La tensión diplomática entre España y Marruecos, lo dicho y lo no dicho

Por Lahcen Haddad*

Las relaciones entre España y Marruecos han sido, y siguen siendo un testimonio de la cooperación e intercambio de décadas de cordialidad, etapas que también han estado seguidas de otros períodos de dura y grave tensión y amenazas, que advirtieron de consecuencias nefastas, tal como lo estamos viviendo hoy en día.

Dejando aparte la Edad Media en la que se presenciaron entre Marruecos y España varios tire y afloje, idas y vueltas, numerosas batallas y guerras a lo largo de ocho siglos, y sin detenernos mucho en la fecha de la reconquista cristiana, que comenzó décadas antes de la caída de Granada en 1492. Asimismo, apartando registros históricos de los tribunales de inquisición y las torturas del inquisidor Torquemada a musulmanes y judíos, cuyas consecuencias han dado lugar a migraciones forzadas y masivas, en una época marcada por la cristianización -que no era más que un capítulo de venganza coincidente con el apogeo del Imperio español-. Dejando todo esto aparte y centrándonos única y exclusivamente  en los últimos 150 años de la historia hispano-marroquí, nos encontramos, queramos o no, ante el mal recuerdo de la Guerra de Tetuán (1860-1861), en la que Marruecos ha sido derrotado y sometido a impuestos financieros, políticos y territoriales que lo debilitaron todavía más, puesto que en aquel entonces pagaba todavía para su peor suerte las consecuencias de su apoyo a Argelia contra Francia, tanto antes como después de la Batalla de Isly del año 1844.

Cabe señalar también aquí el dato importante de la conferencia de Algeciras de 1906, que supuso la división territorial de Marruecos, y que permitió que a España le tocase una parte importante del territorio norte de Marruecos y del Sahara.

Los episodios históricos continuaron con la revolución del Rif, liderada por Muhammad Ibn ‘Abd el-Karim El-Jattabi, etapa culminada con la Batalla de Annual (17 de julio de 1921), que fue una rotunda derrota y desastre para el ejército español.

A todo ello, se añade que muchos españoles, tienen presente el papel que desempeñaron los marroquíes al ayudar al general Franco y participar en las escenas de la Guerra Civil (1936-1939) a favor de los generales que se rebelaron contra la República en ese momento y que establecieron la dictadura franquista, que fue la que gobernó el país durante casi cuatro décadas.

El último capítulo de escenas marroquíes que afectaron las relaciones entre España y Marruecos fue la pacífica Marcha Verde, organizada por el difunto Hassan II en el año 1975, para recuperar el Sahara del colonialismo español. Muchos de estos mismos españoles, siguen todavía creyendo que el éxito de Marruecos en su Marcha Verde, no ha de atribuirse al ingenio político de Hassan II, sino a la enfermedad de Franco, lo cual permitió la retirada de España del Sahara a favor de Marruecos y Mauritania.

A partir de estos datos históricos, surgió la falsa idea del llamado chantaje marroquí a España, con ello la élite culta y los líderes de opinión en España pretenden explicar los datos históricos. Esta idea de clichés dañinos alcanzará una cima importante y se convertirá en una insignia muy presente en el discurso español, sobre su vecino del sur. Eso continua así, siempre y cuando se produzcan especialmente otros acontecimientos provocados por la inmigración de subsaharianos hacia Europa, a través de España. En esta línea de clichés negativos, también se considera la falacia del aumento de las amenazas existentes hoy en el Mediterráneo.

La derecha española, especialmente la leal al ex presidente del Gobierno español, José María Aznar, sigue (sin poder demostrar) repitiendo hoy, en salones madrileños y en círculos cerrados que la parte marroquí estaba al tanto del atentando terrorista de Atocha, provocado el 11 de marzo de 2004, y que Marruecos no informó a España, para así, castigar a Aznar por su intervención en el Isla de Perejil, en julio de 2002. Todo ello incidió en que el Gobierno Aznar perdiera las elecciones del 14 de marzo del mismo año, elecciones que fueron ganadas por los socialistas.

A Marruecos no solo se le acusa de chantajear a España por su debilidad frente a la inmigración y terrorismo, sino que los líderes de opinión españoles no consideran ni siquiera los problemas del Sahara y la cuestión de Ceuta y Melilla como vestigios del colonialismo, de los cuales España tiene responsabilidad política e histórica.

Muchos españoles dicen que Ceuta y Melilla fueron españolas desde hace cinco siglos. También afirman, por un lado, que España se retiró del Sahara a favor de Marruecos durante un período de debilidad institucional y, por otro, que Marruecos, en su momento, no se encontraba en pleno estado de su poder político.

La reciente entrada del líder del Frente Polisario a España, avalada por el Gobierno Sánchez, de manera secreta y para colmo, con una identidad falsa y la ayuda del servicio de inteligencia argelino, provocó la consternación de la parte marroquí. Es un verdadero dilema para los socialistas que cuentan con el lado marroquí, con todo lo ocurrido, para la continuidad de la cooperación en temas de inmigración, terrorismo, pesca, comercio e inversión. No nos extraña que el partido Unidas Podemos, aliado de los socialistas en el Gobierno, y al mismo tiempo enemigo ideológico de Marruecos, pueda estar detrás de este asunto.

A su vez, el intento de unos ocho mil emigrantes que quisieron cruzar la frontera de Ceuta la semana pasada reforzó esta cadena de acusación marroquí a España. En respuesta a ello, Nasser Bourita, Ministro de Asuntos Exteriores, Cooperación Africana y Marroquíes Residentes en el Extranjero, afirmó que Marruecos no está obligado, ni tiene vocación, ni la intención de proteger fronteras distintas a las suyas. Según Bourita en los últimos cuatro años, Marruecos ha desmantelado 8.000 células de tráfico de seres humanos. También ha abortado 14.000 intentos de inmigración ilegal, entre ellos 80 intentos de asalto a la ciudad de Ceuta. Asimismo, el Reino de Marruecos ha intercambiado con el Reino de España más de 9.000 expedientes sobre la inmigración ilegal. (MAP, Bourita: “España creó la crisis con Marruecos y la hizo asumir a Europa”, 23 de mayo 2021). Lo mencionado indica que se trata de una cooperación cuidadosa en temas de inmigración, pero dicha cooperación debe enmarcarse hoy en el marco de una exhaustiva asociación y cooperación.

Es así que lo que quiere dejar claro el titular de exteriores marroquí. El Reino de Marruecos ya no está dispuesto a cooperar solo en cuestiones de inmigración, terrorismo y pesca, sino que quiere debatir las cuestiones de la soberanía de Marruecos sobre su Sahara, la demarcación de las fronteras marítimas y el estado de Ceuta y Melilla. Un cooperación global, estratégica, política y soberana, mientras que España solo busca una cooperación en temas no contenciosos.

Por su parte, la extrema derecha española acusa a Marruecos del expansionismo y considera la entrada de miles de emigrantes a Ceuta, una invasión que forma parte de una serie de vuelcos de los equilibrios demográficos en las dos ciudades con miras a atracarlas. También considera la inmigración de los marroquíes en España como una nostalgia de los tiempos de al-Andalus.  De allí que la extrema derecha no es la única en acusar a Marruecos de la expansión territorial. Algunos líderes de opinión ven en la consagración de la soberanía de Marruecos sobre el Sahara (que recibió un fuerte impulso tras el reconocimiento estadounidense a finales de 2020), en la demarcación de sus fronteras marítimas y en su reivindicación de Ceuta y Melilla una realización del sueño del «Marruecos imperial» que prevaleció durante las épocas almorávide y almohade (véase Lahcen Haddad, «¿Cuál es la verdad sobre la amenaza marroquí a la seguridad geoestratégica de España?» Asharq Al-Awsat, 11 de mayo  de 2021).

Los españoles están ante un verdadero dilema. A veces insisten en el problema de la inmigración para desviar la atención del tema de Brahim Ghali, el líder de la milicia separatista del Frente Polisario vinculado en querellas por crímenes de lesa humanidad, investigado por la Justicia española y otras veces buscan la ayuda de la Unión Europea para presionar a Marruecos para que suavice su posición.

Al parecer, Marruecos insiste en el imperio del Estado de derecho en España y en la acción oportuna de la Justicia en el caso de Brahim Ghali, para así permitir a los dos países abrir un diálogo sobre cuestiones soberanas. De lo contrario, las relaciones pueden conocer una ruptura que no hemos presenciado en décadas, lo que presagia un gran cambio de seguridad y transformaciones geoestratégicas, sobre todo porque Marruecos y España están unidos por una fuerte red compleja de intereses, relaciones y interacciones que pueden afectarse negativamente por la persistencia de la tensión, alcanzando peores grados de desacuerdo.

*Lahcen Haddad es académico, escritor y político marroquí, parlamentario por el Partido Del Istiqlal (PI). Haddad fue ministro de Turismo en la anterior legislatura. Actualmente es miembro de la Junta de la Red Parlamentaria del Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional (Réseau parlementaire sur la Banque mondiale et le FMI), una organización interparlamentaria independiente que busca mejorar la transparencia y la rendición de cuentas en las instituciones financieras internacionales

CPLATAM -Análisis Político en América Latina- ©
Mayo 2021

 

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.