Esa izquierda que ama sátrapas y dictadores de aquí, de allá…

Esto no es nuevo, pero es ilustrativo: la izquierda tradicional ama los dictadores y el correísmo tampoco incidió para que se reconcilie con la democracia. Por el contrario: un tuit del Canciller lo delata en forma dramática.

RicardoPatiño

Ricardo Patiño cuenta, en su tuit, que el presidente de Angola recibió 74% de votos en 2012… cuando ya llevaba 33 años en el poder!! Patiño alude a esas elecciones, como si no hubieran sido cuestionadas por fraudulentas, represión a la oposición y a los medios de comunicación. Nada dice de Angola. De la corrupción del Presidente con quien se reunió, de sus familiares, de su hija –en particular– que tiene una fortuna de 2000 a 4 000 millones de euros. Nada dice de la miseria en ese país donde 70% de la población vive con menos de dos dólares por día. Ni de la ineficiencia de ese gobierno cuyo presupuesto depende, en un 75%, de los ingresos petroleros. No evoca siquiera los atentados a los derechos humanos y los asesinatos cometidos por ese régimen y sus aparatos de represión.

No sorprende al Canciller del correísmo que Dos Santos lleve ahora 36 años en el poder. Lo dice con una naturalidad que estremece. ¿Ignora Patiño que los demócratas en África incluyen a Dos Santos entre los dictadores-sátrapas de ese continente? Robert Mugabe en el poder en Zimbabue desde hace 35 años. Paul Biya, 33 años en Camerún. Obiang Nguema, en Guinea Ecuatorial desde 1979. Yoweri Museveni, en Uganda desde hace 29 años. Idriss Déby, presidente de Chad desde hace 25 años… En la lista están Congo, Gambia… Muchos de ellos fueron líderes de la lucha anti colonialista y, tras llegar al poder, se quedaron ahí… emplomados al sillón presidencial.

Todos ellos son acusados de corrupción, atentados a los derechos humanos, represión contra la oposición y contra los medios de comunicación… Pero se dicen nacionalistas, anti colonialistas, anti imperialistas… Y eso convierte a Dos Santos, por ejemplo, en un líder con quien Patiño encuentra gusto en reunirse. No es el único. Los Castro llevan 56 años en el poder, obtienen 98 o 99% de votos, son millonarios y han tenido presos por decenas de miles…

El tuit de Patiño revela la forma cómo él, un dignatario de este régimen, entiende el ejercicio del poder: con políticos que tienen votaciones altas (sin preguntar cómo las obtienen), millonarios ellos, sus familiares y amigos (robando), con décadas en los cargos y que se dicen de izquierda o anti imperialistas porque así justifican mejor la represión y los muertos.

La vieja izquierda que se fue del gobierno considera a Ricardo Patiño como un hombre de Izquierda. No extraña. Esa izquierda defiende a Cuba, no se distancia de Chávez ni admite que fue un corrupto a pesar de que su hija -es solo un ejemplo- tiene 700 millones de dólares en su cuenta bancaria.

Esa izquierda no abandonó a Rafael Correa por su talante autoritario, sus atentados a la libertad de expresión, la opacidad administrativa de su gobierno o el apoyo a dictadores como los Castro en Cuba o Aleksandr Lukashenko en Bielorusia. Se fue porque nunca pudo gobernar a Rafael Correa. El Presidente tenía vuelo propio y algunas de sus opciones económicas fueron menos radicales –y más radicales en el campo extractivista– de lo que esa izquierda esperaba.

Esa izquierda no cree en la democracia formal y sigue defendiendo el monstruo constitucional que parió en Montecristi. Se quejan del uso que hace el correísmo de entes como el CNE, las cortes, la Fiscalía… Pero no conectan esa potestad con el cordón umbilical que fabricaron para amarrar todos los poderes y entregárselos a Rafael Correa.

Esa izquierda nunca ha defendido la separación de poderes planteada por Montesquieu. Correa sí lo hacía. Gonzalo Rosero demostró esta semana –con audios de Radio Democracia– que Correa recurría a Montesquieu para combatir el gobierno de Lucio Gutiérrez. Hoy que todos los poderes son suyos, dice que solo hay un poder con cinco funciones… dependientes de él. Y Marcela Aguiñaga lo repite…

Esa izquierda (la que está en el gobierno y la que se separó de Correa) coinciden, entonces, en la estructura vertical y única del poder. Las dos franjas comparten –desde bordes ahora antagónicos– la tesis de que lo que está en disputa, con quien no piense como ellos, es el rumbo de la revolución. Comparten, igualmente, otra tesis: si llegan al poder, se instalan en él eternamente. La prueba es que nunca han denunciado la dictadura cubana que cumplió 56 años y que permitirá, seguramente, que Fidel y Raúl Castro gobiernen hasta la muerte.

Esa izquierda (la que está en el Gobierno y la que dejó a Correa) no se ha reconciliado con la democracia. No valora la división de poderes. Los pesos y contrapesos. La libertad de expresión. No concibe una sociedad independiente del poder político.

En un tuit Patiño delata la cultura de esa izquierda que encaja con dictadores, a condición de que se auto proclamen nacionalistas o anti imperialistas. Por eso Patiño (que está en el poder) escribe lo que escribe y visita a un sátrapa. Y sus amigos (que dejaron el gobierno) lo siguen considerando de izquierda…

José Hernández, Ecuador.

Sentido Común, mayo 23, 2015.

 

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