Marruecos y el caudal del talento

Por Jamal Mechbal*

La política internacional no está delineada, demarcada o definida por parámetros filantrópicos. En las relaciones internacionales nadie regala nada.

No sé si extrañeza sea el término preciso para definir la sensación que tuve al leer el artículo de Javier A. Salvador: “Nuestro problema se llama Marruecos”. Salvador se presenta como periodista, fundador de teleprensa.com, franquicia de periódico digital (España, México, Guatemala, Honduras, Colombia). Publicó el citado artículo el pasado 19 de julio (2018). Salvador ostenta los prejuicios y estereotipos negativos sobre Marruecos que son ampliamente conocidos y expresados por el periodismo español, así como difundidos en el sistema de medios de España.

Recordé, leyendo a Salvador, una sabia frase de antaño, creo que pertenece a Saavedra Fajardo, que recomendaba al que escribe, que mire primero y que “no tome materias desiguales con sus fuerzas, que tantee el peso de la materia con el caudal de su talento y no trate cosas donde no llega”. Es decir, para el conocimiento cierto de las cosas, son necesarias dos disposiciones: la disposición intelectual, de quien conoce o está dispuesto a conocer y la disposición del objeto que ha de ser conocido.

El articulista, que escribe sobre Marruecos, tendría que ser un experto en la materia sobre la que escribe y pretende ilustrar a sus lectores. No obstante, presenta diagnósticos falaces y pronuncia sentencias erróneas contra un país vecino y amigo de España con el que España está unido mediante un Tratado de Cooperación, Amistad y Buena Vecindad.

Ya en el siglo pasado, Ortega y Gasset en sus discursos reclamaba que: “para la cuestión marroquí pedimos un poco de seriedad”. Ortega estimaba “un poco escandalosa la ignorancia en que estamos de todo lo que se ha hecho, se puede hacer y conviene hacer…” para sentenciar que “tenemos ésta ignorancia mucho más básica, la ignorancia de lo que es Marruecos”. Entonces, “es menester que sepamos bien qué es España y qué es Marruecos”[1]. El Marruecos señalado y estigmatizado por el periodista español calza con sus prejuicios, estereotipos y resentimiento, pero no se ajusta a la realidad.

África y Europa se conectan a través del estrecho de Gibraltar

Nótese, a este respecto, el discurso pronunciado por Joaquín Costa, titulado: “Los intereses de España en Marruecos son armónicos”, Costa destaca que: “París y Londres están muy cerca de Tánger, casi, casi, dentro de sus murallas, al paso que Cádiz y Madrid están lejos, muy lejos, más lejos que la China, tan lejos como la luna, casi, casi tan lejos como el continente vastísimo del Limbo y como la remota península de Bábia”. El artículo del citado periodista me deja la impresión de que algunos ciudadanos-periodistas salvaguardaron una mentalidad culpable y resentida por la falta de comprensión, conocimiento y acercamiento que lamentaban los intelectuales españoles del siglo pasado.

Y, a propósito de China, a la que se refiere Costa en su discurso, hay que decir que China, efectivamente, hoy está presente en Marruecos, precisamente, en Tánger y no para “abrir grifos”, ni para cortarlos como piensan algunas mentes arcaicas y torcidas. China está en Marruecos para ganar dinero creando riqueza. Está creando una ciudad para trescientos mil habitantes cerca del nuevo Tánger Med, para una nueva “ruta de la seda” que empieza en China y termina en pleno corazón de África, haciendo de Marruecos, especialmente de Tánger, el centro de su actividad.

De otra parte, Casablanca, conocida como la capital económica marroquí, es hoy reconocida como la capital financiera del continente africano, allí tienen lugar operaciones triangulares del capital árabe, estadounidense y europeo. No podría ser de otra manera considerando que Marruecos es el primer inversor de África occidental y se dispone, próximamente, a integrar la Comunidad Económica de Estados de África Occidental CEDAO. El ingreso de Marruecos a la CEDAO no es, solamente, beneficioso para Marruecos, sino que será una oportunidad de profundizar y crear nuevos negocios para todos los integrantes de la Comunidad Económica al ser Marruecos ese anfitrión que abre la puerta para entrar al continente africano.

“Los marroquíes han sido nuestros maestros, y les debemos respeto, han sido nuestros hermanos y les debemos amor, han sido nuestras víctimas y les debemos reparación cumplida”, una sentencia de Joaquín Costa que sabrán apreciar en toda su dimensión los españoles que posean la sensibilidad y apertura mental para valorar a su vecino que no es y no tiene por qué ser una copia de España.

Hay que renovar las percepciones y procurar un nivel de entendimiento social y cultural partiendo del respeto de la diferencia. De más esta decir que la toxicidad de algunos editorialistas no afecta la indispensable cooperación política a nivel bilateral, tampoco el intercambio económico: España es por sexto año consecutivo el primer socio comercial de Marruecos, tanto en exportaciones como en importaciones, con flujos comerciales que superaron los 14.000 millones de euros. Marruecos es, también, el primer socio de España en África, el primero después de los países europeos y de Estados Unidos. Marruecos es, entre otras cosas, un actor clave para regular la inmigración subsahariana que habría desbordado a España hace años, ante la imposibilidad española de asimilar las oleadas migratorias que tienen en Marruecos un destino de tránsito para llegar a España y a Europa como destino final.

Escribir desde la tierra de la emigración española, criticando la inmigración y pasando por alto la obra “Campos de Nijar”, del recién desaparecido amigo, Juan Goytisolo, da cuenta de la incultura en el campo del periodismo. Goytisolo, a finales de los cincuenta, describía en su relato la belleza de los maravillosos paisajes de la comarca de Nijar (Almería) y también dejaba constancia de la aguda miseria y de la cruel pobreza en la que vivían sus habitantes, la mayoría de ellos, condenados, como muchos almerienses a emigrar. El periodista bien podría leer o releer la excelente obra de Goytisolo, recorrer los parajes que describe y valorar que ese fue el pasado, que ahora es historia y lo es gracias a esa emigración. ¡Sálvese de padecer amnesia o de tener comportamientos e ideas como las de ese alcalde de algún municipio de Almería que, en referencia a los inmigrantes marroquíes, que trabajan duramente en los invernaderos, decía que a “los moros de día les echamos de menos y por la noche sobran”!

 

*Jamal Mechbal es jurista, ex diplomático marroquí y columnista en medios de España y Marruecos.

Artículo para CPLATAM -Análisis Político en América Latina-

Julio, 2018

Notas

[1] Ortega y Gasset J. Discursos Políticos. Alianza Editorial. Madrid. 1974. p. 96-97.

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