La oposición, las venias y los titubeos

Publicado en: Análisis, Uruguay | 0

Avanzado el primer mes del nuevo gobierno frentista, los partidos opositores ya se enfrentaron a su primer encrucijada: si votar o no una venia para Fernando Calloia. Lo que exhibieron fueron innecesarias vacilaciones que nunca debieron siquiera atisbarse. Hubo quienes fueron más firmes, sí, pero prevaleció la duda.
Fernando Calloia fue propuesto como titular de la Corporación Nacional para el Desarrollo. Tales designaciones necesitan mayorías especiales del Parlamento y los votos suelen concederse por tratarse de un nuevo gobierno con derecho a armar su equipo. 
La tradicional “cortesía” no vale en el caso de Calloia. Es alguien que estando al frente del Banco República tomó decisiones duramente cuestionadas por la oposición, dentro de la complicada trama de Pluna. Ante la negativa de votar esa particular venia, el presidente Tabaré Vázquez podría revisar su decisión de ofrecer cargos (ciertamente menores en cantidad y relevancia a los que ofreció José Mujica en su momento) a blancos, colorados e independientes.
Desde la lógica opositora nunca debió haber la menor duda. Su titubeo desnuda la debilidad de una oposición que al empezar el tercer período de un gobierno frentista sigue sin entender que el escenario donde venía actuando hasta ahora, no existe más. En el actual contexto no tiene sentido creer que por disponer de unos pocos cargos accederán a información del Estado que les permitirá ejercer su rol de vigilante. Pudo ser así antes, ya no lo es más. La oposición necesita repensarse para cumplir bien su función.
Por ahora la situación de esa oposición es, por decir lo menos, alarmante. El Partido Colorado entró en una complicada crisis interna de la que no saldrá con facilidad. El Partido Nacional (que el año pasado votó mejor que los colorados pero no tanto mejor que sí mismo) parece ausente. Uno de sus líderes, es verdad, lleva la voz cantante. Pero repite recetas ya usadas que no dieron resultado. Y el otro líder, el candidato presidencial, optó por una llamativa discreción.
Esta realidad se refleja en la forma en que ambos partidos conducen su campaña para las elecciones municipales. Una situación es la de Montevideo y otra la que se vive en los demás departamentos, pero hay problemas en los dos.
Tras 25 años de pésima gestión frentista en la capital, lo lógico sería que el Frente Amplio perdiera. Su trabajo fue decididamente malo. Sin embargo tiene claras posibilidades de ganar. Es increíble pero es así. Aunque si se piensa bien, no es tan increíble. Por horribles que hayan sido sus gobiernos, los votantes necesitan saber que cosa mejor ofrecen los demás antes de cambiar su voto.
Y como es obvio, no hay buenas alternativas. Los otros partidos hace rato dejaron de pensar en Montevideo. Se acuerdan de las elecciones municipales recién después de las nacionales, sacan candidatos de la galera que además descubren que sus partidos no acumularon trabajo para ofrecer un plan convincente sobre qué hacer con Montevideo. Sus propuestas terminan siendo un listado de obviedades.
Creyeron además que si ambos partidos sumaban votos ganaban. Desde un comienzo puse en duda esa lógica. Por un lado, porque no alcanzaba la suma si no se le añadían candidatos carismáticos y propuestas seductoras. Por otro lado, porque el acuerdo se hizo en medio de cuestionamientos internos que aún persisten. 
Por ahora las ideas no salen de prometer limpieza y mejor iluminación y de cuestionar los corredores de buses. Va de suyo que esos temas hay que afrontarlos, pero no son lo únicos. ¿Cómo se modernizará la ciudad con ensanches y conexiones en la red de avenidas? ¿En que partes densamente urbanizadas de Montevideo se harán más plazas? ¿Cómo se transformará el transporte público con horarios conocidos y vehículos a los que sea fácil ascender? ¿De que manera se convertirá la ciudad en un lugar embellecido y funcional, con buenos servicios para que sea más querible?
Sobre eso se escucha poco. El candidato blanco Alvaro Garcé, parece perfilarse bien, pero lo cierto es que debió reciclarse rápidamente de ser un eventual ministro del interior a un posible intendente. Eso demuestra que no había nadie pensado para ese cargo desde mucho antes. Y si lo había quedó afuera por razones de interna política.
Mucha gente buscó en “google” quien era el candidato colorado, conocido solo dentro de un círculo de allegados. Del candidato no partidario de la Concertación, tampoco una figura de arraigo popular, poco se sabe sobre lo que hará más allá de su ingenio e inventiva para hacer declaraciones.
Así, lo único que logrará la oposición es seguir siendo oposición por mucho tiempo más.
En otros departamentos, donde no hay concertación, los colorados parecen los más afectados. Sus dirigentes en lugares donde el favorito es un blanco proponen listas a ediles coloradas para apoyar al candidato del otro partido. Es el caso de Colonia. El diputado Daniel Bianchi sintió la presión de su gente y apoyó la iniciativa de volcarse al candidato blanco Carlos Moreira, para horror de las autoridades partidarias. Bianchi fue elegido diputado una y otra vez y no por ser un nombre más en una larga plancha de candidatos. Peleó por sus votos uno por uno escuchando a su gente. Con la cuestionada propuesta, en realidad sale al rescate de su partido. Vota al candidato blanco, pero poniendo ediles colorados y con la posibilidad de algunos cargos también para colorados. Es Bianchi quien entiende como son las cosas, no las autoridades de su partido.
Así llegamos a este lío de las venias.
Desde que el Frente gobierna con mayoría parlamentaria, a la oposición le ha sido difícil definir su estrategia. Aún así, su gran gesta en estos años fue salir al cruce ante la escalada de desastres hechos en Pluna. 
Fue tenaz, fue eficiente y perspicaz y reflejó la preocupación de mucha de su gente que no podía creer lo que estaba sucediendo. Cuestionó sin piedad a ministros y jerarcas y varios debieron renunciar. Uno de ellos fue Calloia.
Un cuestionamiento duro de la oposición no necesariamente termina con jerarcas presos. Algunas cosas escandalosamente mal hechas no siempre son ilícitas. Pero sí hubo flagrante irresponsabilidad. 
Quien así actuó no puede asumir otro cargo que demande igual responsabilidad. En el mejor de los casos, hubo errores de juicio demasiado graves como para confiarle nuevas tareas.
La oposición puso en evidencia ese problema y si quiere ser coherente es imposible ahora otorgar una venia como si nada hubiera pasado. No da ni para discutirlo.
Si blancos y colorados quieren reconstituirse deben en todo momento actuar con precisión y sin titubeos. Si no les ofrecen cargos, que así sea. Pero la población debe ver firmeza y en este caso continuidad con lo ya hecho sobre Pluna.
Una señal de coherencia en este episodio puede ser la manera de comenzar a consolidar liderazgos firmes, proyectados hacia el futuro. Es lo que se espera de ambos partidos. Es el desafío que deben asumir. No tienen otra alternativa.

 

Por Tomás Linn

AÑO 2015 Nº 1809 – MONTEVIDEO, 26 DE MARZO AL 8 DE ABRIL, SEMANARIO BÚSQUEDA.

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