¿Pudo evitarse la guerra civil en Siria?

Ciudad de Homs, Siria, 2018. Fotografía ACNUR

Por Mohamed Bendriss Alami, observador magrebí

Para aquellos que defienden valores universales como la libertad y la dignidad humanas resulta improcedente e inaceptable defender regímenes autocráticos, dictaduras y dictadores. Hacerlo implicaría pasar por encima de las víctimas e invisibilizar las demandas legítimas de democracia, derechos y libertades que han reclamado y todavía exigen millones de ciudadanos en el mundo. Si la totalidad de los ciudadanos que viven bajo regímenes de este signo estuvieran satisfechos con sus gobiernos, las oleadas de emigrantes no tendrían lugar y lo que actualmente demuestran las crisis migratorias en el mundo es justamente lo contrario. Dicho esto, también es preciso explicar y razonar por qué la caída de un dictador no es sinónimo de paz, democracia, estabilidad y prosperidad, hay diferentes casos que lo ilustran, lo acaecido en Libia o en Irak lo evidencian.

Aunque las guerras y los conflictos tienden a analizarse a posteriori y se evalúan para advertir la memoria y prevenir a la humanidad de reproducir los errores del pasado que llevaron a catástrofes humanas, habida cuenta de la duración de la guerra civil en Siria, aquí se propone un ejercicio sobre la marcha de los acontecimientos que se complementa con el análisis de diferentes perspectivas políticas, escenarios e hipótesis para pensar si esta guerra era evitable tomando decisiones diferentes y modificando ciertos comportamientos. La reconstrucción de diferentes eventos permite entender por qué Siria y otros países árabes se encuentran sumidos en crisis profundas. El eje central de este análisis gira en torno a si pudo haberse evitado la guerra civil en Siria. En esta primera parte del ensayo se aproximan algunas respuestas respecto al objetivo declarado y a las particularidades de esta guerra civil. Se explica, además, el desestimulo de la nomenclatura baazista hacia Bashar al-Ásad y los factores que contribuyeron a su aislamiento, se observa la carencia de espontaneidad en la Primavera Árabe en Siria, respecto de las otras movilizaciones que tuvieron lugar en otros países árabes, asimismo se plantea la crisis de identidad política e ideológica que experimenta el mundo árabe. El análisis de los factores, directos e indirectos, internos y externos, que han marcado el rumbo de esta guerra civil, así como los entresijos desde su inicio en marzo de 2011, permitirán algunas inferencias lógicas al lector.

¿Pudo evitarse la guerra civil en Siria? ¿Cómo? Siria es el punto de intersección de muchos intereses y desafíos. Después de una época de turbulencias políticas marcadas por una serie de golpes de Estado en los años sesenta, la doctrina siria baazista bajo el liderazgo de Háfez al-Ásad, en la década de 1970, se propuso combinar el socialismo árabe y el nacionalismo panarabista adoptando la laicidad como pilar principal. Lo anterior tuvo justificación en un país muy dividido confesionalmente que dirigía una familia perteneciente a la minoría Alauita y a la cual pertenecen el general al-Ásad y su hijo, el actual presidente Bashar al-Ásad[1]. Por su composición étnico-confesional, así como por sus compromisos ideológicos y políticos, Siria mantiene vínculos de diversa índole con muchos países, grupos, movimientos, tendencias ideológicas y/o políticas, además de los diferentes regímenes árabes reunidos bajo el techo de la Liga de los Estados Árabes.

Siria estuvo en primera fila en las guerras contra Israel, desde sus inicios en 1948, seguida de la Guerra de los Seis Días (1.967), donde perdió los Altos de Golán y una parte de la provincia de Kenitra. La tercera guerra en la cual participó fue en la denominada Guerra de Yom Kippur, preparada conjuntamente con Egipto en 1973. En esta guerra Egipto recuperó el Sinaí y Siria recuperó solamente una parte de la provincia de Kenitra, sin los Altos de Golán, un espacio estratégico para Israel por su contenido hídrico[2].

Diversos compromisos, alianzas, conflictos y alineamientos políticos nacionales, regionales y globales hicieron de Siria un punto de intersección en nombre de ciertos intereses y desafíos. Una situación compleja con diversas ramificaciones y actores contribuyó al desencadenamiento de una “conspiración” regional e internacional que hizo de este país poseedor de una gran cultura, el terreno de batalla bajo la bandera de la Primavera Árabe, denominación occidental para referir la oleada de protestas que tuvieron lugar en el mundo árabe. La Primavera Árabe hasta hoy se ve con cierta sospecha en los países donde emergió puesto que en el pasado los movimientos sociales solían estar apoyados y precedidos de intelectuales, filósofos, politólogos, visionarios y líderes con un proyecto político y de sociedad determinados a la hora de impulsar la movilización social en torno a unas ideas y objetivos[3]. Transcurridos varios años de la Primavera Árabe estos movimientos no lograron cambios substanciales en las condiciones de vida de las sociedades, aunque sí lograron impulsar cambios en los sistemas políticos de sus países. En todo caso, el cambio no fue del sistema entero que ha sabido preservar sus ramificaciones.

El cuestionamiento de si esta guerra era evitable y cómo podría haberse evitado es pertinente y precisa una respuesta madura y responsable habida cuenta de que el país ha sufrido muchas pérdidas: humanas, materiales, socio-culturales, morales y emocionales por la devastación que produjo la guerra y que en este caso devino en un fracaso total para el país y en una gran desilusión para todos los sirios e incluso también para sus adversarios. El país sigue vivo, pese a una soberanía amputada, pero sometido a negociaciones en un mercado geopolítico del que solo participan grandes potencias. La guerra civil en Siria también desbordó las fronteras regionales, creó tensiones en Europa, emocionó o conmocionó al mundo entero y desestabilizó las relaciones internacionales[4].

Ninguna respuesta hasta ahora ha permitido clarificar los hechos, pero se puede avanzar respecto a la fatalidad y a los impedimentos impuestos por este conflicto, así como a la multiplicidad de factores, elementos y ejes alrededor del mismo. Una primera cuestión a tener presente es el carácter dinámico del conflicto: los cambios, los resurgimientos, las negociaciones, la búsqueda de compensaciones, los compromisos, los botines y las ventajas estratégicas. Todo esto sobresalió cuando el régimen se vio lo suficientemente debilitado y empobrecido e incapaz de defender la soberanía del país. Cabe recordar que un tercio de la población siria se encuentra refugiada en más de seis países vecinos (5.554.368 personas hasta agosto de 2020)[5]. Casi la mitad de la población se encuentra desplazada (9 millones) al interior del país. Las consecuencias de esta guerra sobre la economía nacional[6], se han visto agravadas por diferentes embargos[7], impuestos y, recientemente, hay que añadir la covid-19. Estas situaciones constituyen auténticas desgracias y hacen que la mayoría de la población viva de la asistencia humanitaria (70%). Entre 2011 y 2020 la moneda nacional (lira siria) perdió casi diez veces su valor, el dólar ya no se consigue en el país para cubrir las importaciones en divisas.

El objetivo declarado en la guerra civil. El objetivo anunciado y sostenido por parte de los adversarios del régimen sirio, en esta guerra civil, ha sido el cambio de régimen y la instauración de una democracia y un sistema político inclusivo. La población siria, civiles y militares, ricos y pobres, poblaciones urbanas o rurales, musulmanes y cristianos, minorías y mayorías, aspirarían a ese nuevo sistema político. Partiendo de ese gran objetivo común y universal, surge una inquietud: ¿Por qué la mayoría de los militares permanecieron fieles al régimen, a pesar del conflicto prolongado que ya alcanzó más de nueve años sin que se produjeran grandes deserciones o descuidos que hicieran peligrar a Bashar al-Ásad? Los militares no tomaron parte en el levantamiento popular ni recomendaron al presidente apartarse de su cargo y retirarse, como ocurrió en Egipto con Mubarak, en Túnez con Ben Alí y en Argelia recientemente[8]. El caso de Libia contrasta con Siria en diferentes aspectos, si bien los dos países están sumidos en severas crisis y conflictos tras las intervenciones para deponer sus regímenes autoritarios[9].

Las particularidades de la guerra civil en Siria. Para entender las particularidades de este conflicto hay que conocer los antecedentes del país. Desde los años cincuenta Siria se fundó sobre una “ideología militar-socialista” que opera en el marco de un régimen de partido único con el Partido Baaz Árabe Socialista vestido de un ropaje civil donde supuestamente el pueblo decide el porvenir del país a través de los representantes (designados-electos) que ocupan los escaños de la Asamblea del Pueblo, siendo el presidente del país quien ostenta la última palabra respecto a todos los asuntos[10]. El partido tiene sus estructuras para encuadrar a los jóvenes (Chabiba), los adolescentes (Talaii), las mujeres (Unión de Mujeres), así como a las fuerzas obreras. Esta ideología se consolidó y adquirió legitimidad entre otras cosas por el estado de guerra impuesto a partir de la ocupación de Israel en territorios sirios y árabes. Ello supuso que el cuerpo militar apoyara al régimen político. Además, los militares favorecieron las condiciones económicas para formar y expandir una clase media que permitiera mantener a flote la economía del país, como ocurrió con el ejército egipcio cuya contribución al PIB se estima en un 35,4%[11].

Cuando los militares sirios estuvieron en Líbano, muchos se dedicaron al contrabando entre Líbano y Siria, siendo Líbano un país de economía liberal y comercio abierto mientras que Siria se caracterizó por la escasez de muchos productos a causa del embargo y de la limitación de divisas. Es importante enfatizar que los grandes cargos militares y de responsabilidad o funciones y puestos de confianza en el régimen sirio fueron ocupados por la minoría Alauita, que también hizo lo propio con el comercio. Ha sido la familia al-Ásad quien maneja y controla la economía del país. Son los tíos y los cuñados del presidente quienes se encuentran inmersos en grandes escándalos de corrupción. Los servicios secretos y de espionaje sirios (mujabarat) son de los más profesionales y numerosos del mundo árabe, esto indica que el cuerpo militar es robusto, omnipresente y está bien estructurado. Todos estos son aspectos claves y elementos fundamentales que han sostenido al régimen durante los nueve años de la guerra.

Bashar al-Ásad desalentado por la antigua nomenclatura baazista. El presidente Bashar al-Ásad nació en noviembre de 1963 cuando la ideología socialista ya estaba introducida en el país. Fue designado presidente en julio de 2000 por su partido, tras el fallecimiento de su padre. Recuérdese que al-Ásad fue llamado de Inglaterra donde terminaba su especialidad en oftalmología. En este país europeo conoció a quien se convertiría en su esposa, Asma al-Ajeras, siria-británica de reconocida familia sunita. En sus tres primeros años en el poder buscó operar algunos cambios para modernizar el país y abrirse al exterior, pero se enfrentó con la resistencia de la antigua nomenclatura de su partido que temía por sus intereses y por sus ventajas tan establecidas como arraigadas. Hubo algunos avances relativos a los derechos humanos, especialmente en lo que respecta a los derechos del niño y de la mujer, así como al levantamiento de algunas barreras que dificultaban el movimiento de la población fuera del país (visado). Reconoció algunos derechos civiles a los kurdos, en particular el derecho a ser registrados como ciudadanos sirios con la obtención de la nacionalidad siria. Propendió a la extensión del sistema bancario, admitiendo la entrada de nuevas compañías para operar en el país, varias de estas operan en Líbano.

Factores que contribuyeron al aislamiento de Bashar al-Ásad. El hecho de que una parte del país permaneciera bajo la ocupación israelí, véanse los Altos de Golán, permitía que el ejército siguiera percibiendo ventajas y extendiendo su autoridad so pretexto de proteger al país de los ataques externos. Las excesivas competencias limitaban y restringían en alguna medida las iniciativas presidenciales de al-Ásad, quien no es un militar de carrera pero constitucionalmente es el jefe supremo de las Fuerzas Armadas. Cuando Bashar al-Ásad accedió al poder fue parte de esa nueva generación y dirigencia renovada en algunos países árabes, véanse los reyes de Marruecos, Jordania y Bahréin. Los discursos “académicos” de Bashar al-Ásad no siempre fueron bien recibidos, los receptores percibían que estaban en una clase y hasta se sintieron molestos e indignados por las teorías del mandatario que no encajaban con las realidades de la región y con las influencias de las grandes potencias que dominan la geopolítica regional.

El otro aspecto notable que contribuyó al aislamiento de al-Ásad fue su acercamiento desmesurado a Irán y a Hezbollah en Líbano, que es considerado como una organización terrorista que opera en Irak, Siria y, sobre todo, en Yemen apoyando a los Hutis. Las monarquías sunitas petroleras del Golfo consideran que la presencia de Irán en Yemen constituye una amenaza chiita directa, golpeando a las puertas del Reino Saudita, incluso llegando a organizar frecuentes incursiones dentro de territorio saudí y hasta destruyendo instalaciones petrolíferas del país sunita. Para los saudíes el crecimiento de la influencia iraní en la región se debe al presidente sirio, percibido como un espía y un traidor que actúa en favor de un país enemigo. Irán extendió su autoridad sobre Irak desde 2003. Estos asuntos son puramente geopolíticos y exceden al pueblo sirio, son cuestiones que no tienen nada que ver con la promoción y el respeto de los derechos humanos o con el asentamiento de la democracia en Siria, temas en los que Arabía Saudí tampoco es ningún ejemplo a seguir.

La Primavera Árabe en Siria careció de espontaneidad. En la mayoría de los países árabes que sirvieron de escenarios a las manifestaciones y protestas enmarcadas en la Primavera Árabe, las poblaciones se expresaron con arengas y pancartas citando expresiones de denuncia contra sus respectivos regímenes, atacaron los símbolos del sistema político dominante y a sus representantes, así como a sus ramificaciones que eran la causa de indignación en la población. No obstante, en el caso de la revolución siria, las cosas ocurrieron de forma diferente, con una preparación previa en el exterior, pues se sabía o se presentía que la adhesión del ejército y de la mayor parte de la población no sería sencilla o espontánea. Diferentes analistas y observadores estiman que una buena parte de la revolución se organizó desde fuera del país y concretamente en algunos países vecinos donde los voluntarios recibieron entrenamiento militar en el manejo de armas y técnicas guerrilleras. Todo ello con la complicidad de algunos países árabes y otros países que exceden la región y que no llevan a Siria en sus afectos y adhesiones por varias razones[12].

El mundo árabe ante una crisis de identidad política e ideológica. El régimen sirio siempre se presentó como el garante para la coexistencia religiosa, étnica y multiconfesional mediante la aplicación de la laicidad. Lo anterior le valió un gran apoyo de países occidentales que han visto en el islam político una amenaza, piénsese en Afganistán tras la llegada del Talibán o en la década negra de Argelia (1991-2002). El fundamentalismo y la radicalización religiosa han sido motivo de preocupación compartida por muchos países árabes islámicos, sobre todo en Oriente Medio habida cuenta de los antecedentes del modelo iraní que depuso al sha Mohammad Reza Pahleví a través de la revolución islámica y el líder supremo Ruhollah Jomeini. De todas formas, es posible que dos regímenes autoritarios mantengan sólidas relaciones más allá de que uno sea laico y el otro sea confesional como lo demuestra la sólida alianza entre Siria e Irán.

En Siria se vio el levantamiento contra el régimen, pidiendo su desaparición y la instauración de un régimen democrático e inclusivo. ¿Habrían tenido incidencia grupos islamistas? Hay quienes estiman que hubo apoyo islamista porque el régimen sirio al abogar por la laicidad marginó a diferentes grupos confesionales, entre estos a los sunitas que se habían levantado contra el régimen de Hafiz al-Ásad (1982) y que fueron violentamente reprimidos y castigados, sobre todo en la ciudad de Hama. De hecho, muchos de ellos tuvieron que dejar el país.

En cuanto al islam político que domina a los países árabes definidos por el carácter confesional de sus Estados, hay grados diferentes en la islamización de la política y de las sociedades. No todos los países de confesionalidad islámica son iguales. Catar, por ejemplo, ha promovido y utilizado el islam político como un arma potente en términos comunicativos a través de la cadena de televisión Al-Jazeera que tiene gran audiencia en el mundo árabe. El islam político también ha cobrado fuerza por el apoyo occidental, especialmente el de Estados Unidos que ha promovido a partidos políticos islamistas, con una versión más moderada en la interpretación del Islam y que juegan con las reglas democráticas, para reemplazar a los movimientos terroristas y, también, con el pretexto de impulsar las libertades individuales en los países árabes que han reprimido o que reprimen a los Hermanos Musulmanes como en Egipto, Irak, Siria, Libia, Túnez y Arabia Saudí[13].

Los sunitas de Oriente Medio han sido influenciados y a menudo adoctrinados por los Hermanos Musulmanes, este movimiento nació en Egipto (1928) y se define como defensor del islam político, sus redes se extienden a Oriente Medio, África e incluso a Europa y a Estados Unidos. Sus adeptos han sido y son generalmente hombres formados, con alto nivel educativo en profesiones como medicina, ingeniería o derecho y, por lo mismo, tienen influencia y notoriedad en el mundo árabe. La ideología que han impulsado los Hermanos Musulmanes durante los siglos XX y XXI es la vuelta al Islam del origen sin acudir a la violencia (yihad) y, valiéndose, para su llegada al poder, de los mecanismos democráticos. Un caso exitoso del islam político, aunque no en un país árabe, es el del Partido de la Justicia y el Desarrollo (PJD/AKP) en Turquía. Este partido islamista, conservador, de derecha y con una agenda social ha tenido importantes logros económicos y sociales durante las últimas décadas. Ello le permitió ganar popularidad pese a su discurso y a sus posiciones cada vez más conservadoras y religiosas en detrimento de la laicidad que impulsó el líder turco Mustafa Kemal Atatürk para la modernización del Estado a comienzos del siglo XX. Actualmente el islamismo en Turquía tiene como máximo exponente a Recep Tayyip Erdoğan, un mandatario con un perfil cada vez más autocrático que pretende erigirse en el líder islamista del mundo musulmán, sobre todo del Islam sunita. Es curioso que mientras avanzaba el islam político en Turquía por la vía populista y democrática, paralelamente se sucedieran varias acciones terroristas en el mundo[14].

La ideología islamista o el islam político que se vale de la vía democrática para alcanzar el poder también ha recibido cuestionamientos vehementes de intelectuales y activistas árabes laicos. En Turquía la intelectualidad crítica y el activismo han mostrado resistencia al proceso de “reislamización” del país. El activismo y la intelectualidad señalan, tanto en Turquía como en los países árabes de confesionalidad islámica, que más allá de que los islamistas se hagan con el poder a través de procedimientos electorales legales, el carácter del islamismo, su aspiración y su vocación, es en sí misma totalitaria y busca invadir todos los aspectos de la vida de los ciudadanos e islamizar a las sociedades a niveles muy preocupantes. Intelectuales y académicos también han planteado que la crisis que vive el mundo árabe-musulmán tiene que ver con su arribo a la modernidad y a esa crisis de disgregación identitaria que produce la ruptura, no libre de resistencias, en la transición de la comunidad orgánica religiosa hacia una sociedad moderna compuesta de individuos y de ciudadanos, sujetos de derechos y de obligaciones, con deseos y aspiraciones particulares.

En la segunda parte de este ensayo se aproximará la letárgica reforma que provocó desilusión y desbordamiento, se analizará la dimensión geoestratégica de la guerra civil en Siria, así como la sensibilidad y/o complejidad que reviste el entorno regional, la influencia de Siria e Irán en Líbano, la génesis de la relación entre Siria y Rusia, la amenaza iraní, las alianzas inadecuadas y por qué la paz no será posible en la región sin tener en consideración a Siria. Finalmente, se propone una primera conclusión que invita a un debate posterior.

Notas

[1] El presidente Háfez al-Ásad preparaba a su hijo mayor Basel al-Ásad para sucederle en el poder, pero este falleció en un accidente de coche (1994). Por lo anterior, el Partido Baaz Árabe Socialista llamó como sucesor al otro hijo, es decir, a Bashar al-Ásad, quien se encontraba en Reino Unido especializándose en oftalmología. Bashar al-Ásad tomó su lugar después de que la Cámara del Pueblo (Parlamento), en un sistema de partido único, modificó la Constitución para que en menos de una semana la carta política del país adquiriera el perfil del presidente que fue designado en el año 2000.

[2] Los Altos de Golán: meseta ubicada en la frontera entre Israel, Líbano, Jordania y Siria que le da una importancia estratégica, pero también por la presencia del lago Tabaria que recoge las aguas provenientes de Jabal Echij. La resolución del Consejo de Seguridad N° 242 la considera como territorio ocupado, pero el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, reconoció en 2019 el derecho a Israel para anexionar este territorio ocupado por Israel, lo mismo hizo con Jerusalén, otro territorio ocupado desde 1967.

[3] Roger Chartier se pregunta si los filósofos han preparados las revolucionas y dice: “el espíritu crítico se afirma en todos los dominios, enfrenta a la iglesia, la moral y la monarquía” (Colección del 25 de octubre a diciembre de 2004).

[4] Los refugiados sirios han ido a Europa y a los países vecinos, pero también a otros países en diferentes regiones del mundo. Turquía utiliza a los refugiados para chantajear a Europa. Los flujos de refugiados sirios crearon tensiones en el seno de la Unión Europea, sobre todo entre los países fronterizos y otros del interior.

[5] El número de refugiados sirios bajó de 6,6 millones en 2019 para situarse en 5.554.368 de personas registradas por el UNHCR (el 4 de agosto de 2020). En Turquía estaría el 65% de los refugiados, en Líbano el 16%, en Jordania el 12%, en Irak el 4,4%, en Egipto el 2,3% y el norte de África un 0,6%. Unos 170.000 refugiados y exiliados políticos están en Europa.

[6] Siria tenía una economía que funcionaba relativamente bien gracias a la agricultura, el petróleo, la industria, el turismo regional, la artesanía, la diáspora en el Golfo Árabe y en América Latina, el comercio, etc. El país producía el 65% de los medicamentos para cubrir sus necesidades y exportar, no tenía deuda externa, disponía de sistemas sanitario y educativo gratuitos a diferentes niveles. Experimentó una gran modernización desde la llegada de Bashar al-Ásad, empezando por el sistema bancario, el uso de las nuevas tecnologías, la introducción del inglés en el sistema educativo, la implementación de convenciones internacionales relativas a los derechos humanos y la apertura progresiva al exterior.

[7] Las sanciones contra Siria tuvieron lugar en diferentes épocas y contextos, impuestas por Estados Unidos (estas son las más fuertes y extendidas), por la Unión Europea, Canadá, Australia, Suiza y la Liga Árabe a raíz de la guerra del 2011, especialmente por la represión que el gobierno sirio ejerce sobre sobre su población. Hay que recordar que en diferentes momentos de la guerra el régimen sirio ha sido acusado de usar armas químicas contra la población. De hecho, en 2020, la Organización para la Prohibición de Armas Químicas, acusó al gobierno sirio de tres ataques con cloro y gas sarín, sustancias tóxicas que dejaron alrededor de un centenar de lesionados y fallecidos en marzo de 2017. El embargo americano afecta al petróleo, la congelación de las acciones financieras, las piezas de recambio, los medicamentos y los productos básicos. En diciembre de 2019, Estados Unidos impuso nuevas sanciones incluso más severas contra Siria, en la ley llamada “César”’ referente a un fotógrafo militar legista sirio llamado Caisar (Ediciones de Le Monde del 21 de diciembre de 2019 y del 16 de junio de 2020).

[8] En Argelia, país magrebí de corte socialista que comparte ideales con Siria, tras varias jornadas del “Hirak”, los militares que son quienes detentan el poder, obligaron al presidente Buteflika a dejar su cargo por incapacidad física y mental para ejercer sus responsabilidades constitucionales. Los militares actuaron con pragmatismo para salvar el poder que detentan desde 1962 hasta hoy. En la práctica, Argel sigue siendo un régimen de partido único con el Frente de Liberación Nacional (FLN) controlado por los militares desde que el país logró su independencia.

[9] En Libia la crisis tiene que ver, además de las tensiones por el poder, con la falta de un ejército regular y de una constitución que diera estabilidad y ordenara el país tras la caída del dictador. No hay que perder de vista que Gadafi gobernaba sin instituciones y ello allanó el camino a la coalición occidental para derrocarlo y con él a su régimen. El destornillamiento del régimen libio era inminente tras la caída del líder. Desde entonces el país quedó sumido en el caos total, abierto a todos los riesgos y expuesto a las codicias e injerencias de agentes externos. No puede hablarse del éxito de la misión desarrollada por la coalición de la OTAN que desmontó el régimen dejando un vacío de poder. No había una estructura institucional en Libia que permitiera una transición exitosa, el asentamiento de instituciones y un gobierno legítimo para todos. Esta caótica situación degeneró en múltiples problemas regionales y afectó también a la Unión Europea con la llegada masiva de emigrantes, creó un clima de inseguridad en la zona del Sahel y del Sahara, por la cantidad de armas procedentes de este conflicto que circulan libremente en una zona tan sensible y de difícil control como el Sahel.

[10] El presidente es el secretario general del partido Baaz Árabe Socialista y presidente del Frente Nacional Progresista (FNP), un conjunto de seis partidos políticos menores. También es comandante y jefe de las Fuerzas Armadas y tiene poderes para nombrar y destituir a todos los cargos inferiores al suyo.

[11] Desde 2013 el ejército egipcio aumentó dramáticamente su implicación en la economía egipcia, intervino en todos los sectores: terrenos, industria, promoción inmobiliaria, educación y salud, infraestructura. Un vasto imperio de las empresas militares cuyo monto se estima a unos 9 millones de dólares USD por año. El gobierno de Abdelfatah El-Sisi estima la contribución de las fuerzas militares al PIB de un 2%, pero los investigadores independientes lo elevan al 35,4%, incluso hasta el 60% de la economía egipcia. Así lo describe M’sur (marzo de 2018) en Egipto: El Imperio económico de los militares.

[12] Tahar, Rania. « Le President Trump doit déclassifier la Strategie du PSD-11 d’Obama pour soutenir les Fereres Musulmanes » en l’Islam et l’Occident. Institut Tunisien des Relations Internationales. (Candide. 20 de julio de 2020).

[13] Como lo demuestra el hacer político de diferentes partidos políticos islamistas en los países árabes, aunque estos se plieguen a las reglas de la democracia electoral, no es el impulso de una democracia liberal con respeto por las libertades, incluidas las individuales, lo que ánima o impulsa su discurso y acción en la arena política.

[14] El terrorismo de raíces árabe-islámicas es una manifestación brutal y salvaje que se aleja de los valores del Islam. Estos terroristas golpean diferentes partes del mundo, afectan a sus países y a su gente, no solo a Occidente. La barbarie nunca servirá para corregir las injusticias, el racismo y las afrentas pasadas contra los pueblos musulmanes. Las acciones terroristas de los perpetradores han sido llevadas a la práctica siguiendo las prédicas religiosas exacerbadas tanto en sus países de origen como en diferentes ciudades y países occidentales y han servido de plataforma para potenciar a los movimientos de extrema derecha en Europa. El extremismo religioso ha sabido captar a jóvenes ciudadanos frustrados. No es un secreto que en varios países árabes las dictaduras que han detentado el poder durante décadas devinieron en verdaderas monarquías hereditarias y absolutas donde el poder del padre pasó al hijo y supieron condenar a las sociedades al desempleo, la miseria y la desesperanza. A ello se añade que las familias que detentan el poder político acapararon la riqueza del país, repartiendo una parte a sus servidores y, en particular, a los militares para asegurar su protección.

CPLATAM -Análisis Político en América Latina- ©
Agosto, 2020

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