La cuestión de las Islas Malvinas o Falkland Islands/En diálogo con Fernando Petrella (una perspectiva argentina)

Clara Riveros, CPLATAM / Fernando Petrella, diplomático argentino

Por Clara Riveros

Las Islas Malvinas o Falkland Islands es uno de los 17 Territorios No Autónomos inscritos en el «Comité Especial de Descolonización» o «C-24» de las Naciones Unidas desde 1946. Este territorio tiene al Reino Unido como potencia administradora.

Un extenso reportaje de la revista norteamericana The New Yorker precisaba, hace unos meses, que todos los isleños —excepto tres— quieren mantener el estatus de Territorio Autónomo Británico.

El reportaje —«How Prosperity Transformed the Falklands»— reconstruye aspectos históricos y sociológicos de las islas entre los siglos XVII y XXI, aborda los errores y los desaciertos tanto de Londres como de Buenos Aires en el afianzamiento de sus posiciones y reclamaciones, así como en el devenir de ese territorio cuya soberanía se disputan los Estados de la Argentina y del Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte. The New Yorker presenta con claridad la perspectiva y la posición de los isleños, sobresale en el texto la ausencia de un pasado o de una historia común, así como de elementos o de perspectivas para un futuro común y compartido entre los isleños y la Argentina. Más allá de las omisiones, tras la lectura, pueden hacerse algunas inferencias, pero también surgen inquietudes respecto a la posición y, principalmente, a las posibilidades de la Argentina.

En Argentina, es cierto, se agita la cuestión Malvinas. En enero, el flamante Presidente Alberto Fernández señaló, en alusión al territorio disputado: «Nunca vamos a renunciar». En marzo afirmó que la Argentina tiene una herida sangrante: «La usurpación de Malvinas». En septiembre, durante su primera intervención ante Naciones Unidas como Presidente, el mandatario repudió la que, según él, es una estrategia amenazante del Reino Unido en las Islas Malvinas.

Alberto Fernández asumió «la causa de Malvinas» emulando la posición que mantuvo la entonces Presidenta Cristina Fernández de Kirchner y, como indican medios argentinos, fue durante las gestiones Kirchner que se vivieron los momentos de «mayor tensión entre los isleños y la Argentina». Es evidente que este no es un tema superado por los argentinos y que el Gobierno agita el nacionalismo a través de un discurso populista. Desde Buenos Aires parecería que hay quienes persisten en una omisión deliberada al no considerar de forma suficiente los deseos y las aspiraciones de los isleños, es decir, la voluntad de la población oriunda del territorio disputado. Cabría preguntar al Presidente y al Gobierno de la Argentina: ¿Qué hace pensar que los isleños hoy desearían ser argentinos? Parece poco probable, para no decir imposible, que los isleños pudieran desear pasar de una situación de prosperidad y bienestar a diferentes niveles para convertirse de alguna manera en ciudadanos de un país quebrado, con una economía arruinada y con cifras poco halagadoras, para no ahondar, de momento, en cuestiones políticas e institucionales que comprometen la calidad democrática del sistema político argentino y le restan atractivo a sus aspiraciones en esta controversia.

No hay que perder de vista que una disputa o controversia, justamente, enfrenta opiniones contrapuestas entre dos o más personas o partes. Por lo anterior, no solo es deseable sino necesario y pertinente conocer la lectura, la interpretación, las críticas y los comentarios desde la perspectiva argentina. Y, quien mejor que Fernando Petrella, una opinión informada que —desde el conocimiento profundo del dossier y, en general, de la cuestión Malvinas— aporta esa mirada, así como los elementos y los argumentos sobre los cuales Argentina fundamenta su reclamación. Fernando Petrella es un notable diplomático argentino con una extensa carrera de más de cuatro décadas. Ha sido Vicecanciller, Secretario de Relaciones Exteriores y Representante Permanente de la República Argentina ante la Organización de las Naciones Unidas y, también, ante la Organización de Estados Americanos, así como Director del Instituto del Servicio Exterior de la Nación, estos son algunos de los altos cargos desempeñados por el Embajador Petrella durante su dilatada trayectoria diplomática. Actualmente se dedica al ámbito académico, al análisis en medios de comunicación, además, es miembro del Observatorio Malvinas de la Cámara de Diputados y del Comité Ejecutivo del Consejo Argentino para las Relaciones Internacionales (CARI).

Clara Riveros: Embajador Petrella, ¿Cuál es su opinión sobre el reportaje publicado por The New Yorker?

Fernando Petrella: Efectivamente, la revista The New Yorker publica el 6 de julio de 2020 —por Larissa MacFarquhar—, un interesante artículo sobre las Islas Malvinas/Falkland. El artículo es muy importante al menos por tres razones: La primera, porque el New Yorker es una de las publicaciones más prestigiosas en lengua inglesa, a la que estoy suscripto desde hace muchos años. Sus artículos, sea el tema que fuere, nunca envejecen; la segunda, por la extensión y el despliegue dado al tema; y, la tercera, porque marca, desde la óptica isleña, todo un proceso evolutivo. Dicho proceso se extiende desde que las Islas eran un lugar remoto, primitivo, habitado por pastores aislados del mundo, hasta una realidad actual en que las Islas son prósperas, más cosmopolitas y dotadas de recursos para mantenerse con un alto estándar de vida.

Fernando Petrella, diplomático argentino

Tal vez lo que se soslaya en el artículo son los muchos puntos en común que las Islas tuvieron con el resto del territorio argentino desde principios de los años setenta hasta la desgraciada guerra de 1982. En ese lapso, que abarcó gobiernos militares y democráticos, las Islas recibieron maestras (profesoras) argentinas, combustible para el invierno, medicina, vuelos regulares semanales con el continente y educación también en Argentina mediante un programa de becas en colegios bilingües de Buenos Aires. Pero antes de los años setenta ya existía de hecho una vinculación familiar y contactos entre personas que nada o poco sabían de los reclamos de soberanía y de la disputa.

Es interesante señalar que el New Yorker destaca que actualmente —con motivo de la pandemia y el Brexit—  ha nacido una preocupación en las Islas. En efecto, la pandemia ha empobrecido a todo el mundo y las Malvinas no son una excepción. Nulo turismo, menos pesca, malos precios del petróleo y una población recientemente llegada que al no tener más trabajo se convierte en un problema. Algo parecido podría decirse del Brexit, alentó la incertidumbre que el mismo produce sobre la relación con la Unión Europea.

Todo esto no significa que el reclamo argentino deba necesariamente prosperar sobre el fondo del asunto, pero posiblemente lleve a los sectores más realistas de las Islas a retomar los diálogos sobre aspectos concretos y a aceptar que el lugar más eficiente para comunicarse es el territorio argentino, por su cercanía y familiaridad. Cuando se plantea la pregunta porque los isleños aceptarían ser argentinos la respuesta es: Nunca se les ha planteado ser argentinos. Ellos pueden mantener su nacionalidad, sus instituciones debidamente garantizadas y así como tantos argentinos poseen doble nacionalidad y tantos anglosajones viven en Argentina con su propia nacionalidad en un nivel de igualdad con el resto de los habitantes. Por otra parte, no está escrito que Argentina siga siendo el país lleno de dificultades actual. Lo que sí está sólidamente escrito es que Argentina es el octavo país en superficie del mundo, posee una plataforma continental inmensa, llena de riquezas, es uno de los productores de alimentos más eficientes del planeta, posee, junto a Chile y a Bolivia, las más importantes reservas de litio del mundo, la segunda de shale gas del Hemisferio Occidental, así como reservas de agua dulce únicas. Pero además Argentina posee desarrollo nuclear muy importante, tecnología satelital, el estado del arte, seis Premios Nobel y es miembro del G20. Todo esto unido a un soft power (poder blando) significativo. Es decir, a pesar de las actuales dificultades, Argentina es uno de los países más abiertos, cosmopolitas y culturalmente importante de la región y de un poco más lejos también.

Clara Riveros: ¿Cuáles son los argumentos jurídicos y los elementos históricos a partir de los cuáles Argentina reivindica o reclama el territorio de Malvinas/Falklands, uno de los 17 territorios registrados como no autónomos en las Naciones Unidas?

Fernando Petrella: Los argumentos jurídicos se remontan al siglo XIX. Son tan extensos que no me atrevo a enumerarlos. Constan en un documento preparado por la Academia Argentina de la Historia que dieron lugar al discurso en las Naciones Unidas del Embajador José María Ruda (posteriormente juez de la Corte Internacional de Justicia). Muchos autores británicos los comparten. Es precisamente por el peso de esos argumentos que las Naciones Unidas aprobaron la Resolución 2065/65 y muchas otras recomendando las negociaciones bilaterales teniendo en cuenta los intereses de los habitantes de las Islas[1]. El concepto de «autodeterminación» fue explícitamente dejado de lado en razón de la particularidad del caso Malvinas. Tan importantes resultaron las citadas Resoluciones que el Reino Unido aceptó iniciar negociaciones de soberanía que, con sumas y restas, duraron hasta la guerra. Este acontecimiento trágico, condenable e innecesario revirtió los progresos logrados.

Clara Riveros: Un legislador isleño, Mike Summers, decía hace unos años que «La responsabilidad de mejorar las relaciones con las Islas Falklands (Malvinas) depende de la Argentina» y que «Estamos abiertos a discusiones sobre pesca, turismo, hidrocarburos y comunicaciones externas siempre que la seguridad nacional no se vea comprometida. Es la Argentina la que siempre ha estancado la discusión». ¿Cuál es la posición del Gobierno de la Argentina? Parecería que el clima y las condiciones para el diálogo entre los isleños y la Argentina se han deteriorado con el cambio de Gobierno…

Fernando Petrella: Mike Summers es un destacado miembro de la comunidad isleña. Tuve el honor de conocerlo y de tratarlo socialmente. Se puede coincidir con parte de lo que sostiene. Quienes debemos encontrar la manera de «engage» al Reino Unido en una discusión/negociación somos los argentinos creando los incentivos necesarios. Una buena relación con el Reino Unido es central para esto.

Clara Riveros, CPLATAM / Fernando Petrella, diplomático argentino

Durante los años noventa e inmediatos posteriores, la relación fue de cooperación bilateral y de fuerte presencia en aspectos económicos de las Islas (pesca, hidrocarburos, seguridad y comunicaciones), a tal punto que mi contraparte en el Foreign Office (Ministerio de Relaciones Exteriores del Reino Unido), visitó las Islas y afirmó que podría verse una discusión de soberanía en el futuro… Pero nunca por la fuerza (Penguin News, julio 3, 1993). Durante el Gobierno de Mauricio Macri, la Primer Ministro Theresa May envió una carta al Presidente argentino proponiendo una agenda para retomar las discusiones sobre hidrocarburos y comunicaciones. Es decir, si la relación es óptima, el Foreign Office acerca posiciones.

Es precisamente a partir de ese momento y circunstancia que la diplomacia argentina debe actuar gradualmente para acercarse a sus objetivos y ser consistente, previsible y no fluctuar con cada cambio de Gobierno. Claramente eso supone también que Argentina ha superado estos momentos de inestabilidad económica y política y se encamina a un progreso inevitable atento a su potencial. La actual Administración de la Argentina parece más reticente. No obstante, ha dado todas las facilidades para vuelos humanitarios de isleños vía Uruguay y ha asegurado las vacunas necesarias para la covid-19 que se elaboran en Argentina y en México conforme a la fórmula de Oxford. En síntesis, la causa Malvinas debe instrumentarse en tres niveles: el multilateral, sin embriagarse con el mismo; el bilateral, imprescindible; y, el de los contactos con las Islas, también muy necesario atendiendo la práctica y la tendencia internacional actual.

Clara Riveros: Se entiende que la solución para los diferentes contenciosos territoriales hoy debe incluir los deseos de las poblaciones que habitan el territorio. ¿Cuál es la posición argentina? ¿Considera que la actualidad y la realidad política, económica y social del territorio objeto de controversia y de su población limitan las aspiraciones de la Argentina?

Fernando Petrella: El tema «deseos» fue excluido de la Resolución 2065 creando deliberadamente una vía distinta de la que era práctica en los casos de descolonización típicos. Malvinas fue reconocido como un caso «especial y particular», es decir, diferente. Eso no significa que la cuestión de los «intereses» sea sencilla de conceptualizar. Establece una suerte de ambigüedad que permite ir alcanzando, gradualmente, soluciones satisfactorias. En esa conceptualización, Argentina tiene un rol fundamental por ser parte principal y esencial en la disputa.

Clara Riveros: El Presidente de la República Argentina Alberto Fernández ha hecho este año diferentes pronunciamientos sobre las Islas Malvinas. Por su parte, Naciones Unidas mantiene o señala que «Existe una disputa de soberanía entre los Gobiernos de la Argentina y el Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte respecto de las Islas Malvinas (Falkland Islands)». En Argentina hay quienes sugieren que ese tema debería ir a La Haya. ¿Usted estima que la cuestión Malvinas/Falklands debe resolverse en La Haya? ¿Es esta la mejor alternativa? O, ¿Cuál sería la apuesta argentina para zanjar este diferendo con el Reino Unido?

Fernando Petrella: A mi juicio la alternativa jurisdiccional es muy negativa. No asegura éxito para Argentina. Es muy costosa económicamente y, además, congelaría la relación con el Reino Unido por el tiempo de sustanciación. Dejaría para siempre una herida abierta si la decisión de la Corte no es satisfactoria. Finalmente, afectaría las vinculaciones con las Islas. El Presidente Fernández ha reiterado el reclamo histórico de Argentina en las Naciones Unidas. Es un llamado a negociar. Desde una óptica puramente teórica, la negociación sobre Malvinas con el Reino Unido debería ser muy viable. Veamos el porqué: Dos países con una larga trayectoria de amistad y cooperación; dos culturas similares de Argentina y el Reino Unido (¡Imagine por un momento la dificultad intrínseca de las negociaciones entre Irán y las cuatro potencias del Consejo de Seguridad más Alemania y la Unión Europea!); relaciones diplomáticas cordiales con Embajadas activas en ambas capitales; una Resolución aceptada que establece los lineamientos y muchos antecedentes discutidos por ambas partes (condominio, retroarriendo, solución Hong Kong, etc.). Falta agregar a los isleños que, si bien no son parte en estricto aspecto jurídico, son actores muy importantes, máxime atendiendo la evolución actual del derecho internacional.

Clara Riveros, CPLATAM / Fernando Petrella, diplomático argentino

Clara Riveros: En el diálogo con algunos intelectuales de la Argentina, en particular con Vicente Palermo, se plantea la necesidad de cambiar el enfoque y el lenguaje a la hora de hablar del contencioso de Malvinas/Falklands, es decir, empezar a hablar de la «cuestión Malvinas» y ya no de la «causa Malvinas».

Se puede suponer que el cambio del lenguaje y la evolución del debate —desde luego, empezando por el Gobierno de la Argentina, serían un acierto, porque permitirían un diálogo en mejores términos con los isleños, pero también por una aproximación más técnica, menos orientada al activismo, menos apasionada, más razonable y profesional en un sentido diplomático. ¿Cuál es su opinión en ese sentido? Y, aclaro que, todas estas inquietudes han sido planteadas por alguien que —como es mi caso— ve el tema desde lejos y, por supuesto, con muchas limitaciones al no ser experta en esta cuestión…

Fernando Petrella: Vicente Palermo es un intelectual muy reconocido en Argentina y con vínculos en el South Atlantic Council de Londres. Ha escrito sobre Malvinas y sus criterios son siempre valiosos. Es claro que encarar negociaciones con «activismo» es muy limitante para obtener una solución que siempre implica un compromiso, por lo menos inicial. Toda negociación requiere empezar por lo menos conflictivo, buscando coincidencias sólidas, evitando precipitaciones o expresiones orientadas hacia la política interna que afecten la confianza de la otra parte. Ponerse en el lugar del «otro» es la esencia de una buena diplomacia, así como asumir que un compromiso es la base de cualquier solución sustentable en el tiempo. El factor «doméstico» debería entender esto en ambas capitales y ofrecer los márgenes para permitir que las negociaciones avancen. Es el «todo» lo que hay que tener en cuenta y no las «parcialidades» o las etapas de la negociación. Finalmente, son los Parlamentos los que aprueban, así como las Naciones Unidas.

Clara Riveros: Finalmente, Embajador Petrella, considerando su extensa trayectoria diplomática y algunos traspiés y dislates recientes de la Argentina también en temas diplomáticos y de su política exterior, ¿qué recomendaciones le haría al Gobierno de la Argentina?

Fernando Petrella: Conozco desde hace años al Canciller Felipe Solá. Es una persona muy activa y con gran experiencia política. De allí que recomendaciones no me atrevería a hacer. Sugerencias sí, estas pasan por: mantener las mejores relaciones posibles con el Reino Unido y con el Foreign Office que ha sido siempre cooperativo; mantener las mejores relaciones posibles con los Estados Unidos por su gravitación hemisférica, porque desde el fin de la guerra de 1982 apoya la negociación y porque fue broker central (intermediario) en el restablecimiento de las relaciones diplomáticas argentino-británicas a fines de los años ochenta. Agregaría, además, tratar de concentrar el tráfico de las Islas con el Uruguay ya que eso conviene a todos por economía y una tradición al respecto. Uruguay es el país hermano entre los hermanos, solidario siempre y que en este tema no ha pedido contraprestaciones. Chile y Brasil, también son sumamente solidarios pero geográficamente más lejanos. Por último, acentuaría el rol argentino en los temas que interesan a los grandes poderes internacionales (global powers) como, por ejemplo, los temas de no proliferación nuclear, las Operaciones de Paz en áreas estratégicas y las causas humanitarias como sería asistir a un campo de refugiados en Jordania mediante los Cascos Blancos argentinos. Muchas gracias, Clara, por la oportunidad de explayarme sobre estos temas.

Clara Riveros
CPLATAM -Análisis Político en América Latina- ©
Diciembre, 2020

Notas

[1] «Resolución 2065 (XX) de la Asamblea General de las Naciones Unidas. Cuestión de las Islas Malvinas (Falkland Islands). La Asamblea General, Habiendo examinado la cuestión de las Islas Malvinas (Falkland Islands),
Teniendo en cuenta los capítulos de los informes del Comité Especial encargado de examinar la situación con respecto a la aplicación de la Declaración sobre la concesión de la independencia a los países y pueblos coloniales concernientes a las Islas Malvinas (Falkland Islands) y en particular las conclusiones y recomen­daciones aprobadas por el mismo relativas a dicho Territorio,
Considerando que su resolución 1514 (XV), de 14 de diciembre de 1960, se inspiró en el anhelado propósito de poner fin al colonialismo en todas partes y en todas sus formas, en una de las cuales se encuadra el caso de las Islas Malvinas (Falkland Islands),
Tomando nota de la existencia de una disputa entre los Gobiernos de la Argentina y del Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte acerca de la soberanía sobre dichas Islas,
  1. Invita a los Gobiernos de la Argentina y del Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte a proseguir sin demora las negociaciones recomendadas por el Comité Especial encargado de examinar la situa­ción con respecto a la aplicación de la Declaración sobre la concesión de la independencia a los países y pueblos coloniales a fin de encontrar una solución pacífica al problema, teniendo debidamente en cuenta las disposi­ciones y los objetivos de la Carta de las Naciones Uni­das y de la resolución 1514 (XV) de la Asamblea General, así como los intereses de la población de las Islas Malvinas (Falkland Islands);
  2. Pide a ambos Gobiernos que informen al Comité Especial y a la Asamblea General, en el vigésimo primer período de sesiones, sobre el resultado de las negociaciones.
1398a. sesión plenaria, 16 de diciembre de 1965».
Vea aquí la emisión de De ida y vuelta dedicada a los Territorios No Autónomos con participación del diplomático argentino Fernando Petrella y el exdiplomático británico Dudley Ankerson

  1. Ruben Moro
    | Responder

    Muy interesante y orientativa entrevista a don Fernando Petrella. Pero hay un elemento adicional en los antecedentes de la disputa: los documentos probatorios que el conflicto de 1982 fue iniciado por el Reino Unido, lo que lo constituye en nación agresora, un elemento fundamental para encarar las negociaciones con una perspectiva más favorable a la
    República Argentina.
    Los documentos probatorios son los mensajes que envió el gobernador Hunt cuando el equipo del empresario argentino Constantino Davidoff desembarcó en Puerto Leith, Islas Georgias del Sur, el 20 de Marzo de 1982., donde lo esperaban para dar cuerpo a una operación de falsa bandera armada a espaldas del FCO Office y de las negociaciones que se llevaban por buen camino entre ambas cancillerías.
    Es una falencia de los investigadores y medios argentinos que no hayan considerado en momento alguno, y olvidar que la verdad no tiene nacionalidad ni partidismo, aunque cueste reconocerla.
    Tal vez era (y es) más simple y redituable traducir y publicar de fuentes británicas. Pero estas son sólo circunstancias: son los hechos probatorios los que deben considerados en esos esos documentos publicados recientemente en un libro con pie de imprenta de autor argentino, lo cual limita lamentablemente su difusión, con medios siempre predispuestos a traducir lo que proviene del exterior, algo que puede comprobarse de manera muy simple.
    Y probar que el Reino Unido fue la POTENCIA AGRESORA, NO SÓLO EN 1833, SINO EN 1982, no es algo que nuestra política exterior pueda ignorar. Y luego sí, negociemos… Al menos es lo que piensa y siente un simple VGM.

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