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Publicado en: América Latina | 0

Con frecuencia se usan etiquetas, casi siempre ofensivas, para mal caracterizar al oponente o al competidor político. Se le asignan motes, con el afán de que estos sean equivalentes a pretendidos  insultos, como reaccionario, facho, neoliberal –no se sabe por qué eso de “neo”, pues se es o no liberal, como se es o no marxista, aunque los matices varíen.

Se insiste en que los que no son partidarios de las corrientes de la izquierda, son unos facinerosos, insensibles y enemigos del pueblo. Es más: automáticamente se califica como nazi fascista a todo oponente que no milita en el socialismo o el populismo. En una notable entrevista, el pensador Jean Françoise Revel, dijo: “Con ellos –los que crean las etiquetas– no se puede discutir. Ignacio Ramonet, director de  Le Monde Diplomatique, me dijo tranquilamente un día que Mario Vargas Llosa era fascista. ¿Por qué dice eso?, le pregunté yo. Vargas Llosa no ha hecho sino escribir contra las dictaduras de derecha y de izquierda. Es un demócrata. Bueno, para Ramonet era fascista porque no estaba en contra de la globalización ni de los Estados Unidos”.

Pero hay epítetos más gruesos: ‘gusanos’ –los cubanos exilados-, ‘contras’ –los nicaragüenses opuestos el sandinismo de Daniel Ortega– y, ahora, el preferido del venezolano Maduro: ‘saqueadores de la burguesía parasitaria’.  A propósito, ¿será que así se está eludiendo el debate de altura que es la única vía para el ejercicio civilizado de la política? ¿O es que, con esta conducta pendenciera y con las descalificaciones –frecuentemente soeces– se pretende convencer de que son mejores, con supuestos aciertos y bondades partidarias?

Cuando arrecia la virulencia, los populistas no están consiguiendo convencer de su eficiencia, menos aún cuando aprieta la crisis. Por ejemplo, Jorge Capitanich, el nuevo jefe de gabinete de  la presidente argentina Cristina de Kirchner, muy nervioso sólo atina a culpar por el descalabro económico de  su país, a los ‘neoliberales’. Aunque no se crea, en plena inflación, acaba de afirmar que “la carne sube por los especuladores”  y  que “los economistas son agentes encubiertos” (¿De  quién?). Al fin, solo es escapismo y, a la vez,  el prurito insultante de los populistas.

Esta conducta  prevalece. Unos procuran superar en agresividad a sus pares o socios. Y, en todos los casos, aflora el carácter violento  “revolucionario” o socialista, especialmente del siglo XXI. Del denuesto, sólo hay un paso a la mendacidad. Así no se hace política.

Marcelo Ostria Trigo

Publicado en:El Deber, EJU, HoyBolivia, La Patria de Oruro, Informe Uruguay, 12 de febrero de 2014

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