Negociar con los grandes

El Gobierno ha decidido intentar nuevas alianzas estratégicas, esta vez con Rusia, después de China.

En los países en los que las instituciones funcionan plenamente, estas decisiones mayores son objeto de largas discusiones previas en el Parlamento, de modo de escuchar las numerosas voces que pueden resultar favorecidas o perjudicadas por las complejas concesiones que las partes se otorgan, usualmente con perspectiva de muy largo plazo. En nuestro país los diálogos han sido tardíos, imperfectos (porque falta información) y de naturaleza conflictiva; pero su peor defecto es la aparente prevalencia de la urgencia por divisas y la inexistencia de cualquier conexión con una estrategia de desarrollo de largo plazo. Ello es ya una debilidad.

Pero además, ésta será una negociación desequilibrada por una razón cultural. Un país económicamente vulnerable, con necesidades de corto plazo, que no sabe a donde quiere ir, se enfrenta con dos países con historias diferentes pero basadas ambas en una milenaria vocación de poder.

Gobernada desde la profundidad de su historia por regímenes autocráticos, Rusia quiere volver a su antigua gloria, aquella que le llevó a expandirse a razón de 100.000 km2 por año entre 1552 y 1917, incluyendo entre otros territorios Asia Central, los Balcanes, Europa del Este, Alaska y sus fronteras orientales; y a convertirse por décadas en uno de los dos actores del sistema bipolar de poder.

Aun cuando su economía esté golpeada por el precio de las materias primas, Putin está convencido que debe volver a ser un jugador mundial, precisamente porque considera a Rusia un continente que necesita expandir su poder para limitar la influencia de las otras superpotencias; incluyendo a China. Su estrechez coyuntural de divisas no le ha de impedir sostener su visión estratégica, precisamente porque ésa ha sido la consigna cultural de la Rusia a la que Putin quiere volver: moverse siempre para adelante.

El caso de China es más denso aún. Un Imperio que considera haber existido desde siempre; que se siente en el centro del mundo; cuyo éxito económico es vivido como un retorno a una trayectoria milenaria, se posiciona como potencia en cada uno de los continentes. Consciente de su capacidad política y financiera, ha ido estableciendo bases en todo el mundo menos desarrollado para asegurarse a la vez proveedores y mercados, pero siempre definiendo las reglas del juego. Su avance ha sido arrollador en África y tal vez menos espectacular pero igualmente sólido en América Latina.

En nuestro caso, puede llegar a comprar el 15% de nuestras exportaciones, nos vende productos con mucho más valor agregado y pretende manejar las grandes inversiones en infraestructura y el sector de bienes de capital.

Los rusos y los chinos tienen cultura de poder, saben lo que quieren y ambos tienen paciencia estratégica para lograrlo. ¿Lo sabe la Presidenta? ¿Se imagina su gobierno cuál es la matriz insumo- producto que maximizará empleo, crecimiento y exportaciones en 30 años y cuáles serán los actores empresarios de ese modelo? ¿Ha reflexionado sobre las mejores maneras de incorporar tecnología y capital de nuestros nuevos socios para desarrollar la industria nacional?

¿Ha colocado estos acuerdos en el marco de las viejas y nuevas negociaciones comerciales que se desarrollan entre los demás espacios continentales? ¿Se ha considerado la necesidad y conveniencia de incluir en este proceso a nuestros socios del Mercosur en especial a Brasil– como una forma de profundizar los vínculos internos ante los poderosos actores externos?

Estos serán los desafíos primeros del nuevo gobierno que quiera marcar un rumbo estratégico desde su primer día.

Si hay algo que ha caracterizado las relaciones internacionales de Argentina en los últimos 70 años, ha sido su crónica volatilidad, producto de no tener claras sus opciones internas, ni –en consecuencia– saber cómo aprovechar al mundo en beneficio de su propio desarrollo (como hicieron los países exitosos). Los pasos que se están dando son demasiado importantes como para ignorar la capacidad, tenacidad y tamaño de nuestros nuevos socios, y pensar que lo mejor para ellos es necesariamente lo mejor para nosotros. Entre la fuerza cultural y la espontaneidad, no cabe duda quienes serán los principales beneficiarios.

Eduardo Amadeo, Socio del CPA

Cronista, 22-4-15

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.