La política del pensamiento único

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Las libertades democráticas no son concebidas de la misma manera: Para algunos caudillos, sólo debe ser aceptado el pensamiento oficial, y lo opuesto es execrable. El opositor, a manera de descalificación, es llamado neoliberal, seguidor de políticas perversas, por ser partidario de la libertad económica, consubstancial a la democracia. Esto, especialmente, porque no abraza el socialismo –ahora el del Siglo XXI– ni cree en el llamado “proceso de cambio”. Esta actitud intolerante, es la negación de la pluralidad como un elemento esencial de  la democracia.

La democracia, aunque no es claramente negada por estos caudillos como opción, es concebida como una expresión del autoritarismo electorero que no la imagina como sistema destinado, entre otros fines, a garantizar la diversidad y el respeto del pensamiento político divergente. Se procura imponer una corriente ideológica sobre todas las demás. Este es el caso de los regímenes de partido único.

En la actualidad, es difícil la reedición de un régimen que prohíba abiertamente el disenso. Solo queda  “Cuba como único país occidental donde es ilegal ser opositor”. Por eso, ahora se siguen dos métodos para imponer la política oficial: la prédica machacona de que, quien no comparte el discurso oficial, no es un ciudadano honorable y, por otro lado, el acoso y la persecución. Se denuncia, además, que en “varias regiones del mundo, se perciben intentos de introducir sutilmente plataformas de pensamiento neoliberal y de restauración del capitalismo”. Se afirma que los imperialistas “Se afanan engañosamente en vender a los más jóvenes las supuestas ventajas de prescindir de ideologías y conciencia social. (…) Con ello pretenden inducir la ruptura entre la dirección histórica de la revolución y las nuevas generaciones y promover incertidumbre y pesimismo de cara al futuro”, (Del discurso del presidente de Cuba. 01.01, 2014).

Esto se complementa con los esfuerzos por alarmar al pueblo, alentando, a la vez, sentimientos chauvinistas: “El presidente de Ecuador, Rafael Correa, denunció este viernes (03.01.2014) que EE.UU. no deja de conspirar contra los países de América Latina, precisando que Washington recurre a nuevos métodos para derrocar a los gobiernos”. Por supuesto con   su estilo  agresivo y  pendenciero.

Finalmente, una reflexión: La difusión de una ideología, no es mala en sí misma, pero cuando se pretende obligar a los ciudadanos a compartirla, se viola una libertad inalienable: la de pensar diferente.

Marcelo Ostria Trigo

Publicado en: El Deber, EJU, HoyBolivia, La Prensa de Oruro, 8 de enero de 2014.

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