La política también mata

Está confirmado: la muerte del fiscal argentino Alberto Nisman fue un asesinato. Con este crimen se pretendía evitar que el fiscal presentara un informe al Congreso de su país sobre complicidades con los autores –funcionarios iraníes– del peor atentado terrorista que sufrió Argentina, que destruyó la sede de la Asociación Mutual Israelita Argentina (AMIA), causando la muerte de 85 personas, entre ellas seis bolivianos.

En Moscú, el 27 de febrero, cayó abatido por cuatro disparos el líder político liberal ruso, Boris Nemtsov. Esto muestra la tragedia que vive una nación amedrentada: Reuters menciona en un despacho que esa muerte “puso de manifiesto los peligros de hablar contra el presidente ruso, Vladimir Putin”.

En Bolivia, que sufrió muchos crímenes de este tipo, “el secretario general de la comunidad Jitulaya, Clemente Paco, fue asesinado el domingo (1 de marzo) a pedradas”. Lo mataron porque “había denunciado actos de corrupción en la comunidad, lo que provocó enfado y protestas en gente del MAS. Estaba fichado” (Erbol).

En Colombia, el periodista Édgar Quintero, quien desde hace más de 20 años trabajaba en Radio Luna de Palmira, fue asesinado la noche del 2 de marzo. Quintero era crítico a la hora de hacer periodismo. Y el 6 de marzo fue asesinado el periodista paraguayo Gerardo Ceferino Servían Coronel, en Ponta Porã, cerca de la frontera brasileño-paraguaya.

Estos asesinatos se agregan a la reciente ola de muertes violentas en Venezuela, como la del adolescente Kliverth Roa por un disparo en la cabeza, por un miembro de las fuerzas represoras del Gobierno chavista en la marcha estudiantil del 24 de febrero en San Cristóbal.

Los anteriores solamente son los más recientes hechos de sangre por motivos políticos. En el siglo pasado conmovieron los asesinatos del archiduque Francisco Fernando de Austria que precipitó la Primera Guerra Mundial (1914), del hindú Mahatma Gandhi (1948), del colombiano Jorge Eliécer Gaitán (1948), que ocasionó el llamado ‘Bogotazo’, del presidente de EEUU John F. Kennedy (1963), del defensor de los derechos civiles Martin Luther King (1968), del premier israelí Isaac Rabin (1995) y muchos otros más.

¿Será que nunca llegaremos a humanizar la política y abandonar la condición popularizada por Hobbes: “Homo hominis lupus est”? ¿Comprenderemos alguna vez que, como lo advirtió el ex presidente argentino Domingo Faustino Sarmiento, “las ideas no se matan”?

Marcelo Ostria Trigo

El Deber, (Bolivia). Marzo 11, 2015

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