La soberbia de los poderosos

Publicado en: Análisis, Bolivia, Populismos | 0

La soberbia, uno de los siete pecados capitales, es la conducta prepotente de los que ocultan complejos, debilidades, carencias y responsabilidades. Es el síndrome de hubris o hybris, (viejo concepto griego que significa “desmesura”) que ahora también se considera como un exceso de confianza en sí mismo, siempre en desmedro de los demás. Esto identifica al soberbio que deforma la realidad, y al arrogante, que se precia de una condición que no le cuadra.

Son soberbios los alardes de un líder que cree que es juez de conductas. Peor aún, si intenta justificar los excesos de él y de sus allegados, todos confiados en su poder –que creen ilimitado– y que supuestamente nunca tendrán que dar cuentas a nadie. Esta prepotencia también se pone en evidencia cuando un líder, investido del poder público, pretende que toda iniciativa diferente a su política es perversa, que toda protesta es subversiva, que toda convicción diferente está equivocada. Es el dueño de la verdad.

El caudillo populista que dice que es creador de todo lo bueno que sucede –lo que generalmente es muy poco–, muestra esa acusada soberbia. Y esto llega tal punto que se apropia de éxitos y procura mostrarse como conductor iluminado e irremplazable de los ciudadanos.

Es, en verdad, bueno que el Papa haya visitado Bolivia en su primera gira por Sudamérica en misión pastoral. Es bueno que el pontífice Francisco haya expresado que la causa boliviana de retorno al mar es justa. También es cierto que hay algo de bueno que no se debe a un solo individuo, por muy encumbrado que éste sea. Las obras públicas son de la Nación, de todos, de la contribución ciudadana y, en casos como en nuestro país, contando con la fortuna de haber gozado de una era de bonanza por los altos precios internacionales de las materias primas.

Cobra realidad lo que expresa José Rubinstein: “Admitimos que el hombre es él y su circunstancia, sin embargo, también es cierto que el hombre propicia su circunstancia. Notorios sucesos generados por diversas decisiones de mandatarios del último siglo de nuestro país exhiben al hombre propiciando su circunstancia”, (Excélsior de México, 17.07.2015). Esa circunstancia, creada por el caudillo, acaba manifestarse con la pretensión de ser insustituible:“Sin Evo presidente no había Dakar, G77 y visita del Papa”.

Esto, que es soberbia, llega a la falsedad que, como todas, “tiene patas cortas”. El presidente también demostró, por lo coincidente de sus prédicas, el despropósito de buscar su antidemocrática reelección indefinida.

Marcelo Ostria Trigo
El Deber, (Bolivia). Agosto 5, 2015

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