976) resultó herido de gravedad, pensaron que había muerto, pero no fue así, él murió años más tarde.

Estuve como catedrático de Medicina en Casablanca desde 1977 hasta 1992, enseñando la Medicina Interna en Casablanca. Después he sido parlamentario, presidente del Senado marroquí durante seis años, gobernador de Salé, wali de Dukala-Abda y paralelamente gobernador de Safi por periodo de cuatro años, ministro de Sanidad del Reino de Marruecos, he sido uno de los fundadores del Partido Autenticidad y Modernidad (PAM) y secretario general del partido entre 2009 y 2015, actualmente soy parlamentario del PAM en representación de la ciudad de Smara.

Mohamed Cheij (Cheikh) Biadillah en 1975, cuando acababa de terminar sus estudios de Medicina en la Universidad Mohammed V de Rabat

C.R.: ¿Tuvo alguna afinidad con los movimientos de la extrema izquierda marroquí siendo estudiante universitario en Rabat? ¿Qué factores incidieron en la creación del Frente Polisario?

M.B.: Estudiando en Rabat, con los amigos que fueron al Polisario, con El Uali y otros, hemos formado un embrión del movimiento. Estábamos estudiando en Rabat, yo estudiaba Medicina en la Universidad Mohammed V de Rabat cuando creamos el Movimiento embrionario de liberación del Sahara para contactar con los estudiantes saharauis que estaban en diferentes lugares, especialmente en España. Después, en Mauritania, se le cambió el nombre para denominarlo Frente Popular de Liberación de Saguía el Hamra y Río de Oro o Frente Polisario. Pero, entre 1972 y 1973, estando en la Universidad de Rabat con El Uali, intentamos crear un movimiento marroquí de liberación del Sahara con la intención de liberar el Sahara de España, se buscaba la salida de España no la independencia. El Uali estaba con la extrema izquierda marroquí y cada vez que se reunían para hablar del tema del Sahara los saharauis que estudiábamos aquí (el Doctor Moulainine, Dlimi, Ghailani, Hadrami, entre otros) asistíamos con él para hablar y participar de las discusiones.

C.R.: ¿Se refiere a El Uali Mustafa Sayed, el emblemático líder del Frente Polisario?

M.B.: Éramos estudiantes en la Universidad de Rabat, era mi amigo, estaba en mi casa, al igual que Omar Hadrami, otro de los líderes del Polisario, también Mohamed Uld Salek, ministro de relaciones exteriores del Polisario y a quien llamábamos con el nombre de “Franco”, Uld Salek se casó en mi casa, en Rabat, con una mujer de Meknes. En esa época había muchos problemas en la universidad, muchas manifestaciones y huelgas. En julio de 1973 realizamos una manifestación en Tan-Tan, al norte de la frontera con el Sahara y las autoridades marroquíes la reprimieron muy fuerte. El Uali y Omar Hadrami, quien está actualmente en Marruecos, decidieron ir fuera para buscar ayuda con la intención de liberar el Sahara de la presencia española.

Mohamed Uld Salek, en el centro, es el actual ministro de relaciones exteriores del Polisario, apodado “Franco” por sus amigos cuando cursaban estudios en Rabat, según recuerda el senador marroquí M. Biadillah

 

En Marruecos hubo dos intentos de golpes de Estado y la gente aquí no tuvo la inteligencia, ni la tranquilidad para ayudarnos a trabajar en el tema del Sahara y para apoyar la creación de algo desde Rabat que permitiera liberar el Sahara de España. La idea surgió en Rabat y estuvo influenciada por los movimientos africanos que habían pasado por aquí, el líder del Movimiento Popular de Liberación de Angola y también de Nelson Mandela de Sudáfrica, quien estuvo en Marruecos en 1962 y tenía unos lazos fuertes con Khatib el líder marroquí fundador del Ejército de Liberación Marroquí en 1954. Además, estaba la influencia del nasserismo que buscaba unificar el mundo árabe y no crear pequeños Estados. Esa idea de la independencia no existía, después las cosas cambiaron y evolucionaron en otra dirección.

Muamar el Gadafi, líder de Libia, fue a Mauritania en 1973, hizo un discurso muy fuerte para liberar el Sahara y apoyar a los pueblos del norte de África. Los jóvenes, en ese momento, tenían una idea de crear un foco de desestabilización en el norte de África, un foco trotskista para cambiar los regímenes, pero jamás se tuvo la idea de crear un Estado. Con Gadafi y con Argelia las cosas evolucionaron en otra dirección. Argelia quiere una salida al Atlántico para explotar los minerales que están en Tinduf (hierro, cobre, esquisto bituminoso, petróleo), desde Tinduf son un poco más de 300 kilómetros al Atlántico, les quedaría muy cerca. En cambio, para llegar al Mediterráneo la distancia es de algo más de 1200 kilómetros. Además, el plan estratégico de Argelia ha sido separar a Marruecos de sus raíces africanas.

C.R.: ¿Usted considera que Argelia, todavía hoy, tiene ese objetivo o plan estratégico? ¿En qué le beneficia?

M.B.: Son dos cuestiones: la proximidad del Atlántico (sur de Marruecos) con Tinduf y la pugna Marruecos-Argelia por ejercer la influencia y liderazgo sobre el continente africano. En Marruecos tenemos una relación muy profunda con África subsahariana. Su Majestad Mohammed VI ha realizado más de 50 visitas a los países africanos y tenemos más de mil acuerdos económicos y de cooperación con África y sólidas relaciones de comercio e intercambio con África Occidental. Se trata de la disputa por la influencia y el liderazgo político y económico en relación con los países de la Unión Africana, esa es la lucha de Argelia, una lucha por la influencia política y económica en África. Actualmente, Marruecos está presente en toda África Central y Occidental, los bancos marroquíes están ahí, hay un intercambio comercial y una cooperación bilateral (ganador-ganador) muy fuerte, miles de estudiantes africanos están hoy en Marruecos.

C.R.: ¿Usted estuvo en Mauritania cuando se fundó el Polisario?

M.B.: Fui a Zouérat, pero por pocos días, en marzo de 1973. Vi a Mohamed Abdelaziz, a Omar Hadrami y a El Bandir, ellos estaban en el norte de Mauritania, en la cárcel de Birou Mgrene, pasé con ellos un día en la cárcel. Después regresé a Marruecos, primero al Sahara, a Laâyoune, luego fui a Tan-Tan y después a Rabat. Nunca volví al Polisario.

C.R.: Ahora que menciona a Mohamed Abdelaziz, quien fuera el presidente de la entidad RASD y secretario del movimiento Frente Polisario desde 1976 hasta su muerte en 2016, ¿es oriundo del Sahara? ¿Nació en Smara? Se lo pregunto ya que usted es nativo de esa ciudad.

M.B.: Si es del Sahara, aunque no es de Smara. Su padre fue militar marroquí en el Ejército de Liberación Marroquí y después de la FAR, murió recientemente en Beni Melal, una ciudad marroquí.

C.R.: ¿Usted fue a Argelia con el Polisario?

M.B.: No, jamás.

C.R.: Entonces el suyo fue un paso demasiado fugaz por el Frente Polisario. ¿Por qué no fue a Argelia con sus compañeros y amigos?

M.B.: Prefería luchar aquí en Marruecos para recuperar el Sahara que ir a Libia o a Argelia. No me gustaban las ideas del panarabismo ni del líder Gadafi. Sabía que era una aventura ir allí y que lo mejor para la gente del Sahara era estar con el gran país del que somos originarios y que ha estado luchando por su liberación durante muchos años.

Mohamed Cheij (Cheikh) Biadillah. Rabat, enero 2019

C.R.: Hábleme un poco de la historia y de los hechos que han acaecido en el Sahara y que usted como oriundo del territorio debe conocer muy bien, ¿cuándo y por qué España se instaló allí?

M.B.: España se interesó en el Sahara desde 1884, cuando Europa distribuyó África en el Congreso de Berlín. Los europeos dividieron el continente y Marruecos quedó dividido entre España y Francia. Tánger era una zona internacional. En 1956 recuperamos el norte, Tarfaya en 1958, Ifni en 1969. En esa época España estaba buscando un enclave (Santa Cruz de Mar Pequeña) de su paso por allí hacia finales del siglo XV, estaba buscando un motivo para tomar Sidi Ifni, en el norte del Sahara.

El dossier del Sahara en las Naciones Unidas era el mismo caso de Sidi Ifni, Resolución 2072 de 1962. Fue Dey Ould Sidi Baba, antiguo embajador de Marruecos en las Naciones Unidas quien en esa época pidió la devolución del Sahara a Marruecos. Fue Marruecos quien pidió la devolución del Sahara ante Naciones Unidas, no fue Mauritania, no fue el Polisario que no existía en ese momento, no fue Argelia. Esta reclamación fue algo muy normal para nosotros en Marruecos porque era la reclamación y la lucha para liberar el Sahara de España que es una parte integral de la entidad territorial marroquí.

En 1975 recuperamos el Sahara con la Marcha Verde y con el Acuerdo Tripartito de Madrid (14 de noviembre de 1975), que se celebró entre Marruecos, España y Mauritania para poner fin al poder colonial español en el Sahara. El Sahara nunca fue un Estado ni un pueblo, era un territorio con tribus que circulaban desde el norte de Marruecos y se extendían por el Sahara. Somos el mismo pueblo los del norte y los del sur de Marruecos, tenemos la misma lengua que es el árabe, la misma religión que es el islam suní, la misma comida y la misma cultura. Somos los mismos. Este señor [en referencia a la persona que lo acompaña] es de Tánger y es Idrissi como yo. Entonces, ese “pueblo” que usa la derrah [túnica de uso masculino en el Sahara] es un pueblo fabricado, artificial. La derrah tiene una importancia en el sur que tiene que ver con las condiciones del clima. Se visten así porque no pueden vestir como nosotros vestimos aquí en el norte. Allá hace calor, no hay agua, el clima es diferente.

Clara Riveros y Mohamed Cheij (Cheikh) Biadillah. Rabat, enero 2019

C.R.: Hablando de la presencia española en el Sahara durante tantas décadas, ¿qué dejó España en el Sahara?

M.B.: Los años de colonización española fueron años en blanco en el sentido que España no dejó nada. Dejó un colegio en Laâyoune, unas pequeñas carreteras de 6 metros de ancho que no permitían la circulación en los dos sentidos entre Laâyoune y Smara y un pequeño aeropuerto en Laâyoune. No dejó ningún servicio básico para la población, solo la población española tenía acceso a servicios básicos. No urbanizó, había cinturones de chabolas en Laâyoune y mantuvo a la gente alrededor de la ciudad en jaimas evitando que entraran y se instalaran en la ciudad.

C.R.: ¿Por qué la cuestión del Sahara sigue sin resolverse completamente ante Naciones Unidas si la descolonización del Sahara se efectuó a partir del Acuerdo Tripartito de Madrid?

M.B.: Porque ese es un problema entre Marruecos y Argelia. La gente que está en los campamentos está ahí en función del interés de Argelia, han sido juguetes entre las manos de Argelia que utiliza la población primero para presionar a Marruecos en la búsqueda de un acuerdo para la redefinición de las fronteras orientales y luego para encontrar una vía que le de la salida al Atlántico.

C.R.: ¿Por qué fracasó el proceso para la celebración del referéndum?

M.B.: No fue posible realizar el referendo porque la Misión de Naciones Unidas para el referendo en el Sahara Occidental (MINURSO) falló en determinar el cuerpo electoral del Sahara. Yo estuve con la MINURSO 21 meses en Tinduf, fui con ellos como observador de la parte marroquí para identificar a la población. No se podía determinar quién es saharaui y quién no es saharaui, era muy difícil establecer quien era el saharaui que debía votar en ese referendo. La gente que está en Tinduf es una mezcla: saharauis del norte de Mauritania, del norte de Mali, del sur de Argelia y del sur de Marruecos, por lo mismo es que Argelia no acepta realizar un censo de la población local que está en los campamentos de Tinduf. Las Naciones Unidas abandonaron la idea del referendo y desde hace unos años buscan la solución política consensuada entre las partes.

C.R.: En los años que he estado viniendo a Marruecos y hablando con saharauis muchos me dicen que son familias divididas. Hubo quienes fueron con el Polisario (ya sea por voluntad o rapto) y al retornar a Marruecos, tras la huida de Tinduf, dejaron algunos parientes en Tinduf. ¿Usted tiene parientes en el Frente Polisario?

M.B.: Tengo hermanos que están en el Polisario. Mi hermano es un dirigente del Polisario en Tinduf y espero verlo un día en Marruecos. Tengo otro hermano que está aquí en Marruecos y es funcionario del ministerio de Relaciones Exteriores, ministro plenipotenciario y ha estado muchos años en América Latina, ahora está aquí en Rabat. Tengo otro hermano que está dedicado a los negocios y está en el norte de Mauritania. Como le decía, somos una familia como un grupo de pájaros que se dispersó y separó al sonido de los cazadores del Polisario que aparecieron tirando con sus escopetas.

Clara Riveros y Mohamed Cheij (Cheikh) Biadillah. Rabat, enero 2019

C.R.: En su opinión, ¿cuál es la salida a la irresuelta cuestión del Sahara?

M.B.: Para nosotros la única solución es la autonomía amplia, con un parlamento local, elegido localmente, con un gobierno elegido por el parlamento local, dentro de la soberanía y la integridad territorial marroquí.

C.R.: Considerando la vecindad de Marruecos con España, no puedo dejar de preguntarle en relación con la cuestión catalana, ¿no le preocupa a Marruecos que la autonomía del Sahara sea una “caja de pandora” y que al cabo de pocos años los sectores separatistas reclamen con mayor vehemencia la independencia del territorio y amenacen la estabilidad, la institucionalidad y la integridad territorial del país? ¿Qué garantiza que algo así no sucederá en el Sahara de aplicarse la autonomía?

M.B.: El tema de Cataluña es muy importante para nosotros y puede darse una situación así, pero ese será un tema de las generaciones futuras y de las próximas décadas. Dentro de 20 o 25 años las generaciones futuras tendrán la facultad de elegir el futuro, pero estoy seguro que ese futuro es en Marruecos, dentro de un gran país con grandes posibilidades que avanza en su desarrollo, en sus infraestructuras para proveer lo necesario a la población, con viviendas salubres y en buenas condiciones y con las comodidades que la gente no ha conocido en Tinduf. Ahora, con la situación actual, la solución lógica es la autonomía amplia.

C.R.: ¿Y de qué depende que la región del Sahara alcance esa autonomía?

M.B.: El corazón del problema es Argelia. El tema del Sahara es un problema argelino-marroquí. La solución depende de Argelia y del futuro de Argelia. Hay muchos interrogantes y veremos qué pasa el próximo 18 de abril tras la elección presidencial en ese país.

Desarrollo en las provincias del sur

C.R.: Las provincias del sur han tenido un proceso de modernización significativo luego de la recuperación efectiva del territorio por parte de Marruecos y especialmente en los últimos años. Es evidente que Marruecos es un Estado presente en sus provincias del sur a diferentes niveles, sin embargo, comparativamente, su ciudad es la ciudad que presenta un desarrollo más precario en relación con ciudades como Laâyoune o Dakhla. ¿A qué se debe ese desarrollo tan desigual?

M.B.: La transformación socio-económica del Sahara es un milagro. En 30 años se han construido puertos, aeropuertos, se ha dotado de servicios básicos e infraestructuras que mejoraron ostensiblemente la vida de la población y el desarrollo del sur no se detiene. Smara es la ciudad que no tiene mar, allí no hay pesca, ni industria, ni agricultura, lo que tenemos es la alta orientación de Su Majestad y los esfuerzos del gobierno para su desarrollo y para la ejecución de los proyectos que benefician directamente a la población. Smara es una ciudad muy continental, además no está lejos de Tinduf, entonces la gente ha estado preocupada por la seguridad cuando se piensa en llevar inversiones, aunque es una ciudad segura. De todas formas, hay avances que pueden apreciarse, ahora hay un instituto de formación profesional, una Facultad donde se imparten las áreas de ingeniería y de lenguas. Para 2020 Smara habrá cambiado completamente porque actualmente hay diferentes proyectos en ejecución.

La cuestión del Sahara en América Latina

C.R.: Tengo la impresión de que la academia latinoamericana no ha superado el “colonialismo académico” para aproximarse al tema del Sahara, no se otorga espacio ni se convoca a la academia marroquí para que ilustre por qué Marruecos reivindica su soberanía sobre el Sahara y si efectivamente existen tales lazos y qué es lo que arrojan las numerosas investigaciones que han producido sobre este tema. Cuando he hablado con académicos latinoamericanos sobre la cuestión me doy cuenta de que tienen establecida una verdad irrefutable —sin haber investigado ni visitado el territorio disputado—, una verdad que se fundamenta en los planteamientos y en las lecturas construidas desde la academia española que muchas veces ha mostrado ser militante y afín al Frente Polisario a la vez que ignora lo que Marruecos tiene para decir sobre este tema. Hay académicos que hablan de “los saharauis” como aquellos que están en Tinduf y desconocen que en Marruecos también hay saharauis que viven en su territorio como ciudadanos constitucionales del Reino de Marruecos, con iguales derechos que los demás ciudadanos del país, ignoran también que hay muchos saharauis que no solo viven en el Sahara sino en las otras ciudades de Marruecos y en total libertad…

Clara Riveros y Mohamed Cheij (Cheikh) Biadillah, enero 2019

M.B.: La mayoría de saharauis está en Marruecos. Los saharauis en Marruecos están en todos los sectores, en la administración, en los ministerios, ejercen diferentes profesiones, están en el parlamento, en la industria, hay militares, hay comerciantes, hay empresarios. Los saharauis que están aquí no tienen tiempo para el problema político, ellos están viajando y trabajando, hacen su vida con normalidad y participan activamente en el desarrollo socioeconómico de Marruecos. El problema es el grupo de saharauis que está encarcelado en los campamentos de Tinduf. Hay que saber quién es quién, ese es el problema fundamental. Ese problema no se puede resolver sin la voluntad política de Argelia.

Para ir de un campamento a otro dentro de Tinduf deben tener un salvoconducto y para salir de Argelia deben tener un pasaporte argelino con el cual ir a Francia o a España. También pueden huir a través del norte de Mali hasta el sur de Mauritania y de ahí a la frontera marroquí, son miles de kilómetros por el desierto hasta llegar a la frontera con Marruecos. Con todo y eso más de ocho mil saharauis de los campamentos de Tinduf han regresado a Marruecos. Aquí en Marruecos son bienvenidos para contribuir al desarrollo de la región del Sahara. Los líderes y los altos cargos del Polisario han regresado a Marruecos, están aquí y ocupan cargos en el Estado marroquí, por ejemplo, Omar Hadrami, ha sido gobernador en diferentes regiones de Marruecos; el actual embajador de Marruecos en Camerún, el señor Bouh, anteriormente era delegado o embajador del Polisario. Brahim Hakim, otro fundador del Polisario, quien fue ministro de relaciones exteriores del Polisario, también está aquí en Marruecos, ha sido embajador de Marruecos. El actual presidente del Concejo en la región de Dakhla, Ynja Al Khattat, también dejó el Polisario hace unos años.

Lo que pasa es que la gente hace una lectura superficial del tema. Si ven a un saharaui vestido a lo occidental no lo consideran saharaui, si lo ven con la darrah cambian la mirada. Es una lectura muy superficial la que se hace del tema. El problema del Sahara es un producto de la Guerra Fría y cuando alguien de América Latina ve a una persona con la darrah o la melhfa [vestido femenino que utilizan las mujeres en el Sahara] les resulta algo exótico y entonces tienden a la solidaridad con ese “pequeño pueblo” como dice la propaganda del Polisario. Se hace una aproximación muy superficial.

Democracia y partidos políticos en Marruecos

De izquierda a derecha, algunos de los fundadores del partido Autenticidad y Modernidad (PAM): Ali Belhaj, Ilyas El Omari, Mohamed Cheij (Cheikh) Biadillah, Fouad Ali El Himma y Hakim Benchamach (actual secretario general del PAM)

C.R.: ¿No hay democracia sin partidos? ¿Democracia también es alternancia en el poder?

M.B.: La democracia son los partidos. Democracia es alternancia. El partido Autenticidad y Modernidad (PAM), fundado por Fouad Ali El Himma, es un partido muy joven, tiene diez años. Cada cuatro años tenemos un cambio de secretario general del partido, a veces se paga un precio…

C.R.: Muchos saharauis pertenecen o militan en el Istiqlal (Partido de la Independencia), usted decidió estar en el PAM y es de hecho uno de los actores destacados de la política marroquí desde su partido, un partido con ideas progresistas que impulsa el proyecto de modernidad en Marruecos. ¿Por qué eligió ir a ese partido en lugar de vincularse a un partido tradicional?

M.B.: Tuve la enorme suerte de ser secretario general del PAM durante cuatro años, entre 2009 y 2015. Me interesé en el PAM porque contiene en su ADN la historia de Marruecos y la apuesta para construir el Marruecos del futuro con un proyecto de modernidad. Es decir, el PAM reúne las diversas identidades del país, del norte, del sur, de las montañas. Hay gente del Atlas, rifeños, saharauis, de la zona norte que limita con Andalucía, con España, con Europa; tiene sus lazos africanos, pero también hebraicos, con los judíos que han estado aquí en Marruecos, ese es el ADN del PAM. Es un partido abierto a las ideas modernas y al futuro.

Amina Maelainine, diputada del islamista PJD , ha causado polémica en Marruecos en las últimas semanas y ha dejado en evidencia la flagrante contradicción entre el discurso que mantiene el PJD y las prácticas y comportamientos de los miembros de esa formación política
«Soy social-demócrata y musulmán-laico. La religión es mi asunto privado, no interesa a otros»
«En el PAM tenemos un proyecto de sociedad que es completamente diferente al del PJD»
«La religión es un asunto personal que no debe interferir con la educación, con la economía, con la política…»
C.R.: Los líderes del PAM sostienen que la religión no debe instrumentalizarse políticamente y, en ese sentido, el PAM marca una diferencia sustancial respecto al partido de gobierno, el partido islamista Justicia y Desarrollo (PJD) cuyos miembros de hecho han suscitado polémica en los últimos días, justamente, por las contradicciones entre el discurso y sus prácticas…
M.B.: Soy social-demócrata y musulmán-laico. La religión es mi asunto privado, no interesa a otros. La religión para nosotros es muy importante, pero es un asunto personal. La política es aparte y está fuera de la cuestión religiosa. El planteamiento es contrario al PJD que utiliza la religión para dominar en la política.

 

PJD-PAM: La monarquía en el centro de una guerra de declaraciones entre Hamidine y Biadillah, titulaba hace unos meses el medio Yabiladi

C.R.: Siguiendo la actualidad marroquí en los últimos años se percibe que miembros del PJD se han habituado al populismo religioso como instrumento y método eficaz para sus fines y posicionamiento político. En ese contexto se dan algunos ataques y confrontación con los miembros del PAM, usted ha sido uno de ellos, según vi en los medios marroquíes hace unos meses.

M.B.: En el PAM tenemos un proyecto de sociedad que es completamente diferente al del PJD y por eso estamos en confrontación permanente. El discurso político del PJD ha contaminado el discurso político de los partidos en Marruecos. Es un discurso demasiado populista. Hemos perdido ocho años —con el gobierno anterior y el actual— porque en términos de gestión y ejecución ha sido un gobierno superficial. Marruecos ha perdido ocho años con el PJD de cara al proyecto de modernidad que se quiere para el país.

C.R.:¿Cuál es ese proyecto?

M.B.: No utilizar la religión para gobernar, ni para dominar políticamente a los electores. La religión es un asunto personal que no debe interferir con la educación, con la economía, con la política. Tenemos la monarquía que en materia espiritual tiene un poder o un papel muy importante. Nosotros no tenemos ese interés en utilizar la religión. Nosotros queremos trabajar en las cuestiones de la vida, la sanidad, la enseñanza, las políticas públicas sin interferir con la religión.

C.R.: ¿Por qué el PAM todavía no tiene tanta fuerza en las provincias del sur?

M.B.: Creo que tenemos la misma cantidad de concejales, pero el Istiqlal tiene coalición con otros partidos para gobernar. En la elección anterior en la región de Laâyoune el PAM sacó una lista que en su totalidad estaba compuesta por mujeres y esa decisión del partido tuvo un precio electoral: perdimos Laâyoune.

C.R.: Parece comprensible que ustedes perdieran en Laâyoune si la lista estaba compuesta solo por mujeres. La sociedad saharaui tribal y patriarcal no está preparada para que las mujeres lleguen al poder e influencien a las demás, algo de eso me han dicho algunas jóvenes profesionales saharauis que viven, estudian y trabajan en Casablanca y Rabat, consideran que ese presunto poder que se dice que ostenta la mujer saharaui no es real y lo ejemplifican al señalar que todos los jefes tribales son varones y que esa ya no es una sociedad nómada sino sedentaria que aunque dice tener a la mujer más libre del mundo árabe en realidad ejerce presión y control social en los diferentes aspectos de la individualidad, desde condicionar el vestuario hasta el rol que puede jugar o no la mujer dentro y fuera del hogar y en la toma de decisiones. ¿Usted tiene alguna opinión a este respecto?

M.B.: Las mujeres saharauis que viven y trabajan en Casablanca o en Rabat tienen mayor grado de autonomía y libertad. Es verdad que en el Sahara la presión social es más fuerte.

C.R.: ¿Cuáles son los retos y desafíos que enfrenta Marruecos?

M.B.:  A nivel interno el mayor reto es la generación de empleo. La universidad forma miles de jóvenes profesionales que deben tener una inserción en el mercado, en el mundo laboral, ese es un tema muy importante para nosotros. El principal reto en términos externos es la seguridad fronteriza de Marruecos en el Sahel, norte de Mauritania y sur de Argelia y la seguridad respecto a la amenaza terrorista (Al Qaeda en el Magreb Islámico (AQMI), DAESH, etc.,), se desarticulan células durmientes constantemente. Según Fernand Braudel, historiador francés, el Sahara es el otro Mediterráneo, estamos entre dos mares, uno seco (desierto) y otro húmedo (Atlántico). Marruecos es un país seguro, pero también enfrenta el desafío de una presión migratoria muy fuerte.

La confianza en el futuro la tenemos. No tenemos problemas de cohesión social. La unidad nacional alrededor de Su Majestad Mohammed VI es algo muy fuerte y también muy importante para nosotros. El país está en constante transformación, cambiando siempre. El Tánger de hoy no es el Tánger ayer, Rabat no es la misma ciudad del año pasado. El equipamiento y las infraestructuras se han desarrollado mucho, pero hay que trabajar más para atraer más inversiones que redunden en la generación de más empleos y en ese sentido el gobierno ha fallado.

C.R.: ¿Cómo define o valora el sistema político marroquí?

M.B.: Es un sistema que se moderniza y que va cambiando año a año, que ha recibido la influencia de Europa y que constituye un ejemplo pedagógico para África y para el medio Oriente. Es una democracia, un país con apertura, un país seguro. La evolución ha sido lenta pero progresiva y segura.

Clara Riveros y Mohamed Cheij (Cheikh) Biadillah. Rabat, enero 2019

C.R.: Respecto al clima de libertades en Marruecos, según he podido leer y consultar con académicos e intelectuales marroquíes, ha mejorado considerablemente, no obstante, esto no se percibe en los informes internacionales de Human Rights Watch (HRW) y de Amnistía Internacional (AI), tampoco en la prensa internacional que a menudo menciona “las líneas rojas para la prensa”. Es decir que hay temas que no se pueden tocar: el islam, la monarquía y el Sahara. Sin embargo, en las redes sociales los ciudadanos hablan y se expresan críticamente e incluso con insultos sobre todos los temas incluidas esas “líneas rojas”. Intelectuales, académicos y comentaristas también cuestionan en los medios marroquíes estos tres temas con diversos enfoques. Lo que todavía no leí en la prensa internacional es la instrumentalización legal encaminada a obtener jugosas indemnizaciones que hacen algunos miembros del PJD y otros ciudadanos, que independientemente de su pertenencia política, recurren a los juicios alegando que con las informaciones o rumores publicados por medios de comunicación marroquíes se les lesiona su imagen. En lugar de solicitar y de conformarse —únicamente— con una rectificación de la información, buscan la compensación económica. Esa situación devela las limitaciones —en términos de cultura democrática— de la ciudadanía y de los actores políticos respecto a la concepción que mantienen de la democracia y de la libertad de información y de la libertad de prensa. Esta es una cuestión que afecta la libertad de prensa porque se puede arruinar económicamente a un medio de comunicación a partir del desgaste que supone no solo enfrentar denuncias en tribunales sino el pago de indemnizaciones económicas a los ofendidos, esto lo conocemos bien en América Latina, fue usual durante el gobierno de Rafael Correa en Ecuador, incluso el propio presidente ecuatoriano llegó a denunciar a un periodista y a exigir una compensación económica millonaria…

M.B.: No hay líneas rojas. Son clichés, estereotipos que la prensa extranjera ha perpetuado. Aquí la gente escribe cada día sobre todos los temas y con diferentes posiciones. La crítica, los aspectos negativos, son símbolos de libertad. Los extranjeros transcriben eso como problemas pero son aspectos de libertad. Los marroquíes aquí escriben y critican, cosa que no puede hacerse en otros países de la región. Hay manifestaciones a diario en el país, hay movilizaciones casi todos los días en las diferentes ciudades. En HRW hay marroquíes que están en Europa y Estados Unidos y perpetúan una imagen del pasado. Me parece que hemos sido incapaces de vender la realidad de nuestro país. La nueva Constitución de 2011 consagra la universalidad de los derechos humanos. En la facultad, en la universidad, en la prensa, en los medios digitales, en la calle, hay libertad para expresarse. La gente critica, se manifiesta, hace protestas, manifestaciones, movilizaciones. Hay total libertad de palabra, expresión y movimiento en Marruecos.

*Clara Riverospolitóloga, consultora y analista política en temas relacionados con América Latina y Marruecos y directora en CPLATAM -Análisis Político en América Latina- ©

Rabat, Reino de Marruecos, enero, 2019

  1. José María Lizundia
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    Magnífica entrevista y muy reveladora de dos cuestiones a mi entender. La primera es la argumentación favorable al indisociable vínculo del Sáhara con Marruecos, asentado en hechos indubitados y permanentes, que hace inexplicable el relato español, absolutamente unánime en defender lo que los españoles inventaron: el Sáhara como entidad política propia y de manera indirecta el Polisario, al que pronto se consagraron, empezando por los militares.
    La segunda, saber que dentro de Marruecos se defiende lo que otros intelectuales marroquíes dicen en Europa, la separación radical de la religión de la política, la esencial disociación de lo público sometido a un solo poder: la constitución, y la esfera privada a la que pertenece la religión como la “irreligión”.
    Se me ocurre otra cosa: el vínculo entre la cultura moldeada por la religión y la religión en sí. El cristianismo protestante generó e impulsó directamente (aunque sin decretos)una cultura totalmente laica, asentada en el principio de responsabilidad personal, la iniciativa propia, el ahorro y austeridad, valores que configuran la ética protestante sobre todo calvinista. El catolicismo valores como la compasión, asistencia al necesitado, la justicia social (democracia cristiana). La religión como matriz cultural se hace laica como ética y moral.
    A mi juicio el islam es una religión de muchísimo peso, con fundamentos muy fuertes, más que cualquier otra. Lo que supongo sería un impedimento para algún tipo de evolución, si creo que podría ser muy original. Algo atisbo, leyendo autores .

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