El realismo de la política exterior marroquí

El presidente palestino, Mahmoud Abbas, recibió este sábado en Amán (Jordania) al ministro de Relaciones Exteriores de Marruecos Nasser Bourita

Por Clara Riveros*

El nuevo siglo trajo cambios ostensibles en la política exterior marroquí. Mohamed VI, jefe de Estado, delineó y redefinió las prioridades de Marruecos. Apostó, en primer lugar, al continente africano donde ha realizado más de 50 visitas en 19 años y ello ha redundado en cientos de acuerdos de cooperación con más de la mitad de Estados africanos. Las relaciones bilaterales de Marruecos con buena parte de los países africanos hoy son más sólidas, se han establecido alianzas estratégicas y se ha profundizado la cooperación con diferentes naciones. Adicionalmente, Marruecos es hoy un socio estratégico de Europa, tampoco descuida sus alianzas y vínculos tradicionales con los países árabes, propende por unas relaciones más equilibradas y ascendentes con China y con Rusia, se interesa en afirmar su posición en India, expande y fortalece su presencia en América Latina y mantiene las históricamente buenas relaciones con los Estados Unidos en el marco de una administración bajo el signo de un presidente imprevisible como Donald Trump.

Justamente la administración del presidente Donald Trump presentó recientemente el ‘Acuerdo del Siglo’ o plan de paz para el conflicto entre Israel y Palestina. El plan no ha pasado desapercibido en Marruecos. El Ministerio de Exteriores habría saludado los esfuerzos de Estados Unidos al elaborar una propuesta para la solución de este conflicto en la medida que incluye algunos principios que están en línea con la posición marroquí, específicamente en lo que respecta a una solución de dos Estados. Hasta ahí las coincidencias con Washington. Lo anterior bien podría tomarse como una cortesía de Marruecos con el gobierno estadounidense pues no abunda en la viabilidad o inviabilidad del Acuerdo del Siglo, aunque indica que examinará los detalles de la propuesta con atención. Marruecos aprecia los esfuerzos de la administración Trump al hablar, por primera vez, de una solución de dos Estados, según se le atribuyó al titular de la cartera de Exteriores. La comunicación del Ministerio de Exteriores ha suscitado reacciones entre los marroquíes. Antes de rasgarse las vestiduras y abandonarse a toda suerte de elucubraciones, muchas de estas delirantes, considérese que el lenguaje diplomático ha de tomarse en sentido estricto. La declaración de Marruecos no significa adhesión, tampoco un respaldo irrestricto de Marruecos a una parte o a todo el contenido del plan, menos todavía un cambio en la posición constante de Marruecos en apoyo de la causa palestina.

El segundo asunto tiene que ver con las declaraciones posteriores atribuidas al canciller Nasser Bourita. El ministro de Asuntos Exteriores de Marruecos habría rechazado, anticipándose a los eventos posteriores, la instrumentalización política de la causa palestina. Bourita expresó, el martes 4 de febrero ante la Cámara de Consejeros, que la posición de Marruecos debe ser racional y no basarse en agendas emocionales. «Lo que importa a Marruecos es la posición del gobierno palestino con respecto a nuestra posición, y no lo que dice la prensa», sostuvo. El canciller agregó que «Cualquier iniciativa [de paz] es positiva, pero [que esta] no quita los derechos legítimos de los palestinos que tienen derecho a rechazarla», indicando que son los palestinos quienes deben decidir si aceptan o rechazan el plan. «No, no debemos ser más palestinos que los propios palestinos», precisó Bourita enfatizando en que la posición de los palestinos es lo más importante en relación con la propuesta de paz de Trump. El canciller también le recordó a los parlamentarios marroquíes que «el primer problema para la diplomacia marroquí es el tema del Sahara marroquí», en respuesta a los diputados que pretenden que la causa palestina sea la máxima prioridad de los marroquíes —el jefe de gobierno, Saadeddine Othmani, ya había expresado meses atrás ante los miembros electos del Partido Justicia y Desarrollo (PJD) que Jerusalén es una línea roja para Marruecos—. Si el canciller Bourita efectivamente hizo las declaraciones referidas esta semana en los medios marroquíes, merece reconocimiento por asumir un enfoque realista frente a este tema sabiendo que tan impopular puede ser privilegiar el sentido común y la racionalidad. Posición que probablemente sea más valorada fuera de Marruecos que al interior del país.

El sábado 8 de febrero el presidente palestino Mahmoud Abbas se reunió en Amán (Jordania) con el ministro Nasser Bourita, quien le transmitió un mensaje verbal de Mohammed VI. Abbas elogió el papel desempeñado por Marruecos en cabeza del rey que preside el Comité Al-Quds en apoyo a la cuestión palestina. La audiencia entre el presidente palestino y el canciller marroquí tuvo lugar en presencia del embajador de Marruecos en Jordania, Khalid Naciri, del embajador de Marruecos en Ramallah, Mohamed Hamzaoui, del embajador palestino en Jordania, Majdi Al Khalidi y del Secretario General del Comité Ejecutivo de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP), Saeb Erekat.

El Ministerio de Exteriores de Marruecos destacó en un comunicado posterior al encuentro que la audiencia concedida por Abbas en Amán fue una oportunidad tanto para reafirmar la posición constante de Marruecos en apoyo de la causa palestina como para coordinar los pasos a seguir. El ministro Bourita subrayó, tras el encuentro, que el mensaje enviado por el rey Mohamed VI hace parte del intercambio entre los dos jefes de Estado en torno a la cuestión palestina y a la luz de los recientes acontecimientos. Previo a este encuentro, medios de comunicación habían recogido declaraciones de autoridades palestinas y sectores afines a la causa palestina que expresaron que el apoyo de Marruecos a la cuestión palestina ha sido consistente. Hasta aquí los hechos.

Unos diez mil marroquíes salieron a la calle en Rabat reafirmando su histórico apoyo con el pueblo palestino y con su causa

Reacciones a lado y lado del Atlántico

El jefe de gobierno y líder del partido islamista PJD, Saadeddine Othmani, declaró que Marruecos (la monarquía, el gobierno y el pueblo) es claro en su posición sobre la cuestión palestina y apoya al pueblo palestino en la recuperación de todos sus derechos para el establecimiento del Estado de Palestina con la capital en Jerusalén/Al Quds y que cualquier solución fuera de este marco solo puede ser rechazada. Destacó que la de Marruecos es una posición compartida con la Liga Árabe que ya rechazó el Acuerdo del Siglo y con la Organización de Cooperación Islámica.

El jefe de gobierno anunció su participación en una manifestación el domingo 9 de febrero en rechazo al plan estadounidense y en apoyo a la causa palestina. ¿Una ocasión inmejorable para que el islamismo y cierta izquierda se fundieran en un abrazo populista? La solidaridad del pueblo marroquí con el pueblo palestino no le pertenece a ningún partido político. Acerca de los participantes en la movilización social se indicó que estaba presente el pueblo marroquí con todos sus componentes asociativos, sindicales y políticos, reunidos para mostrar rechazo unánime al Acuerdo del Siglo. La marcha —a la que asistieron figuras políticas— fue convocada por diferentes partidos e instancias políticas, sindicales y organizaciones de derechos humanos. Según reseñaron los medios, unos diez mil marroquíes salieron a la calle en Rabat —hubo quienes ondearon banderas marroquíes y palestinas—, marcharon en solidaridad con Palestina protestando contra el plan de paz norteamericano. Los manifestantes expresaron frustración arengando y condenando el plan de Donald Trump. Este día, nuevamente, el jefe de gobierno reiteró que la posición del gobierno marroquí respecto al plan de paz está basada en los valores constantes de Marruecos frente a la cuestión palestina y, por tanto, la postura de Marruecos está en línea con la decisión de la Liga Árabe que ya rechazó el plan de paz de la administración estadounidense.

Un arreglo con Israel y con Estados Unidos constituye un escenario nefasto para Marruecos a nivel interno y externo, entre otras cosas, por el frenesí y la tensión que este puede generar en la calle marroquí —«la gran mayoría de los marroquíes rechazan cualquier tipo de normalización con Israel»—, observa Samir Bennis. El analista subraya que la cuestión del Sahara es el principal asunto para Marruecos, pero que la causa palestina también tiene un valor significativo —por sus connotaciones históricas y religiosas— en la conciencia compartida tanto por el pueblo marroquí como por el gobierno. Nótese, en ese sentido, el tuit de Abdelkader Chaui, escritor y ex embajador, quien fuera prisionero político durante los años de plomo (reinado de Hassan II), citado en medios marroquíes y que expresa, en buena medida, el sentir popular. Chaui tiene visibilidad como referente destacado y figura representativa a nivel social e intelectual, por lo mismo, su reacción visceral o virulenta hacia el jefe de la diplomacia marroquí fue desafortunada. Pero no es la forma (insultante) en la que habría que detenerse —Chaui puede hacer uso de su libre expresión como mejor considere—, sino en el contenido de sus palabras: «Sí, debemos ser más palestinos que los palestinos, porque Israel es un Estado colonial y expansionista, y la ideología sionista es racista y terrorista. El Ministerio de Asuntos Exteriores muestra ignorancia, vacío, atraso, inutilidad y engaño político», increpó Chaui tras las declaraciones de Bourita ante la Cámara de Consejeros.

El escritor marroquí está equivocado. Marruecos tiene prioridades en su política exterior como cualquier Estado. Y, probablemente, la posición asumida —«Los marroquíes no pueden ser más palestinos que los propios palestinos»— sea la más obvia y razonable, aunque no satisfaga a algunos o a muchos, sabiendo que Marruecos a nivel político y social ha sido más que solidario con la causa palestina. «La salida de tono del ex embajador es solo eso, una salida de tono sin asidero con la realidad. A esta altura de los acontecimientos seguir insistiendo en el carácter colonial y expansionista de Israel ni tiene mucho sentido ni es una muestra de responsabilidad de un gobierno, por más árabe que sea. Los insultos del ex embajador al ministro muestran claramente lo desfasado que está el ex embajador y que no entiende lo que es la responsabilidad de un gobernante», sugirió un investigador de un think tank europeo que ha seguido la actual coyuntura y las reacciones citadas en los medios marroquíes.

Al consultar con un ex diplomático marroquí las aseveraciones vertidas por Chaui, en la red social, sugiere que: «La causa palestina no debe sustituir o situarse por encima de los intereses nacionales, hablando de la pirámide de prioridades en la política exterior de Marruecos. Discrepo en la afirmación de que debemos ser más palestinos que los palestinos. Eso significa anular a los palestinos, sustituirlos y decidir en su lugar. Les debemos toda la solidaridad siempre que estén unidos y a la altura de su lucha, pero nunca decidir en su lugar ni sustituirlos. Dicho esto, la creación de Estados en función de una raza y un credo crea precedentes que permiten crear Estados islámicos y/o cristianos. ¿De vuelta a las cruzadas? Por coherencia, si se rechaza un Estado islámico se debe rechazar un Estado judío, cristiano o budista. La patria es para todos y el credo es algo privado de cada uno. Para los marroquíes de mi generación tres causas han sido inseparables: la nacional, la argelina y la palestina. Más tarde soplaron vientos contrarios a los deseos de nuestros pueblos».

Marroquíes estiman que la cuestión de fondo y lo que para ellos resulta irritante es «El carácter racista del sionismo. Se creen que son el pueblo elegido por Dios sobre todos los pueblos. Razón suficiente para usurpar bienes de otros basándose en desfasados textos bíblicos por el mero hecho de ser judíos. ¿Acaso es lógico que un judío de Rusia o de EE.UU., tenga derechos «históricos» sobre Palestina en detrimento de los palestinos por la simple razón de decidir que son judíos y olvidando que los palestinos son de origen judío convertidos al cristianismo y al islam durante cinco mil años? El mero hecho de expresarlo en el muy civilizado Occidente hace que se te acuse de antisemita, a sabiendas de que los árabes también lo son. Por otra parte, la crueldad y el desprecio con que se trata a los palestinos en Israel es una vergüenza humanitaria. ¿Tú crees que es normal, si eres judía, que al llegar a Israel seas una ciudadana con todos los «derechos» que te permiten quitarle una casa a un palestino de Jerusalén o sus tierras? Y la comunidad internacional guarda silencio». Coinciden, con estas opiniones, ciudadanos latinoamericanos de origen y ascendencia árabe (palestinos, sirios, libaneses). Un intelectual argentino refiere la ausencia de sentido común y la carencia de racionalidad cuando se emiten juicios sin fundamento: «Estos argumentos son inconsistentes y están cargados de antisemitismo. Parece increíble que durante siglos los marroquíes hayan convivido con los judíos y ahora utilicen argumentos tan innobles».

Finalmente, un escritor español también ha cuestionado las reacciones de ciudadanos marroquíes: «¿Los marroquíes pretenden jalear a los palestinos desde de sus casas? En mi juventud participaba del mismo fervor y no fui lejano a esos sentimientos (de odio) e ideología. Sabía de todos los grupos palestinos. Las soflamas, los insultos, los eslóganes y las arengas primarias, sin ninguna argumentación, son penosas. Es como si se hubieran quedado en hace 40 años, encastillados en idolatrías de juventud, sin atisbo de crítica histórica y autocrítica biográfica. Siguen todavía hoy encapsulados en los años 70 (ya sea desde el panarabismo, el marxismo, el internacionalismo, o más reciente, el islamismo). Leí, hace unos meses, que un príncipe árabe decía que había que empezar a tratar a los palestinos como mayores de edad, sapere aude que diría Kant».

Las interpretaciones y las especulaciones

Respecto a la inviabilidad de la propuesta de la administración Trump, el analista marroquí Samir Bennis observa que una lectura cuidadosa de dicho plan deja en claro que infringe todas las resoluciones del Consejo de Seguridad; viola el principio de una solución de dos Estados; admite la anexión de Israel de todas las tierras ocupadas en 1967; señala que Jerusalén es la capital indivisa de Israel y que no permitirá a los palestinos ejercer su soberanía sobre Jerusalén, sino en las tierras adyacentes a esta ciudad.

Bennis cuestiona la declaración del Ministerio de Relaciones Exteriores que, si bien expresó su apoyo al derecho del pueblo palestino a establecer su Estado independiente, no abogó por la retirada de Israel de los territorios ocupados desde 1967 y no incluyó el lenguaje usual que Marruecos ha utilizado tradicionalmente a la hora de defender los derechos legítimos del pueblo palestino, aunque la declaración enfatizó que cualquier acuerdo debe basarse en la legitimidad internacional y dar como resultado la creación de un Estado palestino independiente, viable y soberano con Jerusalén Este como su capital. En suma, el experto ha criticado el que, en su criterio, sería un lenguaje poco claro en la declaración de Marruecos.

¿Y si esta fue una estrategia comunicativa adoptada de forma deliberada? ¿Es posible que la declaración de Cancillería haya sido apenas un saludo a la bandera Trump y que partidos y ciudadanos armaran una tormenta innecesaria? En América Latina a menudo se utiliza la expresión ‘un saludo a la bandera’ para referir la total ausencia de compromiso que permite zafar diplomáticamente y con decoro de algún asunto que no llegará a tener concreción alguna en el tiempo. Marruecos «agradeció los esfuerzos de Donald Trump para poner fin al conflicto». Marroquíes muestran inquietud: ¿es una estrategia para no colisionar con el presidente Trump? Medios israelíes especulan: ¿Llevará a Marruecos a normalizar relaciones con Israel y a aceptar el plan estadounidense a cambio de asegurar el respaldo norteamericano en la cuestión del Sahara, vía la influencia israelí en Donald Trump? No parece, de momento, que ese sea el camino elegido por Marruecos. El canciller Bourita precisó, al ser consultado, que Marruecos no está interesado en aclarar la veracidad de lo que se publica en los medios israelíes, siempre que no se emita a través de canales oficiales.

Para Samir Bennis la influencia de Israel en Donald Trump está sobrevalorada. El analista marroquí indica que su país no necesita un acuerdo sospechoso con los Estados Unidos e Israel y plantea dos escenarios posibles ante la actuación marroquí: 1. Que Marruecos esté considerando seriamente la normalización de las relaciones con Israel; y, 2. Que Marruecos —al ser consciente de que no está tratando con una administración estadounidense convencional que construye sus posiciones sobre el equilibrio, el pragmatismo y el respeto del derecho internacional— debe lidiar con el liderazgo de un presidente impulsivo y, por ello, el país magrebí habría emitido una declaración vaga que hiciera suponer a israelíes y a norteamericanos que tienen el apoyo marroquí, evitando confrontar a la administración Trump o incurrir en cualquier decisión que pueda afectar a Marruecos, especialmente en lo que atañe al tema del Sahara. Otros expertos, sin embargo, tienen opiniones diferentes a la de Bennis: «Con independencia del plan de paz de Trump —y la eventual adhesión o rechazo por motivos geopolíticos—, la postura del ministro marroquí es bastante realista y la suscribirían otros países árabes. Tampoco sería la primera vez —véanse Jordania o Egipto— que gobiernos árabes negociaron con Israel, al margen incluso de los palestinos», indicó el investigador del think tank europeo.


De la cuestión del Sahara se ocupa el Consejo de Seguridad, subraya Bennis, y ello excede la capacidad de maniobra de Estados Unidos frente a este tema, para indicar la inviabilidad a nivel interno y externo de un arreglo con Israel y con Estados Unidos[1]. Pero ocurre que en ningún momento el Ministerio de Exteriores ha ignorado este hecho. Todo lo contrario, el canciller insiste en que este es el único escenario para resolver la cuestión del Sahara. Véanse sus distintas declaraciones. «La posición ha sido clara desde el principio, que la cuestión del Sahara marroquí está en manos de las Naciones Unidas, que sigue siendo el único marco para encontrar una solución a este conflicto de conformidad con el derecho internacional», reiteró Nasser Bourita tras la sesión de apertura de la 33ª Cumbre de la Unión Africana (UA), el domingo 9 de febrero en Adís Ababa (Etiopía). Incluso, al interior de la UA —véase la decisión 693 tomada en 2018 durante la Cumbre de Nouakchott en Mauritania—, se afirmó el apoyo al proceso que cursa en las Naciones Unidas para encontrar una solución política mutuamente aceptable a la disputa regional magrebí.

Nótese también el énfasis promovido por la Cancillería marroquí y referenciado en el comunicado del Ministerio de Exteriores de Bolivia  —acerca del «Fortalecimiento de las Relaciones Diplomáticas entre el Estado Plurinacional de Bolivia y el Reino de Marruecos»— que anunció la suspensión del reconocimiento a la autodenominada Rasd, hace pocos días: «En relación a la cuestión del Sahara Occidental, el Estado Plurinacional de Bolivia, en base a las explicaciones proporcionadas por el Reino de Marruecos, adopta una neutralidad constructiva y el compromiso de apoyar los esfuerzos de las Naciones Unidas y de la Comunidad Internacional a fin de que las partes puedan alcanzar una solución política justa, duradera y mutuamente aceptable conforme a los principios y propósitos de la Carta de las Naciones Unidas. En ese sentido, el Estado Plurinacional de Bolivia decidió suspender sus vínculos actuales con la «República Árabe Saharaui Democrática (RASD)». En el marco de la buena voluntad y vecindad de los pueblos, el Estado Plurinacional de Bolivia exhorta a las partes [a] efectuar el uso de todos los mecanismos de diálogo y de diplomacia a fin de resolver la situación lo antes posible, y hace un llamado a la Comunidad Internacional y a los Estados Miembros de la Unión del Magreb Árabe para redoblar los esfuerzos que permitan lograr la estabilidad y la seguridad de la región del Sahel».

El presidente palestino, Mahmoud Abbas, recibió este sábado en Amán (Jordania) al ministro de Relaciones Exteriores de Marruecos Nasser Bourita

El segundo escenario planteado por Bennis sería el más compatible con la realidad, según precisa el autor del análisis. Y, en efecto, parece ser el más realista. De hecho, se confirmaría tras la reunión que mantuvieron el presidente palestino y el canciller marroquí este sábado en Jordania. ¿Encuentro que también evidencia la capacidad de distorsión y la potencialidad de partidos y de ciudadanos para armar una tormenta (en un vaso de agua) innecesaria? Algunos ciudadanos indignados tampoco respondieron a las preguntas que llegué a plantearles ante sus reacciones: ¿La solución para Palestina está en manos de Marruecos? ¿La solución para Palestina depende exclusivamente de Marruecos? ¿Es probable que la Cancillería marroquí haya analizado bastante bien el tema, dada su sensibilidad, antes de emitir cualquier declaración? ¿Marruecos ha indicado que dejará de apoyar la causa Palestina?

¿Ahora resulta que las mayorías en Marruecos son expertas en política exterior y saben más que aquellos que se han formado en relaciones internacionales y en diplomacia? Las mayorías muchas veces se equivocan. El pueblo no es infalible. ¿Qué tal si le damos un margen de credibilidad a los funcionarios que tienen experticia en el manejo y en el entendimiento de la política exterior? Las declaraciones del ministro Bourita han sido razonables. Marruecos no ha adherido al plan de Estados Unidos y mantiene su apoyo constante hacia la causa palestina. Las reacciones de líderes políticos y sociales han sido exageradas y los hechos magnificados. Los hechos concretos han tenido interpretaciones limitadas y, a veces, han sido bastante pobres, demagógicas y populistas. Las impresiones que otros tuvimos, ante las declaraciones de Bourita, por supuesto fuera de Marruecos, no han sido catastrofistas. Todo lo contrario, coincidimos al notar que el ministro es bastante realista.

Samir Bennis refiere en su análisis —Morocco Won’t Trade Palestine for US Support in Western Sahara los esfuerzos de Marruecos durante las últimas cuatro décadas para defender su derecho legítimo a preservar su integridad territorial y estima que la gestión de la política exterior debe mostrar sofisticación y coraje, absteniéndose de entrar en una vía estrecha y evitando cualquier situación complicada que pueda afectar la reputación y la posición marroquí.

Particularmente —observando las acciones de la diplomacia marroquí en estos años— tengo la impresión de que Marruecos no va a dar un paso en falso en un tema tan sensible y costoso como la causa palestina. Para ser justos también es preciso destacar que la gestión de la política exterior marroquí ya es sofisticada y ha mostrado tener estrategia. Los significativos logros de la diplomacia marroquí no han sido producto de la improvisación, demandan amplitud de miras, conocer de límites para definir los alcances y las posibilidades a la hora de actuar. Los avances y resultados en la política exterior marroquí confirman su enfoque realista y pragmático. El ministro Bourita, a diferencia de otros funcionarios, no se debe a un partido, por lo mismo, el canciller no saldrá a decir lo primero que se le ocurre para enardecer a sus electores, estamos hablando de un diplomático de carrera. Tampoco es casualidad que la Cancillería marroquí haya avanzado en la profesionalización de su servicio diplomático, hecho que sobresale en las actuaciones y en las declaraciones de varios diplomáticos, no de todos, es cierto.

El presidente palestino Mahmoud Abbas y el rey de Marruecos Mohamed VI

Marruecos: un aliado firme y constante de la causa palestina

Samir Bennis reconstruye que Marruecos se ha mantenido firme y a la vanguardia de los países que defienden los derechos del pueblo palestino en lo que respecta a la construcción de su Estado independiente con Jerusalén como capital, posición expresada en múltiples ocasiones tanto por el rey Mohammed VI, como por el gobierno marroquí:

Marruecos fue uno de los primeros países que expresó su rechazo inequívoco a la decisión del presidente Trump de trasladar la embajada estadounidense de Tel Aviv a Jerusalén. En 2017 Mohammed VI enfatizó en comunicaciones a Donald Trump y al secretario general de las Naciones Unidas que el estatuto legal de Jerusalén está en el corazón del conflicto. El 30 de marzo de 2019, en Rabat, Mohamed VI, jefe de Estado de Marruecos, presidente del Comité Al Quds y el jefe de Estado del Vaticano, papa Francisco, firmaron el llamamiento conjunto sobre Jerusalén/Al Quds que tiene como objetivo la conservación y la promoción del carácter multireligioso, la dimensión espiritual y la identidad particular de Jerusalén (ciudad santa de las tres confesiones monoteístas). En noviembre de 2019 el rey reiteró su postura en un mensaje al presidente del Comité de la ONU sobre el ejercicio de los derechos inalienables del pueblo palestino. En diciembre de 2019 el monarca envió una nota, en términos similares, a la Organización de Cooperación Islámica en Rabat con motivo de la conferencia por el 50 aniversario de la Organización. En todas sus comunicaciones el rey Mohamed VI afirmó la posición de Marruecos: Jerusalén debe ser la capital del Estado palestino, las resoluciones del Consejo de Seguridad deben ser implementadas, incluida la retirada de Israel de todos los territorios ocupados desde 1967. Marruecos ha reiterado su posición tradicional que se mantendrá sin cambios, insistió el jefe de gobierno este domingo.

Por cierto, también hay que decirlo, es llamativo el silencio de las autoridades palestinas que no han rechazado de un modo tajante la manipulación que el Polisario hace de su causa. Es más, en alguna ocasión, presionadas por Argelia, las autoridades palestinas tuvieron que darse la mano con el jefe del Polisario. En política exterior la reciprocidad es clave. A veces no se debe o no se puede ser neutral. Hace años, al consultar con algún funcionario de una misión palestina y con ciudadanos de origen palestino acerca de la posición de sus autoridades sobre el diferendo del Sahara, la respuesta tendió a la neutralidad (los palestinos esperan que la controversia magrebí se resuelva en el marco de Naciones Unidas). Aunque admiten tener conocimiento de que su causa es instrumentalizada por el Frente Polisario evitan pronunciarse o posicionarse sobre los actores implicados en esta cuestión porque, según explicaron, los palestinos aprendieron de los errores del pasado y hoy su prioridad es exclusivamente lo que les atañe: Palestina. Marruecos ha demostrado históricamente y a todos los niveles una gran solidaridad para con el pueblo palestino y con su causa. Eso no cambiará.

*Clara Riveros es politóloga, consultora, analista política en temas relacionados con América Latina y Marruecos y directora en CPLATAM -Análisis Político en América Latina- ©

Febrero 2020

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Notas

[1] Si bien Estados Unidos podría llegar a disuadir a los miembros del Consejo de Seguridad respecto a la cuestión del Sahara, tampoco lograría unanimidad para el cambio de posición de todos los países que integran el Consejo de Seguridad, particularmente de Rusia, China y Reino Unido, analiza el experto Samir Bennis. Las agendas de los miembros del Consejo de Seguridad son diferentes y no se plegarán a la posición y al eventual esfuerzo disuasivo norteamericano como ya ocurrió con otras administraciones estadounidenses en el pasado. Aunque, evidentemente, sería un gran logro en el corto plazo para la diplomacia marroquí el que Estados Unidos reconozca la soberanía marroquí sobre el Sahara. No obstante, el eventual reconocimiento podría no ser definitivo y cambiar cuando arribe a la Casa Blanca un presidente demócrata, se extrae del análisis de Bennis. En criterio del experto un arreglo con Israel y con Estados Unidos constituye un escenario nefasto a nivel interno (por el frenesí y la tensión que puede generar en la calle marroquí si se tiene en cuenta que «la gran mayoría de los marroquíes rechazan cualquier tipo de normalización con Israel») y externo (porque afectaría la reputación internacional de Marruecos. El país se vería bajo presión mediática, política y diplomática y la situación podría degenerar en que otros Estados consideren alinearse con el Polisario. Los adversarios de la integridad territorial de Marruecos se servirían de esa hipotética coyuntura, sabiendo que Argelia, el Polisario y los amigos del separatismo saharaui durante años han instrumentalizado la causa palestina, estableciendo un paralelo con la controversia territorial norteafricana para ganar réditos y apoyos en el tema del Sahara proponiendo una lectura sin ningún asidero con la realidad —por las diferencias y particularidades históricas, demográficas, étnicas y legales de cada conflicto—, y que ha resultado infructuosa para quienes abogan por el separatismo e intentan impedir por diferentes medios que Marruecos complete su integridad territorial).

  1. […] a aquellas personas concretas que serían sus beneficiarios. Las dimensiones de la Causa Palestina, como hemos comprobado en el artículo de Clara Riveros que inspira este, son tan colosales y esenciales, que los instrumentos para lograrla pasan a segunda o tercera fila. […]

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