Marruecos y el Vaticano: diálogo interreligioso entre jefes de Estado

Por Clara Riveros*

El fin de semana pasado asistimos en Marruecos al diálogo interreligioso entre dos autoridades religiosas, pero también y ante todo a la sinergia y confluencia entre dos jefes de Estado sobre problemáticas, retos y desafíos actuales. El rey Mohamed VI dejó constancia en esta ocasión de su apuesta a la búsqueda de un punto de equilibrio que permita a las sociedades abrazar la moderación, el conocimiento mutuo y la alteridad. El papa Francisco, por su parte, llamó al diálogo, al respeto, al reconocimiento de la diferencia y a la coexistencia en la diversidad. La coincidencia entre los dos jefes de Estado dejó, entre otras cuestiones, el llamamiento sobre Jerusalén / Al Qods.

Tras su arribo a la capital marroquí, Francisco instó a un “diálogo auténtico” que no subestime la importancia del factor religioso en la construcción de puentes que permitan asumir los desafíos que hoy se imponen para la convivencia. El papa señaló que, más allá de las diferencias, la fe en Dios los lleva a reconocer la dignidad de todo ser humano y sus derechos inalienables. “Nosotros creemos que Dios ha creado los seres humanos iguales en derechos, deberes y dignidad, y que los ha llamado a vivir como hermanos y a difundir los valores del bien, de la caridad y de la paz”. Pero, ¿qué significa ser creyente? Una respuesta pertinente la dio el autor libanés Amin Maalouf hace unos años al definir a un creyente como aquel que cree en determinados valores que pueden resumirse en uno solo: “la dignidad del ser humano”. Por lo mismo, la dignidad del ser humano y de sus derechos inalienables exceden la práctica, la profesión o la adscripción a una religión en particular, es una cuestión de ciudadanía, es una cuestión de humanidad.

Desde luego, no ha de subestimarse la influencia religiosa y menos aún sus consecuencias en el mundo contemporáneo. La reivindicación de la fe, la búsqueda de espiritualidad, la exteriorización de la religiosidad son signos evidentes en las sociedades de confesionalidad islámica, pero que también están presentes en los países de Iberoamérica. De no ser así, el desplazamiento del papa a Marruecos, un país de confesionalidad islámica con 37 millones de habitantes, no habría recibido la cobertura mediática y social que recibió en el mundo hispanohablante.

Mohamed VI y el punto medio entre idealismo, pragmatismo y realismo

Juan Pablo II con el rey Hassan II durante su visita al reino de Marruecos (19-08-1985)

Francisco y Mohamed VI volvieron sobre las históricas relaciones entre Marruecos y el Vaticano. El jefe de Estado marroquí y comendador de los creyentes recordó la visita que hiciera Juan Pablo II a su país en 1985 y subrayó que la visita de Francisco se inscribe en la longevidad de las relaciones entre Marruecos y el Vaticano. El rey mencionó algunos eventos históricos que han servido al encuentro y al conocimiento entre las religiones musulmana y cristiana y destacó la simbiosis de las confesiones que coexisten en Marruecos y que se materializa en la existencia de mezquitas, iglesias y sinagogas. La función del rey —como comendador de los creyentes— consiste en garantizar el libre ejercicio de cultos, por ello enfatizó que su país no solo es tierra del islam y que Marruecos no ha tenido una vocación excluyente, sino que ha estado habitada durante siglos por musulmanes, judíos y cristianos. Esto significa que el comendador de los creyentes debe velar por el libre ejercicio de cultos de las minorías religiosas (judíos marroquíes y cristianos) de diversas nacionalidades que profesan su fe al interior de Marruecos.

Juan Pablo II con el príncipe heredero al trono marroquí, 1985

De otra parte, el rey estimó la necesidad de reformar el diálogo interreligioso para que responda de manera efectiva a los retos que se imponen en la actualidad:

“el diálogo entre las religiones abrahámicas es claramente insuficiente en la realidad actual. En un momento en que los paradigmas se mueven en todas partes y lugares, el diálogo interreligioso también debe cambiar. El diálogo orientado hacia la «tolerancia» habrá fracasado sin alcanzar su objetivo. Las tres religiones abrahámicas no existen para tolerarse, por resignación fatalista o aceptación altiva; existen para abrirse y conocerse, en un valeroso concurso de hacerse el bien, unos a otros”.

El monarca indicó que el mecanismo para enfrentar el radicalismo no es la vía militar sino la educación, transformar las mentalidades. El conocimiento y el reconocimiento mutuos servirán como mecanismo para enfrentar el radicalismo y la violencia que este engendra, ya sea de índole religioso o no. Por ello subrayó que el desconocimiento, las concepciones binarias y la ignorancia potencian el radicalismo y constituyen una amenaza que equívocamente ha sido endilgada a la religión. “Los terroristas no tienen en común la religión, sino más bien la ignorancia de la religión. Ya es hora de que la religión deje de ser una coartada para la ignorancia y la intolerancia”, enfatizó. El rey dejó constancia del compromiso adquirido por Marruecos hace algunos años al acoger a jóvenes imanes africanos y europeos que reciben formación en una interpretación moderada del islam.

Mohamed VI también evidenció su sintonía con el papa en la convicción de un ejercicio de espiritualidad activa que esté al servicio del bienestar de la ciudadanía. Observó que desde su acceso al trono ha dirigido acciones concretas para dar respuesta a las demandas de los ciudadanos más vulnerables, desamparados y en situaciones de precariedad, fragilidad o exclusión, pero también al acoger a miles de inmigrantes africanos mediante una política migratoria con vocación solidaria y en consonancia con el Pacto de Marrakech que fue adoptado por la comunidad internacional el pasado diciembre. El rey celebró y respaldó las iniciativas promovidas por el papa encaminadas a la búsqueda de la paz en diversos territorios, así como sus llamamientos a la educación, al diálogo, a la lucha contra la pobreza y contra el cambio climático. Estimó que como autoridades religiosas deben propender hacia un punto de equilibrio entre idealismo, pragmatismo y realismo para hacer que las sociedades abracen la moderación, el conocimiento mutuo y la alteridad. Destacó que lo que los reúne —y lo que debe unirlos en el futuro— no es el simple consenso de compromiso, sino un mensaje potente de unidad entre musulmanes, cristianos y judíos dirigido a la convivencia de la humanidad con humanidad.

Francisco: diálogo, respeto y reconocimiento de la diferencia

Quienes siguen los desplazamientos de Francisco por el mundo habrán notado su evidente gestualidad como signo de expresión y transmisión de mensajes. En esta oportunidad el papa hizo manifiesto su agrado al estar en Marruecos: un país “rico en tantas bellezas naturales, custodio de vestigios de antiguas civilizaciones y testigo de una historia fascinante”.

El papa observó su confianza en que los lazos de amistad coadyuven en la construcción de un mejor futuro para las nuevas generaciones. Señaló la oportunidad que le confirió su visita para promover el diálogo interreligioso y el conocimiento recíproco entre musulmanes y cristianos, al tiempo que recordó el encuentro —ocho siglos atrás— entre san Francisco de Asís y el sultán al-Malik al-Kamil como señal de encuentro y confluencia para procurar la paz y la armonía frente al extremismo que pretende dividir y destruir la convivencia. “Aquí en esta tierra, puente natural entre África y Europa, deseo insistir en la necesidad de unir nuestros esfuerzos para dar un nuevo impulso a la construcción de un mundo más solidario, más comprometido en el empeño honesto, valiente e indispensable por un diálogo que respete las riquezas y particularidades de cada pueblo y de cada persona. Este es un desafío que todos nosotros estamos llamados a afrontar, sobre todo en este tiempo en el que se corre el riesgo de hacer de las diferencias y el desconocimiento recíproco motivos de rivalidad y disgregación” afirmó.

Francisco recordó el camino a seguir —con espíritu de colaboración fructífera y respetuosa— para contribuir en la construcción de una sociedad abierta y plural que asuma la cultura del diálogo, la colaboración y el conocimiento recíproco que permitan superar conjuntamente las tensiones y los estereotipos que conducen al miedo y a las contraposiciones. Ante el fanatismo y el fundamentalismo la solidaridad de los creyentes. En esa línea destacó el papel que cumple Marruecos para la formación de imanes en contra de las formas de extremismo que degeneran en la violencia y el terrorismo, ofendiendo a Dios y a la religión con esas acciones. “De hecho, sabemos que los futuros líderes religiosos necesitan una preparación apropiada, si queremos reavivar el verdadero sentido religioso en el corazón de las nuevas generaciones”, expresó. El papa también se reunió con líderes religiosos marroquíes a quienes describió como “respetuosos y deseosos de dialogar”. “Vuestros líderes religiosos son fraternos, son abiertos”. Destacó que “Siempre que hay diálogo fraterno hay una relación en varios niveles” y que el diálogo no es un experimento de laboratorio, sino que debe ser humano. “Así se hacen y se firman los pactos”.

El jefe de Estado del Vaticano también dio cuenta del papel que ha jugado Marruecos en los años recientes como punto de encuentro para asumir compromisos con los principales desafíos del mundo actual, a saber: la creación del Instituto Ecuménico Al Mowafaqa (Rabat, 2012), para contribuir en la promoción del ecumenismo y el diálogo con la cultura y con el islam, iniciativa que, en sus palabras, expresa la preocupación y la voluntad de los cristianos que viven en Marruecos para construir puentes que manifiesten y sirvan a la fraternidad humana. Destacó la Conferencia internacional sobre los derechos de las minorías religiosas en el mundo islámico (Marrakech, 2016), que condenó toda instrumentalización de una religión para discriminar o agredir a las otras y que también evidenció la apuesta por el concepto de ciudadanía frente al de minoría religiosa. Valoró los procesos e iniciativas que buscan detener la instrumentalización de las religiones para incitar al odio, a la violencia, al extremismo o al fanatismo y precisó que el nombre de Dios debe dejar de usarse para justificar actos de homicidio, exilio, terrorismo y opresión. Subrayó el compromiso de la iglesia católica en Marruecos en el plano de las obras sociales y en el campo de la educación y animó a los católicos y cristianos a servir —en tierra marroquí— en la promoción y defensa de la fraternidad humana.

Francisco también hizo referencia a la importancia de la Conferencia internacional sobre el Cambio Climático (COP 22; Marrakech, 2016), para concienciar sobre la necesidad de preservar el planeta, avanzar en una verdadera conversión ecológica que permita un desarrollo humano integral y proponer soluciones justas y duraderas, dando respuestas adecuadas en lo que respecta a la promoción del desarrollo, pero sin dejar de enfrentar el calentamiento global. Y, por supuesto, mencionó la Conferencia intergubernamental —Pacto Mundial para una Migración Segura, Ordenada y Regular— que acogió Marruecos el pasado diciembre. El papa explicó que está casi todo por hacerse para pasar de los compromisos contraídos —“al menos a nivel moral”— a las acciones concretas y, en especial, a un cambio de disposición hacia los migrantes, tratándolos con sentido de humanidad, reconociendo sus derechos y su dignidad tanto en los hechos como en las decisiones políticas.

El llamamiento conjunto sobre Jerusalén / Al Qods

Con motivo de la visita de Francisco a Marruecos, el rey Mohamed VI y el papa hicieron un llamamiento conjunto sobre Jerusalén / Al Qods, como ciudad santa y punto de encuentro de las tres religiones monoteístas, reconociendo la singularidad y sacralidad que reviste este lugar para los creyentes:

“Creemos que es importante preservar la Ciudad Santa de Jerusalén / Al Qods Acharif como patrimonio común de la humanidad y, sobre todo, para los fieles de las tres religiones monoteístas, como lugar de encuentro y símbolo de coexistencia pacífica, en el que se cultivan el respeto mutuo y el diálogo. Con este fin, el específico carácter multirreligioso, la dimensión espiritual y la peculiar identidad cultural de Jerusalén / Al Qods Acharif deben ser preservados y promovidos. Esperamos, por consiguiente, que se garanticen en la Ciudad Santa la plena libertad de acceso a los fieles de las tres religiones monoteístas y el derecho de cada una de ellas a realizar allí sus propios actos de culto, de modo que sus fieles eleven en Jerusalén / Al Qods Acharif, su oración a Dios, creador de todo, por un futuro de paz y fraternidad en la tierra”.

Francisco estimó que este llamamiento que dirigió conjuntamente con el rey Mohamed VI respecto al estatus de Jerusalén / Al Qods fue un paso hacia adelante entre “hermanos creyentes que sufren viendo que esta “Ciudad de la esperanza” todavía no es universal como todos queremos: judíos, musulmanes y cristianos. Todos queremos eso. Y por ello hemos firmado este augurio: más que un acuerdo es un augurio, un llamamiento a la fraternidad religiosa que está simbolizada en esta ciudad que es toda “nuestra”. Todos somos ciudadanos de Jerusalén, todos los creyentes”, zanjó.

Diplomacia religiosa: la continuación de la política por otros medios…

El jurista Jamal Mechbal analizó en días pasados por qué Francisco y Mohamed VI conceden importancia al África subsahariana en términos de diplomacia religiosa. En primer lugar, Marruecos influye en esa región africana al promover una práctica moderada del islam, pero tampoco hay que perder de vista que el cristianismo en su dimensión espacio temporal ha sufrido una drástica transformación a raíz de la inmigración subsahariana. ¿Qué significa esto? Que hay miles de inmigrantes subsaharianos —de confesionalidad católica— que han ido a Marruecos, muchos buscan llegar a Europa y han alterado definitivamente el imaginario de los cristianos como hombres blancos y europeos que acompañaron a los ejércitos conquistadores (América) y coloniales (África). La mutación que sugiere Mechbal se aprecia a partir del siglo XXI y, particularmente, en la última década cuando empezaron a llegar a Marruecos cristianos católicos “con otro rostro”. Son los inmigrantes del África subsahariana los que hoy permiten hablar del “auge de un nuevo catolicismo” que ahora no llega del norte, como acaeció en el pasado, sino que procede del sur.

Católicos de otra tez, de otra raza y de etnia diferente. Llegan como consecuencia de la emigración africana hacia el frustrante dorado europeo. Marruecos, convertido en país de las migraciones y de tránsito emigrante, es destino de una nueva inmigración emergente, que sustituyó a los blancos que llegaron como colonos desde Europa a principios del siglo XX. Unos contingentes humanos, disminuidos de medios y desarmados, enfrentados a desafíos que esperan, que desconocen y que están obligados a afrontar (Mechbal, La visita del Papa al Emir de los Creyentes).

¿Hay estrategia política al optar por la vía de la diplomacia religiosa? El denominado poder blando puede apreciarse, en este caso, en el llamamiento conjunto sobre Jerusalén / Al Qods, pero también en las referencias del papa al tema migratorio y en las diferentes actuaciones que ha tenido Francisco, primer papa jesuita, desde que fuera elegido papa por 115 cardenales en marzo de 2013. La diplomacia religiosa también es la continuación de la política por otros medios, son relaciones de poder que posibilitan mecanismos efectivos ya no solo para el encuentro sino para la profundización de la cooperación en temas de interés mutuo. Piénsese, además, en el poder de atracción que ejercen las religiones. Millones de creyentes atienden a sus guías religiosos y/o espirituales y muchas veces les confieren mayor credibilidad o validez que a las leyes, a las constituciones y a los representantes políticos. La población católica en el mundo asciende a los 1.299 millones de personas, América es el continente con más fieles. En cuanto a la población de confesionalidad islámica se han contabilizado unos 1.600 millones de fieles. El islam es la religión que más rápidamente crece en el mundo y se espera que para finales de siglo habrá superado al cristianismo como la confesión con más creyentes del planeta. Sí, la religión importa.

*Clara Riveros, politóloga, consultora y analista política en temas relacionados con América Latina y Marruecos y directora en CPLATAM -Análisis Político en América Latina- ©

Rabat, Reino de Marruecos, abril, 2019

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