INFORME l La mujer en Marruecos

Mujeres marroquíes en la década de 1970

Este informe está compuesto de ocho capítulos en los que se aproximan las consideraciones de intelectuales, representantes y ciudadanos marroquíes, así como algunos elementos, eventos y fechas clave que ilustran, a grandes rasgos, la condición de la mujer en Marruecos durante el siglo XX y los avances, retos y desafíos en el camino hacia la igualdad de género. Se analiza a continuación la condición de la mujer en Marruecos en el siglo XX; la militancia de la mujer marroquí frente a la ausencia de voluntad política; la monarquía y la mujer marroquí; la evolución de la situación a partir de reformas estructurales; los avances legislativos para la igualdad de género; la revolución femenina en Marruecos; las mujeres, las asociaciones y el emprendimiento; y, finalmente, los desafíos para que esa igualdad de género constitucional sea una práctica efectiva asimilada por la ciudadanía en todo el territorio nacional.

1. Sobre la condición de la mujer en Marruecos

«La mujer en Marruecos disponía de la libertad para hacer negocios a comienzos del siglo XX. Sin embargo, cuando la administración colonial francesa promulgó, en 1913, el Código civil conocido en Marruecos con el nombre de Código de Obligaciones y Contratos, impuso que la mujer debía obtener permiso de su marido para hacer negocios, un principio que se mantuvo en las décadas siguientes.

Tras el fracaso de la lucha armada de los campesinos en las montañas del Atlas y del Rif, a finales de los años veinte del siglo pasado, nació el movimiento nacionalista en las ciudades. El núcleo del movimiento estuvo en la Universidad Al-Karaouine en Fez. Uno de los propulsores fue Mulay Mustafa Alaoui, un profesor de la misma Universidad. En sus conferencias animaba a los alumnos a que cuando terminasen sus carreras crearan escuelas en sus respectivas regiones para enseñar y educar a los niños y a las niñas de las futuras generaciones. Mustafa Alaoui afirmaba que el aprendizaje, el conocimiento y el saber eran una obligación de todo musulmán o musulmana, según los mismos preceptos del Islam. Para luchar contra la presencia colonial en el país, había que luchar primero contra la ignorancia, era una condición indispensable. Algunos discípulos de Alaoui crearon varias escuelas privadas en Sale, en Taza, en Tetuán y en Larache. Mi padre impulsó la creación de la primera escuela privada mixta en Larache. Él fue su director. Impartió la enseñanza a los alumnos y alumnas desde 1936 hasta 1956, año en el que finalizó el protectorado.

Touria Chaoui (Fez, 14 de diciembre de 1936 – Casablanca, 1 de marzo de 1956)

El uso del velo fue desde hace siglos una regla social, pero más en las ciudades que en el campo. No obstante, el movimiento nacionalista marroquí integró en su lucha la promoción de la mujer. Lo que importaba en ese momento es que la mujer accediera a la escuela, el razonamiento era que sin formación no se podría ganar la independencia. El uso o no del velo era una cuestión secundaria, incluso se fue tomando como una decisión personal. Así que —en los primeros años de la independencia— quitarse el velo fue para muchas mujeres marroquíes sinónimo de esa libertad recién conquistada en el país.

Después de la Segunda Guerra Mundial, la familia Real marroquí lideró el movimiento nacionalista. En 1947, viajó Mohamed V a Tánger y desde esa ciudad hizo un discurso solicitando el fin del protectorado. En esa ocasión, su hija mayor, la princesa Lala Aicha, pronunció un discurso público. Su imagen (sin velo y vistiendo al estilo occidental) y su discurso impactaron mucho en la sociedad marroquí, marcaron un punto de inflexión en la promoción y en el papel que debía asumir de manera real y de hecho la mujer en Marruecos. Curiosamente, fue la administración y las autoridades coloniales las primeras en lanzar una campaña de difamación contra la familia Real, descalificando a las hijas del Rey por vestir a la europea y al padre por permitírselo.

Mohamed V y familia real

En 1953, a raíz del exilio del Rey y de su familia, empezaron las manifestaciones y las protestas sociales donde pudimos ver a muchas mujeres marroquíes movilizadas que no llevaban el velo durante las manifestaciones. En 1956, cuando se anunció el final del régimen del protectorado, la liberación del país se vio acompañada de la ola del fin del velo. Fue una época donde el final del protectorado coincidió con el punto final que pusieron muchas mujeres al uso del velo y también con la entrada masiva de la mujer en las escuelas. Hasta ese momento, bajo el protectorado español y francés no había muchas mujeres marroquíes formadas o con estudios doctorales, aun cuando la misión que había establecido el protectorado era “modernizar” y “civilizar” el país.

En el norte de Marruecos, con el protectorado español, solo había una mujer marroquí que se doctoró en la facultad de Letras de la Universidad de Granada, Amina Louh (casada con Brahim Elghi hermano del gran intelectual marroquí Mojtar Soussi). En la zona francesa del protectorado, la situación de la mujer no era muy diferente, aunque hubo excepciones, por ejemplo, Touria Chaoui (1936-1956), la primera mujer piloto de avión y símbolo de la modernidad del país que murió tempranamente, asesinada a manos de un machista que quería obligarla a casarse con él. El trágico final de tragedia shakesperiana para Chaoui fue un mal augurio para la mujer marroquí.

Touria Chaoui, piloto de aviación

La presencia de la mujer en los cargos públicos del país ha ido en aumento desde el año de la independencia. Por ejemplo, la mujer marroquí accedió a la magistratura desde 1956, mientras que, en España, la mujer española accedió a la magistratura del Estado años después. Hoy la magistratura y también la sanidad, están integradas por un 35 % de mujeres (informes y estadísticas oficiales están disponibles en la Alta  Comisaria del Plan www.hcp.ma).

No obstante, la mujer marroquí ocupó de manera tardía los cargos públicos de elección popular. Situación que no se debió a una prohibición desde el Estado, más bien fue un fenómeno social vinculado a una cultura machista. De todas formas, hubo mujeres en la política local. Por ejemplo, en Larache, una gran amiga ya desaparecida, Fadela Tadlaui, fue militante del partido Istiqlal, Tadlaui resultó electa varias veces en el Concejo Municipal, a finales de los años sesenta. La mujer marroquí dio grandes pasos a nivel de movilización y de activismo social para su liberación, desde 1956 hasta los años ochenta. En ese momento el proceso de emancipación femenina comenzó a ralentizarse, a estancarse y a retroceder con la penetración del wahabismo —a escala mundial— también en Marruecos.

Mohamed V con ciudadanos marroquíes a finales de la década de 1950

El auge de los países árabes ricos (por los petrodólares) impactó en el desarrollo de la mujer en los países árabes y musulmanes. Esos países árabes y ricos se ubicaron en dos corrientes: la denominada “progresista” de corte revolucionario (a la que pertenecían Irak, Libia y Argelia), lo que en la práctica no significó, necesariamente, que esos regímenes llevaran progreso a sus países y, en particular, a mejorar la condición de la mujer (sino que establecieron regímenes de partido único con una ideología monocolor); y, la corriente “retrógrada”, en la que se ubicaron los países del golfo (Emiratos Árabes Unidos, Baréin, Arabia Saudí, Omán, Kuwait,  Qatar).

El escenario tampoco fue mejor en Irán (país musulmán chií, no árabe). La revolución iraní, a finales de la década de 1970, fue en realidad una contrarrevolución que impuso el velo a las mujeres y las segregó —por razón de género— en el espacio y en el transporte públicos. Incluso podría hablarse de la competencia retrógrada entre los dos poderosos petro-Estados musulmanes: Irán y Arabia Saudí, tanto en perspectiva chií, como en perspectiva suní-wahabí[1].

Mujeres marroquíes a finales de la década de 1960

En este contexto, los países árabes “progresistas” fomentaron las revoluciones y los países árabes “retrógrados”, especialmente, los saudíes, expandieron la doctrina más reaccionaria en la interpretación del Islam. Cientos de marroquíes y de ciudadanos del mundo, no solo de los países árabes que siguen la corriente suní, obtuvieron becas para estudiar en las universidades de Arabia Saudí donde se formaron en el oscurantismo. Arabia Saudí financió y construyó decenas de mezquitas en los países musulmanes y también en Occidente. Puso la tecnología de punta y el progreso científico al servicio de sus intereses más retrógrados. Las antenas parabólicas y el internet han sido algunos de los conductos para propagar las ideas más reaccionarias de tiempos remotos.

Si se comparan las imágenes de las mujeres en las décadas anteriores se apreciará la decadencia que ha tenido lugar en manos de los islamistas retrógrados que, gracias a las parabólicas y a los viajes a bajo coste a la Meca, han creado un nuevo estándar de la mujer: una mujer encarcelada en el burka en pleno siglo XXI. Por ejemplo, en España, la comunidad musulmana no disponía de mezquitas y no recibía ayudas estatales para tal fin, se encontró con la “generosidad” de los saudíes que construyeron las principales mezquitas y sufragaron sus gastos, incluso sus embajadas pagaron a los imanes que se encargaron de impartir la doctrina más retrógrada. Así se expandió el uso del velo [a este respecto véase Del hiyab, el burka y el niqāb en los países del Magreb (… y en el sistema de medios español)] y de la barba con la intención de la islamización sociológica en cada aspecto de la vida de los musulmanes» (J. Mechbal -jurista marroquí y analista de CPLATAM-, octubre 25, 2018).

Laila Miyara, empresaria marroquí; Kenza El Ghali, embajadora del Reino de Marruecos en Chile; Clara Riveros, directora en CPLATAM; Sadani Moulainine, activista marroquí de derechos humanos

2. “La militancia de la mujer marroquí siempre ha estado presente, pero no existía la voluntad política para el reconocimiento de sus derechos”

Desde que Marruecos alcanzó su independencia (1956), con el final de los regímenes de protectorado (Francia y España), las mujeres marroquíes han estado implicadas en diferentes escenarios para la creación de una sociedad y de un Estado modernos. La sociedad civil ha tenido un papel destacado para avanzar en la educación y en la formación de niñas y de mujeres marroquíes en el activismo y en la militancia social para conquistar sus derechos: “la militancia de la mujer marroquí siempre ha estado presente, pero no existía la voluntad política para el reconocimiento de sus derechos”, destacó Kenza El Ghali, embajadora del Reino de Marruecos en Chile, durante el ciclo de conferencias Marruecos narrado por sus mujeres.

El Ghali detalló que las mujeres marroquíes se vincularon desde hace décadas a los diferentes partidos políticos del país, “pero pronto se dieron cuenta que estaban reproduciendo los discursos dominantes, masculinizantes y machistas”. En ese contexto hubo mujeres que decidieron crear organizaciones y asociaciones feministas para conquistar sus derechos y espacios desde los cuales pudieran elevar sus voces, problemáticas y necesidades. La representante marroquí insistió en que las mujeres marroquíes no han tenido una tarea fácil. “A veces, ni siquiera hay apoyo entre las mujeres, esto dificulta la lucha por la igualdad. Por ello, la solidaridad internacional entre mujeres es muy importante, porque oxigena al movimiento feminista para que continúe avanzando”, destacó la diplomática.

La representante marroquí también describió que las mujeres han ido escalando el terreno político y ganando espacios de representación para incidir en la toma de decisiones del país. Nótese que de 395 congresistas que había en el Legislativo en la década de 1980, solo dos eran mujeres. Al fallecer el rey Hassan II, el nuevo monarca, Mohamed VI, dio señales evidentes de voluntad para la transformación política del país, subrayó la embajadora.

«Ha habido grandes avances en materia política para garantizar la participación y el acceso a cargos de representación política de las mujeres marroquíes; avances legislativos significativos para el reconocimiento de los derechos de la mujer y tendentes a la igualdad de género; avances a nivel de la formación y de la profesionalización de las mujeres marroquíes para avanzar en su empoderamiento e independencia.

La voluntad política del rey joven —que llegó con una visión moderna para el país y para la sociedad—, acompañada de la movilización social de los activistas y de las mujeres progresistas rindieron frutos notables al promover la elaboración de un nuevo Código de familia. A través del nuevo Código las mujeres han alcanzado importantes derechos como el divorcio y la tutela de los hijos, entre otros aspectos decisivos en el camino a la igualdad de derechos. Para llegar al nuevo Código de familia se formó una Comisión con integrantes de todas las corrientes políticas y de las diferentes tendencias existentes en la sociedad (académicos, militantes, intelectuales, teólogos). Esa legislación convierte a Marruecos en un país con progresos evidentes respecto al mundo árabe-musulmán.

En cuanto a las garantías para la participación política de las mujeres, la mayoría de los partidos políticos no tuvieron la valentía o el coraje para poner a las mujeres en las cabezas de lista de sus partidos. El rey también ha llamado a la modernización de los partidos políticos que debieron establecer cuotas para las mujeres —discriminación positiva—para que puedan acceder a los puestos de decisión. Para el financiamiento de los partidos políticos se exige la participación femenina en las listas y en las cabezas de lista de los partidos, esto obliga a que los movimientos políticos hagan un reconocimiento de las mujeres y garanticen su participación en el terreno político.

La incorporación de la mujer al poder político ha sido gradual, de esas dos congresistas en la década de 1980, se pasó a unas 30 representantes, después hubo 60, luego eran 90 mujeres en el Parlamento y, actualmente, más de un 30 % de quienes integran el Legislativo son mujeres. También se cuentan unas 19 mujeres embajadoras del Reino de Marruecos en diferentes países. Las cuotas de representación femenina —en el poder Legislativo— han ido creciendo paulatinamente y, al día de hoy, alcanza un porcentaje significativo, hay alrededor de un 30 % de mujeres parlamentarias. Las mesas directivas de las dos Cámaras del Parlamento están integradas por mujeres en más de un 34 %, en una y, casi un 40 %, en la otra Cámara. La dimensión de género también ha sido incorporada en los presupuestos destinados a planes, programas, proyectos y ejecución de las políticas públicas.

La reforma laboral también se ha encaminado hacia la paridad de género. En el tiempo reciente, el Parlamento ha estado debatiendo la regulación y la reglamentación del servicio doméstico para proveer los mecanismos legales a muchas mujeres que trabajan en el servicio doméstico para que ellas puedan reclamar sus derechos y evitar situaciones de explotación y de abusos a los que se ven expuestas.

A nivel internacional Marruecos también está dando grandes pasos desde que regresó a la Unión Africana (2017). El Reino de Marruecos ha mostrado interés en trabajar por la mujer africana y la mujer inmigrante. La promoción de los derechos de las mujeres migrantes debe suscitar el apoyo y la solidaridad internacionales. El próximo año la embajada de Marruecos en Chile estará impulsando el diálogo académico y de expertos sobre este tema» (Kenza El Ghali, embajadora del Reino de Marruecos en Chile, octubre 3 y 4, 2018).

3La monarquía y la mujer marroquí

Princesa Lalla Aicha durante su discurso en 1947

La posición de la monarquía marroquí respecto a las mujeres ha tenido algunas expresiones relevantes y de impacto considerable a nivel político y social. Durante años se consideró que la princesa Lalla Aicha, hija de Mohamed V, impulsó la emancipación de la mujer en el país, tanto por el contenido de su discurso en Tánger en 1947, como por su aspecto y estilo, cuando Marruecos todavía estaba bajo el régimen de protectorado. La princesa llamó a las mujeres marroquíes a participar activamente en la esfera política y a luchar por su libertad junto con el hombre. Fue la primera princesa en dar un discurso sobre la liberación de la mujer en Marruecos.

La Princesa Lalla Aicha fue la portada de la revista Time, el 11 de noviembre de 1957, con el título: “La emancipación de las mujeres musulmanas”

De hecho, en 1965, la princesa se convirtió en la primera embajadora del mundo árabe cuando asumió la representación diplomática de Marruecos en Reino Unido, después estuvo en Grecia y en Roma, aunque en los años siguientes tuvo un perfil más discreto porque, según reseñó la prensa al momento de su muerte en 2011, el rey Hassan II deseaba mantenerla alejada de la escena política marroquí. La princesa fue presidenta honoraria de la Unión Nacional de Mujeres Marroquíes desde 1969 hasta su muerte en 2011.

En lo que respecta al discurso pronunciado por la princesa en 1947, según el historiador Mohammad Ibn Azzuz, provocó un “monumental escándalo”. “Nunca habíamos visto a una mujer hablando frente al público con la cara descubierta y además vestida a lo occidental. Fue un acto muy valiente en una época en la que los colonizadores [Francia y España] preferían que la mora no se modernizara”.

Hassan II también habría roto el protocolo el día de su entronización (1961), cuando apareció acompañado de su hermana Amina, de seis años, en la carroza real. Las princesas, hermanas de Hassan II, presidieron diferentes asociaciones benéficas; y, sus tres hijas (Lalla Mariam, Lalla Hasna y Lalla Asma) también han tenido alta exposición pública. La princesa Mariam, dirigió desde 1995 el Observatorio Nacional de Derechos de la Infancia y abanderó la campaña contra los abusos sexuales de menores tras la violación y asesinato de Loubna Mahjoubi, una niña de nueve años. Desde el año 2003, preside la Unión Nacional de Mujeres Marroquíes (UNFM).

Princesa Lalla Aicha, hija del rey Mohamed V

La princesa Lalla Hasna ha llegado a estar vinculada en la dirección de unas siete asociaciones centradas en temas de infancia y medio ambiente y habría declarado a la prensa europea cuando comenzaba el nuevo siglo: “No podemos exigir a las marroquíes cosas que nosotras no hagamos”. Las princesas Mariam y Hasna también han mostrado independencia a la hora de poner fin a sus matrimonios en 1983 y a finales de la década de 1990, respectivamente.

La princesa Lalla Fatma Zohra, desde Tánger, también ha llevado los reclamos de los derechos de la mujer con especial interés y/o preocupación por las mujeres que hicieron parte del harén, según reseñó la prensa. La princesa es hija del sultán Mulay Abdelaziz, quien reinó a principios del siglo XX (y fue la esposa del ex jalifa del sultán en Tetuán durante el reparto colonial cuando España se quedó con la zona norte de Marruecos y las zonas del sur (Tarfaya, Ifni y Sahara)).

Sin embargo, ha sido la era del rey Mohamed VI la que ha marcado el punto de inflexión para la agenda de género en Marruecos. En las dos décadas transcurridas del reinado de Mohamed VI las demandas de las mujeres marroquíes han recibido mayor atención y acciones concretas, promovidas e impulsadas directamente por el rey. En primer lugar, Mohamed VI se atrevió a hacer lo que no hicieron sus antecesores, ni padre, ni abuelo, poniendo punto final al harén.

Mohamed V, Hassan II y Mohamed VI

Esa decisión de disolver el harén, según explicó el historiador y sociólogo Mohammed Ennaji, fue “una decisión que no se ha recibido bien en el corazón del palacio por el Majzen (el entramado de poder que rodea al monarca) y, por supuesto, que no ha gustado a las propias concubinas”, a quienes les fue garantizada vivienda y pensión vitalicia para su sostenimiento. Para el historiador esa decisión marcó un punto de inflexión para la institución monárquica en Marruecos: “Es una determinación histórica. El harén era un pueblo de mujeres que rodeaba al monarca y junto con los sirvientes formaba el nudo central del Majzen. Por ello, su desaparición implica que la lógica política va a cambiar”, observó Ennaji al conocerse la decisión del monarca al poco tiempo de acceder al trono.

El Rey Mohamed VI, la Princesa Lalla Salma e hijos

Lo siguiente fue la elección monógama del rey Mohamed VI, enviando con esta acción una señal clara de su actitud moderna y reformadora que ha marcado una clara diferenciación o distancia respecto a figuras de la política nacional. Mohamed VI contrajo matrimonio con Salma Bennani una mujer de rostro descubierto y de cara al país que encarna a la mujer moderna marroquí: una mujer profesional, formada en ingeniería informática, que no ha llevado velo (ni soltera, ni casada) y que se proyectaba en lo laboral buscando su realización individual y profesional y, probablemente, colaboraba con el sostenimiento de su familia. Como princesa, Lalla Salma ha ostentado el rol de primera dama, con una gran visibilidad en los 15 años siguientes a su matrimonio, ha llevado una agenda internacional muy activa en torno a diferentes causas y siempre se la ha visto en público con seguridad e independencia.

La Reina Letizia y la Princesa Lalla Salma

Así como puede identificarse con claridad que la monarquía ha sido un signo de modernidad en los aspectos que atañen de manera decisiva a la situación de la mujer y a su desarrollo, también se reconoce de dónde provienen las resistencias a la modernidad y al avance en la igualdad de género. A comienzos del siglo XXI, cuando el islamista Partido de la Justicia y el Desarrollo (PJD) era oposición, sus diputados defendieron la poligamia con vehemencia frente a los cambios que supuso el nuevo Código de familia: “Debe saber, señor ministro, que hay hombres que, por razones físicas, no se pueden satisfacer con una sola mujer”; “los hombres pueden caer fácilmente en la tentación cuando su primera mujer llega a cierta edad”. Los representantes islamistas (conservadores) a menudo son noticia por hacer populismo religioso en la escena política marroquí. Años más tarde, ya como partido de gobierno, al PJD “parece perseguirle su obsesión por la poligamia”, documentó recientemente el corresponsal de EFE. Cinco ministros en el actual gobierno y en el pasado, encabezados por el PDJ “son o han tratado de ser polígamos”. La agencia de noticias contextualizó que, en 2015, un ministro casado del PJD quiso casarse por segunda vez con una colega de su mismo partido “previo permiso de su primera esposa, que se sometió a la humillación de acompañar al marido a la pedida de mano de la novia”. En tiempo reciente, un ministro de ese partido habría tratado de formalizar un segundo matrimonio, pero se encontró con la negativa de su esposa.

«La ley marroquí es clara: la poligamia solo se admite si la primera esposa da su consentimiento expreso, una condición impuesta en 2004 y que redujo drásticamente los “matrimonios múltiples”. En 2013, último año con estadísticas disponibles, se contabilizaron solo 787 casos, es decir, un 0,26 % del total de casamientos en el país […] Pero más allá de lo que diga la ley y hasta el islam —pues el Corán admite que el marido despose hasta cuatro mujeres “siempre que les dé el mismo trato”—, la cuestión es polémica también en el seno de la sociedad marroquí […] El escándalo despertado entonces ante organizaciones feministas y partidos políticos laicos fue contrarrestado por un discurso firme del PJD: sus ministros no hacían sino cumplir con la ley y la religión, y además nadie tenía derecho a inmiscuirse en su vida privada. Los dos ministros se casaron y en el primer reajuste ministerial fueron sustituidos» (EFE, julio 11, 2018).

Laila Miyara, empresaria marroquí, también destacó que, desde su entronización, el rey Mohamed VI ha impulsado el camino a la igualdad de género. Miyara recordó la intervención que hiciera el monarca, en 1999, que marcó el antecedente para el nuevo Código de la familia promulgado en 2004. Mohamed VI, precisó Miyara, cuestionó: “¿Cómo podemos asegurar progreso y prosperidad a una sociedad cuándo las mujeres que son la mitad de ella ven sus derechos violados?”.

Tahar Ben Jelloun, escritor marroquí

Tahar Ben Jelloun, escritor marroquí, también subrayó el papel desempeñado por Mohamed VI al promover el nuevo Código de familia:

«El rey Mohamed VI se halla detrás de esta iniciativa; desde su primer discurso en agosto de 1999 prometió reformar el estatuto de la mujer. Declaró entonces: “¿Cómo puede esperarse poder garantizar paz y prosperidad a una sociedad mientras las mujeres, que constituyen la mitad de esa sociedad, ven sus derechos pisoteados?”. El rey marroquí se ha implicado personalmente en el empeño mediante el nombramiento de una comisión que ha trabajado sobre la cuestión a lo largo de más de dos años» (Ben Jelloun. 2009. p.11).

En 2011, el monarca también impulsó la promulgación de una nueva Constitución en la que, por primera vez, se estableció la igualdad entre hombres y mujeres. En 2015, según destacó la escritora Leïla Slimani, con auspicio de Mohamed VI, se convocó a un grupo de expertos (médicos, religiosos, políticos y representantes de la sociedad civil) para ampliar el marco legal restrictivo del aborto.

Para ciudadanas marroquíes de diferentes edades y, especialmente, jóvenes profesionales de orientación liberal como Vanessa Pellegrin, cineasta y feminista, el rey Mohamed VI ha desempeñado un papel esencial a la hora de contener y marcar los límites a los partidos, grupos y líderes islamistas que “quieren llevarnos a la edad de piedra”, pretendiendo frenar la emancipación de la mujer y recordándole que su protagonismo está en el hogar y en servir de “lámpara” a su familia. El ex jefe de gobierno, Abdelilah Benkirane, incluso llegó a lamentar que las mujeres trabajen fuera de casa y que hayan abandonado “el papel sagrado y divino con que Dios las creó y habilitó”. “¿No sabéis que cuando las mujeres salieron de sus casas, las casas se apagaron?”, cuestionó el líder populista del PJD.

4. “Ha habido una evolución notable en la situación de la mujer en Marruecos a partir de reformas estructurales”

Laila Miyara, empresaria marroquí
“Marruecos ha tomado valientes decisiones políticas para la modernización del país en lo que refiere a su identidad y ha puesto la llave en la consolidación del lugar de la mujer en la escena económica, política y social del país”, comentó Laila Miyara durante sus conferencias en Chile. En ese proceso de transformación del país, confluyeron la movilización social, por un lado, y la voluntad política, por el otro. Es decir, fue decisivo el accionar de las organizaciones de la sociedad civil y de feministas que han impulsado los progresos de la última década, pero también el papel desempeñado por la monarquía.

La empresaria observó que su país avanza en cuanto a cambios tecnológicos e innovación en un contexto de transformación permanente, pero es preciso que las mujeres tengan mayor participación de ese progreso científico y tecnológico, puesto que las mujeres marroquíes son competentes, cada día están más y mejor formadas pero las posibilidades y oportunidades no están a la altura de sus capacidades y cualificación.

Miyara señaló que durante las dos últimas décadas se han producido cambios relevantes —a nivel político y legislativo— encaminados a la igualdad de género. Por lo anterior, la empresaria consideró que “ha habido una evolución notable de la situación de la mujer en Marruecos a partir de reformas estructurales, así como un avance hacia la modernidad, especialmente, durante la última década”. La empresaria dio algunas fechas clave, a nivel legislativo, para comprender las discusiones que se han dado en el país, a saber: en 2003, se produjo la revisión del Código del trabajo para el establecimiento del principio de no discriminación en materia de salarios; en 2004, se promulgó el nuevo Código de familia (Mudawwana) que, en su criterio, ha brindado una base jurídica, así como más posibilidades y mayores garantías a las mujeres; en 2005, se lanzó la Iniciativa Nacional de Desarrollo Humano (INDH) y las mujeres tienen un lugar en ella; de hecho, subrayó, se encuentran en el centro de los programas y de las actividades generadoras de ingresos; en 2006, se promulgó la Estrategia Nacional para la Equidad e Igualdad entre los sexos, que promovió la integración y el acercamiento de género en las políticas y en los programas de desarrollo; en 2007, se revisó el Código de la nacionalidad, desde entonces las mujeres marroquíes pueden transferir la nacionalidad a sus hijos.

Estos cambios (políticos, legislativos, económicos y tecnológicos) han posibilitado que muchas mujeres marroquíes adquieran confianza en ellas mismas, además de que han adquirido competencias que les deben permitir ser protagonistas del acontecer económico y político de Marruecos. Para Miyara la igualdad no es una palabra vacía, es un derecho que tiene base jurídica y que ha permitido que la participación femenina en el Legislativo pasara de un 5 % a un 30 %. Paradójicamente, explicó la empresaria, es el partido islamista, el partido conservador, el que ha procurado mayor participación y presencia de las mujeres en las dos Cámaras donde se establecieron cuotas de representación que aseguraron y garantizaron la presencia femenina en el Parlamento. Antes de esas cuotas, indicó Miyara, no fue ni fácil ni simple alcanzar la representación femenina en el Legislativo, por lo que fue necesario hacer un gran trabajo para conquistar esos espacios para la participación política de las mujeres.

En cuanto a la representación en las regiones, documento, hay más de 20 mil mujeres representantes que han sido elegidas en las comunas. Entre 1989 y 2007 se contaron unas 3.400 mujeres haciendo política en el país, ahora son 20 mil. La diferencia en cuanto a participación política femenina es considerable. La empresaria subrayó que las mujeres marroquíes representan el 50 % de la población y deben tener participación y capacidad de incidir en la toma de decisiones en el país.

Para la empresaria la ley que sanciona el acoso en el espacio público y en el espacio laboral, constituye un gran avance y es un signo de la transformación política del país. Miyara destacó que años atrás no se hubiera avanzado en este tema. Otra cuestión que resaltó a nivel político-legislativo tiene que ver con la regularización de la situación social y laboral del trabajo doméstico. La legislación en esa materia significa un gran paso hacia la erradicación del trabajo y del maltrato infantil, una problemática que durante mucho tiempo ha afectado a muchas niñas en Marruecos, observó Miyara. La empresaria también destacó que las redes sociales se han convertido en un gran espacio de denuncia donde la ciudadanía evidencia las situaciones de abuso y maltrato que muchas veces obligan e impulsan los cambios en materia política y social.

Parlamento del Reino de Marruecos

5. Avances concretos en materia política y legislativa para la igualdad de género y los derechos de la mujer marroquí

  • Código de familia (2004)

Tras la promulgación del nuevo Código de familia la mujer marroquí dejó de estar supeditada para contraer matrimonio y bajo la tutela del marido, hermano o tutor. En adelante ambos esposos comparten la responsabilidad familiar y pueden establecer un contrato para gestionar “sobre bases equitativas” los bienes adquiridos durante el matrimonio.

La mujer dejó de deber obediencia al marido, puede divorciarse cuando así lo desee y comparecer ante el juez en compañía de su abogado. Aunque no se abolió el repudio (derecho del que goza el hombre para separarse de la esposa sin que medie causa justificativa), quedó muy limitado y, en la práctica, se convierte en un divorcio por vía judicial.

La poligamia (permitida en el Corán) fue limitada y para que pueda efectuarse el marido debe reunir una serie de requisitos como garantizar a las mujeres “idéntica consideración e igualdad afectivas y contar con el consentimiento de la primera esposa”.

La mujer marroquí también tiene la posibilidad legal de dejar constancia escrita de la prohibición del repudio y de la poligamia en el acta matrimonial (Ben Jelloun, 2009, p.9-14). No se avanzó en la igualdad de género en la herencia. La desigualdad en la herencia por razón de género —normativa amparada en preceptos religiosos— es una problemática extendida en el mundo musulmán (Estados confesionales), que afecta a millones de mujeres musulmanas, no solo a las marroquíes.

  • Constitución (2011)

La nueva Constitución reconoció la igualdad entre hombres y mujeres (Art.19: “las mujeres y los hombres deben disfrutar en igualdad de los mismos derechos y libertades de carácter civil, político, económico, social, cultural y medioambiental”).

  • Ampliación de las causales para el aborto legal (2015)

Mohamed VI impulsó la ampliación de los supuestos del aborto. En Marruecos solo se permitía la interrupción del embarazo cuando peligra la vida de la madre. En mayo de 2015, se ampliaron los supuestos a los casos de malformación del feto y de violación o incesto, como ocurre en diferentes países de América Latina. Valga decir que el debate del aborto ha rendido más frutos en Marruecos que en países centroamericanos (Haití, Nicaragua y El Salvador, en este último país la pena por abortar puede ser hasta de 50 años de cárcel), donde el aborto es completamente ilegal y no existen excepciones para la interrupción del embarazo.

La ampliación de las causales significó un avance, aunque no llegó a la despenalización total como en Túnez, donde las mujeres pueden decidir sobre su cuerpo desde 1973. El gobierno del PJD apoyó la legalización sólo en los casos citados, es decir, pese al intenso debate y los reclamos feministas, la ampliación no fue más allá de lo que admitió el gobierno islamista.

«Los sectores más progresistas de la sociedad se han movilizado contra la reforma del anteproyecto, a la que califican de “retrógrada”, pero el presidente del Gobierno, Abdelilá Benkirane, se muestra convencido de que si se convocara un referéndum, sería aprobado por aplastante mayoría. Y algunos intelectuales progresistas temen que lleve razón» (Peregil, “Marruecos legaliza el aborto en caso de violación o malformación del feto”, mayo 17, 2015).

En lo que respecta a los debates sobre la ampliación de las causales del aborto en Marruecos, hubo progresistas reticentes a las reformas e islamistas favorables al cambio de la legislación en esa materia. El debate sobre el aborto en Marruecos se centró, no obstante, en la cuestión terapéutica y de salud y omitió la libertad sexual y el derecho de la mujer a disponer de su cuerpo. “La marroquí es una sociedad esquizofrénica: se afirma en la intención de modernizarse y de proteger a los ciudadanos, pero la cuestión de la sexualidad sigue siendo tabú”, destaca Slimani (2018) citando al profesor Chafik Chraïbi (p.50-51). La cuestión del aborto, por supuesto, ha sido analizada y visibilizada desde la academia marroquí que instó a tomar medidas en el Legislativo (Slimani. 2018. p.123-124). Intelectuales marroquíes han señalado que la no despenalización total del aborto y la limitación a casos específicos, todavía afecta a muchas mujeres marroquíes tal y como ocurre en los demás países donde el aborto está restringido a casos puntuales. Por muchas y muy variadas razones, mujeres de diferentes países —incluido Marruecos—, pueden no estar en situación y en condición de asumir la maternidad y, al quedar fuera del cobijo de la ley, actúan por fuera de la ley —sin garantías legales ni condiciones médicas—, poniendo en riesgo sus vidas, además de quedar expuestas a las sanciones a que haya lugar.

Según el Código Penal marroquí la condena para quien provoque un aborto contempla de uno a cinco años de cárcel y de entre seis meses y dos años a la mujer que aborta, asimismo, a los cómplices o intermediarios. Según activistas como Chafik Chraïbi, fundador de la Asociación Marroquí de Lucha Contra el Aborto Clandestino (Amlac), cada día se practican entre 600 y 800 abortos clandestinos en condiciones insalubres y que entrañan severos riesgos para la vida de las mujeres. No hay cifras oficiales sobre los abortos clandestinos y la Institución Nacional de Solidaridad con las Mujeres (Insaf) calcula que cada día son abandonados en Marruecos 24 bebés (Peregil, “Marruecos legaliza el aborto en caso de violación o malformación del feto”, mayo 17, 2015).

  • La ley contra la violencia de género: se queda corta… pero es un paso hacia adelante

El Legislativo marroquí aprobó el 14 de febrero (2018), la ley (103-13) que sanciona la violencia de género. La ley criminaliza —por primera vez en la historia de Marruecos— el acoso sexual a las mujeres en la calle. La ley establece penas de prisión de hasta seis meses al individuo que acose sexualmente a una mujer. La sanción se duplica si el acosador es un compañero de trabajo de la víctima. La ley establece una multa que llega hasta 60.000 dirhams (unos 5.300 euros) para aquellas personas que lanzan insultos machistas contra la mujer.

El proyecto de ley fue aprobado por el Consejo de Gobierno en marzo de 2016; por la Cámara de Representantes, cuatro meses después; y, por la Cámara de Consejeros (alta), a finales de enero (2018). “Durante su debate ante las dos cámaras del Parlamento marroquí, los diputados propusieron un total de 224 modificaciones, pero el Gobierno solo aceptó 28 de ellas” (EFE. Febrero 14, 2018). Asociaciones y activistas señalaron —antes de que el proyecto se convirtiera en ley— que este era/es “insuficiente”, razón tal por la que reclaman una legislación más completa en la materia.

Abdessamad Dialmy est Docteur d’Etat, sociologue de la sexualité, du genre et de la religion

Abdessamad Dialmy ha defendido la igualdad en herencia desde la década de 1980 y considera que para que la ley contra la violencia de género sea “coherente”, es preciso especificar que la desigualdad en la herencia es una forma de violencia basada en el género. La persistencia de la desigualdad en la herencia es una forma de violencia económica y discriminatoria y está soportada en la interpretación coránica que se mantuvo inamovible en el nuevo Código de familia (2004). Para el intelectual la lucha legal contra la violencia de género pasa, obligatoriamente, por reconocer y derogar las disposiciones que se encargan de perpetuar la discriminación por razones de género que, por lo mismo, son manifestaciones de violencia contra la mujer. Dialmy insiste en la necesidad de reconocer el carácter violento y discriminatorio de la norma y abunda en la lógica que la funda. La ley sería más completa y efectiva con la derogación de la normativa que permite la desigualdad en la herencia por razón de género. Para el académico, completar la ley contra la violencia de género pasa, ineludiblemente, por derogar la legislación discriminatoria existente en el tema de la herencia y anticipa que la reforma —de la ley de herencia— se hará lenta y gradualmente (Dialmy. Abril 23, 2018. Mondopoli).

El otro aspecto crítico de la ley al que ha hecho referencia el sociólogo de la sexualidad, el género y la religión tiene que ver con la normativa insuficiente e incluso contradictoria porque, por un lado, penaliza el acoso sexual en el espacio público, pero, por el otro, la legislación no está erradicando la violencia contra la mujer al no reconocer como violencia (contra la mujer) la violación conyugal a pesar de los reclamos feministas. La ley, explica el académico, fue promovida por un ministro islamista que a su vez fue apoyado por un parlamento de mayoría islamista, por ende —la ley que lucha contra la violencia de género— no podía ir en contra del versículo coránico “claro y categórico”, sobre ese tema: “ celles dont vous craignez la désobéissance, conseillez-les, quittez-les dans le lit conjugal et frappez-les… Si elles vous obéissent, revenez à elles ”. Lo anterior aduce a que la esposa siempre ha de estar dispuesta para el esposo cuándo y cómo él quiera (Dialmy. Abril 23, 2018. Mondopoli). La ley entró en vigor a mediados de septiembre (2018). Para las organizaciones nacionales e internacionales la ley tiene vacíos que dificultarán la aplicación y efectividad, especialmente, “porque no contiene una guía para la policía, fiscales y jueces sobre cómo llevar e instruir los casos de violencia sexual”.

Para Nouzha Skalli, ex ministra marroquí de Solidaridad y Mujer, la ley está mermada porque “no tiene en cuenta muchas de las definiciones, en el ámbito internacional, sobre violencia contra la mujer”, según ha declarado a Middle East Eye. Como ejemplo ha puesto los casos de violación por parte del marido, los cuales no están criminalizados bajo la nueva legislación. Una crítica, por otro lado, compartida por Human Rights Watch (HRW), que ha indicado que la nueva legislación “no condena explícitamente la violación por parte del marido o una definición de lo que supone violencia doméstica”. Por otro lado, han admitido que contiene aspectos positivos como “la definición de violencia hacia la mujer como cualquier acto de discriminación por género que incluya violencia física, psicológica, sexual o económica” (Guallar, septiembre 13, 2018. El Mundo).

El diario español El Mundo observó, tras la entrada en vigor de la normativa que, pese a que la ley no es perfecta y precisa la incorporación de enmiendas para hacerla más efectiva “ésta sí supone un gran paso hacia delante”. Referencia a Samira Raiss, activista marroquí que lidera el movimiento para criminalizar la violencia contra las mujeres quien habría expresado sus inquietudes a la BBC:

«No nos detendremos aquí. La Ley es un buen recurso, pero tiene varias carencias en las que todavía vamos a tener que trabajar mucho […] carecemos de las herramientas adecuadas para implementar la Ley. Por ejemplo, ¿cómo vamos a recoger pruebas sobre casos de violencia contra la mujer si ni siquiera tenemos refugios paras las víctimas?» (Guallar. Septiembre 13, 2018. El Mundo).

El medio español también citó las estadísticas del Alto Comisionado de Planificación de Marruecos, organismo encargado de las estadísticas oficiales, que indican que “más del 63 % de las mujeres marroquíes son víctimas de un acto de violencia sexual al menos una vez en su vida” y concluye que las cifras evidencian el precario estado de la protección legal para las mujeres víctimas de la violencia sexual en Marruecos (Guallar, septiembre 13, 2018. El Mundo).

Sadani Moulainine, activista marroquí

Sadani Moulainine, activista saharaui de derechos humanos, destacó el papel de las organizaciones y de las asociaciones marroquíes para enfrentar, denunciar y concienciar sobre las diferentes formas de violencia que sufre la mujer marroquí (conyugal, doméstica, laboral, en el espacio público), a la vez que destacó que deben evitarse los fallos en la implementación de ley que sanciona la violencia por razón de género. Para la activista es importante que cada día más mujeres se animen a denunciar la violencia que sufren porque ahora tienen una ley que las protege de las diferentes manifestaciones de violencia y las autoridades están obligadas a actuar (Chile, octubre 3 y 4, 2018).

Intelectuales marroquíes han destacado que, si bien se ha avanzado en temas de igualdad de género a nivel político y legislativo, quedan grandes temas pendientes para lograr la igualdad de género efectiva. Subrayan que genera incertidumbre el proceso de implementación y los mecanismos para la aplicación de la ley que sanciona la violencia contra la mujer. Además, no hay mayores detalles respecto al proceso pedagógico para la formación de los ciudadanos en el conocimiento de la ley.

Leïla Slimani, escritora marroquí

6. Revolución femenina en Marruecos

Marruecos vive actualmente una revolución femenina. Muchas jóvenes del país pertenecen a esa primera generación de marroquíes que experimentan un auténtico ascenso social y económico. Son mujeres que han cursado estudios universitarios, trabajan, viven solas y eligen a sus parejas. “Un modo de vida, en suma, nuevo en este país” (Slimani, 2018, p.74). Cada vez más mujeres marroquíes son conscientes de que estudiar y adquirir autonomía financiera también significa liberarse del control del grupo —social y familiar— (p.118).

Otro signo de cambio tiene que ver con el índice de natalidad. En décadas anteriores las mujeres se casaban más jóvenes y se dedicaban a la maternidad y al hogar, mayoritariamente. Pero, desde hace algunos años, la tendencia está cambiando. Ahora las mujeres se casan más tarde, la media de edad del primer matrimonio pasó de los 23 a los 28 años. Las marroquíes actualmente buscan su realización personal y profesional y tienen menos hijos. Desde 1987 a 2007, el promedio de 4,3 hijos pasó a 2,33, según las cifras oficiales del Reino. El 25 % de los hogares en Marruecos hoy los sostienen mujeres cabeza de familia. La mayoría de jóvenes (51 %) con estudios secundarios en el país, son mujeres y siete de cada diez obtienen las mejores calificaciones. “La sociedad ha cambiado radicalmente, y el lugar que ocupa la mujer ya no es el mismo, pero sus derechos no han sido reevaluados conforme a esos cambios” (Slimani, 2018, p.126).

Ese descenso en la tasa de natalidad también es un síntoma del cambio generacional. La emancipación femenina y las dificultades económicas ayudan a explicar y a entender el incremento en la soltería de los jóvenes marroquíes. Esa independencia económica permite que muchas mujeres puedan dar el paso definitivo hacia la libertad y a la apropiación de sus derechos. Sin embargo, mujeres que todavía no logran la independencia a nivel económico también se ven expuestas a situaciones muy difíciles (Slimani, 2018, p.170).

Pese a las dificultades y a las resistencias políticas y sociales, una revolución femenina está teniendo lugar en Marruecos y “las mujeres ocupan cada vez más el espacio público. Triunfan, se emancipan. Para los hombres, es una transformación radical que los desconcierta y genera sin duda en ellos una pérdida de referencias” (p.127). Aunque la reacción conservadora se cierne sobre el proceso democrático y los avances en materia de derechos y libertades, hay realidades y hechos evidentes que no deben obviarse ni minimizarse.

La revolución femenina en Marruecos está removiendo los cimientos y las estructuras sociales. Se trata de un cambio profundo que denota la ruptura con el pasado y que remueve, también, las estructuras políticas y socioeconómicas de la nación. Marruecos asiste al levantamiento de una nueva generación de mujeres, cada vez más y mejor formadas y cualificadas y cada día más independientes, que incluso representan un nuevo perfil en las tendencias de consumo. Esta nueva generación de mujeres, conscientes de sus derechos y libertades, serán decisivas para la transformación del país durante las próximas décadas.

7. Mujeres, asociaciones y emprendimiento

En vídeo: unidad de producción artesanal de cuscús en la ciudad de Smara, el primer proyecto de economía social que se puso en marcha en el Sahara marroquí. De todos los proyectos de economía social iniciados en el Sahara, este es el más representativo al posibilitar la inserción femenina en el mundo laboral. Mujeres saharauis han sido capacitadas y alfabetizadas para el emprendimiento por la organización جمعية منتدى البدائل Alterforum que dirige Bachir Edkhil. Actualmente 45 mujeres están vinculadas a esta planta productora de cuscús. El proyecto está en plena sintonía con el modelo de desarrollo regional diseñado por la Agencia de Desarrollo del Sur para las provincias del sur de Marruecos. Este proyecto buscó promover una de las zonas marginales de Smara estableciendo la unidad de producción de cuscús en el sector más deprimido de la ciudad. La planta productora de cuscús ha servido como modelo a otras asociaciones y organizaciones para el desarrollo de sus propuestas y proyectos con un enfoque que apueste a fomentar la incipiente productividad en el sur del país que todavía es muy baja en comparación con otras regiones del Reino de Marruecos. Visita realizada por Bachir Edkhil, José María Lizundia, Jamal Mechbal y Clara Riveros el 10 de abril de 2018.

Laila Miyara documentó el clima existente para el emprendimiento femenino en Marruecos. “Miles de marroquíes que han desafiado las desigualdades y han sobrepasado el techo que se les ha impuesto”. Estas mujeres habrían reivindicado su posición y formación profesional al elegir el emprendimiento y crear su empresa y propio empleo, asimismo, muchas mujeres tienen la intención de crear emprendimientos. Miyara subrayó que en las zonas rurales y en contextos de precariedad y marginalidad, muchas mujeres han desarrollado emprendimientos con los que procuran el sostenimiento de sus familias. El emprendimiento ha sido un mecanismo para que las mujeres trasciendan los estereotipos existentes respecto al rol tradicional de la mujer. En muchos casos, las mujeres se hicieron emprendedoras motivadas por su desarrollo profesional e individual; en otros, debido a las condiciones de precariedad y marginalidad, ha sido una forma de garantizar su subsistencia y la de sus familias.

«El porcentaje de mujeres que dirigen micro empresas es mayor (59,3 %) que el de los hombres (56,8 %). Más de 100.000 mujeres emprendedoras y creadoras de microempresas trabajan en sus domicilios. El porcentaje de hombres que dispone de un estatus profesional ya sea autónomo, empleador o independiente es de 35,3 % frente al 10,6 % para las mujeres. El 10 % de las (pequeñas y medianas empresas marroquíes) PYMES (es decir unas 12.000 empresas) son dirigidas por mujeres. El 60 % de las empresas femeninas tienen menos de 20 empleados, de los cuales el 50 % son mujeres. Las PYMES marroquíes proveen el 20 % del valor agregado, el 30 % de las exportaciones, el 40 % de la producción y el 50 % de la inversión. Potenciar el empoderamiento femenino es uno de los medios más eficaces para aumentar la igualdad y para promover el crecimiento económico inclusivo y duradero. Las mujeres, a diferencia de los hombres, destinan gran parte de sus ingresos a salud, educación, bienestar familiar y comunitario»(Miyara, octubre 3 y 4, 2018).

En lo que respecta a las asociaciones, la empresaria destacó que en el país hay 130 mil asociaciones y dos tercios están dirigidos por mujeres. Explicó que las asociaciones tienen un rol destacado en la sociedad marroquí, por ejemplo, para muchas mujeres que han enfrentado diferentes formas de violencia, las organizaciones y las asociaciones de la sociedad civil cumplen un papel de gran importancia para canalizar sus inquietudes y demandas. Las asociaciones en Marruecos también han asumido un rol civil para la educación y para la promoción de los derechos de la mujer.

«En Marruecos tenemos asociaciones de madres solteras, eso en un país árabe-musulmán es muy importante para que los niños puedan acceder a una identidad. Antes de estas iniciativas se les consideraban “bastardos”. Este tipo de organizaciones hacen un gran trabajo en las zonas periféricas y en las zonas rurales para concienciar a la ciudadanía respecto a sus derechos. Muchos hombres que emigraron a Europa para trabajar delegaron la crianza de los hijos completamente en las mujeres, por lo que las asociaciones también cumplen una gran labor en temas de formación, además de la acción social y la capacidad de movilización en causas diversas.

Las asociaciones también cumplen un papel destacado en las acciones de lobby para promover una mayor representatividad de las mujeres en la toma de decisiones de las empresas, en los sindicatos, en las estructuras de los gobiernos locales y en los organismos multilaterales»(Miyara, octubre 3 y 4, 2018).

La escritora marroquí Fatema Mernissi documentó la condición de la mujer en los países árabes-musulmanes

8. Desafíos y escollos a superar para la igualdad de género efectiva en Marruecos

La situación actual de la mujer en Marruecos lleva a observar en primera instancia el entorno social y los diferentes procesos (políticos, legislativos), las dinámicas y las transiciones (social, sexual, masculina) que tienen lugar en el país, así como las reacciones y las resistencias a esos cambios que se están produciendo. Marruecos experimenta múltiples transformaciones y transiciones a nivel político y social. Nótense las transiciones en el plano social, sexual y de la masculinidad que inciden en la situación actual de la mujer marroquí. En el marco de esas transiciones también se evidencia una ciudadanía emergente.
Abdessamad Dialmy, sociólogo de la sexualidad, el género y la religión

Abdessamad Dialmy observó que Marruecos experimenta una etapa de pre-ciudadanía “porque el individuo aún no ha nacido por completo”. Lo define como un “semi-individuo” esto es “un pre-ciudadano” que todavía no accede a la moral pública basada en la conciencia: “hacer el bien por el bien justo para no tener remordimientos. Sin buscar recompensa o querer evitar el castigo. La no-conquista de la moral civil es agravada por la bancarrota (social) de la moral islámica”. Para el profesor marroquí, el islam ha sido transformado en “islamismo”, es decir, en un islam en sentido “formalista” y vaciado de contenido moral y espiritual que se ha instrumentalizado para la movilización política populista y como un modo de gobernanza política que ya “no inspira la moral cotidiana”. “Esta moral islámica perdida y esta moral cívica no conquistada, una vez multiplicadas, hacen que, otra vez, la libertad del hombre no se detenga donde empieza la de la mujer”. Mujeres se han visto muchas veces en situaciones de indefensión teniendo que sufrir la brutalidad machista al hacer uso del espacio público. No hay prohibición legal/política para que la mujer haga uso del espacio público, pero las leyes sociales, las leyes de la calle, muchas veces, terminan imponiéndose. Dialmy corroboró que “Es cierto que la mujer sigue siendo percibida como islámicamente awra (cuerpo vergonzoso a ocultar), fitna (caos y sedición) y Kayd (astucia y embrujo), pero en ningún caso tal percepción no legítima islámicamente el acoso sexual y la violación de mujeres en el espacio público” (Dialmy, diciembre, 2017. CPLATAM).

Laura Bertolotto, rectora de la Universidad Santo Tomás; Clara Riveros, analista política; Laila Miyara, empresaria marroquí, durante la conferencia Marruecos narrado por sus mujeres
La sociedad marroquí, tan diversa y heterogénea como es, manifiesta cualidades de generosidad y solidaridad grupal y presenta resquicios de tribalismo. En este contexto se observa que el individuo no ha nacido plenamente. Es por esto que aquí se propone la categoría de ciudadanía emergente para esta sociedad en transición que, por un lado, se aferra a las tradiciones, a la identidad religiosa y, por el otro denota un creciente interés por las cuestiones cívicas, ciudadanas e individuales, con demandas claras para la plena consolidación del Estado de Derecho y la necesidad de acompasar y comprender en toda su extensión los valores de la modernidad y de la democracia, en tanto tolerancia y pluralismo.

Marruecos sostiene y afirma la creciente modernización y urbanización de sus ciudades. También se evidencia el ascenso social y económico de las nuevas generaciones de profesionales, además de la consecuente migración interna hacia las grandes ciudades en busca de más y mejores oportunidades laborales, profesionales e individuales, según corroboran profesionales, mujeres de origen amazigh y saharaui, que residen en Casablanca y Rabat. Como en muchas sociedades de países en desarrollo, esas clases medias emergentes tienen cada vez más demandas a nivel político, económico, social y cultural. Hay choques, tensiones y colisiones sociales y políticas en torno al proyecto de país y de sociedad que se quiere construir.

El Reino de Marruecos tiene sociedad civil, asociaciones y organizaciones con significativa capacidad de articulación y de movilización social en cuanto a demandas específicas y a causas puntuales y diversas. Sería inapropiado señalar a la sociedad marroquí en su conjunto como una sociedad conservadora o retrógrada; tampoco se puede afirmar que sea una sociedad moderna, pues confluyen en ésta la valoración que tiene el grupo o comunidad de sí misma, pretendiendo muchas veces la negación de las inquietudes, aspiraciones, derechos y libertades individuales de los ciudadanos. Ciudadanos marroquíes notan que ni el sistema educativo, ni la sociedad civil, desde la escuela, la familia y las organizaciones sociales, etc., han diseñado e implementado una pedagogía encaminada a la construcción de ciudadanía y a la formación de ciudadanos como individuos libres e iguales ante la ley que se reconozcan como sujetos de derechos y de obligaciones constitucionales.

Intelectuales y académicos marroquíes han explicado que esta situación obedece a las falencias estructurales del sistema educativo que reproduce la asimetría y la desigualad de género debido a una enseñanza tradicional. Abdessamad Dialmy ha observado que se educa en la creencia y en la convicción de la inferioridad de la mujer, se la conmina a ocultar su cuerpo que es percibido como el origen del caos social y del mal y que el hombre (árabe-musulmán) marroquí asimila esas ideas desde su infancia. “El fundamentalismo está en la escuela, en el propio currículo escolar, y luego es diversificado en todos los aspectos de la vida y en la televisión. Además es muy eficaz. Hay muchos profesores conservadores”, destaca Dialmy (Sierra, enero 9, 2018. Universitat Oberta de Catalunya).

En Marruecos se han producido avances políticos y legislativos tendentes a garantizar la igualdad de la mujer, sus derechos y libertades. Quedan, sin embargo, grandes temas por resolver en materia legal, política y legislativa. En el campo social y cultural también se perciben retos de gran complejidad, incluso es probable que los cambios culturales tomen mayor tiempo que los políticos para su plena asimilación social y, por consiguiente, para el cumplimiento efectivo de las leyes, al menos en lo que respecta a normativas y derechos consagrados porque implican la transformación de las mentalidades, los hábitos, las costumbres, las prácticas y las tradiciones, para procurar la convivencia social en un marco de respeto y reconocimiento de la mujer como individuo libre, autónomo, independiente y sujeto de igualdad constitucional. Estos cambios dependen de programas culturales y educativos de largo aliento, persistentes en el tiempo, pues no se modifican las creencias de la noche a la mañana.

Ciudadanos marroquíes al sur del país, (Laâyoune, noviembre, 2017)

Las inquietudes que manifiestan las jóvenes marroquíes muestran coincidencia en las diferentes ciudades del país, incluidas las nuevas generaciones de mujeres pertenecientes a la etnia saharaui. Llama la atención, en ese sentido, que autoridades (locales, regionales e inclusive nacionales) y ciudadanos del Sahara aún no superen la mirada tradicional del conflicto e insistan en definir a la mujer saharaui como si la sociedad del sur de Marruecos todavía fuese una comunidad nómada que imponía lógicas y funciones específicas a la mujer en la tribu.

Fatma Hemdani es ciudadana marroquí, joven profesional y concejal saharaui del Partido Istiqlal (Casablanca, noviembre, 2017)

Hoy la realidad de la población del Sahara es otra: hay una comunidad urbana, sedentaria, con acceso a tecnologías, a infraestructuras, a servicios básicos, en suma, un grupo poblacional que cuenta con protección y garantías del Reino de Marruecos para su participación y representación política, así como para el ejercicio de sus Derechos Económicos, Sociales y Culturales (DESC) y sus especificidades identitarias. Las nuevas generaciones de mujeres saharauis, a excepción del atuendo que les impone su propia comunidad como forma de control social y del esfuerzo por mantener visibles las señas de identidad (signos evidentes de etnocentrismo y hermetismo especialmente en las generaciones mayores), no son marcadamente distintas de sus demás coterráneas marroquíes, en lo que a sus inquietudes, necesidades, deseos e intereses individuales respecta. De hecho, es posible hallar jóvenes saharauis que han encontrado en su ciudadanía marroquí la herramienta para emanciparse de la dominación tribal.

En términos generales, no solo la persistencia de leyes restrictivas constituye una problemática a resolver en Marruecos para lograr la igualdad de género efectiva. Situaciones han evidenciado que el entorno, la familia, el grupo o la comunidad (con sus consecuentes acciones de violencia e irracionalidad al tomar la justicia en sus manos), pueden llegar a ser más severas y brutales que las leyes existentes. Por tanto, no solo se precisan cambios a nivel político y legislativo, sino también es necesario el profundo cambio cultural. La transformación cultural y la construcción de ciudadanía para el reconocimiento y asimilación de ese estatus ciudadano como sujetos derechos y obligaciones constitucionales. Para el jurista Jamal Mechbal “es necesario que más mujeres marroquíes comprendan la magnitud de las reclamaciones, las demandas y los desafíos para alcanzar la igualdad de género efectiva”.

«En Marruecos se observan fracciones considerables de mujeres que muestran y que han mostrado una tajante oposición al avance y a la reivindicación de mayores libertades y de derechos ciudadanos, asimismo han rechazado la emancipación y el empoderamiento femenino o las disposiciones del nuevo Código de familia, resultado de la lucha de muchas mujeres y de ciudadanos progresistas para que la mujer ocupe el lugar que le corresponde en la sociedad marroquí.

Quienes han mostrado su reticencia también son mujeres que, en muchos casos, han asumido individualmente y sin coacción grupal una condición de sometimiento fundamentado en convicciones religiosas que puede ser exteriorizado y evidenciado en el uso de los velos islámicos (burka, niqāb, etc.). No puede obviarse la presencia y existencia de grupos de mujeres marroquíes que han develado comportamientos y orientaciones a un nivel tan retardatario, represivo y machista como los sectores y los hombres más reaccionarios y machistas que integran la sociedad[2]. Es evidente que los cambios sociales y culturales para el reconocimiento de los derechos y de las libertades no solo se conquistan con la promulgación de leyes»(J. Mechbal -jurista marroquí y analista de CPLATAM-, octubre 25, 2018).

Laila Miyara, empresaria marroquí y Kenza El Ghali, embajadora de Marruecos

Para la empresaria Laila Miyara todavía debe avanzarse en la creación de un ambiente favorable de “doing business” (hacer negocios) para las mujeres; además, potenciar el activismo y la movilización social en favor de una estrategia nacional de emprendimiento femenino; reforzar la discriminación positiva a nivel político y económico (cuotas políticas y económicas); promover el cambio a través de la presión social y las sanciones para quienes incumplen las reglas; impulsar la solidaridad entre mujeres; superar los esquemas reduccionistas y estereotipados; y, reforzar el empoderamiento de la mujer en tanto ciudadana de derecho pleno con iguales deberes y derechos que los hombres. Para Miyara la prensa y los medios de comunicación también deben ser un instrumento que contribuya al empoderamiento femenino a través de la información oportuna. “Los medios tienen un papel que jugar, dar a conocer las historias de las mujeres que hacen el cambio”.

«Las mujeres están sub-representadas en las empresas de cualquier tamaño. Mientras más grande sea la empresa, menor es la probabilidad de que sea dirigida por una mujer.  Las mujeres de las zonas urbanas se quieren demostrar a sí mismas que son capaces, no solo a nivel de formación, también en la conquista de espacios laborales que están dominados por los hombres. Para ello deben enfrentar algunas situaciones, por ejemplo, todavía no hay una ley o reglamentación que permita y establezca la creación de guarderías en las empresas para que las mujeres puedan dejar a sus hijos y, de ese modo, su desarrollo profesional no se vea estancado. Mujeres que militan en asociaciones y en organizaciones sociales están demandando avanzar en ese campo. Crear estos espacios en las comunas donde viven también sería una solución para que así no se vean forzadas a abandonar su desarrollo individual y su evolución profesional. Algunas empresas comienzan a avanzar en este campo.

Se debe focalizar la educación —en la diversidad— en términos de competitividad desde la escuela básica, esto implica elegir un modelo de sociedad y de crecimiento adaptado. Trabajar en redes permite a las mujeres la posibilidad de confrontar y de validar sus propios recursos e intercambiar experiencias constructivas. El trabajo en redes permite que las mujeres accedan a puestos claves para la evolución de sus carreras y así sobrepasar los techos que les son impuestos. La información y el intercambio de experiencias también cumple un papel destacado porque influencia positivamente a jóvenes mujeres para que tengan referencias de apoyo que les permita desarrollar su potencial creativo.

Deben corregirse los obstáculos que limitan la igualdad de género y que frenan la total integración de las mujeres en el desarrollo. Estas barreras tienen que ver con el hecho de que el porcentaje de mujeres empleadas en el país no sobrepasa el 25,5 %, esto es, de 10.21 millones de ciudadanos activos ocupados, las mujeres solo representan el 25 %. Además, el ingreso de las mujeres es 3,5 veces inferior al de los hombres; las mujeres enfrentan dificultades para acceder a financiamiento por falta de garantías crediticias; y, todavía deben lidiar con los hábitos, las prácticas culturales y la estigmatización respecto al ‘rol’ de las mujeres. cuando se piensa en un cargo de responsabilidad todavía se está pensando en un hombre para que asuma la dirección empresarial. Es necesario garantizar el acceso a tecnologías e información para que pueda avanzarse en la superación de estas barreras.

A nivel formativo —en las universidades de las grandes ciudades— las mujeres son tan numerosas como los hombres e incluso, algunas veces, superan el 50 % en ciertas disciplinas. A menudo, entre los estudiantes graduados, son las mujeres quienes obtienen mejores calificaciones. Esa casi-paridad de género —en términos de formación universitaria— se reduce drásticamente en el mundo laboral; en la política (partidos políticos); y, con mayor razón, en la iniciativa empresarial, donde difícilmente las marroquíes alcanzan cargos de responsabilidad. El porcentaje de mujeres en los Consejos de Administración no sobrepasa el 7 % en el sector privado y el 5 % en el sector público.

Actualmente hay más de un 50 % de mujeres que cursan carreras tradicionalmente dominadas por el género masculino (farmacia, medicina, ingenierías), ellas obtienen mejores notas. Pero la excelencia académica no tiene un correlato de paridad en la inserción femenina en el mundo laboral, tampoco en el emprendimiento ni en la participación y representación política de las mujeres. Cuando las mujeres deciden combinar la vida familiar y la maternidad con su desarrollo profesional a menudo deben ver como sus carreras se estancan. Incluso, hay empresas multinacionales que les exigen no quedar en embarazo durante los primeros años de contrato y, una vez que se convierten en madres, su movilidad laboral y ascenso profesional se ven estancados.

Adicionalmente, las mujeres marroquíes debe ocuparse de “un tercer turno de trabajo” en el hogar cuando terminan sus jornadas laborales. Mientras que los hombres pueden tener un espacio libre para tomar un café con sus amigos, las mujeres deben ir a sus casas a atender a sus familias, a sus esposos, a las familias de sus esposos, a sus hijos, como si la mujer marroquí tuviera que cumplir con una exigencia o requerimiento de ‘perfección’ para agradar a todos tanto en sus casas como en sus trabajos. Esas son las costumbres tradicionales y conservadoras que están en vía de cambio y transformación.

Los hombres deben trabajar conjuntamente con las mujeres, asimismo, los grupos y los sectores machistas y conservadores deben cambiar el chip. Las familias deben educar a los niños desde la primera infancia en la igualdad entre hombres y mujeres y deshacerse de los arcaísmos. La mujer marroquí ya no tiene nada que probar, son más bien los conservadores y machistas quienes deben adoptar una actitud de co-construcción con todos los componentes de la sociedad en un enfoque de progreso […] La educación y la igualdad deben inspirar las políticas públicas, la formación continua de nuestros ejecutivos, de nuestros policías, de nuestros magistrados, de nuestros profesores y de nuestros niños […] Es tiempo de deshacernos de los pensamientos arcaicos que no tienen nada que ver con nuestra religión y nuestras tradiciones. Aunque la paridad sigue siendo un ideal en nuestro país, nuestro combate continúa en el seno de las asociaciones»(Miyara, octubre 3 y 4, 2018).

Kenza El Ghali, embajadora de Marruecos; Carol Z. Perez, embajadora de Estados Unidos; y, Sadani Moulainine, activista marroquí

Kenza El Ghali concluyó que persisten desigualdades y espacios masculinizados de decisión y dirección donde las mujeres todavía no han podido llegar. “Todavía existen muchas dificultades y barreras para las mujeres en Marruecos”. La embajadora de Marruecos en Chile reconoció que la sociedad marroquí es más conservadora que otras sociedades y que todavía se percibe a la mujer desde un rol tradicional, en su dimensión de madre y de núcleo familiar. En el plano académico y universitario, para el acceso a cargos directivos, notó que también hay escollos a superar. Y, a nivel social y cultural, señaló la violencia conyugal y las diferentes manifestaciones de violencia de género que persisten en Marruecos. Sin embargo, comparativamente, observó que no llegan a verse los casos alarmantes de feminicidio que a diario se presentan en los países de Iberoamérica.

«La sociedad marroquí actualmente está compuesta en un 50,08 % por mujeres y aunque muchas han conquistado diferentes espacios, todavía quedan escollos a superar y escenarios por conquistar para que la igualdad de género consagrada en la Constitución (2011) sea práctica y efectiva en todo el país.

Tenemos dificultades como en América Latina para ocupar cargos de toma de decisión y directivos, aunque el acceso a la educación es posible en Marruecos (por la gratuidad de la educación), las mujeres inician su desarrollo profesional con buenas proyecciones para su crecimiento, pero en el camino encuentran limitaciones.

En Marruecos la cultura familiar todavía está muy arraigada. Muchas mujeres se casan y se dedican a la maternidad. Llegar a compaginar estas diferentes facetas: profesional, laboral, hogar y familia, es difícil y muchas mujeres se han visto estancadas en sus proyectos de desarrollo individual» (El Ghali, octubre 3 y 4, 2018).

*Informe de Clara Riveros, politóloga, consultora y analista política en temas relacionados con América Latina y Marruecos y directora en CPLATAM -Análisis Político en América Latina- ©
Noviembre, 2018

Notas

[1] “La corriente wahabí es la más poderosa de las corrientes fundamentalistas del islam y, de lejos, la más severa. Probablemente defienda la interpretación más intolerante del islam en toda su historia. Aunque pertenece a la rama suní y pretende ser simplemente la ‘interpretación correcta’ del islam, este movimiento estuvo a punto de ser declarado oficialmente una secta hereje por los prestigiosos teólogos egipcios a principios del siglo XX”. Artículo completo en M’sur.
[2] Nótese a este respecto que cuando el partido islamista Justicia y Desarrollo (PJD) era un partido de oposición y se discutía la implementación del nuevo Código de Familia, Basima Hakaui, diputada de esa colectividad, denunció “el recorte de la libertad individual que suponía el elevar la edad del matrimonio” a la mayoría de edad. Por su parte, Nadia Yassin, portavoz del movimiento (ilegal) islamista Justicia y Caridad arremetió contra el nuevo Código de familia porque: “Estas reformas han sido elaboradas para responder a los deseos del extranjero y a los del movimiento feminista nacional”. Años más tarde, el PJD se convirtió en el partido de gobierno y Hakaui en la ministra de Solidaridad, Mujer, Familia y Desarrollo Social de Marruecos. Desde entonces la ministra ha sido cuestionada por las feministas marroquíes en diferentes ocasiones debido sus declaraciones contrarias a la igualdad y a la reivindicación de los derechos de la mujer. Hakaui incluso ha llegado a emitir opiniones y expresiones misóginas: “Los debates políticos no son para las mujeres”; “No cabe la posibilidad de que el artículo 475 se derogue de la noche a la mañana por la presión de la opinión pública internacional. A veces el matrimonio de la violada con su violador no le causa perjuicio real” (Slimani, 2018, p.57-58).

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Conoce cómo se procesan los datos de tus comentarios.