Gracias Presidente por hablar del golpe blando… es necesario

Publicado en: Análisis, Ecuador, Populismos | 0

Un hombre, el rostro parcialmente cubierto, golpea con un madero a los policías. La gente a su alrededor luce espantada. Nadie lo alienta.

El gobierno y el propio Presidente, han querido hacer creer que esa imagen representa el espíritu de los manifestantes en Quito. Es un desatino político. Otro dislate. Decidido a no evaluar la realidad sino a inventarla, el poder encuentra en esa actitud cobarde del enmascarado, un buen pretexto para volver a desprestigiar las protestas sin tener que procesar sus contenidos.

El subterfugio es viejo y, por serlo, por hacer parte de un libreto tan usado, muestra la voluntad de enclaustramiento en que se encuentra el régimen. Correa juega en un círculo trágico: no oye, tensa la cuerda, despoja las manifestaciones del significado político real, las criminaliza, convierte a los ciudadanos en actores de un golpe de Estado (ahora blando), habla de diálogo pero apenas lo hace descalifica a los interlocutores y circunscribe la invitación a un ejercicio destinado a demostrar que él tiene la razón… En definitiva, la alternativa política que Correa propone a la ciudadanía descontenta es sacralizar el statu quo. Embalsamar al correísmo.

¿Entiende el Presidente que su actitud resulta abiertamente una provocación? ¿Entiende que es absurdo y esquizofrénico responder al descontento de la gente sacando a la calle militantes y personas traídas y pagadas? ¿Entiende que su deber es desactivar procesos que pueden conducir a la violencia en vez de auparlos?

El enclaustramiento político subraya la tentación del correísmo de refugiarse en el enfrentamiento como única estrategia política. Es el punto trágico en el cual se encuentra Venezuela. El chavismo sigue ahí, imperturbable en sus errores, asesinando, encarcelando y reprimiendo. Sigue ahí, impávido en su locura, mientras crece la crisis económica y la política es reemplazada por la fuerza bruta de los militares (adquiridos, allá sí, por el partido) como único sustento de Maduro y los suyos.

¿Quiere el correísmo que Ecuador entre en una realidad parecida? ¿Quiere el Presidente instalar al país en esa dinámica? A menos de que esa sea la estrategia, se entiende mal cómo pretende gobernar hasta 2017 afirmando que hasta el Papa está feliz con lo que su gobierno hace y que los descontentos son un puñado de manipulados por seguidores de Gene Sharp.

Lasso, Nebot, Rodas… también han dicho que debe cumplir con su mandato. Pero, ¿Correa pretende que el país endose los costos de su sordera? Costos para la paz social, para la producción, para el normal funcionamiento de la administración cuyos funcionarios han sido convertidos en masa de relleno en las manifestaciones del oficialismo.

Es insólito que el Presidente se considere tan perfecto y tan acertado que excluya corregir políticas y actitudes. Es inconcebible que esté presto a aparcar el país en un enfrentamiento peligroso cuando solo de él depende que se instale en la política y no en la violencia. Es absurdo que siga repitiendo, como si el sentido común hubiera desaparecido por entero de su entorno, que solo esas dos leyes que sigue evocando hasta el cansancio, nutren la bronca que se expresa en la calle. No: también es la prepotencia oficial. Es ese cinismo procaz que él confunde con superioridad moral. Es esa catequesis que reitera que él y su gobierno son perfectos, sabelotodos, puros… tan honestos. Es la cantaleta que desde hace ocho años hastía. Corregir ya no depende de que se le demuestre que está errado o que quiso transformar la realidad en una ficción que se sostiene en cifras trucadas y contratos ocultos. Corregir es su obligación por mera lucidez política. Si no lo hace, el Presidente votará por convertir el país en una suerte de polvorín que camina al filo de la violencia y el desplome económico absoluto.

El peor escenario para el país y el peor para el correísmo es ese: coquetear con la incertidumbre social y política y subir al escenario la violencia. El correísmo volverá a equivocarse si cree que puede sacar partido de algún enmascarado que, cobardemente, golpea policías escondido entre ciudadanos que salen pacíficamente a la calle. Ecuador no es un país violento y ningún gobierno sordo logrará que los militares repriman a la población civil para defenderlo.

Declararse víctima de un golpe blando de Estado en curso es confesarse dueño inamovible del poder. ¿Es delito oponerse a ciertas de leyes y a la forma como gobierna el Presidente? ¿Él cree, entonces, que puede hacer y disponer del país a su antojo? ¿Pedir rectificaciones, e incluso pedir que se vaya del poder si no quiere efectuarlas, es ser golpista? Hasta ese punto, el correísmo desinstitucionalizó al país: Ecuador volvió, sin nunca haber estado, al peor absolutismo monárquico.

Ahora apareció con fuerza la teoría del golpe blando. Y en la sabatina el Presidente ya evocó el nombre de Gene Sharp. Otro desatino político que puede ser verificado solamente buscando en Youtube las entrevistas y documentos sobre este estadounidense, nacido en 1928, que es una de las grandes conciencias contemporáneas de la desobediencia civil.

Correa quiso ilustrar la supuesta actitud violenta de los manifestantes mezclándola con el golpe blando. Pues Sharp es todo lo contrario: es el mayor teórico vivo de la no violencia ante dictaduras y regímenes autoritarios. Sus 198 métodos no violentos usados en movilizaciones mundiales (Siria, Egipto, China, Serbia…) no tendrían efecto alguno en una democracia. Por eso el mismo Chávez lo consideró enemigo. En Ecuador no parece ser muy conocido.

El golpe blando no es otra cosa que el reclamo organizado, democrático, ético, no violento de los derechos ciudadanos. El golpe blando es la expresión digna, madura, inquebrantable y ciudadana de forzar al poder a que entienda que tiene límites y que debe servir a los ciudadanos, no al revés. El golpe blando es la ruptura de esa lógica perversa del poder que transforma a los ciudadanos en instrumentos suyos o en víctimas.

El golpe blando es el retorno a la vida normal. Sin miedo y sin grupos de inteligencia convertidos en el Gran Hermano. Es la reivindicación de la vida azarosa sin directores espirituales ni tribunales de la inquisición. Es la transparencia administrativa para que gente pura y bienintencionada no pueda saquear al país con una impunidad que pasma.

El golpe blando es sencillamente la ciudadanía que dice No a un poder que se cree dueño del país, de los ciudadanos, de sus bienes, de sus valores, de sus convicciones, de su destino…

El golpe blando del cual habla el Presidente es la no violencia que tiene en cuenta que el poder puede ser siempre más agresivo, más extremo, asesino. Es una opción, la única viable, de cuidar la vida del otro y la propia. Y de incluir en ese No, un Sí: sí a la convivencia pacífica y respetuosa entre diferentes.

Por eso hay que sacar de las manifestaciones a esos enmascarados que, descarada y cobardemente, se ocultan entre los pacíficos para golpear y herir a los policías.

Hay que agradecer al Presidente que ponga de moda a Gene Sharp en Ecuador.

logofundamedios

José Hernández, Ecuador.

Sentido Común, julio 12, 2015

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