Cuando el poder no sólo seduce a los medios

La Universidad Nacional de La Plata le otorgó recientemente a la presidente Cristina Fernández, el título de Doctor Honoris Causa. También fue merecedor de igual reconocimiento el difunto ex presidente Néstor Kirchner. Adicionalmente, la presidente argentina recibió el premio Rodolfo Walsh, como un reconocimiento a su esfuerzo en la promoción de la comunicación popular y la defensa de la libertad de Expresión.

Este premio y su controvertida concesión no es un hecho aislado. Nótese que en abril de 2009, el presidente Evo Morales fue nombrado Doctor Honoris Causa de esa universidad y también recibió el Premio Rodolfo Walsh de manos del entonces decano, Alejandro Verano. En octubre de 2013, Morales nuevamente sería noticia, al ser nombrado profesor titular honorario de la Cátedra de Estudios Suramericanos y Comunicación, de esa facultad, esta vez con el reconocimiento de la actual decana, Florencia Saintout. El turno del fallecido Hugo Chávez se dio en marzo de 2011. En esa ocasión, Saintout reconoció que el premio no era un reconocimiento neutral y celebró el liderazgo regional de Chávez para la consecución de la Patria Grande, la emancipación y el largo etcétera que viene en estos actos.

También en 2011, pero en el mes de junio, Hebe de Bonafini titular de Madres de Plaza de Mayo, fue distinguida con este premio que le entregó el periodista Víctor Hugo Morales. Florencia Saintout expresó en esa oportunidad: “Este premio se da en un momento en el que queremos resaltar que estamos con las Madres cuando son atacadas por la derecha. Nuestra Facultad tiene una larga trayectoria en Derechos Humanos, siempre hemos apoyado a las Madres de Plaza de Mayo”.

El premio fue otorgado en el marco del escándalo por un supuesto fraude millonario ocurrido en la organización Madres de la Plaza de Mayo y que llevó al apoderado Sergio Schoklender ante la justicia por presunto lavado de dinero y fraude con los fondos públicos que se entregaban a la organización para la construcción de viviendas en todo el país.

Schoklender aseguró meses más tarde que desde la organización se habían hecho desembolsos por más de 1,5 millones de dólares para financiar la campaña de la presidente Cristina Fernández de Kirchner. Bonafini salió al paso de esas declaraciones, reconoció que el kirchnerismo encargaba a la imprenta de la organización los carteles proselitistas pero negó cualquier aporte a la financiación de la campaña.

A comienzos de diciembre de 2012 el galardón por la comunicación popular y el fortalecimiento a la libertad de expresión fue entregado a Rafael Correa, presidente ecuatoriano, quien tituló su presentación: “callar en nombre de la libertad. La libertad de expresión como esclava del capital”. Criticó a los medios, narró el devenir mediático de su país, expresó su rechazo y casi que desprecio a organizaciones de la sociedad civil que han denunciado las arbitrariedades y abusos de del gobierno en materia de libertades. Incluso, cargó contra la CIDH (Comisión Interamericana de Derechos Humanos) por recibir a dichas organizaciones con sus denuncias.

Elementos comunes en estas condecoraciones: el discurso anti-medios de académicos y gobernantes, y de ahí en más, todos los calificativos que les permita la inspiración del momento; las referencias tanto de académicos como de mandatarios a Eduardo Galeano, convertido por estos en el historiador de América Latina, cuando no lo es, (Galeano recibió el premio en octubre de 2008 en reconocimiento a su trayectoria); y, el sueño recurrente a la Patria Grande y la mención de la unidad latinoamericana, que en honor a la verdad, no es tal. En los diferentes actos sobresalieron grupos y colectivos, -generalmente son los mismos-, valga decir que cuando la celebración tuvo a Hugo Chávez como protagonista la movilización fue más destacada y tuvo mayor acompañamiento internacional con algunos embajadores como los de Cuba e Irán, entre los asistentes.

Estos acontecimientos llevan a pensar en el papel de la universidad pública en la actualidad, más allá de lo pintorescos y de las anécdotas, se refleja un problema más profundo pero que evidencia las marcadas contradicciones del mundo académico. ¿Desde cuándo la universidad pública se casó con los poderes de turno? ¿No es acaso un espacio de creación y producción de conocimiento donde debe primar la deliberación, los argumentos, la crítica, la pluralidad de voces?

El discurso en contra de los medios de comunicación ha ganado un lugar en algunos sectores sociales, se les critica por ceder a los poderes de turno y por la ausencia de voces críticas. La academia no lo está haciendo mejor y eso no sólo es reprochable, es inadmisible. Se asiste a una universidad pública excesivamente militante y los daños pueden ser irreparables, no sólo por el desprestigio que estas acciones acarrean dado el proceder de los gobernantes a los que abrazan, también se ve una universidad disminuida en cuanto a su calidad. La Universidad Nacional de La Plata es ampliamente reconocida dentro y fuera del país, sin embargo, algunas cuestiones llaman la atención de la Facultad de Periodismo y Comunicación Social, que más allá de otorgar premios es bastante laxa y flexible en cuanto a los criterios de admisión para algunos programas de postgrado, con características poco convencionales, si se le compara con otras facultades y universidades de la región.

El largo brazo del populismo se instaló en algunos países y también llegó a las universidades, removió las fibras de algunos académicos e intelectuales nostálgicos de tiempos pasados que han cooperado ostensiblemente a deformar la realidad. Por eso, en estos actos se repudia la dictadura militar argentina, pero se aplaude la dictadura cubana con fervor. Ejemplos y situaciones surrealistas hay por montones, lo reafirman los foros y seminarios internacionales que se realizan en facultades de humanidades y ciencias sociales a lo largo y ancho del continente. Se observa con preocupación la distancia entre la academia y la realidad. La falta de pluralidad puede ser asfixiante.

No sólo los gobernantes se esmeran en re-escribir la historia. Desde la universidad también hay quienes la omiten, falsean o acomodan para ofrecer versiones amables y seducir a estudiantes incautos. La realidad latinoamericana va por un camino diferente al que se describe desde los foros académicos, espacios reducidos a un escenario de legitimación del pensamiento único, mostrando que si los excesos provienen de la izquierda y se dan en nombre de la Patria Grande, entonces, son justificables o se puede mirar a otro lado. Venezuela es un buen ejemplo.

No debe sorprender que el próximo en recibir el premio sea el presidente de Nicaragua Daniel Ortega quien, a propósito, recibió en febrero de este año el título de Doctor Honoris Causa por parte del Consejo Superior de la Universidad Nacional de Lanús, también en Argentina. Le fue otorgada la distinción considerando que la región atraviesa un proceso de revalorización de su identidad cultural y que el presidente ha sido consecuente en la construcción de la Patria Grande, la búsqueda de la integración latinoamericana y la defensa de los Derechos Humanos.

Por Clara RIVEROS para SudAméricaHoy (SAH)
Viernes 09 de mayo de 2014

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