Espectáculo en la Cuarta Comisión de las Naciones Unidas

Clara Riveros, 74º periodo de sesiones de la Comisión Política Especial y de Descolonización, ONU, Nueva York

El término espectáculo proviene del latín spectacŭlum, derivado de spectāre ‘contemplar’. Un espectáculo es una función o diversión pública que se celebra en un teatro, en un circo o en cualquier otro edificio o lugar en que se congrega la gente para presenciarla; puede ser el conjunto de actividades profesionales relacionadas con los espectáculos; es la cosa que se ofrece a la vista o a la contemplación intelectual y es capaz de atraer la atención y mover el ánimo infundiéndole deleite, asombro, dolor u otros afectos más o menos vivos o nobles; es también una acción que causa escándalo o gran extrañeza, según precisa la RAE. Todas estas acepciones pueden apreciarse anualmente durante las sesiones de la Cuarta Comisión de las Naciones Unidas en Nueva York.

Este año el 74º periodo de sesiones de la Comisión Política Especial y de Descolonización tuvo lugar entre el 8 y el 11 de octubre y recibió solicitudes de audiencia para abordar las cuestiones de Polinesia Francesa, Gibraltar, Anguila, Guam, Nueva Caledonia y el Sahara Occidental. El Sahara debería salir de esta Comisión toda vez que la descolonización del territorio se efectuó a finales de 1975 y se formalizó en febrero de 1976 cuando España dejó de ser la potencia administradora. Habida cuenta de la emergencia del Frente Polisario (1973), de su posterior reclamación y del alto el fuego alcanzado, el contencioso pasó a ser una controversia territorial de la que se ocupa el Consejo de Seguridad. Por tanto, la Asamblea General debiera abstenerse de interferir en el proceso en cumplimiento de la Carta de las Naciones Unidas.

La cuestión del Sahara es la que recibe el mayor número de peticionarios anualmente en la Cuarta Comisión. Este año hubo más de 100 intervenciones. Posiciones pragmáticas vs. otras bastante más emotivas de los activistas que procuran conmover al auditorio. La primera intervención fue la del peticionario Sidi Omar, delegado del Frente Polisario. Léase “peticionario” para entender la realidad inexistente de la Rasd, una entidad virtual. Si la autodenominada Rasd existiera formalmente tendría una silla asignada en Naciones Unidas como ocurre con los Estados reconocidos. Ello explica que el Polisario deba tramitar una solicitud de audiencia y su delegado se presente con otros y como otros peticionarios, a diferencia de las intervenciones que pueden hacer los embajadores como representantes de los Estados reconocidos en la Organización de las Naciones Unidas.

En el plano emotivo los simpatizantes españoles del Frente Polisario brindan usualmente un verdadero espectáculo por sus planteamientos delirantes y este año no fue la excepción. Una oda al tribalismo y al totalitarismo de Tinduf. Ojalá se animaran alguna vez a exigirle a Argelia y al Polisario la celebración de un censo en los campamentos para saber a cuántos saharauis es que defienden y cuántos efectivamente son oriundos del territorio disputado. A juzgar por sus intervenciones ni siquiera se enteraron de la posición del Estado español respecto al diferendo territorial norteafricano. No obstante, al terminar el show, ellos vuelven a su país y viven sus vidas con normalidad, con derechos y con libertades, en democracia. Desde luego, estos activistas volcados al exotismo del desierto no vivirían ni aceptarían para ellos las condiciones políticas y las formas de vida que exaltan en el escenario de Nueva York.

¿Se subestima y desprecia a los saharauis en nombre de la pretendida autodeterminación? En nombre de la autodeterminación parecería que le dicen, sin inmutarse, al deificado “pueblo saharaui” en tanto colectivo que son ciudadanos de segunda categoría, que se dediquen a la ceremonia del té que a ellos tanto les conmueve, que los derechos, las libertades, la democracia, la individualidad y la ciudadanía no son para ellos. Sus discursos me recordaron las palabras de un español que sugirió que los saharauis descubrieron, gracias a ellos, que eran un “pueblo”. ¡Superioridad y nostalgia colonialista! ¿Eran un pueblo? A los españoles franquistas, a los que curiosamente se sumaron posteriormente algunos pseudo “progresistas”, se les ocurrió el concepto “saharaui”, un concepto espacial-geográfico para dar unidad a aquello que no la tenía y convertir a unas tribus sin mucha conexión entre sí en “pueblo”. ¿Con qué objeto? “Aquel proyecto de un Estado saharaui independiente sólo se justificaba como forma de ir tirando sin marcharse del Sahara […] Y si hubiese llegado a tener que materializarse lo hubiera sido, como vasallo de España para cubrir intereses de todo tipo, lo que hubiera tenido un sentido, aunque encubriese una forma de neocolonialismo”, explicaría el ministro Adolfo Martín-Gamero al declarar (el 14 de marzo de 1978) ante la Comisión de Asuntos Exteriores del Congreso de los Diputados respecto al proceso de descolonización del Sahara.

Ocurre que el concepto (saharaui) por sí solo no signa la unidad y menos todavía la identidad, pero supongamos, pese a las reticencias —incluidas las mías— que son un pueblo. James Baker, Enviado Especial de Naciones Unidas para el Sahara (1997-2004), observó que la libre determinación puede ser alcanzada por la vía de las armas (guerra o revolución), de las urnas (elecciones) o, también, mediante un acuerdo entre las partes en disputa. Surge otra inquietud: ¿la aclamada “autodeterminación de los pueblos” puede situarse hoy por encima de la Declaración Universal de los Derechos Humanos? ¿Es posible que ese discurso este sobrevalorado? Los saharauis son humanos, son individuos, ¿por qué debería triunfar la tribu y el colectivo aplastando al individuo?

Sería más razonable la integración de esa población (reticente y/o cautiva de Tinduf) en Marruecos. Como ciudadanos marroquíes pueden sumarse a las demandas y reivindicaciones de una verdadera sociedad civil como la marroquí, sociedad civil que no existe en Tinduf, baste ver la movilización de los marroquíes exigiendo sus libertades individuales, entre ellas, la libertad sexual. ¿Qué es lo que están reclamando? Modificar las leyes para que se correspondan efectivamente con el espíritu de la Constitución (2011) y con la Declaración Universal de los Derechos Humanos que Marruecos ha ratificado. ¡Muchas mujeres luchan hoy por lo importante! ¡Y cuántas lecciones podrían extraer las saharauis! Así es, ciudadanos marroquíes exigen con vehemencia que se respete su vida privada. Ese Marruecos moderno de ciudadanos es el que todos debemos apoyar, ese es el tema que ocupa y preocupa. El Sahara, en tanto conflicto artificial, como muchos ciudadanos me dijeron durante estos años, no es motivo de preocupación para la sociedad marroquí.

*Clara Riveros, politóloga, consultora y analista política en temas relacionados con América Latina y Marruecos y directora en CPLATAM -Análisis Político en América Latina- ©

Nueva York, octubre 11, 2019

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2 Comentarios

  1. Fabian Abderrahman, Alcalde de Sidi Ifni
    | Responder

    España ocupaba y administraba lo que en su tiempo se dominaba A O E ( África occidental española ) que se componía de dos provincias,
    Provincia número 51 Sidi Ifni capital del África Occidental Española y la provincia número 53 Sahara, hasta el 30 de Junio 1969 fecha de retrocesión de Sidi Ifni a Marruecos y en 1976 la entrega del Sahara, cumpliéndose así la integridad de Marruecos.

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