¿El Comercio es ahora un diario insustancial?

Esta semana El Comercio rectificó un informe sobre un aumento del precio del Coca-Codo Sinclair. Rectificó (impuesto por el correísmo) un trabajo profesionalmente hecho, para dar paso a una mentira oficial. Roberto Aguilar, en su blog estadodepropaganda.com analizó el caso y llegó a una conclusión: el periódico más importante de la capital claudicó ante el poder.

A primera vista, se puede pensar que un poder atrabiliario no deja otra alternativa. Un periódico es una empresa que da empleo, paga salarios y tiene que sobrevivir ante uno de los proyectos de vida que se fijó el Presidente: desaparecer los medios de comunicación independientes. O volverlos insustanciales.

A primera vista, se puede pensar que basta con que el medio publique que fue obligado a claudicar para que los lectores, siempre inteligentes, entiendan de qué se trata. Pero no es tan fácil.

Un medio es un equipo y una sensibilidad compartida alrededor de una línea informativa y una línea editorial.

Un medio es una actitud intelectual, una actitud ética, un proyecto de vida.

Un medio es un lugar para buenos profesionales, buenos ciudadanos y buenas personas.

Un medio es un espacio de credibilidad y de confianza para la sociedad.

Un medio es un referente que trota en los imaginarios: se juega, interpreta, cuestiona, propone, reta, descubre, aprende, dialoga, construye…

Un medio, citando a Passolini, es –debe ser– la mala conciencia de muchos; empezando por el poder… los poderes, las elites…

Pero no es tan fácil.

¿Claudicó El Comercio? La respuesta puede encontrarse en las explicaciones que da el medio y, sobre todo, en lo que publica. La rectificación se hizo “conminado –escribió su Editor General– por una autoridad”. La autoridad, para incluir el contexto, es uno de los tribunales de la inquisición que el gobierno creó. “Lo hicimos a instancias de una injusta resolución de la Superintendencia de Comunicación (Supercom) que privilegió el enfoque político y se desentendió de las argumentaciones jurídicas y, sobre todo, se negó a entender los procesos periodísticos para la publicación de un reportaje que contaba con todos los respaldos documentales (que están disponibles en nuestro sitio web) y las versiones confrontadas, como mandan los manuales básicos de esta profesión”.

¿El Editor General de El Comercio vive en Ecuador? Un repaso en cámara lenta muestra que su reflexión calza mal con la tétrica realidad que fabricó el correísmo para el periodismo nacional.

  1. El Comercioconvirtió su verdad en mentira “a instancias –dice él– de una injusta resolución” de la Supercom… Pregunta: ¿ese ente ha parido alguna resolución justa? ¿Está enterado el Editor General de lo que han padecido El Universo, Extra, Expreso, La Hora…? ¿Conoce la persecución que infringen los inquisidores del correísmo a canales y radios independientes que quedan en el país?
  2. La Supercom privilegió –dice él– el enfoque político… ¿No sabe que fue creada precisamente para perseguir políticamente a medios y a periodistas? Para humillarlos, castigarlos y desaparecerlos.
  3. La Supercom se desentendió –dice él– de las argumentaciones jurídicas. ¿No sabe que así ha procedido en todos los casos? Y que ni siquiera respeta la ley inconstitucional de prensa que interpreta y aplica discrecionalmente.
  4. Se negó a entender –dice él– los procesos periodísticos. ¿Acaso ignora que nació para perseguir los procesos periodísticos y privilegiar los procesos de propaganda?
  5. El informe (y no reportaje que es otra cosa) “contaba –dice él– con todos los respaldos documentales”. ¿Por qué, entonces,El Comercio convirtió una verdad periodística en mentira oficial?

Dejar entrever que los inquisidores hubieran podido proceder de otra forma, pero no lo hicieron en el caso de El Comercio, es un eufemismo descomunal. ¿Y hay un terreno más viscoso para la esfera pública y más funesto para el periodismo que los eufemismos?

El peor servicio que el verdadero periodismo puede prestar a la sociedad es dejar suponer que, si se dora la píldora, un poder atrabiliario puede dosificar su ensañamiento. Muchos dirán que la responsabilidad de los directivos de un medio es cuidarlo, evitar llevarlo a la quiebra. Eso es cierto. Pero diluir el alma de un medio es otra forma de quebrarlo. Y El Comercio desde hace largos, largos meses juega a irse por las ramas.

Dos ejemplos nada más: ¿Cómo olvidar el título de la nota que daba cuenta de que el oficialismo, en un gesto desesperado ante la inminente derrota de Augusto Barrera, decidió suspender el cobro de peajes? Un acto político de ese tamaño se convirtió en El Comercio en: “El cobro de peajes será homologado en el Distrito”.

Otro título en la tapa del diario, a seis columnas, el día más político en Quito en los últimos meses: el 1 de Mayo. “Un día para honrar al trabajador”. El 2 de mayo, había un recuento, no se puede más intrascendente, sobre esa jornada. En el caso de los opositores, El Comercio hizo reportería y escribió que los manifestantes ocuparon 16 cuadras. Ante el oficialismo, se limitó a reproducir la cifra que dio el Presidente. Aunque era falsa…

La explicación eufemística del Editor General en el caso del Coca-Codo Sinclair no parece ser coyuntural: es la actitud que permea en las páginas de un diario que, en estos momentos, no logra sostener la línea periodística que lo ha honrado. Se siente una voluntad de no encarar las coyunturas sensibles al poder. Se siente la mano de los abogados. Y los abogados sirven para encontrar los mecanismos que permiten a un medio hacer su trabajo, no para disuadirlo de que lo haga. Algunos creen que si su cliente se vuelve alfombra, será respetado por el poder. O premiado con su magnanimidad.

Ya se dijo: hacer periodismo no es fácil. Hay que hacerlo en cualquier momento y con cualquier gobierno, por autoritario que sea. Hay que hacerlo tratando de no atentar contra los empresarios que arriesgan su capital para que un equipo de periodistas pueda poner en escena y celebrar las diferencias democráticas de la sociedad. Hay que hacerlo sin diluir –con eufemismos o actitudes timoratas– los valores que vuelven indispensable a un medio de comunicación en una comunidad.

Valores y libertades no se defienden en las pocas líneas de un editorial. Tienen que ser el alma de la actividad y de la actitud diaria del medio ante la sociedad y ante el poder. Ante los poderes. Y cuando el poder, con su aparato inquisidor quiere imponer su lógica, pues hay que establecer, para los lectores, la línea divisoria entre reportería honesta y propaganda; entre realidad y ficción oficial. El periodismo no puede admitir, si se basa en un excelente trabajo profesional, que un poder abusivo se quede con la última palabra.

La democracia necesita un periodismo distante del poder político. De cualquier poder. La democracia ecuatoriana necesita de El Comercio.Un diario que encare la realidad en forma inteligente, no que la eluda. Un diario consciente de que los eufemismos vuelven insustancial a quien los practica.

José Hernández, Ecuador.

Sentido Común, mayo 24, 2015.

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