La mujer en los Estados confesionales islámicos

Por Clara Riveros*

Irán detiene a 29 mujeres por quitarse el velo en una protesta en Teherán. Cada vez son más las mujeres que desafían al régimen de los ayatolás quitándose el hiyab y agitándolo con un palo en lugares públicos, imitando a una joven anónima que inició el movimiento (febrero, 2018)

 

… y la universalidad de los derechos humanos

«Respetar alguien, respetar su historia, es considerar que pertenece al mismo género humano, y no a un género humano distinto, a un género humano de segunda categoría […] El postulado básico de la universalidad es considerar que hay derechos que son inherentes a la dignidad del ser humano, y que nadie debería negárselos a sus semejantes por motivos de religión, color, nacionalidad, sexo o cualquier otra condición. Esto quiere decir, entre otras cosas, que toda violación de los derechos fundamentales de los hombres y las mujeres en nombre de tal o cual tradición particular —religiosa, por ejemplo— es contraria al espíritu de universalidad. No puede haber por un lado una carta universal de los derechos humanos y por otro cartas particulares: una musulmana, otra judía, otra cristiana, africana, asiática, etc. […] Las tradiciones sólo merecen ser respetadas en la medida que son respetables, es decir, en la medida exacta en que respetan los derechos fundamentales de los hombres y las mujeres. Respetar «tradiciones» o leyes discriminatorias es despreciar a sus víctimas» (Maalouf. 2002. p.115-116).

La cita es del escritor libanés, Amin Maalouf, quien presentó una defensa cabal de la universalidad de los derechos humanos, sin concesiones de ninguna índole, en Identidades asesinas (2002). Diferentes intelectuales magrebíes (Kamel Daoud, Leïla Slimani, Abdelkader Chaui, Abdessamad Dialmy, entre otros muchos), han mostrado coincidencia con la postura de Maalouf y así lo han expresado en diferentes foros, entrevistas, libros, documentos y opiniones. La cita también es oportuna, en este caso, porque hablar de las demandas de derechos y de libertades de las mujeres en las sociedades musulmanas obliga a referir la apropiación del cuerpo y de la sexualidad femenina por el grupo social y por el Estado (confesional), teniendo en consideración las legislaciones restrictivas que penalizan las relaciones premaritales, extramaritales, el libertinaje, la homosexualidad o el adulterio, a la vez que permiten la desigualdad en la herencia, por razón de género, la violación sexual en el matrimonio, la poligamia masculina o el matrimonio de hombres con niñas y adolescentes. Todas estas son circunstancias que hacen parte del paisaje de los países musulmanes y de las condiciones que enfrentan las mujeres en esas sociedades. De todas formas, el rigor y la severidad de las normas sociales y de las legislaciones impuestas por los Estados y los gobiernos varía de un país a otro.

En Estados como Irán, por ejemplo, se ha llegado a intervenir policialmente en las prendas que pueden o no pueden usar las mujeres. Abdessamad Dialmy, sociólogo marroquí, ha documentado el proceso de contrarreforma acaecido con la revolución islamista que busca volver a la premodernidad en términos de segregación sexual. Prueba de ello fue la innovación islamista iraní del autobús rosa. Con la revolución iraní triunfó el islam y se reestableció el uso del velo y la segregación sexual. Con ese fin fueron destinados los últimos vagones de tren dedicados exclusivamente a las mujeres. Una medida que no buscó eludir el acoso sexual, sino obligar a la separación de los sexos en el espacio público. Desde 2006, las autoridades iraníes extendieron la segregación a los autobuses y taxis, además de responsabilizar a las mujeres por las agresiones que puedan sufrir al no velarse de forma adecuada. Lo sorprendente fue que otros países —musulmanes y no musulmanes— adoptaron la innovación iraní del autobús rosa. Este año, las redes sociales y la prensa internacional han documentado la lucha que libran las mujeres iraníes para su liberación y emancipación de la opresión instaurada por el régimen. Mujeres iraníes que se han animado a desafiar a los clérigos en el espacio público quitándose el velo que se les impone. Mujeres iraníes que muchas veces no han tenido el apoyo que precisan del feminismo occidental.

Activistas de derechos humanos no han ocultado su molestia con las democracias de Occidente que han apoyado recientemente al que consideran el régimen más misógino del mundo (Arabia Saudí) para integrar la comisión encargada de velar por la igualdad de género y la eliminación de la discriminación de la mujer en Naciones Unidas. En los países musulmanes de Oriente Próximo está muy difundido el fenómeno de ocultar el nombre de la mujer, se le llama por el nombre de uno de sus hijos, según documentó Sanaa El Aji, quien observó que “pronunciar el nombre de la madre se ha convertido en motivo de vergüenza”. Esa situación impulsó a ONU Mujeres a producir un spot de sensibilización para que los hijos apoyen a sus madres y que estas recuperen su identidad, su nombre de pila. La periodista y socióloga marroquí también analizó el impacto y la pérdida de identidad a nivel local, en las mujeres marroquíes que, sin estar obligadas legalmente a renunciar a su nombre e identidad de solteras, deciden hacerlo cuando contraen matrimonio.

Es probable que ningún país musulmán esté exento de los debates e inquietudes respecto a la universalidad de los derechos humanos y a las libertades individuales. La diferencia radica en la medida en que esas inquietudes llegan a exteriorizarse y a hacer parte del debate público, sin que por ello la ciudadanía vea amenazada sus libertades fundamentales. El escritor Abdelkader Chaui ha observado que —más allá de qué tanta apertura o cerrazón demuestre un Estado árabe-musulmán, lo cierto es que— la libertad de expresión siempre es un asunto relativamente restringido en el marco de un Estado confesional. Sostiene Chaui que en ningún país árabe existe la libertad de expresión de forma total y plena para criticar la religión y todos los temas tabúes que de ella se desprenden por la misma condición del sistema político vigente en todos los países árabes: el Estado confesional.

En Marruecos, por ejemplo, intelectuales, analistas y editorialistas vuelven constantemente sobre la universalidad de los derechos humanos y las libertades individuales. Observan, comentan y debaten los artículos más retardatarios y reaccionarios del Código Penal para evidenciar que, en efecto, hay una cuestión política, legislativa y judicial que debe ser resuelta, en primera instancia, con la derogación de los artículos que atentan contra las libertades individuales, a saber: el Artículo 483 [ultraje público al pudor]; el Artículo 489 [castiga las relaciones entre parejas del mismo sexo]; el Artículo 490 [fornicación/libertinaje entre parejas heterosexuales]; el Artículo 491 [adulterio]; y, el Artículo 222 [observancia del ayuno durante Ramadán en el espacio público]. Nótese que, durante 2017, 2.890 personas fueron procesadas judicialmente por el delito de adulterio y otras 197 por homosexualidad, según informó la Fiscalía de Marruecos. Por su parte, las autoridades marroquíes reconocen que en el seno de la sociedad hay un debate sobre la universalidad de los derechos humanos y las libertades individuales. No obstante, algunos funcionarios han mostrado sus dudas respecto al carácter universal de las mismas y consideran que —derechos y libertades individuales— deben interpretarse “según la cultura de cada país”, así lo expresó el presidente de la Fiscalía General en Marruecos, Mohamed Abdenabaui, a comienzos de julio (2018). Para el representante de esa institución “la cultura, la religión y las costumbres de cada sociedad son las que determinan el grado de aceptación de estas libertades”. El presidente de la Fiscalía sostuvo ante la prensa internacional que mientras esa sea la legislación vigente en el país su función es velar por el cumplimiento de las leyes existentes y que el tema de las libertades individuales ha de ser resuelto en el Legislativo.

Las leyes no son suficientes y el cambio también ha de ser cultural. Túnez —un país que legalizó la libertad religiosa y que consagra la libertad de conciencia constitucionalmente— todavía no aplica efectivamente sus leyes. Véase este hecho frente a la aplicación del ayuno durante el Ramadán. Las autoridades arrestan a quienes incumplen el Ramadán y se atreven a fumar o a comer en el espacio público y obligan al cierre de cafés y restaurantes durante las horas del ayuno. En 2017, un total de cinco personas fueron condenadas a un mes de prisión por romper el ayuno en el espacio público. Las autoridades justifican la aplicación de disposiciones legales previas a la nueva Constitución considerando que, por un lado, no cuentan con los instrumentos judiciales para el cumplimiento de la Constitución y, por el otro, si no actúan se puede herir la sensibilidad de los creyentes e incluso provocar ataques yihadistas.

Mujeres marroquíes se movilizaron en 2011 reclamando reformas

 

La mujer en los países del Magreb

Intelectuales árabes —como el escritor marroquí Tahar Ben Jelloun— destacan a Túnez y a Marruecos (desde 2004), como los países del mundo musulmán que más han avanzado a nivel legislativo para garantizar la igualdad de género. Los avances, sin embargo, no significan que esos países no tengan tareas pendientes, grandes retos y escollos a superar para que la igualdad de género sea una práctica efectiva.

En el caso de Túnez, Ben Jelloun resaltó los cambios promovidos en época de Habib Burguiba (1903-2000), el líder de la independencia y de la descolonización que condujo a su país —autoritariamente— desde la independencia (1956) y durante más de tres décadas, hasta que fue depuesto en noviembre de 1987, en el golpe de Estado perpetrado por Ben Alí, exgeneral del Ejército y primer ministro, quien pasó a convertirse en el dictador del país y se mantuvo en el poder hasta enero de 2011, fecha en que fue obligado a dimitir en el marco de una rebelión popular que marcó el inició de la Primavera Árabe.

Pese al carácter autoritario de Burguiba, que estableció la presidencia vitalicia, la prensa internacional ha reconocido su talante moderno y laico para emprender diferentes reformas que beneficiaron al país. Tras su muerte, el diario español El País destacó que la prosperidad económica de Túnez era parte del legado de Burguiba, en relación con el control creciente de la natalidad y la incorporación de la mujer en el mundo laboral. No obstante, “la mentalidad de la sociedad tunecina, conservadora y patriarcal, no evolucionó a tal velocidad. Todavía hoy, la mujer continúa padeciendo la discriminación en muchos ámbitos, como el laboral”. El País también señaló que el Estatuto Personal, promovido por Burguiba, fue durante años (e incluso, sigue siendo), una excepción en los países musulmanes al abolir la poligamia y el repudio (divorcio declarado por el marido).

Para el escritor Abdelkader Chaui los avances políticos y legislativos que han tenido lugar en el mundo árabe, en el tiempo reciente, muchas veces se han producido en respuesta a la presión de instituciones internacionales y, por lo mismo, pueden valorarse y apreciarse en su dimensión formal, que no es tan clara, en la realidad y en la cotidianidad de las mujeres magrebíes.

«Tras la experiencia de unos países del Magreb, pensando también en el resto de lo que se llama el mundo árabe, los avances políticos y legislativos —con sus múltiples facetas— han sido adoptados y reconocidos, pero no son, en definitiva, derechos que en la práctica social evidencien el progreso del Estado de derecho y de la justicia. Quiero decir que esos avances se han adoptado en las legislaciones de conformidad con las normas y resoluciones de las Naciones Unidas y con los requerimientos de instituciones internacionales, pero han tenido una relativa asimilación cultural, social y política en estos Estados confesionales. Solo hay que hacer una pequeña comparación entre la Constitución (lo que estipula en materia de derechos y de obligaciones) y la práctica social de los individuos y de los grupos sociales en Marruecos y en Túnez.
Dicho esto, tengo la impresión de que Túnez —particularmente después de su Primavera— fue el país que mejor impulsó leyes y adoptó medidas ​que lo convirtieron, de hecho, en uno de los países del Magreb con los mejores avances democráticos, en cuanto a la situación de la mujer y a las libertades individuales. Sin embargo, no hay que olvidar que el país está dominado prácticamente por el partido islamista Ennahda y, esa dominación, en relación con el grado del desarrollo social (siendo también una sociedad religiosa), implica restricciones y supone reservas. No veo, por ejemplo, como un país musulmán como Túnez avance en adoptar y reconocer en su legislación y en la práctica social los derechos de los homosexuales o la igualdad en la herencia, cuando el islamismo político ya ha mostrado su rechazo a esa posibilidad (que permitiría que las mujeres hereden lo mismo que los hombres). Se niegan argumentando que la igualdad en la herencia contradice el texto coránico y la interpretación religiosa»(Chaui, A. Octubre 25, 2018).

Túnez: aborto legal y gratuito

La despenalización del aborto con restricciones fue introducida por primera vez en Túnez en 1965. En ese momento solo podían abortar las mujeres que tuviesen cinco o más hijos, el objetivo era reducir la elevada tasa de natalidad. El impacto de la medida no fue el esperado, entonces, en 1973, ese derecho por ley —con una ley de plazos— fue extendido a todas las mujeres adultas durante los tres primeros meses de gestación. La media de natalidad cayó de siete hijos por mujer en los años 60 a los 2,1 actuales. Por lo anterior, para el Estado hoy no es prioritario frenar el crecimiento demográfico.

Túnez es el único país del mundo árabe y uno de los cuatro del continente africano donde la interrupción voluntaria del embarazo es legal y gratuita durante los tres primeros meses de gestación sin tener que alegar motivo alguno. Eso es en términos legales, pero en la práctica hay quienes alegan diferentes excusas, entre ellas, objeción de conciencia que no está reconocida por la ley, pero en ella se amparan médicos conservadores para evitar realizar el procedimiento.

Tunecinos han observado que pueden llegar a presionar a la paciente para que cambie de opinión o le hacen notar la desaprobación de su decisión, en especial, cuando se trata de una madre soltera, una categoría que representa el 20 % del total. Asociaciones de mujeres tunecinas han denunciado la pasividad del Estado ante el incumplimiento de los funcionarios y hacen notar que “El Estado teme enfrentarse a los grupos islamistas”.

De todas formas, en los centros públicos del país tienen lugar unas 16.000 interrupciones del embarazo anuales, aunque el Estado no tiene cifras de los abortos que se practican en centros privados, con un costo aproximado de 300 dinares (unos 100 euros) por intervención, a los que acuden las mujeres de clase media y alta. A Túnez también acudían a abortar extranjeras de los otros países magrebíes, pero estas cifras habrían disminuido con el acceso a los abortos clandestinos e ilegales con medicamentos y fármacos en una práctica que también tiene lugar en las provincias periféricas de Túnez. Curiosamente, pese a la larga trayectoria que tiene Túnez en el derecho al aborto, la sociedad tunecina todavía mantiene el tabú sobre el tema y no existen encuestas que midan el grado de apoyo popular a esta ley que data de 1973. Además, “el Estado trata el asunto con poca transparencia”, ha señalado el corresponsal de El País en Túnez.

Una nueva Constitución

Túnez, el país más pequeño del Magreb, ha impulsado avances jurídicos y sociales en los años recientes. Aprobó una nueva Constitución (2014), de la que se dice, es “la más avanzada del mundo árabe” en la medida que recoge libertades individuales y posibilita el activismo legal de asociaciones en temas que todavía no están permitidos legalmente en los demás países árabes y/o musulmanes en la región que abarca Medio Oriente y norte de África (MENA) o Asia occidental y norte de África (WANA). Por ejemplo, en 2017, nació en Túnez la primera Asociación de Ateos del Mundo Árabe con unos 400 integrantes y, ese mismo año, el Legislativo aprobó la abolición de una ley de 1973 que no permitía a las mujeres casarse con un hombre no musulmán. La cuota de parlamentarias tunecinas alcanza, actualmente, casi a un 30 % del total de representantes; y, desde hace unas semanas, hay una mujer —por primera vez— a cargo de la Alcaldía de la capital.

Avances, no obstante, que se ven ensombrecidos por la persistencia de leyes que violan las libertades individuales y sexuales de los tunecinos como ocurre en los demás países musulmanes. La homosexualidad está penalizada hasta con tres años de prisión, según el artículo 230 del Código Penal y la gran modificación que tuvo esa disposición —en la práctica— se dio únicamente en términos del lenguaje sustituyendo “sodomía” por “homosexualidad” para incluir a las mujeres en la tipificación del delito. Lo anterior significa en cifras que 79 personas fueron arrestadas en 2017 y 60 están actualmente en prisión en Túnez por el delito de homosexualidad, según los datos suministrados por Shams, la asociación LGTBI más importante del país.

Ley pionera en los países árabes contra la violencia de género

En julio de 2017 se aprobó la ley, pionera en el mundo árabe, contra la violencia de género que castiga “todas las violencias contras las mujeres”.

Entre las principales novedades, la nueva norma suprime el infame artículo 227 bis del Código Penal, que permitía al violador de una menor evitar una pena de cárcel si se casaba con la víctima. Ahora, quien mantenga relaciones sexuales con una menor de 16 años se puede enfrentar a 20 años de cárcel o incluso a cadena perpetua, en función del contexto; serán cinco años de detención si la joven tiene entre 16 y 18 años. La nueva ley incluye también el delito de acoso sexual —un enorme problema en Túnez—, incluido el verbal, para el que disponen multas de unos 1.000 dinares (unos 350 euros) […]  la Constitución democrática de 2014, aprobada después de la revolución, insta al Estado a proteger a las mujeres que sufren maltrato, se había avanzado poco en este terreno […]  la aprobación de una ley integral contra la violencia de género constituía una vieja demanda de las asociaciones feministas tunecinas […] En el ámbito de la explotación de las menores, por ejemplo, las personas que utilicen en el servicio doméstico a niñas menores de edad se enfrentarán a penas de prisión de entre tres y seis meses. Uno de los aspectos que suscitó un más largo debate en el hemiciclo el pasado miércoles fue la cuestión de la edad de madurez sexual. Finalmente, se amplió de los 13 años de la legislación actual a los 18 años […]
De acuerdo con un completo estudio estatal realizado en 2010, más de la mitad de las tunecinas declara haber sido víctima de agresiones físicas. En la mayoría de casos, el autor es un familiar o bien la pareja. “La ley obliga al Estado a luchar contra la violencia doméstica y le obliga a proporcionar refugio a las mujeres maltratadas. A partir de ahora, aunque la mujer retire la demanda, cosa que sucede a menudo, la fiscalía deberá proseguir con el caso” […] el Estado se ha comprometido a formar a sus funcionarios, desde médicos a policías, para que apliquen la nueva norma. De hecho, prohíbe de forma específica que los agentes se nieguen a registrar una denuncia de violencia de género […] la nueva legislación, inspirada en la Ley Integral contra la Violencia de Género española de 2004, representa una poderosa herramienta. Al establecer “la igualdad entre los géneros”, cuya promoción se incluirá en los currículos escolares, la norma permite denunciar a una empresa que remunere de forma diferente a sus empleados en función de su género. La onda sísmica de la Revolución tunecina, cuna de las llamadas Primaveras Árabes, ya sacude incluso los pilares más íntimos de esta sociedad (González. “Túnez aprueba una ley histórica contra la violencia de género”. El País, julio 27, 2017).

Corresponsales españoles en países del Magreb también destacan que Túnez es el país magrebí que tiene un movimiento feminista mejor organizado y que se vio revitalizado tras la revolución de 2011. Sin embargo, admiten que no tuvo lugar una movilización de denuncia similar al #MeToo. Actualmente, para las activistas tunecinas, la prioridad es la reforma del Código de familia para alcanzar la igualdad de género también en el reparto de la herencia. Hasta hoy, en los países musulmanes, las mujeres heredan menos (la mitad) que los hombres. Esa disposición constituye una auténtica discriminación por razón de género y está fundamentada en la tradición religiosa.

Los Estados musulmanes precisan cambios políticos y legislativos, algunos muchos más cambios legislativos que otros, eso está claro. No obstante, Túnez constituye un claro ejemplo de que la transformación del país también ha de llevarse a la esfera social y cultural, al cambio de mentalidades para que la ciudadanía comprenda el espíritu de las leyes y las incorpore en su día a día a partir del acatamiento y del cumplimiento cabal como una sociedad consciente de que sus mujeres merecen iguales derechos y oportunidades.

*Clara Riveros, politóloga, consultora y analista política en temas relacionados con América Latina y Marruecos y directora en CPLATAM -Análisis Político en América Latina- ©

Noviembre, 2018

RECTIFICACIÓN

Este artículo inicialmente se tituló “Aproximación a la situación de la mujer en el mundo musulmán…”  No obstante, el título ha sido sustituido por una denominación más apropiada o precisa, gracias a las observaciones del periodista Ilya U. Topper, quien destacó que, en efecto, en diferentes países sean estos Estados confesionales islámicos y/o tengan gobiernos islamistas, los políticos invocan el islam -no la arabidad-,  para determinar aspectos de la vida social, por ello la cuestión excede a los países árabes (es en nombre de la religión no de la arabidad que se determina la legalidad, los derechos y las libertades de los ciudadanos en estos países). Topper observó que, si bien es correcto hablar del “mal llamado” mundo islámico, “Lo estrictamente correcto sería hablar de Estados confesionales islámicos (todos los que tienen el islam como religión de Estado, lo que excluye Turquía, Azerbaiyán, Bosnia y varios africanos)”.

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