Marruecos: el final del protectorado, la reunificación del territorio y la recuperación del Sahara

Por Jamal Eddine Mechbal*

En mi anterior artículo analicé la fragmentación, el reparto del territorio marroquí y las nuevas fronteras impuestas por el colonialismo europeo. Hoy me centraré en reconstruir los hechos acaecidos a partir del fin del protectorado, la reunificación del territorio marroquí y la recuperación del Sahara.

El 6 de noviembre de 1955 Francia y Marruecos celebraron un acuerdo mediante el cual Francia anula el régimen de protectorado y el sultán Mohamed V retorna -de su exilio- a Marruecos. Desde España, Francisco Franco quiso evitar lo inevitable: la independencia de Marruecos y la reintegración de los territorios. Para ello, el dictador español prometió mejorar la zona del protectorado español y formar élites marroquíes para que en un futuro cercano se hicieran cargo del destino de su país.

El 3 de marzo de 1956, la población del norte de Marruecos, así como la de otras regiones del Reino, salió a las calles a manifestar su júbilo por la independencia. La policía franquista no escatimó en reprimir a los manifestantes, utilizó fuego real dando lugar a numerosos muertos y a centenares de heridos en las ciudades de Tetuán, Larache y Alcazarquivir. Los enfrentamientos sangrientos fueron referidos por el propio sultán, Mohamed V, en un discurso a la nación el 7 de marzo de 1956.

Un mes más tarde, Mohamed V viajó a Madrid y luego de adelantar negociaciones con la España de Franco, el 7 de abril de 1956, se emitió un comunicado conjunto que anunció el fin del régimen de protectorado en la zona norte, reconociendo la independencia y la integridad territorial de Marruecos. A partir de ese momento Marruecos inició el proceso de recuperación de sus territorios y el pleno ejercicio de la administración. El 26 de octubre de 1957, el embajador de Marruecos en Madrid envió al ministro de asuntos exteriores español, Fernando María Castiella, una carta en la que documentó varias conversaciones, especialmente la del 9 de octubre (1957), sobre el traspaso de poderes en la zona meridional del Reino. El embajador marroquí solicitó que se le hiciera saber, por escrito, la posición del gobierno español sobre este traspaso.

Me permito insistir ante Su Excelencia, como ya hice en varias ocasiones, especialmente durante la última audiencia que Vuestra Excelencia me acordó, sobre el deseo de S.M el Rey y de su gobierno ver este traspaso realizarse en el más breve tiempo posible (CIJ, 1981, Sahara Occidental. Vol. II. Apéndice 50. Anexo 21. p.243).

Días después, en carta fechada el 5 de noviembre de 1957 (CIJ, 1981, Sahara Occidental. Vol. IV. p.245-248), las autoridades españolas respondieron a la solicitud marroquí reafirmando que el gobierno de España -fiel a la declaración conjunta del 7 de abril de 1956, en la que expresó su voluntad de respetar la unidad de Marruecos “garantizada por los tratados internacionales”- estaba dispuesto a estudiar las modalidades que deberían adoptar de común acuerdo. Estas modalidades, según el gobierno español, tendrían que ser condicionadas, entre otros puntos, por el reconocimiento de Marruecos a los límites “establecidos por los tratados en relación a los territorios que se encuentran bajo soberanía española”, en alusión al Sahara y a Sidi Ifni. Según el documento las condiciones que exige España para el traspaso de poderes, solo en relación a Tarfaya, son: 1. El reconocimiento público y formal por parte de Marruecos de los límites establecidos por los tratados en relación a los territorios limítrofes que se encuentran bajo soberanía española; 2. Un control efectivo por parte de las fuerzas marroquíes para evitar acciones de bandas armadas en territorios españoles (en alusión al ejército de liberación); 3. El establecimiento del ejército español; 4. El reconocimiento de privilegios especiales en favor de España, en consideración con las obras realizadas.

El 11 de noviembre (1957), el ministro de asuntos exteriores de Marruecos respondió a su homólogo español con asombro por las inaceptables, inadmisibles y exorbitantes condiciones coloniales que España pretendía imponer a Marruecos para devolver una parte de los territorios amputados. El ministro marroquí consideró que esas eran condiciones contrarias a la letra y al espíritu de la declaración del 7 de abril de 1956. En la declaración, recordó el ministro, las partes consideran que “el régimen establecido en 1912 no corresponde a la realidad actual”, por tanto, no podía seguir rigiendo las relaciones hispano marroquíes. La carta del ministro finalizó solicitando al gobierno español no persistir en esa posición, fijando a la brevedad una fecha para el traspaso de poderes en esa región de Marruecos (CIJ, 1981, Sahara Occidental. Vol. II. Apéndice 50. Anexo 21. p.244-245).

El 25 de febrero (1958), el sultán Mohamed V viajó a la puerta del Sahara, a la localidad Mahamid El Ghizlan, allí pronunció un histórico discurso dirigido a las poblaciones del Sahara, en su alocución reivindicó solemnemente todos los territorios del sur marroquí. En abril (1958), España devolvió el territorio de Tarfaya y, paralelamente, el 10 de abril de 1958, integró al territorio español los territorios de Ifni y el Sahara como provincias españolas, sin hacer ninguna consulta previa y popular que le permitiera un cierto margen de legitimidad cuando no de legalidad.

La acción de España fue un intento fracasado de ganar tiempo, pretendió burlar a la Organización de las Naciones Unidas que le solicitaba informes sobre los territorios que administraba en aplicación del capítulo XI de la Carta de las Naciones Unidas. Tras varias maniobras dilatorias en 1956 y tras la devolución de Tarfaya a Marruecos, y la incorporación de Ifni y Sahara, España comunicó a la ONU, el 10 de noviembre (1958), que no dispone de territorios no autónomos y solo posee los territorios que integran el territorio nacional conforme a las leyes españolas.

El régimen franquista persistía en negarle a Marruecos el derecho a recuperar sus territorios y a reunificar el país. El pretexto esgrimido fue que Marruecos solo podía recuperar lo que había sido trazado mediante los acuerdos internacionales, en referencia al acuerdo de 1904 y al artículo 6° mediante el cual amputaron el Sahara del resto del Reino. España pretendía que Marruecos reconociera, contra todo derecho y contra toda lógica, un acuerdo secreto, del que no fue parte y elaborado en pro de su detrimento territorial, además de violar abiertamente el posterior convenio internacional de Algeciras (1906), que reconoció la integridad territorial de Marruecos. Otro pretexto esgrimido por España fue que Marruecos, al firmar el acuerdo diplomático con Francia, suscrito en París el 28 de mayo de 1956, se comprometió en el mismo acuerdo a soportar todos los compromisos resultantes de los convenios internacionales firmados por Francia en su nombre.

No obstante, Marruecos -inmediatamente finalizó el régimen de protectorado- se dirigió a las Naciones Unidas, con cartas fechadas el 29 de mayo (1956), el 30 de agosto (1956) y el 14 septiembre (1956), solicitando información a la Secretaría General sobre el procedimiento a seguir frente a este tema. Obtuvo respuesta informativa de la ONU, emitida el 24 de octubre (1956), en la que se le indicó el proceso a seguir. Marruecos presentó, el 4 de noviembre (1956), una declaración acompañada de una lista con los convenios que reconocía. Se trató, esencialmente, de los convenios multilaterales que había adoptado y publicado en el Boletín Oficial. Entre esos convenios, por supuesto, no estaban los convenios referidos por el gobierno de Franco respecto a las fronteras trazadas por las potencias colonialistas en el Sahara.

Incluso, hay que reconocer que fue el Partido Comunista de España (PCE) el primero en advertir el posible incumplimiento de Franco en su compromiso para la devolución de territorios ocupados a Marruecos como observó el PCE en una declaración de junio de 1956.

No ha sido la buena voluntad de Franco lo que ha decidido el reconocimiento de la independencia y unidad territorial de Marruecos, con la consiguiente liquidación del régimen de protectorado. Cuando la propaganda oficial trata de presentar esos actos como un éxito de la política de Franco, pone al mal tiempo buena cara. Franco ha tenido que capitular, modificando radicalmente su primera actitud de hace pocos meses. Se ha visto obligado a capitular como consecuencia de la prolongada y heroica resistencia del pueblo marroquí y de la oposición española, contraria a toda aventura en África, que ha dado sus frutos victoriosos en el marco de una situación nacional e internacional en la que ya no es posible la defensa del colonialismo. La realidad es que el obligado abandono de Marruecos significa un golpe para el general Franco y los generales franquistas que encabezan el ejército, los cuales, casi sin excepción, obtuvieron sus grados combatiendo contra el pueblo marroquí en las fuerzas colonialistas de la Policía Indígena, la Legión y Regulares. Un golpe para el prestigio, el poder y los intereses de esos generales y no, como pretende la propaganda reaccionaria, para el prestigio del Ejército, muchos de cuyos oficiales vieron siempre con repugnancia la aventura marroquí y mostraron su antipatía hacia los africanistas y a su avidez de ascensos y condecoraciones […] Las concesiones hechas por Franco en el problema marroquí hubieran sido inimaginables hace varios años. Pero los tiempos cambian y la debilidad de la dictadura de Franco ya no le permite hacer frente a la voluntad del pueblo marroquí, como no podrá seguir haciendo frente indefinidamente a la voluntad de los españoles […] Esto no quiere decir que el gobierno de Franco no intente incumplir los acuerdos adoptados con el Sultán, dificultar la solución de los problemas pendientes. El interés nacional de España está en que esos acuerdos se cumplan sin reservas y en que se resuelvan los problemas territoriales pendientes sobre la base del reconocimiento del derecho del pueblo marroquí a recuperar la totalidad de su territorio (Partido Comunista de España, 1956).

En la declaración del 20 de febrero de 1961, el Partido Comunista de España (PCE), sostiene: “En el caso de los peñones, de Ifni, Sequiet el Hamra y Río de Oro, la legitimidad de las reclamaciones marroquíes ofrece aún menos discusión” (Partido Comunista de España, 1961). Con lo anterior, el PCE corrobora su posición de respaldo a Marruecos en sus reivindicaciones territoriales, especialmente sobre los territorios de Ifni y Sahara. De hecho, la Embajada de Marruecos en Madrid -para recordarle a la izquierda española su posición olvidada en lo que a la integridad territorial de Marruecos respecta- distribuyó en marzo de 1978 la declaración del PCE cuando la Comisión de Asuntos Exteriores del Congreso de los Diputados discutía en Madrid el proceso de descolonización del Sahara.

Para todos aquellos analistas e investigadores que han seguido el dosier del Sahara es evidente la fragilidad de los planteamientos y posturas cambiantes del gobierno español en torno a la reclamación territorial marroquí. Una posible explicación e interpretación de las contradicciones de las autoridades españolas tiene que ver con el esfuerzo desesperado de nadar en contra de la corriente, al igual que lo hizo Portugal para mantener las posesiones territoriales, cuando los demás países occidentales ya habían abandonado sus otrora colonias.

El 11 de noviembre de 1960, pese a las declaraciones de España ante la ONU, respecto a no disponer de colonias y que Ifni y el Sahara eran provincias españolas, el embajador español no tuvo más que reconocer ante la Cuarta Comisión -y gracias a las presiones ejercidas- que sobre los diferentes territorios ocupados por España existían reclamaciones y eran “objeto de controversias jurídicas por parte de países amigos para quienes la puerta de las negociaciones bilaterales está abierta” (Naciones Unidas, 1960, p.306. Decimoquinto periodo de sesiones. Cuarta Comisión Sesión 1048° del 11 de noviembre de 1960). Con esta declaración España apunta a mantener el conflicto en términos estrictamente bilaterales para evitar enfrentarse a la ONU en el marco de la descolonización.

Tuvieron que pasar nueve años más, después del reconocimiento que hiciera España ante la ONU, para que las autoridades españolas firmaran en Fez, el 4 de enero de 1969, un acuerdo mediante el cual se devolvió Ifni a Marruecos y luego de 13 años de resistencia española a cumplir con el acuerdo de abril de 1956. Lo mismo ocurrió con el Sahara: dilaciones, trabas, resistencias y argucias. Pasaron otros seis años hasta alcanzar los acuerdos de Madrid para la entrega del Sahara el 20 de noviembre de 1975.

No fue una simple coincidencia que la devolución de Ifni a Marruecos tuviera lugar a solo tres días del ingreso de España, por primera vez, al Consejo de Seguridad como miembro no permanente y para el periodo 1969-1970. Este fue el resultado de un cambio estratégico y planeado por la política exterior española ante las Naciones Unidas. Y, valga decir, en completa oposición a la política que venía ejerciendo, junto al Portugal de Salazar y en relación con la descolonización. España comienza a dar señales de cambio, no solo a nivel de la acción política sino también en el plano discursivo y en la escena diplomática al interior de la ONU.

El franquismo dejó de aferrarse a la «españolidad del Sahara» y, tras la devolución de Ifni a Marruecos, asumió un discurso de -aparente- defensa, del derecho de los pueblos a la autodeterminación. Inició preparativos para celebrar un proceso de autodeterminación -artificial- en el Sahara con el fin de que la población eligiera entre dos propuestas: 1. Una autonomía muy limitada, en la práctica todo seguiría igual y bajo dominio del franquismo; y, 2. Continuar como provincia española. Nótese que España descartó por completo la posibilidad de que el Sahara se reintegrara a Marruecos, pese a las reclamaciones marroquíes que iniciaron tras la independencia del país (1956).

Cabe aclarar que el territorio del Sahara está inscrito ante la Cuarta Comisión de las Naciones Unidas no por acción del Frente Polisario, ese movimiento insurgente ni siquiera existía cuando Marruecos inscribió el Sahara y otros territorios ocupados por España ante las Naciones Unidas. Es decir, fue Marruecos quien reclamó la devolución y descolonización de estos territorios a España, tal y como puede corroborarse en el dosier del Sahara llevado en la Cuarta Comisión a partir de la década de 1960. Cuando surgió el Frente Polisario, con el apoyo de los regímenes de Argelia, Cuba y otros gobiernos del Movimiento de Países No Alineados, empezó el lobby ante Naciones Unidas en reclamación del Sahara recuperado por Marruecos.

¿A qué apostaba el régimen franquista para procurar el éxito de la partida que se disponía a jugar? El régimen español empezó a fomentar el nacimiento del nacionalismo y la emergencia de unas élites locales, un colonialismo de tipo paternalista, basado en: promover entre la población saharaui un nacionalismo postizo; acentuar la fobia hacia el marroquí; prometer un futuro feliz bajo auspicio y protección de España. La apuesta y objetivo de España fue tan claro como claros fueron los graves errores cometidos por Marruecos tras la recuperación de Tarfaya (1958) e Ifni (1969).

Las autoridades marroquíes abundaron y extendieron al sur la seguidilla de equivocaciones cometidas previamente en el norte del país y que desembocaron en las revueltas del Rif. Con las consecuencias predecibles para un sistema burocrático y excesivamente centralista que brilló por la ausencia de planes y proyectos en materia de desarrollo para el territorio, así como en programas que redundaran en el bienestar de la población. Añadir a lo anterior la incapacidad para integrar la economía regional en el tejido económico nacional. Los funcionarios, muchas veces ineptos y sin sensibilidad para interpretar las necesidades e inquietudes de la población y, en últimas, carentes de poder de decisión, no tuvieron mesura, apertura o respeto para comprender las especificidades culturales y sociales de las comunidades locales. En estas circunstancias, el descontento de la población de Tarfaya e Ifni, era apenas esperable.

Marruecos se equivocó en reiteradas ocasiones y España fue hábil al canalizar y presentar ese panorama, desolador por demás, como el escenario futuro –para los habitantes del Sahara- en caso de reintegrar el territorio a Marruecos y contrario a lo que sería un próspero Estado autonómico promovido por España y donde la riqueza brotaría -cual maná- gracias a los excedentes de los fosfatos.

España potenció el tribalismo y etnocentrismo de los habitantes del Sahara para convencerlos de que eran una entidad diferente y separada del resto de los marroquíes. Por lo anterior, el Sahara dejaría de ser -como había sido- un concepto geográfico para convertirse en un concepto artificial de identidad política. El habitante del desierto, hasta entonces sahariano y/o beduino pasó a ser «saharaui». Ergo, los «saharauis» serán en adelante un grupo poblacional -sin lazos ni historia ancestral con Marruecos-  y con una identidad nacional separada de la marroquí. Ese proyecto concebido por España fue copiado, adoptado y/o emulado, años más tarde, por el régimen militar de la República Argelina Democrática y Popular con su instrumental Frente Popular de Liberación de Saguía el Hamra y Río de Oro.

Nótese que, a comienzos de la década de 1970, ese grupo de jóvenes marroquíes -de origen saharaui- y en su mayoría hijos de miembros del ejército marroquí de liberación del Sahara, ansiosos de liberar el Sahara del colonialismo español, entre ellos el fundador del Polisario, Ouali Mustafá Sayed, que militaba dentro de las células del Partido Comunista Marroquí, conocido posteriormente como Partido del Progreso y el Socialismo (PPS), contactaron con líderes de los partidos políticos marroquíes, solicitando que se iniciara la lucha armada contra España, en lugar de las batallas diplomáticas que acaecían en las Naciones Unidas. Los partidos políticos marroquíes respondieron rechazando la lucha amada e improvisada. Tras la negativa, los jóvenes saharauis liderados por El Ouali se dirigieron al sur y estando en la localidad de Tan-Tan iniciaron manifestaciones durante marzo de 1972. Esas manifestaciones en contra de España fueron reprimidas por las autoridades marroquíes.

Como se destacó en líneas anteriores, El Ouali Mustafá Sayed militó dentro de las células del Partido Comunista Marroquí, que en ese entonces llevaba el nombre de Partido de Liberación y Socialismo (PLS), pero abandonó el partido junto a la corriente marxista leninista radical, cuyo líder más destacado fue Abraham Serfaty, miembro fundador del movimiento marxista leninista marroquí Ilal Amam. Este movimiento pretendía una revolución popular armada, con bases móviles dispuestas a luchar contra la monarquía, el feudalismo y la burguesía reaccionaria, todos percibidos como títeres del imperialismo. El objetivo de Ilal Amam era instaurar una república de corte popular y bajo los postulados del marxismo leninismo. En ese sentido, el movimiento marxista leninista marroquí siguió un razonamiento puramente ideológico frente al tema del Sahara. Sus militantes consideraban que la recuperación del Sahara por parte de Marruecos serviría para que Hassan II se convirtiera en el Sah de los fosfatos, en alusión al entonces Sah de Irán, Mohammad Reza Pahlaví, estaban convencidos de que un Sahara independiente sería como el Vietnam del Norte que liberó el sur del imperialismo y permitió la unificación bajo un régimen de corte marxista.

El Ouali había publicado a principios de los años setenta, en la revista Souffle de la misma línea ideológica, un artículo sobre el Sahara Occidental. El joven saharaui, como otros jóvenes saharauis marroquíes que apenas llegaban a los 20 años, tenían como referentes de lucha al Che Guevara y a los Viet Cong [Frente Nacional de Liberación de Vietnam]. Fue bajo esa lógica que -la extrema izquierda marroquí y con ella los saharauis que posteriormente van a crear el Frente Polisario- definieron sus líneas de acción y los objetivos a seguir en relación con el Sahara.

Las manifestaciones que tuvieron lugar en marzo de 1972, a solo diez meses del fallido golpe de Estado del 10 de julio de 1971 contra Hassan II y durante el mes en que se celebraba la fiesta del Trono, se dieron por terminadas con la severa intervención de las fuerzas del orden y se saldaron no solo con detenciones, hubo excesos en el uso de la fuerza por parte de las autoridades y eventos de tortura.  Al año siguiente, estos jóvenes crearían el Frente Polisario.

En suma, las maniobras españolas, los flagrantes errores de las autoridades marroquíes, así como los movimientos de la extrema izquierda marroquí -en la que cabe incluir a los jóvenes saharauis que- dieron nacimiento al Polisario, propiciarían una compleja situación para el Sahara que se agravó con el oportunismo argelino, ansioso, por un lado, de una salida al océano Atlántico y, por el otro, de asediar a Marruecos por el sur, cortando sus raíces africanas.

Marruecos recuperó el territorio del Sahara que -como se ha demostrado sobradamente- estuvo reclamando desde su independencia. Puso fin a las fronteras establecidas artificialmente y clausuró -definitivamente- el dosier con España. Una vez resuelto el tema del Sahara, Marruecos y España avanzaron en la construcción de una cooperación fructífera como corresponde a dos países vecinos que los ha llevado a establecer una sociedad estratégica en los campos político, económico y de seguridad, entre otros. Fuera de escena España, Argelia asumió el papel de la España colonial franquista y -todavía hoy- persiste en el deseo de alcanzar aquello que Franco no pudo. Argelia ha financiado, armado, sostenido y albergado en su territorio al Frente Polisario bajo una lógica puramente instrumental y encaminada a fines específicos.

Jamal Eddine Mechbal es jurista, ex diplomático, escritor y columnista en medios árabes y españoles. Esta ponencia originalmente fue escrita en árabe y ha sido traducida al español por el autor. La edición y adaptación del texto en español es de Clara Riveros.

CPLATAM -Análisis Político en América Latina- ©

Febrero, 2019

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