La ciudad ya no es una isla en la política nacional

El PRO ganó bien esta primera vuelta en la ciudad de Buenos Aires. Se ha observado que Rodríguez Larreta no consiguió retener la totalidad de los “votantes del PRO” de las PASO, ya que la suma correspondiente al propio y a Gabriela Michetti supera en unos puntos el voto conseguido ahora. Pero esa suma es ficticia: los votos fueron para Michetti, no necesariamente para el PRO, y el juego no es el de la ley de lemas. De modo que el triunfo de Larreta, por más de veinte puntos, fue categórico. Aunque no alcanzó.

Pero, ¿por qué tendría que haber alcanzado? No hay hasta ahora casos de más de un 50% del electorado, y era menos probable aún en la Capital Federal, cuyo electorado es tradicionalmente volátil, de entusiasmos pasajeros, algo caprichoso y hasta vesánico, y no siente ningún apego por un partido. Ese resultado podría haberse alcanzado si la elección hubiera quedado fuertemente atrapada por una polarización extrema (no fue el caso porque Lousteau la quebró y el kirchnerismo pesa poco en el distrito) o si un liderazgo carismático le hubiera conferido su color (tampoco fue el caso; tal vez podría haberlo sido con Michetti).

Pero, aunque algo deslucido por no haber alcanzado este objetivo, el PRO, y el candidato presidencial Mauricio Macri, fueron claros vencedores; la campaña no puede entenderse como desconectada de la escena nacional, y ciertamente las preferencias de los ciudadanos porteños en esa escena pesaron a la hora de decidir su voto.

El problema para el PRO comienza ahora, para estos quince días que prometen ser vertiginosos. Ya en el debate televisivo fue posible ver cómo un candidato muy suelto de cuerpo y competente para el debate, Martín Lousteau, ponía en aprietos a Rodríguez Larreta, probablemente menos dotado para la polémica que para la gestión y que tenía a sus espaldas, como handicap, una obra de gobierno (no necesariamente porque esta fuera mala sino porque, a la hora del debate público, siempre es más fácil atacarla que defenderla si el atacante es habilidoso).

Conocidos los resultados, Rodríguez Larreta fue ambiguo en lo que se refiere a su voluntad de debatir pero, ¿podrá sustraerse a lo que en Capital es casi una obligación política? Quizás la oportunidad sirva para que la agenda de la ciudad se instale de una vez en la confrontaciónpolítica, como, en verdad, no lo ha hecho hasta ahora. Porque la tendencia de Rodríguez Larreta será la de “fugar” hacia lo nacional (y batir la tecla de las “propuestas”) mientras que la de Lousteau será la de insistir en lo local (y articular sus “propuestas” con duras críticas a la gestión macrista). Pero, si hay algo que ya no puede repetirse, es el viejo lugar común de que la ciudad de Buenos Aires es una isla dentro de la Argentina, políticamente hablando.

La ciudad de Buenos Aires irradia orientaciones, valores y preferencias hacia el resto del país, y esto también importa en clave electoral. Mal que bien, la ciudad es la cuna del PRO y el despliegue de una gestión públicamente considerada exitosa y refrendada por la ciudadanía ha de ser una excelente carta de presentación en la campaña nacional. Para el PRO, tal vez, la carta más importante. Esa campaña nacional, por cierto, apenas si ha comenzado. Si bien se mira, todavía los temas de la agenda pública en la misma no están definidos. Los candidatos no han entrado en disputa entre sí, no han elegido aún sus temas-fuerza, y aunque el manojo de cuestiones posibles está a la vista, todavía no sabemos cuáles han de ser las decisivas.

El PRO aspira a que los ciudadanos acepten que la política es algo bastante superpuesto con la gestión, y no le ha ido tan mal hasta ahora en el intento. Pero más allá de la indiscutiblemente importante cuestión de fe, el PRO puede extraer sus credenciales de buen gestor de su única experiencia de gobierno, la ciudad de Buenos Aires. De modo que en la elección casi inmediata en la ciudad, descansa parte de las posibilidades del PRO de fortalecer la gestión como una idea-fuerza exitosa. Para ello, un flanco débil es el del carácter supuestamente neutral de la gestión. Cuando los líderes del PRO hablan de gestión, muchas veces lo hacen como si la misma fuera socialmente neutra. Pero no lo es, y el rival de Larreta ha puesto el acento en este punto.

Las gestiones urbanas nunca son socialmente neutras y la del PRO no lo ha sido. El sesgo social y geográfico en el empleo de los recursos es bastante claro. La política de vivienda es un ejemplo. No obstante, este sesgo no parece haber sido severamente penalizado en la elección. Al PRO le fue muy bien en las comunas “populares”, como la cuatro (algo más del 44%), la ocho (43%) y la 9 (41%), lo que sugiere que algunas de sus políticas tuvieron impacto también en ellas. Pero, ¿qué va a pasar con los votos a

Recalde, candidato cuya fuerza logró en esas comunas posicionarse algo mejor que en las restantes? Una vez más, hay que recordar que esos no son votos “de” Recalde ni “del” Frente para la Victoria. Pero tampoco serán necesariamente para Lousteau.

Es probable que este encuentre un fuerte incentivo para profundizar en una cuestión – el sesgo social de las gestiones – que estuvo presente en su discurso, de cara, ahora, a un electorado cuya conquista no le resultará nada fácil. Ojalá. Bienvenido sea todo lo que pueda oxigenar el enrarecido ambiente político argentino.

Vicente Palermo, Socio del CPA
Clarín, 7-7-15

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