Marruecos: modernización y modernidad / En diálogo con Mehdi Mesmoudi

Por Clara Riveros*

 

Las construcciones e infraestructuras en Marruecos se caracterizan por sus criterios estéticos. Este es el interior de la estación de trenes en Agdal, en frente está la ciudad de Rabat, capital política y administrativa del Reino de Marruecos
Puente Mohammed VI

Marruecos mantiene una significativa modernización de sus infraestructuras. Este ostensible proceso de modernización que ha tenido lugar en las dos últimas décadas sitúa al Reino de Marruecos como el país africano que ha logrado de manera visible y considerable un desarrollo de sus infraestructuras respecto a los demás países de la región del Magreb y, en general, del continente africano (solo por detrás de Sudáfrica). Comparativamente hablando también hay que decir que ese proceso de modernización alcanzado por Marruecos supera ampliamente el de la mayoría de países de América Latina. Esta modernización de infraestructuras se aprecia con mayor vigor en Rabat, capital política y administrativa del Reino y en Casablanca, capital económica, una gran ciudad que acoge a ciudadanos procedentes de todos los rincones del territorio marroquí y que en su composición humana devela tanto la gran diversidad y riqueza cultural del país como una evidente falta de pertenencia, de civismo y de ciudadanía de muchos de sus residentes que han convertido los espacios públicos de la ciudad en vertederos de basuras y desechos. 

El desarrollo de la infraestructura de transporte en Marruecos es incontestable. Nótese a este respecto la red de autopistas gestionada por Autoroutes Du Maroc (ADM) que completaba hasta 2016, unos 1808 kilómetros, siendo la autopista que conecta a las ciudades de Casablanca y Rabat la más transitada. En 2016 se inauguró en Marruecos el puente más largo de África. Esta infraestructura situada en Rabat alcanza los 950 metros de longitud, incluye seis carriles (tres en cada dirección para 30 metros de anchura total) y se encuentra sostenido a 200 metros de altura por 160 cables. El puente conecta la capital marroquí con la ciudad noroccidental de Salé, a través del río Bouregreg. Tuvo un costo superior a los 700 millones de dirhams (unos 65 millones de euros). El puente es una obra única en Marruecos y fue ejecutada por ingenieros chinos, ingleses y marroquíes.

 

En cuanto al sistema masivo de transporte en estas dos ciudades destacan el tranvía que se inauguró en Rabat en mayo de 2011, con una longitud de 19,5 kilómetros, 31 paradas, un intervalo de frecuencia de 8 minutos en horas pico y que moviliza a más de 170 mil pasajeros y cuyas líneas están en proceso de expansión con préstamos del Banco Europeo de Inversiones (BEI). Asimismo, el tranvía de Casablanca, el segundo sistema de tranvía en Marruecos después del tranvía Rabat-Salé, aunque el de Casablanca es más largo (31 km) y cuenta con más estaciones (48), sus líneas también se han ido extendiendo. Los precios de los billetes para cada pasajero están subsidiados y tienen una tarifa plana de 6 dirhams por viaje, 0,50 €. Con el aumento de líneas se busca reducir el tráfico de vehículos que evitaría la emisión de 4.500 toneladas de CO2 anualmente y que coadyuvará en el cumplimiento de los compromisos adquiridos por Marruecos en virtud del Acuerdo de París (Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático para la reducción de las emisiones de Gases de Efecto Invernadero).

Tren de alta velocidad en Tánger

De otra parte, a mediados de noviembre (2018), el rey Mohamed VI y el presidente francés, Emmanuel Macron, inauguraron el primer tren de alta velocidad (TGV, en francés) en el continente africano que conecta a los dos polos económicos del Reino de Marruecos (340 kilómetros) en dos horas y 10 minutos con un costo de 206 dírhams, menos de 20 €, por cada pasajero. De Tánger a Rabat se puede llegar en apenas una hora y 15 minutos, a un costo de 157 dírhams, menos de 15 €, por cada viajero. El tren de alta velocidad alcanza una velocidad máxima de 320 kilómetros por hora y constituye una gran opción para quien desea ahorrar tiempo de viaje considerando que en el tren convencional son cinco horas para el trayecto Tánger-Casablanca. Se valora positivamente la reducción del tiempo de viaje entre las dos ciudades a la vez que se considera que optimizar el tiempo tendrá un impacto favorable en la economía del país al atraer inversiones extranjeras, aumentando el flujo de capital entre estas dos regiones que contribuyen en un 60 % al PIB marroquí. El TGV también dobla la velocidad del tren de alta velocidad Gautrain que conecta el aeropuerto internacional de la localidad sudafricana de Johanesburgo con el distrito financiero de Sandton. En Marruecos se estima el aumento gradual en el tráfico de pasajeros en el TGV y se prevé que en cuestión de pocos años este tren de alta velocidad llegará a transportar a unos ocho millones de personas anualmente. Este proyecto también permitirá la creación de 2.500 empleos directos e indirectos. La línea de alta velocidad costó 22.900 millones de dirhams (unos 2.100 millones de euros, financiados en un 51 % por el Estado francés) mediante un contrato que fue adjudicado a la compañía francesa Alstom, que en 2017 se fusionó con Siemens. El proyecto implicó la construcción de una nueva línea independiente de 200 kilómetros entre Tánger y Kenitra, la adquisición de doce trenes y la construcción de dos estaciones desde sus bases (Tánger y Rabat). Por último, cabe agregar que en materia de infraestructura de transporte, según el último reporte de Competitividad Global —The Global Competitiveness Report 2018— del World Economic Forum (WEF), el país magrebí clasifica en la posición 46 del ranking que mide a 140 países, esto significa que Marruecos no solo es el país que tiene la mejor infraestructura de transporte de la región del Magreb y la segunda de África sino que también supera ampliamente a los países latinoamericanos, por ejemplo a Colombia que ocupa el puesto 93, justo antes de Gambia (94) y de Argelia (95).

Estación de trenes en Agdal, Rabat

Marruecos avanza en su desarrollo y modernización. Es evidente, sin embargo, que el proceso de modernidad en relación con las ideas y los comportamientos de los ciudadanos, la transformación de las mentalidades, las prácticas y los hábitos, la asimilación e incorporación del civismo como una práctica cotidiana y el pleno ejercicio de ciudadanía —como sujetos de derechos y de obligaciones constitucionales— son procesos incipientes y bastante más rezagados que el espectacular proceso de modernización que vive el país. Y, justamente, de modernidad y de modernización, hablamos con Mehdi Mesmoudi (31) en la ciudad de Tánger, segundo polo económico de Marruecos. Mehdi es un ciudadano marroquí, un joven aventurero y emprendedor, profesor-investigador en la Universidad Autónoma de Baja California (UABC) de México, quien, a diferencia de muchos de sus coterráneos emula la velocidad del TGV y tiene una noción clara del valor del tiempo. Un individuo de orientación liberal que abraza la modernidad. Mehdi dejó Marruecos hace ocho años y se aventuró a cruzar el Atlántico, se llevó con él sus aspiraciones, ambiciones, deseos, ideas, sueños y proyectos, su individualidad.

Clara Riveros y Mehdi Mesmoudi, Tánger, enero 16, 2019

Clara RIVEROS: ¿Qué hace que ese ciudadano marroquí, un aventurero que se fue hasta México y que vive tan cerca de los Estados Unidos no tenga ese «sueño americano» como sucede con tantos mexicanos?

Mehdi MESMOUDI: Lo que se acostumbra es que un marroquí viaje a Europa, sobre todo a los países que figuran dentro de la historia colonial: Francia y España. De repente a Holanda y a Bélgica. La mayor parte de nuestros migrantes se encuentran en estos países, incluso en Inglaterra, Suecia, Noruega… pero, ¡¿aventurarte a ir a México?!

C.R.: ¿Por qué América Latina y por qué México?

M.M.: Busco países que me exijan intelectualmente. Somos pocos los marroquíes en América Latina y muy pocos en México, algo más de 50 los que estamos en México. Antes de ir a México, por ahí en 2008, quería ir a Argentina, pero me gustó más México, más bien por una historia emocional, amorosa, por una historia personal, muy propia, muy autobiográfica, pero dentro de ese ámbito íntimo también había un proyecto de vida académica y México siempre me pareció un país exigente. Yo conocí México antes de ir, lo conocí antes de viajar, lo conocí a través de sus escritores, principalmente a través de Carlos Fuentes y de Octavio Paz, esos son los dos autores que conocí antes de viajar a México, mi conocimiento previo de México fue un «conocimiento de causa». Entonces, lo que conozco de México es el México intelectual, el México cultural, más que el México infraestructural.

C.R.:¿Qué se puede decir de La Paz?

M.M.: Yo conocí la ciudad de La Paz (capital del estado de Baja California Sur) a partir de 2010, llegué allí el 24 de mayo de 2010. ¡Me sorprendió la ciudad de La Paz! Pensé que no había llegado a México, pensé que estaba en tierra de nadie. Cuando escuchaba la palabra México imaginaba iglesias, catedrales, una ciudad antigua… Y La Paz no tenía estas características, entonces me quedé diciendo La Paz tiene algo distinto que no tienen otras ciudades. Fui conociendo a través del historiador que tenemos en Baja California Sur, Fernando Jordán, quien dice que nosotros somos el otro México, el México más ligado a Estados Unidos, al mundo anglosajón y a la mentalidad capitalista. ¡Todos dicen que somos un gran pueblo! A nivel de infraestructuras estamos en un gran puerto que mira hacia la Bahía de La Paz, se extiende hacia el Golfo de California (al sur de la península de Baja California) y también tiene acceso al Pacífico. Somos el estado menos denso del país y somos el último estado reconocido. A partir de 1974, Baja California Sur es un estado perteneciente a la república junto con el estado de Quintana Roo. La ciudad de La Paz apenas cuenta con 300 mil habitantes como mucho.

Estación de trenes en Tánger

C.R.:¿Cómo ha sido regresar a Marruecos, tras ocho años viviendo fuera y cuatro años sin visitar el país?

M.M.: Marruecos lleva conociendo un crecimiento exponencial de una forma muy llamativa. Cuando yo hablo con gente que me dice “viajé a Marruecos”, les pregunto: ¿en qué año? Y si me responden “en los años 80”, les digo: ¡No! Marruecos es otro a partir del año 2000. A partir de ese año podemos hablar de un Marruecos totalmente distinto…

C.R.: ¿Por qué es un país distinto? ¿Qué hace la diferencia?

M.M.: Es un país radicalmente distinto, principalmente a nivel de infraestructuras. Es un Marruecos que se quiere parecer a Europa, hay una obsesión de Marruecos por parecerse a Europa a toda costa. Creo que va en el camino de la modernización que han conocido todos los países. La cuestión es: ¿esa modernización está acompañada de una modernidad?

C.R.: ¿Cuándo hablamos de modernidad, hablamos de ideas, de mentalidades…?

M.M.:Exactamente, mentalidad, intelectualidad, ideas. Es decir, ¿hemos evolucionado socialmente?

C.R.: ¿Qué nota a nivel de construcción de ciudadanía?

M.M.: Esa es la tarea pendiente. Pienso que no puede haber modernización sin modernidad, puede que no sea un proceso paralelo pero si entrecruzado. De tal manera que modernización y modernidad se beneficien, que la modernidad converse con la modernización. No hay modernización sin modernidad y viceversa.

Interior de la estación de trenes en Agdal, Rabat

C.R.: La modernización en Marruecos es incontestable, pero, muchas veces, queda la impresión que la ciudadanía no asimila cabalmente esos cambios, es decir, que la modernidad no va a la misma velocidad que el proceso de modernización y más bien está bastante rezagada en lo que respecta a los hábitos, comportamientos, derechos y obligaciones de los ciudadanos constitucionales del Reino de Marruecos. Entonces, ¿qué hacer para reducir la brecha entre modernización y modernidad en Marruecos?

M.M.: Ahí tengo mis reservas. Lo que puedo decir es que el país se está modernizando infraestructuralmente… pero la cuenta pendiente es la cuestión mental, intelectual, social.

C.R.:¿Qué nos puede comentar del proceso de ciudadanía y de modernidad en México?

M.M.: Me parece que México si ha transitado un poco más que Marruecos en ese sentido y tiene un camino recorrido, se ha adelantado un poco en relación con Marruecos. Sin embargo, creo que todavía le falta mucho. Hablar de México es hablar todavía de una cultura misógina o más bien machista. Si uno revisa por ejemplo los refranes, los dichos, las expresiones, todos hablan de un machismo bastante arraigado. No obstante, se perciben cambios en cuanto a la forma en que la gente se está expresando.

C.R.: ¿Qué diría comparativamente de esos procesos de modernidad en Marruecos y en México?

M.M.: Hay que empezar a distinguir entre lo que se legisla, entre las leyes y las reformas que se hacen de las leyes para transitar en un proceso paulatino, gradual, pero continuo hacia la modernidad y esa parte de los usos y de las costumbres, de las propias prácticas. Para hablar de cuestiones de ciudadanía en el caso de Marruecos y en el caso de México hay que distinguir entre las prácticas y el discurso en las regiones de América Latina y del norte de África. En esas dos regiones el discurso se anticipa a las prácticas de la gente y a veces las prácticas o la aplicación de aquello que se propone en el discurso no se puede notar. En los casos de México y de Marruecos son dos países que apenas están inaugurando lo que se podría llamar “la emancipación de los usos y de las costumbres”. ¿Cómo distanciarnos de esos usos y costumbres que antes nos daban identidad? Piénsese en los dichos y en las costumbres que muestran que no podemos seguir de esta manera, expresándonos de esta manera, que no podemos pensar esto respecto a las mujeres, que no podemos aceptar que las mujeres sigan cobrando menos que los hombres, tampoco aceptar que el espacio (público, social, cultural, económico, político) siga siendo ocupado y dominado por los hombres. Una mujer todavía debe conquistar un espacio porque es un espacio que no le pertenece per se cuándo constitucionalmente cualquier espacio le pertenece igual que a los hombres y en igualdad de condiciones. Eso es lo que todavía no está claro tanto para Marruecos como para México, en estos países todavía estamos en el terreno de las luchas. Es decir, ¿de qué forma esos discursos pueden aterrizar en unas prácticas más cotidianas, conscientes y, sobre todo, recíprocas? En ese ámbito de las luchas creo que México ha empezado a transitar el camino un poco antes que Marruecos y, por lo mismo, Marruecos todavía está en pañales. México está transitando del discurso hacia las prácticas. Hay prácticas que auguran que estamos, cada vez más, ante un México más contemporáneo. Eso es lo que podría decir en la actual coyuntura respecto al estado de salud de la ciudadanía en México y en Marruecos.

*Clara Riverospolitóloga, consultora y analista política en temas relacionados con América Latina y Marruecos y directora en CPLATAM -Análisis Político en América Latina- ©

Tánger, Reino de Marruecos, enero, 2019

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