Dimensión geoestratégica de la guerra civil en Siria

La ciudad de Homs, llamada «la capital de la revolución», ha sufrido una de las mayores destrucciones en la guerra. Fotografía: Reuters

¿Pudo evitarse la guerra civil en Siria? (II)

Por Mohamed Bendriss Alami, observador magrebí

En la primera parte de este ensayo se propuso un interrogante: ¿Pudo evitarse la guerra civil en Siria? Se aproximaron diferentes factores, directos e indirectos, internos y externos, que marcaron el rumbo de la guerra civil desde 2011. En esta segunda y última parte del ensayo se propone una breve contextualización de la letárgica reforma que provocó desilusión y desbordamiento al interior del país, para seguidamente pasar al análisis de la dimensión geoestratégica de esta guerra civil, los intereses, las relaciones, las pugnas de poder y las tensiones en la región. Se comentará la sensibilidad y/o complejidad que reviste el entorno regional, la influencia de Siria e Irán en Líbano, la génesis de la relación entre Siria y Rusia, la amenaza iraní, las alianzas inadecuadas y una premisa: La paz no será posible en la región sin tener en consideración a Siria. Este análisis concluye con la invitación a un debate general.

Una letárgica reforma que provocó desilusión y desbordamiento. El régimen sirio de Bashar al-Ásad tardó demasiado tiempo en introducir tímidas y tramposas reformas políticas, económicas, sociales, fiscales y financieras, sabiendo que la mentalidad de la población ha cambiado, que las exigencias en las condiciones de vida hoy son diferentes y que las aspiraciones para vivir en democracia son una realidad que se impone globalmente. Los engaños políticos, las imágenes falsas sobre la eficacia del régimen, así como los eslóganes vacíos ya no convencen a nadie. Al contrario, se consideran como la arrogancia ejercida desde el poder mediante el desprecio y la humillación que indignan al pueblo. Este estado de decepción y de desesperanza interno contribuyó a que el fuego encendido desde las fronteras sur con Jordania y la provincia de Draa, de mayoría sunita, se expandiera por todo el país en poco tiempo. Guerrilleros armados atravesaron las fronteras con Turquía, al norte del país, en las mismas condiciones y con el mismo objetivo: hacer la guerra al régimen de al-Ásad.

El levantamiento armado convirtió a Siria en una plataforma de guerra por delegación, cada grupo opera por cuenta de una potencia determinada, animado por un motivo que no representa, necesariamente, algún interés para los sirios que se manifestaron espontáneamente en marzo de 2011. El régimen tampoco fue lo suficientemente proactivo y capaz de detectar el peligro y los perjuicios que el levantamiento popular representaba. Paralelamente, al extremo occidental del mundo árabe, en Marruecos, se producían las primeras manifestaciones de la Primavera Árabe. La respuesta fue contrastante: El Rey Mohamed VI reaccionó inmediatamente y promovió la reforma de la Constitución, cediendo una parte de sus prerrogativas y poderes e introduciendo varias medidas en aras de mayores libertades y del fomento de un Estado de Derecho en el país.

Las relaciones sensibles entre Siria y su entorno regional. Las relaciones de Siria con su entorno regional han variado con el tiempo, pero en general se han visto impregnadas por la desconfianza, conjugada con la voluntad de mantener buenas relaciones de vecindad y de intercambio de intereses mutuos. El compromiso de paz se mantiene, aunque las orientaciones políticas e ideológicas difieren y han pasado a ser conflictivas en varias ocasiones y ante diferentes situaciones. Siria comparte fronteras con Turquía, en el norte; con Irak, en el este; con Israel, Jordania y el mar de Galilea, al sur; y, con Líbano y el mar Mediterráneo por el oeste. Desde sus costas se avista a lo lejos la isla de Chipre. Siria y Turquía mantienen diferentes puntos de fricción que pueden resumirse en:

  • La repartición y el control de los recursos hidráulicos del Éufrates, el único recurso importante para Siria que garantiza su supervivencia alimentaria.
  • La presencia de la comunidad Kurda, compartida entre los dos países, así como los desafíos permanentes en las fronteras de las provincias de Hasaka y Raqa.
  • La competencia económica en ciertos sectores como la industria textil, de medicamentos, químicos y artesanía, etc.
  • El transporte terrestre de Turquía que se hace imperativamente a través de Siria para exportar productos turcos al resto de los países de Oriente Medio, como Líbano, Jordania, Catar, Kuwait, Arabia Saudí, Emiratos, etc.
  • La gestión de las fronteras y los movimientos de personas y mercancías.
  • La pertenencia de Turquía a la OTAN y su supremacía militar.
  • Las intenciones expansionistas de Turquía y la influencia del régimen islamista de Recep Tayyip Erdoğan, quien sigue una tendencia populista-conservadora-autoritaria y se sitúa a la derecha del espectro político turco, además de seguir la orientación que predican los Hermanos Musulmanes.

Estos son sólo algunos aspectos y, en todo caso, apenas enunciados y muy reducidos para ilustrar los puntos de discordancia potencial entre los dos países y vecinos. Otra dimensión de las tensiones tiene que ver con aspectos relativos a los países que sostienen umbilicalmente a Siria y que dispensan una influencia nociva para los intereses turcos en algunos lugares problemáticos de la región. Se refiere aquí a Rusia, Irán, Estados Unidos e incluso a Irak. Con este último la cuestión kurda también es un problema latente. Cuando inició el huracán de la Primavera Árabe en Siria, Turquía intentó jugar el papel de intermediario entre el régimen y sus opositores[1]. Nótese que los islamistas en otros países consiguieron el poder (Túnez, Egipto, Libia), bajo la presión de ciertos países árabes del Golfo que aportaron financiación, apoyo militar y logístico a las revoluciones. Sin embargo, el camino elegido por Ankara fue diferente: se puso al servicio de la oposición siria y de la coalición contra Bashar al-Ásad. Turquía se transformó en base y en cuartel general de los opositores para expresar sus orientaciones políticas. En Turquía se operan también los reclutamientos de los guerrilleros y es donde se proporciona el entrenamiento militar para aquellos novatos sin experiencia alguna. Voluntarios de diferentes países, incluso europeos, convencidos del “yihadismo” y del yihad, así como de lo que se pueda ganar como recompensa, se han sumado a la desestabilización de Siria[2]. Esta dinámica en las fronteras sirias del norte, convirtieron la zona fronteriza en una zona de fuego que se extiende sobre el régimen sirio y, de paso, quema a la población que todavía le es fiel a al-Ásad.

Siria e Irán, actores influyentes en Líbano. La política regional y exterior siria estuvo, desde hace décadas, alineada con la política iraní bajo el pretexto de resistir al enemigo israelí y en aras de recuperar los territorios ocupados de Palestina, de Siria y del Líbano. A ese respecto, Siria no ha conseguido reanudar las discusiones de paz con Israel, estancadas desde 2000, a pesar de que Bashar al-Ásad llamó a reanudarlas en 2003 sin que su llamamiento fuera atendido por razones propias de Israel, así como por varios cambios acaecidos en la política regional, incluidas las relaciones entre palestinos e Israel y el acercamiento cada vez más fuerte entre Siria e Irán. En este sentido, es de señalar que Siria mantiene relaciones particulares con Hezbollah (Partido de Dios, una milicia chiita libanesa con un brazo político y uno paramilitar), considerando que Líbano es su “jardín trasero de seguridad”.

Siria administró durante 29 años asuntos referentes a la seguridad de Líbano, tras la Guerra Civil del Líbano (1975-1990), pero con el asesinato de Rafik Hariri, jefe sunita del gobierno libanés asesinado con un coche bomba (2005), Siria fue obligada a salir de Líbano en abril de 2005. Esta muerte trágica causó la indignación social, así como la de diferentes grupos político-confesionales libaneses y, en el exterior del país, propició acusaciones directas al régimen sirio por su complicidad con en este asesinato y por no haber tomado las medidas necesarias y suficientes para que el crimen no ocurriera. De hecho, este agosto, el Tribunal Especial para Líbano encontró culpable a un miembro de Hezbollah de la muerte de Rafik Hariri[3].

La imbricación sirio-libanesa responde a la historia, a la geografía y a las relaciones confesionales entre los dos países. Además, los vínculos multidimensionales hicieron que Irán no pudiera abandonar a Bashar al-Ásad. Irán no podía perder a Siria que le da acceso al Líbano. En este último país Irán ejerce su influencia y negocia sus intereses con una multitud de actores relevantes, regionales e internacionales, americanos, franceses, saudíes, sirios, incluso israelíes a través de americanos y/o franceses. Este conglomerado de países influye en la vida de los libaneses, apoyando cada uno a su grupo confesional o político favorito, defendiendo sus intereses y su existencia comunitaria entre las sectas sunitas, chiitas, drusas, maronitas, armoniacas, ortodoxas griegos, entre otras. Esta diversidad de agrupaciones confesionales signa la complejidad en la toma de decisiones y hace que Líbano siempre esté en situación de inestabilidad política, además de la consecuente disfunción en su gobernabilidad debido a las disposiciones del acuerdo de Taif que favorece las pertenencias confesionales en detrimento de las competencias profesionales[4]. Las explosiones recientes ocurridas en Beirut, el 4 de agosto, ilustran las consecuencias de la precariedad político-administrativa del país[5].

Génesis de la relación entre Siria y Rusia. Para hacer frente al conflicto árabe-israelí, ya desde tiempos de la Guerra Fría, en 1956, Siria estableció relaciones de cooperación con la Unión Soviética (URSS) considerada como la potencia antiimperialista y anticolonialista. Nótese que el ejército sirio se dotó totalmente de armamento soviético. No obstante, entre 1985 y 2003, con la llegada de la Perestroika, la relación conoció cierto enfriamiento y, tanto Rusia como Siria viraron hacia Occidente. Sin embargo, entre 2006 y 2008, la coordinación técnico-militar revitalizó la relación bilateral entre los dos países. En la actual guerra civil que tiene lugar en Siria, Rusia ha sido un aliado ineludible del régimen de Bashar al-Ásad y con el cual ha podido contar en tiempos difíciles. Esta fidelidad y apoyo se hicieron manifiestos tanto en el terreno militar como en el terreno diplomático. No hay que perder de vista que Rusia es uno de los miembros permanentes del Consejo de Seguridad. Siria ha sido el país que ha recibido más asistencia de Rusia, comparativamente si se revisan los siglos XX y XXI, a nivel material, militar, incluso de infraestructura en el caso de la presa de “Tichrin” sobre el rio Éufrates que fue financiada y construida por Rusia. A cambio, desde 1971, Siria le permitió a Rusia situar su única base naval en aguas del Mediterráneo, en la región de Tartos, al oeste del país, cerca de Lattaquia. También le concedió usar la base aérea militar de “Khmeimem” que alberga a los consejeros rusos con su arsenal de aviones de ataque y material de observación. Esta base se utiliza hoy día para suministrar armas al general jubilado Jalifa Haftar en Libia, mediante un puente aéreo entre los dos países, pese al embargo impuesto por el Consejo de Seguridad y que la Unión Europea pretende o cree controlar.

La amenaza iraní transformó a Israel en un aliado. Siria tenía una carta importante que utilizaba en diversas negociaciones y en la adquisición de algunos compromisos, esta es la carta Palestina, puesto que Damasco albergaba a más de medio millón de refugiados palestinos de los cuales algunos eran dirigentes del Frente Popular de Liberación de Palestina (FPLP/CG), de la Saika, partido baazista palestino y de Hamas, un movimiento palestino que reivindica la creación de un Estado islámico en la Palestina histórica, que gobierna la Franja de Gaza y que es considerado una organización terrorista por Estados Unidos y la Unión Europea[6]. Este acercamiento y alianza duró muchas décadas, pero se vio afectada por la guerra civil siria, dando lugar a otras coaliciones impuestas por las circunstancias del conflicto. Con la llegada de Donald Trump a la cabeza de la administración norteamericana y su coincidencia con la política israelí de B. Netanyahu, la situación se complicó todavía más con el proyecto del gobierno Trump denominado “Acuerdo del Siglo para Oriente Medio”, un proyecto que consiguió el apoyo de ciertos países del Golfo Árabe, motivados y/o movidos por la amenaza iraní. La amenaza de Irán en la región hizo que Israel se transformara en un aliado de confianza. Recientemente los Emiratos Árabes establecieron relaciones diplomáticas con Israel y, probablemente, otros países como Bahréin y Sudán seguirán sobre esta vía[7].

La desesperación conduce a alianzas inadecuadas e incluso inconvenientes. Como se ha documentado el régimen sirio se caracteriza por su férrea militarización, su carácter autoritario y antidemocrático. Es un régimen de partido único que concentra todo el poder y que apenas ha permitido algunas libertades, en todo caso limitadas, incluso con ciertos aspectos raciales y poco respetuoso de las libertades civiles e individuales. A ello se suma que Siria formó algunas alianzas inapropiadas que aislaron al país de la modernidad y del exterior. Siria está sufriendo con su devastación el costo y las implicancias de sus relaciones externas y regionales. De otra parte, la situación actual favorece a Israel que no negocia ni muestra indulgencia, que no está dispuesto a devolver los terrenos usurpados e incluso confirma su arrogancia y hegemonía aprovechando el apoyo incondicional de la administración de Donald Trump.

¿Árabes contra árabes? Los países árabes han ido abandonando a Siria, dejando el país en manos de iraníes, rusos, chinos, venezolanos, norcoreanos, cubanos, nicaragüenses, hindúes, entre otros. ¿Es justo y/o legal despachar a un miembro fundador de la Liga Árabe, acusándole de matar y maltratar a su gente cuando tres años después de esa decisión la coalición árabe formada por Arabia Saudí, Emiratos, Egipto, Jordania y Bahréin asesinaban al pueblo yemení y exponían a su población a la hambruna y a las enfermedades de todo tipo?[8] Habrá que decir, cuando menos, que existe un doble rasero en estos estándares de los países árabes[9].

Siguiendo los diferentes episodios de la guerra civil siria, resulta evidente, hay que decirlo sin ambigüedad, que Catar utilizó todos los medios a su alcance para derrocar al régimen sirio. La cadena de televisión catarí Al-Jazeera dedicó buena parte de sus programas a esta guerra árabe-árabe. ¿Por qué el interés de Catar en la desestabilización de Siria? Se dice que Siria, por su posición estratégica entre Oriente Medio y Europa, no quiso acordar con Catar el paso de un gasoducto entre Siria y Turquía y prefirió cooperar con Irán y Rusia en este mismo campo. El comportamiento y la solidaridad de la pareja Irán-Rusia se aprecia en diferentes proyectos conjuntos, en varios países en conflicto y en aquellos donde los islamistas perdieron terreno, como Libia, Egipto, Sudán y Túnez, entre otros.

Otro país que le dio de espalda al régimen sirio fue el Reino de Arabia Saudí que se ha visto acusado en diferentes ocasiones de financiar movimientos terroristas que operan en distintas zonas en conflicto. Arabia Saudí tiene historial financiando al terrorismo: Habría empezado en la guerra de Chechenia contra Rusia, pasando por Al Qaeda en Afganistán y en estrecha colaboración con otros actores. Los saudíes contribuyeron en la producción de nuevas versiones de Al Qaeda, primero en Irak y, después, en Siria con “Yabhat al Nosra” (El frente del triunfo) y otros de menos importancia. El movimiento del Estado Islámico (Daesh) en Irak y el Levante, después de haber sido neutralizado en Irak gracias a una acción conjunta de Irán, Estados Unidos y sus aliados, exportó buena parte de sus combatientes (2.500) a Siria para reforzar el frente opositor a al-Ásad. Este grupo constituyó el brazo duro de Al Qaeda que controla todavía la parte de Idleb y el noroeste de Siria, con apoyo de Turquía. Recientemente, con la implicación de Turquía en la guerra civil libia, un contingente de guerrilleros sirios se trasladaron a Libia para echar una mano a la intervención turca en ese conflicto que afecta al sur del Mediterráneo.

Ninguna paz será posible en la región sin tener en consideración a Siria. ¿La guerra civil en Siria podría haberse evitado? Este fue el interrogante que motivó el ensayo. Henry Kissinger, ex secretario de Estado de los Estados Unidos solía decir: “En Oriente Medio, ninguna guerra se puede hacer sin Egipto, pero ninguna paz es posible sin Siria”[10]. Y aquí estamos: inmersos en la segunda parte del enunciado de este gran politólogo, judío americano, conocedor de Oriente Medio y de sus incongruencias. La política expansionista de Israel en esta parte del mundo tiene que ver con el actual estado de las cosas. Quizá si Israel hubiese restituido los territorios ocupados a Siria, Damasco no se habría echado a los brazos de Irán, Rusia, Hezbollah y otros indeseables para Occidente. Añádase que Estados Unidos, siendo el país más fuerte del mundo por su economía, por su influencia y por ser un componente muy importante en el sistema de Naciones Unidas, no promueve el respeto de las resoluciones del Consejo de Seguridad cuando se trata de Israel: La Resolución 242 estipula que los Altos de Golán son un territorio ocupado. Asimismo, los embargos, las exclusiones, la falta de diálogo, la desconfianza, la marginalización, la hipocresía y la arrogancia política no han sabido producir alivio ni sosiego entre países vecinos y hermanos, aunque muchos están unidos por una historia común, la cultura, los valores, las referencias espirituales y también los sufrimientos.

Conclusión para invitar a un debate general. Nadie, al día de hoy, niega que la guerra de Irak (2003) fuera una guerra ilegal, sin el consentimiento del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, una guerra de engaños y de mentiras, una negación del Otro. Fue un colonialismo de mano dura, un vandalismo y una destrucción de una cultura milenaria existente en ese país que es considerado un cruce de civilizaciones. Esta invasión terminó con un desorden bien ordenado y deseado, un atraso de la civilización humana y una enorme bofetada a la carta de las Naciones Unidas. La desaparición del régimen de Sadam Husein dejó el camino libre a Irán para controlar a este país que había sido una barrera y freno al expansionismo del régimen chiita iraní hacia los países sunitas. Y este error lamentable tiene mucho que ver con lo que está pasando actualmente en Siria, Yemen, Bahréin y Líbano. La gangrena chiita seguirá expandiéndose mientras Irán continúe tejiendo nuevas alianzas para escapar de las tenazas americanas. Entre tanto, en Egipto, un golpe de Estado militar derrumbó a un jefe de Estado democráticamente electo; en Libia, la ONU reconoce a un gobierno como legítimo, mientras diferentes países suministran armas al adversario, un militar jubilado apoyado por las monarquías del Golfo, ahora las partes en disputa anunciaron un alto el fuego; y, últimamente, Mali asiste a un golpe de Estado. Todas estas tendencias y comportamientos en Oriente Medio y en el norte de África hacen pensar en un doble discurso: por un lado, una firme voluntad de conservar los regímenes militares compradores de armas y, por el otro, una tendencia casi anárquica de destruir para crear, de demoler los cimientos no sólo de los regímenes sino incluso de los países árabes siguiendo la idea de promover “un desorden creador”, que en realidad es un desorden que ha generado mayor atraso y destrucción que avance y prosperidad para las sociedades árabes[11].

Este recorrido por Oriente Medio y el norte de África permite sugerir que las guerras civiles, tanto en Siria como en otros países árabes, podían haberse evitado si el mundo árabe hubiera alcanzado un cierto grado de madurez democrática e institucional, Estados de derecho, libertades y universalidad de derechos humanos, un desarrollo humano sostenible e inclusivo, extensivo a toda la población, así como independencia en las decisiones. Desafortunadamente, en la guerra civil siria, el pueblo sirio vio sus aspiraciones democráticas evaporarse, su país totalmente destruido, su gente inválida y dolida. El régimen sirio perdió también una buena parte de su soberanía y de su autoridad, dejando el país en manos de otras potencias que han decidido su porvenir. En esta región muchas guerras podrían haberse evitado si sus dirigentes fueran demócratas, estimularan el progreso y el respeto por la vida de sus poblaciones, con sentido de justicia y menos arrogancia, abiertos al diálogo, a la tolerancia y al pluralismo. Estas tragedias han tocado a muchos pueblos del mundo, continúan repitiéndose y, desgraciadamente, en el futuro ocurrirán nuevamente.

Notas

[1] Desde 2008 las relaciones entre Siria y Turquía han desmejorado mucho. Cuando empezó la Primavera Árabe en Siria, el primer ministro turco de aquel entonces, Ahmet Davvutoglu, fue a Damasco para pedir al presidente Bashar al-Ásad operar reformas políticas y abrirse a la democracia y a compartir el poder. Más tarde, Ankara empezó a denunciar la represión de la población por el régimen y hacia finales de 2011, Ankara pidió a al-Ásad dejar el poder (Le Point del 10 de mayo de 2015).

[2] El yihad (masculino en árabe) no alude, necesariamente, a hacer una guerra armada, tiene un sentido de lucha, de un gran esfuerzo, de vencer desafíos. Lo anterior significa que puede hacerse un yihad espiritual o cultural en contra de la pobreza, la ignorancia, el subdesarrollo, es decir, su connotación depende estrictamente del contexto en el cual se utilice el término. En este texto alude a la violencia terrorista y a la lucha armada, a la guerra que se libra en Siria.

[3] Hariri, primer ministro de Líbano entre 1992 y 1998 y entre 2000 y 2004, murió el 14 de febrero de 2005 por la explosión de un coche bomba en Beirut. “El atentado tuvo la intención de resonar en Líbano y en la región. Los efectos previstos no se limitaron solo a los partidarios de Hariri, fueron diseñados para desestabilizar al Líbano en general”, consignó el fallo de La Haya en agosto (2020). En el atentado del 14 de febrero, además de Hariri, murieron otras 21 personas y 226 resultaron heridas. Tras la muerte de Hariri comenzó una ola de asesinatos e intentos de homicidio contra otros políticos, periodistas y activistas. Por lo anterior, el Consejo de Seguridad de la ONU creó el Tribunal Especial para Líbano. El fallo entregado el 19 de agosto se retrasó casi dos semanas debido a la reciente explosión que tuvo lugar en el puerto de Beirut. El dirigente asesinado se había convertido en el rostro de la reconstrucción de Líbano tras la guerra civil y se erigió como la figura sunita más importante de la nación, en contraposición a Hezbollah, la formación chiita vinculada a Siria e Irán, señaló la prensa tras el fallo de La Haya. El tribunal establecido por Naciones Unidas (ONU) en La Haya indicó que no existen pruebas de que Siria o la cúpula de Hezbollah estuvieran implicados en el homicidio. El único condenado, Salim Ayyash, fue declarado culpable de “conspiración para cometer un acto terrorista”. Otros tres miembros del partido chiita fueron absueltos de todos los cargos en el proceso judicial que empezó en 2011 y que tuvo cerca de 300 testigos y 415 audiencias. “Puede ser que Siria y Hezbollah tuvieran motivos para eliminar al señor Hariri y a algunos de sus aliados políticos. Sin embargo, no hay pruebas de que la cúpula de Hezbollah tuviera ninguna implicación en el asesinato del señor Hariri y no hay pruebas directas de la implicación siria en el mismo”, indicó el presidente del tribunal, David Re.

[4] El acuerdo de Taif, firmado por la Asamblea Nacional Libanesa en Arabia Saudita en 1989, en vista de establecer el equilibrio del poder entre las diferentes confesiones dominantes en el país, los sunitas y chiitas representan el 54% de la población, los cristianos (maronitas, ortodoxos griegos, melquitas, protestantes y ortodoxos armenios) el 40,4%. Líbano tiene unas 18 sectas de las más diversas del Oriente Medio, un factor que complica su estabilidad política. La Dra. Hana Jalloul Muro, de la Universidad Americana de Beirut (UAB), lo llama “El feudalismo político del sistema confesional libanés” (Paper N° 16, presentado en la UAB, en enero de 2008).

[5] Las dos explosiones acaecidas el 4 de agosto en Beirut ocasionaron decenas de muertes, al menos 200, hay decenas de desaparecidos, más de 6.000 heridos y unas 300 mil personas perdieron su hogar. Líbano ya estaba en crisis, enfrenta la inestabilidad, el aumento de la pobreza, la falta de electricidad y el colapso económico que se ha visto agravado por la pandemia del coronavirus. Tras la detonación causada por 2.750 toneladas de nitrato de amonio, almacenado sin precauciones en el puerto de Beirut, el país sufre una severa crisis humanitaria.

[6] Hamas y el FPLP/CG consideran que el acuerdo de Oslo con Israel fue un error y una traición para la causa Palestina y que no debió firmarse este acuerdo parcial, sin considerar los aspectos relativos a los refugiados y a los territorios árabes ocupados por Israel como Altos de Golán. En 2015, 280.000 (52%) refugiados habían dejado Siria para refugiarse en otros países, sobre todo en Líbano. En agosto de 2020, la Administración Palestina consideró que el acuerdo de Oslo estaba cancelado debido al Acuerdo del siglo para Oriente Medio que fue presentado por el gobierno de Donald Trump.

[7] En América Latina algunos expertos perciben que el Acuerdo entre Israel y Emiratos Árabes Unidos es “un gran avance impulsado por la amenaza de Irán”, así lo consignó el exembajador de Argentina en Israel, Mariano Caucino, en un artículo reciente.

[8] La guerra de Yemen la está llevando a cabo una coalición sunita bajo el liderazgo del Reino de Arabia Saudí, apoyado por Emiratos, Bahréin, Egipto y Jordania, con el consentimiento del gobierno de Mansour Abu Hadi. Esta coalición hace frente a los Hutis, que son chiitas apoyados por Irán.

[9] Yemen es un país que está geográficamente en el Golfo Árabe, pegado al Reino de Arabia Saudí y al Sultanato de Omán, en el sur de la península arábiga. No fue incluido en el Consejo de Cooperación del Golfo (CCG) cuando este fue creado en mayo de 1981, dos años después de la revolución iraní. No se integró a Yemen en esta institución regional por ser un país pobre y sin petróleo en aquel entonces. Sin embargo, Yemen es un país de una gran cultura, la primera históricamente en esa región. Sus hombres han levantado con sus brazos al Reino Saudí, cuando los occidentales descubrieron el petróleo, pero ha sido marginalizado durante décadas. De hecho, Yemen tiene los peores indicadores sociales de la región, con muchas personas minusválidas por la droga del “Qat” que la mayoría de los yemeníes consumen cada día. Una buena parte de su población ha preferido asociarse con Irán en contra del Reino Saudí. Esta guerra fratricida es el resultado de la marginalización de ese país, por parte de sus hermanos y vecinos: las monarquías árabes del Golfo. El CCG está integrado por Arabía Saudí, Emiratos, Kuwait, el Sultanato de Omán, Bahréin y Catar. La unidad al interior del CCG estalló en junio de 2017 a raíz de una crisis con Catar, que fue acusado de tomar partido en favor de Turquía, de los Hermanos Musulmanes y de Irán. Catar salió de la coalición de Yemen y se acercó más Turquía. El CCG agrupa a las monarquías sunitas petroleras que controlan un tercio de las reservas mundiales de bruto.

[10] Daoudy, Marwa. Le long chemin de Damas, la Syrie et les negociations avec Israel . (Les études. CERI N° 19 de noviembre de 2005).

[11] Besnier, Jean-Michel, enuncia desde París (La Sorbona) que “La aventura empieza con la guerra, en las situaciones caóticas tantas mitologías se presentan como necesarias para el evento del nuevo orden” en “Solo el desorden es creador”. (Revista Científica Hermes. Marzo de 2013. N° 67).

CPLATAM -Análisis Político en América Latina- ©
Agosto, 2020

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