Muy lejos de las fantasmagorías “destituyentes”

La marcha de ayer se convirtió en un hecho político desde el momento mismo en que fue convocada. Quienes se pronunciaron contra ella contribuyeron a conferirle esta índole tanto como aquellos que la respaldamos. Por eso las manifestaciones, los pronunciamientos, que la antecedieron, son inseparables de la gente en la calle, tan inseparables como los que militaron activamente contra la misma. En el manifiesto refrendado por un numero grupo de intelectuales y artistas favorables al oficialismo, netamente crítico a la marcha, se puede apreciar hasta qué punto ésta hizo emerger convicciones y percepciones más profundas, que habitualmente se mantienen replegadas. Así, los firmantes afirman: “Nos manifestamos en contra de toda forma de violencia. Incluso la aparentemente sutil y subliminal, como la que se incita desde el terrorismo periodístico disimulado, la financiera, la empresaria y/o cualquier otra”. En estas frases particularmente penosas, nuestros intelectuales y artistas no se aproximan al lenguaje totalitario de la última dictadura militar: directamente lo adoptan. Como se sabe -¿o se ha olvidado ya?- el discurso antisubversivo no distinguía una lapicera de un fusil, y subversivos y terroristas eran tanto los que tomaban las armas como quienes supuestamente practicaban acciones disolventes en cualquier campo. Los hombres del Proceso, que por supuesto estaban “contra toda forma de violencia”, veían formas “disimuladas” de ella por doquier. Y cuando la violencia está en todas partes, hay que combatirla en todas partes, se hace necesario un enfoque “integral”, aspecto esencial de la concepción antisubversiva. Que pasa a las acciones represivas inspirado por estas nociones totalitarias. ¿Son las que inspiran a este grupo de intelectuales y artistas? Seguramente no, y seguramente no las transformarán en una guía para la acción. Así quiero creerlo.

Pero no es extraño que en el contexto de una marcha percibida como particularmente amenazante, haya aflorado, en el seno del régimen kirchnerista, una paranoia verbal de la que esta declaración es el botón de la muestra. Mutación poco imaginativa, evidentemente, si es posible equipararla sin mucho esfuerzo con los discursos de las páginas más negras de la historia argentina. Del adjetivo “destituyente” al sustantivo “golpe blando”, se han desplazado de la creación a la reproducción mecánica. Así son las palabras que han arrojado a una marcha del silencio.

Vicente Palermo, Socio del CPA

Clarín, 19-2-15

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