José María Lizundia: auténtico y provocador

Marruecos intercultural, el surco de Chukri (2019)

Por Clara Riveros

José María Lizundia es un auténtico provocador; promueve reacciones, estimula controversias. Amigo, confidente y cómplice, diría yo. Un camarada, diría él. Lizundia también es mi editor: soy la autora más joven de su colección y también la única mujer (con dos títulos publicados).
Clara Riveros y José María Lizundia, Rabat, 2018

Estoy hablando de un ciudadano español y renegado vasco que —rompió con el País Vasco, con la sociedad vasca, ergo es un renegado del País Vasco— reivindica su individualidad. Esta circunstancia le permite comprehender la historia de su país y la del vecino; así como repensar —ya de un modo crítico y racional— tanto la cuestión vasca como la saharaui, entiéndanse las pulsiones populistas y totalitarias —inclúyase, por supuesto, la del islamismo—. El escritor entró a Marruecos a través del Sahara, así nos lo cuenta en su sugerente ensayo: Marruecos intercultural, el surco de Chukri (2019). Aquí siembra dudas e inquietudes; dialoga con autores o quizá sea más apropiado decir que cuestiona planteamientos y lecturas arraigadas; hace preguntas y enfatiza —con el habitual desparpajo— su desinterés en dar respuestas. El escritor reivindica o redimensiona la figura del renegado y esboza que este precede al disidente.

José María Lizundia y Clara Riveros, Dakhla, 2018

A José María le gusta influir y desmontar prejuicios y sinsentidos. ¿Destruir para crear? ¡No! Se abstiene de participar en reconstrucciones. “Yo huyo de las soluciones, de las alternativas y métodos para lograrlas, a mí lo que me gusta es socavar, desmontar ideas y prejuicios”. Es punzante y mordaz frente al diálogo de civilizaciones y mucho más hacia sus promotores; otro tanto le dedica al relativismo cultural, legado de renombrados intelectuales franceses que, dicho sea de paso, también ha sido absorbido por cierta intelectualidad progresista marroquí; y, como no podía ser de otra manera, le dedica algunas líneas a la frivolidad de la izquierda populista española, aquella que se reconoce marxista y se cree progresista cuando en realidad está embebida de catolicismo y propende a la redención.

El intelectual no oculta su desestimación y hasta desprecio por el servilismo y la sensiblería de aquellos que se volcaron a la dictadura de lo políticamente correcto. Y, en este punto, he de decir que acompaño al autor. ¿Por qué? Porque el reconocimiento del ‘Otro’ pasa necesariamente por considerarlo un igual. Es un individuo con capacidad de discernimiento, poseedor de libertades, de derechos universales. Lo contrario es la subestimación. Es edulcorar una percepción para evitar sincerarse y llegar a decir abiertamente lo que se piensa: que ese Otro es un ciudadano de categoría inferior que precisa de eterno tutelaje porque no alcanzó la mayoría de edad. El escritor también se pregunta cómo ven los musulmanes a los occidentales. Algunas respuestas podrían inferirse a partir de la capacidad de integración efectiva (o no) por parte de los grupos y comunidades de musulmanes que residen en Europa. La pertinente disertación sobre el islam, su estancamiento y abierto retroceso frente a la modernidad excede a Marruecos y abarca a los países y sociedades árabes de confesionalidad islámica, aunque al final refiera brevemente —o improvise, como el mismo señala—, algunas reflexiones en torno a los pilares sobre los que se fundamenta el sistema político marroquí en tanto Estado confesional.

José María Lizundia, Dakhla, 2018

¿Al escritor español le importa o le interesa Marruecos de una forma genuina? Desde luego. Una prueba incontestable es que se haya embarcado en una aventura editorial que editó y financió de modo íntegro. En la colección Ensayos saharianos dio cabida a las voces marroquíes, latinoamericanas y españolas. Su aproximación como escritor no se corresponde con la perspectiva que usualmente sobresale en diferentes autores españoles —muchas veces españolizantes y en otras ocasiones con denotada e insoportable condescendencia—. No tengo que coincidir con todos los planteamientos expuestos por Lizundia para destacar la riqueza y originalidad de su escrito. Disfruté al encontrar sus apuntes sobre los escritores marroquíes, especialmente los que conciernen a la vida y obra de Mohamed Chukri, habida cuenta de la atracción irresistible que —como lectores— nos ha producido ese escritor pasional, descarnado y auténtico, tan marroquí, tan Chukri, sin las pretensiones afrancesadas que ostentan algunos de sus conciudadanos, sin la hipocresía de aquellos que osan exhibirse públicamente —ante los suyos— enarbolando el discurso del ‘buen musulmán’. La nebulosa del té delineada por Lizundia —frente al pecaminoso expendio y consumo de alcohol— no tiene desperdicio.

Clara Riveros es politóloga, consultora y analista política en temas relacionados con América Latina y Marruecos y directora en CPLATAM -Análisis Político en América Latina- ©

Noviembre, 2019

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