El coronavirus y la normalidad

Cada crisis tiene un antes y un después. La crisis del covid 19 tiene, desde luego, un antes y un después. La vuelta a la normalidad es el deseo de todos, pero sin tener una vacuna la vuelta a esa normalidad parece lejana. Siguen las noticias, los test, las mascarillas, nos vamos acostumbrando al teletrabajo y a los partidos de fútbol con gradas vacías…

Muchos siguen confinados, con gran incertidumbre, pero ya implementan nuevas rutinas en su día a día. El distanciamiento social se cumple en algunos lugares, no en todos. En estas circunstancias la normalidad se torna difícil. Una realidad dramática que, irónicamente, tiene algo de «democrática» y ha tocado a todas las clases sociales. Es una situación que puso a prueba a las sociedades, aunque cada uno vive su drama personal. Hay quienes extrañan el pasado, otros parecen acostumbrarse a la nueva vida. ¿Hemos cambiado nuestra mirada del mundo? ¿Extrañaremos el dulce olor de las flores y la naturaleza que se avista desde nuestras ventanas que antes solían estar manchadas de humo tóxico y polución?

Algunos dicen, sobre todo los optimistas, que no debemos temer a esta crisis que probablemente generará cambios que no se esperaban. ¿Deberíamos atravesar esta crisis como si cruzáramos un torrente de agua congelada, es decir, tratando de llegar al otro lado lo más rápido posible donde espera un mundo nuevo o desconocido? Esta crisis ha golpeado la normalidad, la vida social y, por supuesto, las economías. Muchas empresas se han visto afectadas y han cerrado sus puertas, pero otros emprendimientos han nacido durante la crisis. Este no es el fin del mundo, tampoco el anuncio de un mundo nuevo. Por muchas teorías conspirativas que circulen últimamente no estamos ante el final del capitalismo. Ya vivíamos en la denominada sociedad líquida.

Las empresas seguirán moviendo las economías y lo que señalan los expertos es que las economías abiertas serán las que podrán salir de la crisis en un menor tiempo a diferencia de las economías cerradas. En estos meses han nacido nuevas empresas, otros sectores y oficios se desarrollan, creativos han sabido convertir la crisis en una oportunidad de crecer, expandirse y obtener beneficios. En el futuro próximo se crearán nuevos empleos en áreas tecnológicas y se potenciará la era digital.

Esta crisis también ha puesto sobre la mesa el papel que debe tener el Estado y la necesidad de crear sistemas de salud eficientes, modernos y profesionales. El sector de la salud no es un área menor o irrelevante cuyos problemas van a resolverse mediante la privatización y la descentralización en la gestión de la salud. Al contrario, esta crisis evidenció la necesidad de reforzar el Estado de bienestar porque se precisa un Estado solidario que esté en capacidad de dar respuesta y atención a los ciudadanos menos favorecidos.

¿Quién iba a creer que un virus sería el protagonista de este 2020? La situación generada por la crisis ha llevado a redefinir las prioridades de los ciudadanos. Tener un coche, una nueva chaqueta de cuero o una bolsa del diseñador pasaron a ser cuestiones accesorias, irrelevantes, prescindibles. En estos meses hemos entendido el valor de otras cosas que por pequeñas que parezcan y aunque habitualmente pasen desapercibidas, no tienen precio: Nada puede pagar el calor del abrazo a un buen amigo o a nuestros familiares. La pandemia no terminará con la sociedad del consumo, es cierto. Todo esto es transitorio, pero al menos en estas semanas hemos tenido tiempo de valorar, apreciar y extrañar momentos cotidianos, vernos en nuestra dimensión más humana, vulnerable y menos superficial. El cambio empieza por uno mismo.

Una lección aprendida en este periodo y que tendrá un impacto positivo en nuestras sociedades es la toma de conciencia sobre la higiene: el lavado frecuente de las manos, de las toallas, así como una mayor limpieza y control de la asepsia en los mercados. Pero esto también tendrá un aspecto que impacta negativamente en la confianza y en cómo se comportarán los ciudadanos en cada encuentro o saludo en la calle. Si perciben el riesgo de contaminación y contagio eso se traduce o redunda en la disminución de la confianza social. A estos temores súmese el de la angustia ciudadana ante una segunda crisis económica en una década. En muchos países, debido a la falta de perspectivas para la plena reactivación económica, se habla de los riesgos de contraer el virus, pero también es cierto que cada día se habla más de que pueden morir muchos más ciudadanos por la pobreza y el hambre.

Es verdad que el mundo no estaba preparado para la pandemia del coronavirus, también lo es que algunos Estados estaban menos preparados que otros para enfrentar una pandemia. Todos los países han tenido que ir implementado medidas sobre la marcha, unos lo hicieron con más éxito que otros. Lo que no hay que perder de vista es que desde tiempos inmemoriales la humanidad ha enfrentado pandemias y que los efectos de las pandemias anteriores han sido incluso más devastadores que en la actualidad. Hay que poner los hechos en perspectiva y tratar de tener una mirada razonable para tratar de entender lo que está pasando.

Fatima Makhoukh (Marruecos)

Un artículo para CPLATAM -Análisis Político en América Latina- ©

Junio, 2020

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