Oscar Olivos (CAT): “El gobierno Piñera se está esforzando para gobernar apenas cuatro años y perder las elecciones de 2021”

Oscar Olivos, presidente de la CAT (Chile) y Clara Riveros, directora en CPLATAM -Análisis Político en América Latina-

 

Chile se ha convertido en la referencia exitosa de América Latina en términos de desarrollo, modernización y pragmatismo político y económico. Lo anterior ha permitido que el país avance y se posicione en diferentes rankings internacionales, junto a los países desarrollados y con gran ventaja respecto a los demás países latinoamericanos, pese a la simpatía y/o condescendencia demostrada por la expresidente Michelle Bachelet con los experimentos populistas y autoritarios e incluso totalitarios liderados por sus homólogos del bloque del ALBA y el socialismo del siglo XXI. Bachelet culminó su segundo mandato con un desgaste considerable y muy cuestionada por casos de corrupción que la tocaron de cerca. Ciudadanos, expertos y críticos de su gestión han considerado que su administración fue sectaria, polarizante y con pobres resultados. A inicios de septiembre, la expresidente asumió funciones como alta comisionada para los Derechos Humanos en la ONU.

Por su parte, Sebastián Piñera llegó a La Moneda el 11 de marzo (2018) para desarrollar su segundo mandato presidencial con la coalición Chile Vamos. Pese a las perspectivas económicas favorables y a las grandes expectativas que generó entre sus electores y simpatizantes, el mandatario experimenta un desgaste en su imagen. Nótese que, en junio, al cumplir 100 días de gobierno, gozaba de una popularidad superior al 50 %. En julio, no obstante, perdió 11 puntos, pasando del 60 % al 49 % de aprobación. Y, a mediados de septiembre, la desaprobación (44 %) superó ligeramente su favorabilidad (43 %). Aunque el presidente sale mejor librado que su equipo ministerial cuya desaprobación alcanza un 45 % frente al 32 % que lo aprueba.

De la gestión Piñera; la actualidad sindical en Chile, Colombia y América Latina; la percepción sobre el nuevo gobierno en Colombia; entre otros temas, hablamos con Oscar Olivos —líder sindical, presidente de la Central Autónoma de Trabajadores de Chile (CAT) e integrante del comité ejecutivo de la Alternativa Democrática Sindical de las Américas (ADS)—durante su reciente visita a Bogotá dónde participó del X Congreso Nacional de la Confederación General del Trabajo (CGT).

 

CPLATAM: ¿Qué impresión se lleva del nuevo gobierno en Colombia tras la intervención del flamante presidente Iván Duque durante la apertura del X Congreso Nacional de la Confederación General del Trabajo (CGT)?

Oscar Olivos: En lo personal, el presidente Duque me dejó una buena impresión, tuvo un discurso claro y potente, reconociendo una posible buena relación entre el gobierno y el mundo del trabajo representado en la CGT. Se percibe una buena intención de trabajar en conjunto para que al país le vaya bien. Nosotros como dirigentes sindicales agrupados en la ADS y representantes de las diferentes centrales de trabajadores del continente consideramos que en el sindicalismo del siglo XXI se debe mantener el diálogo entre empresarios, gobierno y trabajadores, todos se relacionan para alcanzar acuerdos para que nuestros países avancen. El presidente Duque también apuntó en esa dirección, así que en comienzo hay una buena sintonía sobre un interés común: que al país le vaya bien. Esperemos que el presidente Duque pueda hacer una buena gestión porque queremos que a Colombia le vaya bien y avance cada día más.

Oscar Olivos presidente de la CAT durante el X Congreso Nacional de la Confederación General del Trabajo (CGT) en el Salón Rojo del Hotel Tequendama en Bogotá

 

CPLATAM: Usted ha realizado diferentes viajes a Colombia y ha tenido oportunidad de conocer e intercambiar con dirigentes sindicales, ¿qué opinión tiene del sindicalismo en Colombia?

Oscar Olivos: El X Congreso Nacional de la Confederación General del Trabajo, organizado por la CGT, una organización hermana, ha sido un Congreso muy importante en el que participaron más de 80 delegaciones internacionales y más de 1500 dirigentes sindicales colombianos. El Congreso de la CGT demostró que tiene un gran peso político sindical, una presencia política sindical muy fuerte. Nos convocó la intención de construir un sindicalismo actual, un sindicalismo moderno para abordar temáticas relacionadas con los desafíos y realidades para el mundo del trabajo en Colombia, en Iberoamérica y para el mundo en general.

En el caso de la CGT de Colombia, que es la central que conozco más, se trata de un sindicalismo que también apunta a una visión moderna para avanzar en temas que son relevantes para el país, en el marco de una sociedad donde todos sean partícipes; donde la brecha entre los que ganan más y los que ganan menos sea la más corta posible. Se trata de procurar un trabajo decente, un trabajo digno, que se cumplan las condiciones laborales que correspondan, que se respete al trabajador y también al empleador. Hay una buena voluntad para avanzar en esa dirección. Otras centrales sindicales son más ortodoxas. Es un sindicalismo más obsoleto. Un sindicalismo de confrontación. Un sindicalismo instrumentalizado por agrupaciones y actores partidistas que tratan de mantener a flote la lucha de clases para sobrevivir, esas estructuras políticas partidistas de izquierda o de ultra izquierda necesitan del conflicto para vivir, su objetivo es producir conflicto. Nosotros estamos en otra cosa, queremos entender los cambios que se producen en el mundo, adaptarnos y capacitarnos en el manejo de las nuevas tecnologías. Los trabajadores debemos ser capaces de asimilar el cambio tecnológico y de buscar los mecanismos de reconversión para responder a los desafíos actuales porque la tecnología avanza a pasos agigantados.

 

CPLATAM: Del himno de los trabajadores de la CGT se extraen algunos conceptos, consignas y arengas extemporáneas [“explotados” en “guerra”… unidos porque “solo el pueblo siempre salva al pueblo” …  trabajadores comprometidos en “liberar al pueblo que lucha oprimido” y en el rechazo del “imperialismo”… es “dura la guerra” a la “dependencia” y al “colonialismo”… la “patria grande latinoamericana”… “la revolución contra explotadores, sin capitalismo todo es igualdad” … “Sin el movimiento de trabajadores la lucha es baldía no hay revolución, lo demás son logros de la burguesía, cambio de patrono no es liberación”] que difieren ampliamente de la perspectiva que usted está planteando respecto al sindicalismo moderno. ¿Ese sindicalismo del siglo XXI transformará sus convicciones y el lenguaje que utiliza?

Oscar Olivos: Yo creo que hay voluntad, pero es un proceso lento, no es un proceso rápido. Ojalá pudiéramos tener un proceso tan rápido como avanza la tecnología… La lucha de clases se murió con la caída del muro de Berlín, la aplastó el muro de Berlín. Los jóvenes viven en el siglo XXI, ellos no están preocupados por el sindicato, ni por la lucha de clases, les interesa la tecnología, el cambio, los cambios. El conflicto está instalado en el ADN del viejo sindicalismo porque la política partidista potencia la conflictividad y funciona con conflicto, si no genera conflicto, huelga, paro, se extingue.

Nosotros debemos ser capaces de entender que el mundo ha cambiado y que avanzó con rapidez… El sindicalismo debe ir más allá de ser contestatario, de ser opositor y de oponerse porque es “oposición”. Ese es el sindicalismo confrontacional. El empleado y el empresario no son enemigos, la cuestión es cómo juntos construimos la empresa.

El sindicalismo en América Latina y el Caribe sigue teniendo un alto componente de conflictividad, nos cuesta asimilar y entender la rapidez con la que se producen los cambios y seguimos en la lógica de la confrontación, es algo que ocurre en Argentina, en Chile, en Colombia, en Brasil, en toda la región. Sin embargo, algunos sindicalistas consideramos la necesidad de generar cambios profundos, cambios que se correspondan con la realidad que el mundo vive, eso es lo que nos anima a avanzar hacia ese sindicalismo que denominamos del siglo XXI. ¿Cómo cambiar las mentalidades? Es un proceso que cuesta mucho. Es muy difícil. No solo desde el punto de vista de los trabajadores, también de los empresarios. Cuando hablamos de la “empresa” estamos hablando de la alianza entre el capital financiero y el capital humano. Somos una sociedad donde todos debemos empujar el carro para el mismo lado. Entonces, a esa alianza —a las dos partes— debe irle bien. Pero todavía existe la idea de que cuando a la empresa le va bien, le va bien al capital financiero, pero cuando a la empresa le va mal, entonces, despide a los trabajadores, aunque podría llegar a un acuerdo para bajar salarios y bonos, entre otras medidas, sin llegar a los despidos. Así como el sindicalismo debe cambiar su mirada, también debe hacerlo el empresario.

De otra parte, hay partidos políticos que se han adueñado del sindicalismo y han creado la falsa imagen de que el sindicalismo es de izquierda y de ultra izquierda. Por eso cuando se habla de sindicalismo se le asocia con la izquierda, pero, el sindicalismo no es de izquierda, el sindicalismo es sindicalismo. No es que los trabajadores se organizan por ser de izquierda, se organizan en una estructura, en un conglomerado, para la representación de sus derechos e intereses. También cuesta mucho sacar del ADN de nuestras sociedades esa idea fija y esa asociación del sindicalismo con la militancia en agrupaciones políticas radicales. El movimiento sindical viene con un estigma de izquierda y de ultraizquierda que cuesta mucho sacar. Y los partidos de esa corriente aprovechan esa situación y siguen fomentando esa conflictividad porque si no lo hacen se mueren. Concientizar a los viejos dirigentes sindicales es muy difícil, la apuesta hoy está dirigida, principalmente, hacia las nuevas generaciones de líderes sindicales, para formar relevos en la realidad del siglo XXI.

CAP Acero fue reconocida con la distinción Clotario Blest en 2017

 

CPLATAM: Ustedes en Chile —la CAT — premian a las empresas y a los trabajadores que logran un buen entendimiento, avanzan en posiciones dialogantes, evitan choques, no tienen un discurso rupturista ni antisistema, valoran la democracia, el juego democrático… ¿Es posible que el sindicalismo de la CAT en Chile vaya a un mejor ritmo para su transformación que el sindicalismo colombiano?

Oscar Olivos: En Chile, el nivel de conflictividad parece más evidente en la pequeña y mediana empresa que en la gran empresa, donde trabajadores y empleadores o empresarios propenden hacia una buena relación. Observamos a esas empresas que tienen una buena relación y las reconocemos. No quiere decir que no haya discusión, la hay, pero no hay conflicto, hay voluntad para llegar a acuerdos. El conflicto tiene lugar cuando los sindicatos llegan a negociar con pliegos de peticiones que al empresario le resultan excesivas. El sindicato pide y el empresario se niega a ceder, es decir, la negociación parte de un conflicto. No en todas partes funciona igual, en algunos países de Europa, como en países nórdicos o en Asia, en Japón, hay una relación diferente entre sindicatos, trabajadores y empresarios. Trabajadores —colectivamente— han llegado a proponer un incremento de la productividad, así como un beneficio y estímulo por los resultados en el aumento de la productividad. La negociación parte del ofrecimiento del trabajador, no de la exigencia, se privilegian el diálogo y el acuerdo, con la premisa de que, si nos va bien, todos ganamos.

Mucho se habla de que la tecnología genera desempleo, pero en el sindicalismo de América Latina todavía no se percibe que la tecnología es una oportunidad para transformarse y reconvertirse. Es cierto que el cambio tecnológico implica cambios, pero también es cierto que genera nuevos tipos de empleo. Por tanto, el trabajador debe capacitarse y estar en condición de responder a esos nuevos desafíos. Hay empresas tecnológicas que han producido miles de empleos en los últimos años en América Latina. Nacieron como una empresa pequeña y se han ido expandiendo por toda la región y generando miles de empleos en el área de tecnologías. Hay que prepararse y saber adelantarse a las necesidades. La tecnología obliga a reinventarse.

En Chile, en la CAT, estamos haciendo pedagogía para transformar el sindicalismo en ese camino hacia la modernidad. Por ejemplo, en términos de pedagogía y capacitación creamos un seminario: “Tecnología y robótica, el desafío del sindicalismo del siglo XXI”. Invitamos a participar a expertos en tecnología, al sector empresarial, a representantes del gobierno. El tema está puesto en la mesa. El debate está abierto. Este seminario lo hacemos en las diferentes regiones de Chile y ha tenido una buena acogida y recepción. La gente pregunta, se interesa, ha habido asistencia de más de 100 dirigentes en cada seminario. Poco a poco vamos generando consciencia en las nuevas generaciones de dirigentes. Tenemos una escuela que busca transformar y generar cambios en la orientación del sindicalista, aunque el sindicalista tradicional todavía cree que el sindicato es para “defender”, nosotros queremos hacer pedagogía sindical, formar no en el ataque, sino en la representación de intereses de los trabajadores que implica desarrollar capacidades y habilidades de negociación para alcanzar acuerdos.

CPLATAM: Usted mencionó la Fundación Clotario Blest, ¿cuál es su pertinencia, áreas de trabajo e impacto a nivel social?

Oscar Olivos: Esta Fundación es la que entrega la distinción a las empresas (trabajadores, sindicatos y empresarios) que mantienen una buena relación. En la edición de este año quisiéramos otorgar un reconocimiento tanto a la gran empresa como a la mediana empresa. La distinción Clotario Blest se entrega desde hace tres años a la empresa que privilegia una buena relación con trabajadores y sindicatos en el entendimiento y el diálogo constructivo. Entre las actividades permanentes de la Fundación, sobresalen cursos y seminarios sobre política sindical, así como la asesoría técnica y legal, gratuita, para los sindicalistas. Hay un equipo técnico que se encarga de informar y de documentar en temas de interés a sindicatos y trabajadores. En el tiempo reciente, tenemos un espacio en la Radio Universidad de Chile, hacemos un programa de radio que se llama Visión de Futuro. Este es un programa amplio, diverso, plural y abierto en el que hablamos con representantes políticos, ministros, empresarios, dirigentes sindicales, intelectuales y expertos para tratar de entender lo que ocurre en el país, los cambios, las políticas, la economía, la tecnología, los diferentes temas de la coyuntura nacional e internacional.

La Fundación se creó hace casi cinco años para mantener vivo el legado y los valores de Clotario Blest. El gobierno actual nos cedió en comodato una oficina que nos permitirá funcionar en el centro de Santiago. La Fundación nació con el objetivo de reivindicar el pensamiento y los valores del emblemático líder sindical Clotario Blest, un chileno que luchó, promovió y defendió los derechos del hombre, los derechos humanos, los derechos del trabajador. Clotario Blest creó la CUT, pero cuando la central fue cooptada por los comunistas, lo expulsaron. Blest creó el Consejo de Defensa de Derechos Humanos Sindicales. Fue funcionario público y jubilado por la administración pública. Vivió de manera muy modesta y austera, incluso hacía donaciones con su jubilación. En 1980 fue nominado al Premio Nobel de la Paz, a pesar de no obtener el galardón, la postulación da cuenta de su liderazgo, relevancia social y trayectoria de vida. El 8 de noviembre tendremos la avant premiere del documental que preparamos sobre su vida y obra con destacados invitados nacionales e internacionales. Esperamos contar con la presencia del presidente de la república de Chile, de los ministros de gobierno y autoridades políticas, representantes del mundo del arte, el periodismo y la cultura.

 

CPLATAM: ¿Qué ha significado para el sector sindical el cambio de gobierno y el ascenso de Sebastián Piñera a la presidencia de Chile?

Oscar Olivos: El gobierno de la presidente Bachelet fue un gobierno sectario que sólo reconoció a la Central Unitaria de Trabajadores (CUT) como interlocutor de los sindicatos, porque su orientación política e ideológica, afín al Partido Comunista y al Partido Socialista, la acercaba a la CUT, pero no a las otras centrales sindicales. Este año llegó un nuevo gobierno, de centro derecha, las autoridades del nuevo gobierno, en cabeza del ministro del trabajo, Nicolás Monckeberg, anunciaron que trabajarían conjuntamente con todas las centrales sindicales, al menos eso fue lo que el ministro le dijo a la CAT. Sin embargo, a la hora de definir el salario mínimo, el gobierno Piñera sólo se reunió con la CUT. La CUT le dijo al gobierno que si convocaba a las otras centrales sindicales ellos se retiraban. El gobierno Piñera cayó en el chantaje de la CUT y sólo convocó a esa central. El gobierno de centro derecha se decantó por la opción ideológica excluyente, la del Partido Comunista con la CUT, marginando a las otras centrales. El gobierno se desprestigió al no mantener la postura equilibrada que había anunciado y al caer en el chantaje de los comunistas que no perdieron oportunidad para instrumentalizar (contra del gobierno) la concesión que les hizo el gobierno. Esa situación ilustra como en la práctica el cambio de gobierno no significó un cambio real respecto a la relación con las centrales sindicales.

El actual gobierno se esmera por crear anticuerpos en todas partes con las decisiones y las designaciones cuestionables que le han significado un alto costo político. La imagen del presidente se ha visto muy afectada en los meses recientes. Por supuesto, la oposición está aprovechando todos los errores que comete Piñera. El gobierno Piñera se está esforzando para gobernar apenas cuatro años y perder las elecciones de 2021.

CPLATAM -Análisis Político en América Latina- 

Septiembre, 2018

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Conoce cómo se procesan los datos de tus comentarios.