La cuestión del Sahara y la desinformación del Frente Polisario en vísperas del encuentro en Ginebra

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Por Jamal Eddine Mechbal*

Enhamed Khaddad, Frente Polisario
En vísperas del encuentro en Ginebra con ocasión de una mesa redonda en la que participarán Marruecos, Argelia, Mauritania y el Frente Polisario para abordar la irresuelta cuestión del Sahara y con la intención de avanzar hacia una solución justa, duradera y realista para la controversia, el aparato  de  propaganda  de la organización político militar  separatista Frente Polisario ha desencadenado diversas campañas de propaganda fundamentadas en mentiras, falacias y desinformación que perjudican e intoxican la antesala al encuentro y atentan contra los esfuerzos de las Naciones Unidas para zanjar este diferendo territorial.

En este contexto, Mhamad Jadad, o Enhamed Khaddad (según los documentos de la ONU), coordinador del movimiento armado Frente Polisario ante la MINURSO, ha denunciado el domingo 17 de marzo (2019), según publicó la página El Confidencial Saharaui a partir de unas declaraciones del coordinador a la radio BBC en el programa «Bila Quyud». Según el responsable de ese movimiento “Marruecos teme los resultados de una consulta democrática del pueblo saharaui” y añade que “Los miembros del Consejo de Seguridad de la ONU están más que nunca comprometidos con una solución que garantice el derecho a la libre autodeterminación del pueblo del Sáhara Occidental”, acto seguido amplía, “pero Marruecos está empeñado en bloquear los esfuerzos en curso”. Según la publicación digital, Jadad también ha declarado “que el acuerdo ilegal de pesca firmado por la Unión Europea (UE) y Marruecos y ratificado por el Parlamento Europeo, incluye las aguas territoriales del Sáhara Occidental, y al tiempo que ha asegurado que el Frente Polisario explorará todas las vías posibles para la revocación del mismo”. Así argumenta que el acuerdo “ha enviado un mensaje erróneo a Marruecos y dará respaldo a sus ilegales reivindicaciones sobre el territorio”.

Jadad o Khaddad ha recordado que, con base en los dictámenes emitidos sobre la situación, Marruecos “no ejerce ninguna soberanía ni administración sobre el territorio, siendo considerada como una potencia militar ocupante”. Es de precisar que el responsable del Polisario miente en sus declaraciones y falta a la verdad de los hechos y de la situación de la cuestión. Su afirmación de que “Marruecos teme los resultados de una consulta democrática del pueblo saharaui” es una falacia, porque omite intencionadamente que fue Marruecos en 1981, a través del Rey Hassan II y durante la Cumbre de la OUA, quien propuso una consulta democrática a la población del Sahara, mediante la convocatoria a un referéndum. En ese entonces, el régimen de Argelia y el Polisario, temieron los resultados y rechazaron esta propuesta bajo pretexto de que ya había una “realidad” sobre el terreno y que Marruecos debería negociar el reconocimiento de esa “realidad”. La “realidad” en cuestión aludía a la autoproclamada RASD, nunca reconocida como tal por las Naciones Unidas.

Las reclamaciones del movimiento separatista no son creíbles y no lo son debido al absurdo de sus líderes que se decantaron por la creación de una “república saharaui” (saharaui -en árabe- desértica -en español-). Ese movimiento armado monocolor, de pensamiento único, proclamó e instaló su presunta república en territorio ajeno al de la reclamación y lo hizo auspiciado por un país soberano (Argelia). Todo ello incidió en que la reivindicación de un referéndum de autodeterminación se convierta en una maniobra superficial por parte del Polisario. Nótese que, ante la oferta de Hassan II, ese movimiento político-militar optó por la lucha armada revolucionaria, privilegió el uso del fusil durante más de diez años para alcanzar sus objetivos y no lo logró. Convencido de su error y del fracaso de la lucha armada y de las acciones terroristas para la consecución de sus objetivos empezó apostó a las urnas, este sería el mejor camino a seguir, pero por una vía transparente y no predeterminada y fraudulenta como pretendieron. Es decir, el referéndum que antes rechazó, se convirtió aparentemente en su nuevo lema, reemplazando el del fusil. Pero el error del Polisario y de sus valedores argelinos ha sido intentar confeccionar un referéndum a medida de sus ambiciones. Un referéndum excluyente de la gran parte de la población oriunda del Sahara que debería elegir su futuro. El Frente Polisario pretendió incluso la exclusión de los saharauis censados por el franquismo en 1974. Lo anterior devela cuál es el objetivo del movimiento armado separatista: el separatismo a toda costa. Por esa vía va a rechazar cualquier salida que no conduzca a cristalizar su objetivo. Es decir, el Polisario asume que la autodeterminación debe desembocar única y exclusivamente en la independencia. Por ello y con toda razón el ministro español Cortina Mauri, declaró ante los diputados en las Cortes que lo que pretendía esta organización político-militar era una autodeterminación predeterminada desde Argelia.

La ONU se convenció de que el Plan de Arreglo en el que se preveía un referéndum con dos opciones maximalistas: “integración” o “independencia” no era factible, ni aplicable ante la imposibilidad de determinar quién es el saharaui con derecho a votar en ese referéndum. A partir de entonces se orientó a la búsqueda de una vía intermedia: una solución fundamentada en el compromiso de las partes a partir de la negociación, superando la oposición perdedor-ganador y, más bien, procurando el máximo beneficio para las partes implicadas. Por ello, hace más de una década que no se menciona ningún referéndum en ninguna de las resoluciones del Consejo de Seguridad. No deja de llamar la atención que el Polisario y sus valedores internacionales, entre ellos algunos medios de comunicación, sigan confundiendo con la referencia a un referéndum extemporáneo que no se ajusta a las resoluciones del Consejo de Seguridad. ¿Qué es lo que plantea de forma reiterada el Consejo de Seguridad? Qué las partes deben alcanzar “una solución política justa, duradera y aceptable”. ¿Cómo alcanzar esa solución? A través de la negociación y del acuerdo entre las partes y con la implicación de los países de la región que están implicados en la cuestión, es decir, con la participación de Argelia. Esa salida negociada solo puede darse a partir de un diálogo sincero y fructífero, no de los discursos falsos.

Jadad acierta al señalar que “Los miembros del Consejo de Seguridad de la ONU están más que nunca comprometidos con una solución que garantice el derecho a la libre autodeterminación del pueblo del Sáhara Occidental”. La sentencia es fidedigna y corresponde con las observaciones del Consejo de Seguridad, no así la interpretación descontextualizada que hace el Polisario acompañada de sentencias falsas: “pero Marruecos está empeñado en bloquear los esfuerzos en curso”. Esa afirmación no tiene fundamento. El Consejo de Seguridad, a raíz de la propuesta de Marruecos para alcanzar una solución con base en una autonomía amplia,  ha reconocido en todas sus resoluciones  adoptadas  desde 2007: “Tomando nota de la propuesta presentada al Secretario General por Marruecos el 11 de abril de 2007 y acogiendo con beneplácito los serios y creíbles esfuerzos de Marruecos por hacer avanzar el proceso hacia una solución”. No hay en las resoluciones del Consejo de Seguridad ni reconocimiento ni beneplácito al esfuerzo del Polisario para hacer avanzar el proceso, toda vez que no el movimiento no ha hecho ningún esfuerzo por alcanzar una solución.

Si vamos a fechas más recientes, en la penúltima resolución del Consejo de Seguridad, la S/RES/2414/2018, se puede leer que el Consejo de Seguridad expresa su preocupación por las violaciones de los acuerdos vigentes y exhorta a las partes a que respeten sus obligaciones absteniéndose de adoptar medidas que puedan poner en peligro el proceso. A la vez que reconoce la contención de Marruecos frente a las acciones de provocación perpetradas por el Frente Polisario. La resolución es afirmativa para Marruecos al reconocer su mesura: “reconociendo la respuesta mesurada de Marruecos a las inquietudes más recientes con respecto a la zona de separación”. Más adelante, la misma resolución destaca: “Acogiendo con beneplácito, a este respecto, las medidas e iniciativas adoptadas por Marruecos y el papel desempeñado por las Comisiones del Consejo Nacional de Derechos Humanos en Dajla y El Aaiún, y la interacción que mantiene Marruecos con los procedimientos especiales del Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas”.

A la luz de la citada resolución del Consejo de Seguridad se infiere que es el movimiento Frente Polisario el que está empeñado en bloquear los esfuerzos en curso. Naciones Unidas incluso expresó preocupación por sus acciones desestabilizadoras, tal y como se extrae de los puntos 7 y 8 de la resolución:

  1. Expresa preocupación por la presencia del Frente Polisario en la zona de separación en Guerguerat y pide su retirada inmediata;
  2. Expresa preocupación por el anuncio del Frente Polisario de que se prevé trasladar funciones administrativas a Bir Lahlu, y pide al Frente Polisario que se abstenga de ejecutar tales actos desestabilizadores;

 No obstante, el representante del Frente Polisario no encuentra una mejor manera de afrontar las responsabilidades de su movimiento armado e intenta de manera primaria acusar -en falso- a Marruecos para silenciar los llamamientos explícitos que le ha dirigido Naciones Unidas al Polisario. Jadad se permite, sin ninguna potestad legal, juzgar el Acuerdo de Agricultura y Pesca firmado por la Unión Europea (UE) y Marruecos, que incluye las aguas del Sahara, y sentencia que es un “acuerdo ilegal”. Según él, Marruecos “no ejerce ninguna soberanía ni administración sobre el territorio, siendo considerada como una potencia militar ocupante”. El responsable del Polisario se refiere a la famosa carta del asesor jurídico de las Naciones Unidas Hans Corell, fechada el 29 de enero de 2002, dirigida al Presidente del Consejo de Seguridad (S/2002/161). El Polisario hace una interpretación y lectura errónea de la carta del asesor jurídico de la ONU para afirmar que Marruecos “no ejerce ninguna soberanía ni administración sobre el territorio”.

La carta del 29 de enero 2002, del consejero jurídico de las Naciones Unidas, Hans Corell, no fue más de lo que es: una carta, no se trata de una sentencia con carácter jurídico, ni siquiera es un dictamen como pretende Jadad. Simplemente es la opinión de un consejero jurídico, opinión no vinculante, emitida a solicitud del Presidente del Consejo de Seguridad, como afirmó el mismo Corell [para conocer “mi opinión sobre la legalidad, en el contexto del derecho internacional (…) de las medidas que habrían tomado las autoridades de Marruecos, a saber, la licitación y la firma de contratos con empresas extranjeras para la exploración de recursos minerales en el Sáhara Occidental”]. Corell resaltó en su misiva, párrafo 6, que España mediante el acuerdo de Madrid como Potencia administradora del Territorio transfirió las facultades y responsabilidades pero no transfirió la soberanía sobre el Territorio ni la condición de Potencia administradora. Esta transferencia de la autoridad administrativa, por parte de España en 1975, según Corell, no afectó la condición internacional del Sahara Occidental como Territorio no autónomo.

El ministro Cortina Mauri ante la Comisión de Asuntos Exteriores del Congreso de los Diputados de España en 1978, expresó que España, aunque quisiese, no podía trasferir algo que nunca tuvo puesto que la soberanía emana de los pueblos. De otra parte, Marruecos nunca se ha considerado Potencia administradora, Marruecos logró recuperar su integridad territorios con los territorios del sur que venía reclamando desde el final de los regímenes de protectorado en 1956. Por ello, cuando recuperó Sidi Ifni en 1969 y el Sahara en 1975, no transmitió información sobre estos territorios prevista en el apartado e) del Artículo 73 de la Carta de las Naciones Unidas. Por ello el mismo Corell reconoce en el párrafo 7 de su carta que “Marruecos, sin embargo, no figura como la Potencia administradora del Territorio en la lista de Territorios no autónomos de las Naciones Unidas”.

El análisis de Corell, como él mismo relata, está limitado a las actividades relacionadas con los recursos minerales en los Territorios no autónomos y por ese motivo no examina en detalle el proceso político en su carta. “Sin embargo, a los efectos del presente análisis, el cuerpo de resoluciones del Consejo de Seguridad relativas al proceso político no es pertinente al régimen jurídico aplicable a las actividades relacionadas con los recursos minerales en los Territorios no autónomos y por ese motivo no se examina en detalle en la presente carta”.

Es de señalar que, el propio Secretario General de la ONU y a diferencia de las consideraciones del consejero jurídico, refirió a Marruecos en algunos informes como Potencia administradora.  Por ejemplo, en el parágrafo 2 de su informe S/2001/613:

Durante el período sobre el que se informa, mi Enviado Personal, James A. Baker III, se entrevistó con funcionarios del Reino de Marruecos a fin de determinar si, en su calidad de Potencia administradora del Sáhara Occidental, Marruecos estaba dispuesto a ofrecer o apoyar alguna transferencia de poderes que fuera verdadera y sustancial y estuviera en consonancia con las normas internacionales a todos los habitantes y      antiguos habitantes del Territorio.

España también ha aclarado que su responsabilidad en el Sahara cesó hace más de 40 años. El l4 de julio (2018), ante la Comisión de Exteriores del Congreso, el ministro de Asuntos Exteriores de España, Josep Borrell, aclaró que la vinculación histórica y afectiva de España con el pueblo del Sahara “no debe interpretarse como una responsabilidad jurídica porque España no es potencia administradora del Sáhara Occidental”. El ministro reitero lo dicho el 25 de octubre (2018), ante la Comisión de Asuntos Exteriores del Senado: “España no es considerada potencia administradora en las resoluciones anuales de la Asamblea General que se refieren a la descolonización del Sáhara Occidental, ni aparece como potencia administradora en la lista de territorios no autónomos de Naciones Unidas. Es importante saberlo para conocer cuáles son nuestras responsabilidades con respecto a ese territorio”.

Jadad sostiene que Marruecos “no ejerce ninguna soberanía ni administración sobre el territorio, siendo considerado como una potencia militar ocupante», pero él, mejor que nadie, conoce el dossier del Sahara y, lo que es más, su nombre es citado en el informe de la ONU S/2001/613, como portador de la respuesta del Frente Polisario ante el Secretario General de la ONU en la que rechazó la primera propuesta de autonomía presentada por James Baker.

En cuanto a Corell, concluye en el párrafo 24 que “cuando las actividades de explotación de recursos redundan en beneficio de los pueblos de los Territorios no autónomos y se realizan en su nombre o en consulta con sus representantes, se consideran compatibles con las obligaciones que incumben a la Potencia administradora en virtud de la Carta, así como conformes a las resoluciones de la Asamblea General y al principio consagrado de “soberanía permanente sobre los recursos naturales””. Esto significa que las argucias esbozadas por el Frente Polisario faltan a la verdad de los hechos y del dossier del Sahara que se lleva ante el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. Los acuerdos que han sido firmados entre Marruecos y la Unión Europea, tanto el de pesca como el agrícola, ante la judicialización que hiciera el Polisario ante el Tribunal Europeo, han subsanado los fallos que pudieran tener anteriormente y actualmente se han reforzado y blindado jurídicamente para evitar cualquier manto de duda sobre su legalidad.

El territorio del Sahara que no había sido incluido de forma clara en los acuerdos anteriores, gracias a la querella del Frente Polisario y a las dos sentencias del Tribunal Europeo que consideraron que no  le eran aplicables, han posibilitado que el Sahara haya sido incluido de manera evidente, tomando cuidado con celo,  de que los beneficios de los acuerdos   redunden, esta vez de manera inequívoca y  solemne,  en beneficio  de la  población  del Sahara. Además, se consultó con los representantes del Sahara, elegidos por la población del Sahara en procesos democráticos y competitivos, un elemento esencial del que carece el movimiento Polisario. Estos fueron los criterios del Derecho Internacional que formuló el señor Corell, consejero jurídico de las Naciones Unidas, y las partes tomaron en cuenta.

Es evidente que Marruecos no es considerado por la comunidad internacional como “potencia militar ocupante”, según afirma el movimiento separatista Frente Polisario. Marruecos entró de manera pacífica y su ejército fue recibido a las puertas de El Aaiún por el general Salazar, gobernador del Sahara y representante del gobierno de España, tras la firma de los Acuerdos de Madrid (14 de noviembre 1975) que se establecieron de conformidad con la Carta de las Naciones Unidas y a instancias del Consejo de Seguridad. Estos Acuerdos fueron depositados ante la Secretaria General de las Naciones Unidas y la misma Asamblea General tomó nota al mes siguiente del mismo año.

Hubo, sí, un intento de ocupación militar del Sahara por parte del ejército argelino con su movimiento Frente Polisario, cuestión que deliberadamente silencia el Polisario. Es oportuno recordar que, a raíz de la entrada pacífica y concertada del ejército marroquí en el Sahara, las fuerzas militares marroquíes se encontraron con cientos de soldados del ejército argelino al este del territorio, intentaban instalar grupos armadas del Polisario en puntos estratégicos y, al mismo tiempo, conducían a punta de fusil a la población saharaui para alimentar los campamentos de Tinduf. Las fuerzas argelinas fueron desalojadas del territorio marroquí y unos trescientos militares fueron hechos prisioneros y puestos en libertad años después.

El Frente Polisario, tras décadas de acumular fracasos a diferentes niveles, ha sido incapaz de asumir sus responsabilidades en la cuestión y en la prolongación del diferendo, en cambio, alimenta su virtual república desértica con falacias y parece dispuesto a continuar, otros 40 años, en su seguidilla de errores y tergiversaciones, no olvidemos el paso inclemente del tiempo incluso en el desierto. El Polisario seguirá vegetando en sus ficciones, aferrado y enceguecido en su amor por las ideas muertas, aquello que el analista venezolano Moisés Naím denominó “necrofilia ideológica”.

*Jamal Mechbal es jurista, ex diplomático marroquí y columnista en medios de España y Marruecos.

Artículo para CPLATAM -Análisis Político en América Latina- ©

Marzo, 2019

  1. José María Lizundia
    | Responder

    La penuria en la argumentación del Polisario, que pone de manifiesto una vez más el autor, puede condensarse en la mera expresión de una idea equivocada y absurda del asesor jurídica en NNUUU, de 2002, como fue la distinción entre traspasar la administración del territorio pero no la soberanía. Si el Sáhara español no tenía la soberanía y tampoco se le reconoce a España sobre el territorio ¿qué cualidad jurídica fundacional y constitutiva había que traspasar y entre quienes? No se pude hacer de la no soberanía real un elemento sustraído o separado, porque no había nada que sustraer. Para que hubiera habido soberanía habría que haberse autodeterminado previamente y así fundarla y actuarla.
    Son todo ficciones y sarta de penosas mentiras

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