El Partido Comunista de Chile: “una máquina de mentir”

Por Clara Riveros*

Mauricio Rojas, escritor y Doctor en Historia Económica, presentó esta semana su último libro: 94 horas. Crónica de una infamia. Es un libro de denuncia, no es victimismo. Surgió de la necesidad de evidenciar el peligro que supone para la vida civilizada la existencia y el accionar de una “máquina de mentir”, de “una maquinaria totalitaria de destrucción de la dignidad humana”. En ese sentido, Rojas denunció que el Partido Comunista de Chile es “una máquina de mentir”.

El autor estructuró su presentación a partir de los eventos acaecidos tras su designación al frente del ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio. Acontecimientos que llevaron a su precipitada renuncia a pocas horas de ser nombrado en el cargo.

 

El hecho mediático

Diálogo de conversos. Mauricio Rojas y Roberto Ampuero. DEBATE, 2015

Lo primero fue el hecho mediático promovido por la falta de rigor periodístico y el ánimo sensacionalista por parte del diario La Tercera. Rojas desglosó la manipulación y la distorsión de la información por parte de este informativo en torno a una cita mutilada de Diálogo de conversos, un libro de Mauricio Rojas y de Roberto Ampuero (DEBATE, 2015). La cita fue distorsionada por La Tercera y, posteriormente, rectificada de manera parcial, aunque el diario no informó oportunamente de la rectificación hecha. La (des)información fue reproducida por diferentes medios de comunicación, sin un contexto que permitiese la cabal comprensión del contenido y de las ideas expresadas por Rojas.

El autor fue enfático al señalar que Diálogo de conversos, así como la totalidad de su obra, están dedicados a exponer, por un lado, las ideas liberales y, por el otro, la condena de toda forma de dictadura sea esta de derecha o de izquierda. A partir de lo anterior, la crítica expresada por Rojas al Museo de la Memoria no tiene que ver con la represión que exhibe y que debe exhibir. De hecho, el escritor no dudó en ofrecer sus disculpas públicamente a las víctimas directas e indirectas que pudieron sentirse ofendidas con la forma, quizá inapropiada, de expresar sus planteamientos años atrás en la conversación que mantuvo con el hoy canciller Roberto Ampuero. Rojas reiteró que el cuestionamiento al Museo de la Memoria se hizo, en su momento, por las omisiones, por aquello que no cuenta, por lo que calla. Esa es la premisa de la conversación entre Rojas y Ampuero: la instrumentalización de la historia.

Rojas y Ampuero han condenado en reiteradas ocasiones toda forma de dictadura y toda violación de los derechos humanos. Incluso, Rojas reiteró que no hay una sola línea de Diálogo de conversos que justifique una dictadura o violación alguna de los derechos humanos. ¿Qué hizo La Tercera? Citó unas palabras fuera de contexto y mutiló frases. Lo siguiente fue la operación desarrollada por el Partido Comunista que en cuestión de horas convirtió a Rojas, reconocido defensor de los valores y de los principios democráticos, en un “negacionista” e “impostor”.

La operación política

¿Por qué el Partido Comunista desarrolló esta operación política contra Mauricio Rojas? Por el odio profundo hacia los “conversos”, explicó el escritor, quien analizó el rol esencial desempeñado por el Partido Comunista para desprestigiar de manera sistemática y reiterada no solo su obra, sino su trayectoria vital. Durante su presentación sostuvo que el Partido Comunista actúa como una máquina para destruir y desprestigiar a aquellos que hablan de la historia del Partido Comunista o a quienes se atreven a cuestionar la revolución rusa o las dictaduras como la que hoy sufre Venezuela.

Rojas analizó que el Partido Comunista y su entorno no hubiesen podido llevar con tanto éxito la operación política y la campaña de desprestigio hacia su persona sin el apoyo de otros partidos y de otras figuras destacadas en la vida política nacional que nunca llegaron a contrastar fuentes o a corroborar directamente sus planteamientos en Diálogo de conversos, en lo que atañe al Museo de la Memoria. Algunas de las figuras de la política chilena, además del PC, que contribuyeron al desprestigio de Rojas, fueron el ex secretario de la Organización de Estados Americanos (OEA), José Miguel Insulza, conocido en los países latinoamericanos por su sintonía con el régimen de Hugo Chávez; o, Heraldo Muñoz, quien se desempeñó como ministro de Relaciones Exteriores del segundo gobierno de Michelle Bachelet. Como Insulza y Muñoz, hubo otros que se sumaron de manera liviana a las acusaciones difamatorias contra Rojas.

Sectarismo, oportunismo político y doble estándar

Mauricio Rojas. 94 Horas. Crónica de una infamia (2018).

Mauricio Rojas inquirió durante su exposición: “¿Acaso yo no tengo derechos humanos?” Para el escritor “hay un estándar muy doble” y fundamentó su señalamiento en el hecho de que nadie constató que él fuera, efectivamente, un “negacionista”. No le falta razón a Rojas cuando cuestiona ese doble estándar. En América Latina ha sido posible apreciar las diferentes manifestaciones y expresiones de solidaridad de la izquierda chilena que ha salido en defensa de las dictaduras y de los dictadores de Cuba, Venezuela, Nicaragua, Corea del Norte o Siria. Aun así, políticos y representantes chilenos no dudaron en descalificar a Rojas, cuando por los cargos que desempeñan y la visibilidad pública que ostentan, tienen una responsabilidad mayor que el resto de ciudadanos en virtud de los cargos que ocupan. El intelectual observó que esta ligereza a la hora de hacer juicios tiene que ver con una cuestión de sectarismo y de oportunismo político: “querían golpear al gobierno” de Sebastián Piñera usando “medios inaceptables” como “golpear la honra de una persona para golpear a un gobierno”.

En defensa de la libertad y la dignidad

Rojas es un intelectual liberal que respeta y reconoce la importancia de las instituciones y de los partidos políticos para la existencia de la democracia. Por lo mismo, no dudó en defender la activa participación en política para promover y defender las ideas y el país que se quiere. Atendiendo a la presentación de Rojas, parecería que para el Partido Comunista de Chile, todavía hoy, los fines justifican los medios y la combinación de todas las formas de lucha les resulta tan válida como legítima. A la inquietud de uno de los asistentes, respecto a si fue una buena idea renunciar a su cargo, Rojas explicó que el gobierno necesita poder gobernar y, de haberse mantenido en el cargo, inevitablemente habría contribuido a desgastar la imagen del gobierno.

El autor destacó que en general hay pluralismo informativo en Chile, pese a lo acaecido con La Tercera. Argumentó que ese diario chileno habría seguido la lógica periodística frente a un tema interesante: “la cacería del ministro”. Aunque Rojas advirtió la existencia de medios digitales y de cientos de internautas que en las redes sociales se dedican a la difamación sistemática y que constituyen un peligro para la democracia: son “máquinas de destrucción de la dignidad humana”. “Está en juego la vida civilizada, el respeto fundamental que nos debemos, la democracia, la tolerancia, todo aquello que queremos como sociedad abierta […] Si aceptamos la barbarie terminaremos en una sociedad de bárbaros”, zanjó el escritor.

Juan Carlos Moraga, activista de derechos humanos, ex prisionero político durante la dictadura Pinochet

No es un secreto que la fractura democrática en Chile no empezó el 11 de septiembre de 1973. Sin embargo, hasta el día de hoy, ese parece un tema vedado en Chile, un país democrático que tendría que mantener un nivel de discusión y debate público con civilidad y tolerancia. Pese al sectarismo político y a la instrumentalización histórica y de los derechos humanos, hay ciudadanos chilenos que también han experimentado procesos de transición individual, no solo aquellos que se denominan “conversos”. Juan Carlos Moraga, activista de derechos humanos, ex funcionario del gobierno Allende y ex prisionero político de la dictadura Pinochet, ha tenido la lucidez, honestidad y sensatez de reconocer los hechos que tenían lugar en su país cuando ocurrió el golpe militar, con la misma firmeza que hoy condena cualquier forma de dictadura, sea del signo que sea. También lo dijo este año y, justamente, en Chile, el escritor Mario Vargas Llosa: “Todas las dictaduras son malas, peligrosas e inaceptables”. Reconocer los eventos que hacen parte de la historia de un país no significa, en modo alguno, simpatizar con dictadores.

 

 

*Clara Riveros es analista política en temas relacionados con Marruecos y América Latina.
CPLATAM -Análisis Político en América Latina-

Octubre, 2018

*Los comentarios de Rojas y Ampuero en Diálogo de conversos fueron manipulados y descontextualizados periodísticamente e instrumentalizados políticamente. Estas son las páginas completas (primera impresión en Colombia, julio, 2016, p.78-94) en las que Rojas y Ampuero hacen referencia al Museo de la Memoria.

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