María Paula Romo: el correísmo se cayó en 1989…

María Paula,

Tú has respondido a una invitación a debatir sobre la izquierda ecuatoriana y sus responsabilidades en el gobierno del presidente Correa. Este blog propuso ese debate con la intención de esclarecer. De aprender. Es un diálogo que involucra el futuro de la sociedad y, por tanto, debiera interesar a los ciudadanos y a todas las tendencias políticas.

Contigo hay coincidencia en que solo el debate respetuoso mantiene la buena salud y el pluralismo de la esfera pública. Los periodistas serios hacen preguntas y, en el fondo, cambian poco. Cambian los políticos. Basta con analizar lo que ha ocurrido con aquellos que estuvieron en la caravana triunfal del presidente Rafael Correa. ¿Imaginabas tú al liberal Fernando Bustamante entonando ritmos revolucionarios? ¿Imaginabas a Alexis Mera declarándose socialista? Incalificable, pero cierto.

Rafael Correa no ha cambiado. Ahí quizá hay una primera diferencia, María Paula, con tu texto. Antes de sentarse en Carondelet, él había dado amplias pistas del derrotero que seguiría. En la sociedad había, por supuesto, una expectativa: ¿iba a ser más pro línea chilena o pro Chávez? Ese dilema se saldó el mismo día de la posesión. Chávez pasó a ser el ícono de la izquierda. Penoso pero cierto. ¿Lo recuerdas?

Tras dos semanas en el poder, desautorizó a su Ministro de Gobierno quien quería discutir con los partidos de entonces. Correa quería hegemonía política absoluta. Partido único. Tres meses bastaron para que descalificara a todos aquellos que no coincidían con sus tesis. En mayo, puso una demanda contra diario La Hora. En junio mandó a detener a un ciudadano por, supuestamente, haberle hecho señales obscenas. Se impuso, desde el poder, la máxima según la cual quien no estaba alineado, lo estaba: soterrada e insidiosamente. ¿Lo recuerdas?

Se violó la ley para defenestrar a 57 diputados. No era legal, pero era legítimo. Eso se dijo oficialmente. Así el país, que había elegido para cuatro años a un Presidente, resultó embarcado dizque en una revolución. Y creyéndose original, el nuevo poder resucitó la liturgia, la catequesis y los cánones de un mundo en plena extinción. Todo lo hizo suyo: la fuerza, la ley, las instituciones, la palabra, la sapiencia, los derechos humanos, la supremacía moral. El estilo personal del Presidente impregnó el Estado, la gestión gubernamental, la Asamblea Constituyente… Todo.

Arrasó, descalificó y persiguió, María Paula. Sólo en meses. Vanguardiate entrevistó el 4 de diciembre de 2007. A ti, a Juan Sebastián Roldán y a Norman Wray. Y ustedes, como líderes de Ruptura, no admitieron la concentración de poder, las muestras de autoritarismo, el retroceso político, la persecución a las personas y a los medios. Estaban –y así lo dijeron– en el lugar correcto.

Hoy tú reconoces que cometieron errores. Es señal de madurez política. Le deben explicaciones al país. Y es curioso que no las hayan dado desde finales de enero de 2011, cuando rompieron con el correísmo. Como si bastara con irse. Como si bastara con decir que fue el Presidente quien se desvió de la ruta trazada. Correa no cambió. Siempre quiso lo que tiene. Siempre fue conservador. Siempre fue avinagrado y autoritario. Nunca fue ideológico.

En tu carta pones el acento en los tiempos, en los mecanismos internos y en la falta de pudor de aquellos que debían operar el quinto poder. Quizá pones el acento donde no va. Ustedes querían cambiar la política y repensar la sociedad: es lo que decían en sus Lunes al revés. Pues bien: ¿cómo querían hacerlo defendiendo una matriz de poder que, en la realidad, niega la democracia y vuelve a los ciudadanos rehenes de un partido y del Estado convertido en razón absoluta, omnisciente y omnipotente?

Ustedes –por convicción o por el aire que respiran– debieron ser los políticos descendientes de los disidentes y del post estalinismo. Pero se treparon gustosos en la máquina del tiempo destinada a viajar al pasado.

¿Querían ciudadanos? Pues admitieron todas las prácticas que militan en contra: una vanguardia, un buró político, debates a puerta cerrada, decisiones absolutamente verticales, nada de sociedad, cero de crítica y un aparato preocupado por tallar el mejor traje posible para el nuevo caudillo. No había que moderar, como escribes, el híper presidencialismo: había que desecharlo. ¿O es posible reinventar la democracia estableciendo en la Constitución un régimen autoritario?

¿Querían renovar la democracia? ¿Y no se percataron de que las izquierdas y derechas que llegaron al poder solo querían concentrar el poder? Quizá Correa no había leído a Lenin ni había visitado Corea del Sur, pero sabía muy bien lo que significa tener a su servicio todos los poderes.

Ustedes se decían de izquierda. ¿Pero tenían claras las enseñanzas que sacaron los demócratas de 72 años de dictadura roja? ¿O solo conocían lo que habían hecho las dictaduras del Cono Sur? Lo que late, María Paula, es que ustedes no entendieron que su labor política era de–construir ese fenómeno que parió una izquierda que pasó décadas mirando con nostalgia a Cuba y acariciando mitos que el tiempo se encargó de derruir.

El problema político no está en los mecanismos de funcionamiento de Alianza País. Ni en la falta de pudor de los aventureros políticos de siempre. El problema está en el modelo. Ustedes no entendieron que, por particular que se diga, el correísmo se cayó, conceptual y políticamente, el 9 de noviembre de 1989. Y que desde entonces yace bajo las ruinas del Muro de Berlín.

Ese poder vertical, mesiánico, moralista, pagado de sí, autoritario y dueño de todo, no puede ser contemporáneo. Solo entiende de obras e infraestructura, como la vieja derecha que se había inventado el Conam. Ahí no cabe la sociedad. Ni las minorías. Ni las diferencias. Ni las visiones líquidas de seres que deben negociar y pactar en medio de incertidumbres y complejidades éticas persistentes.

Correa no ha cambiado. Llegó al poder como un modernizador conservador y reaccionario en valores. Ha hecho obras y así él entiende la función de gobernar. Ese es su mérito y su límite. Fueron ustedes los que se equivocaron de tren. Por eso leer que, a pesar de todo, quieres recuperar para la memoria algunos aciertos que en el correísmo llevan la marca de Ruptura, resulta, con tu perdón, irrelevante.

Ecuador necesita que todas las tendencias políticas se renueven. Ojalá tú persistas en la conformación de una izquierda renovada. Una izquierda que ya no escarbe bajo las ruinas del Muro de Berlín.

Con un cordial saludo,

José Hernández, Ecuador.

Sentido Común, abril 7, 2015.

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