China y África en la pospandemia

Por Mohamed Bendriss Alami, experto marroquí, especialista en África y Oriente Medio

En la primera parte del análisis se propuso una mirada breve de China como actor global, asimismo, una síntesis de su rápido proceso de modernización, del desafío de la regulación demográfica y, ahora, de la que puede constituir una problemática en el largo plazo por la baja natalidad. Se aproximó la génesis de la presencia china en África, las particularidades de la oferta china, la diversificación de intereses y la expansión en África, el pragmatismo de la cooperación de Pekín en un continente que enfrenta desafíos morales y políticos.

A continuación se presenta una mirada a la estrategia y a la ventana de oportunidad que brinda la actual coyuntura, teniendo como escenario de fondo la crisis sanitaria y el futuro inmediato, que puede permitir a China afianzar su posición en África, aunque sería deseable que reformule algunos criterios, esto en cuanto a la forma, pero también al fondo de la relación que mantiene Pekín con los Estados africanos.
«Medios al servicio de dictadores: China exporta su censura a África. Pekín ha comenzado a exportar la censura que practica en casa a África, donde China va ganando la batalla comercial a Europa y EEUU y aspira también a imponerse en la de la opinión pública», publicó El Confidencial en 2018.

China en los debates pospandemia. A mediados de este año el gobierno chino presidió una cumbre extraordinaria China-África sobre la solidaridad frente a la covid-19. El presidente chino, Xi Jinping, presidió en Pekín una cumbre virtual extraordinaria con participación de la Asamblea de Jefes de Estado y de Gobierno de la Unión Africana (UA), presidentes rotativos de las principales organizaciones subregionales africanas, así como el presidente de la Comisión de la UA. También fueron invitados el secretario general de las Naciones Unidas y el director general de la Organización Mundial de la Salud. La cumbre fue propuesta conjuntamente por China, Sudáfrica —país africano que ostenta la presidencia rotativa de la Unión Africana (UA)— y Senegal —copresidente del Foro de Cooperación China-África—.

Tras la debacle económica ocasionada por la pandemia de la covid-19 se supone que, por su importancia económica a nivel global, China puede utilizar su “legitimidad” para discutir con Estados Unidos el porvenir de la economía mundial, los mecanismos para la recuperación y los reajustes a implementar en el sistema económico internacional. La riqueza y el potencial africano no estarán ausentes de las negociaciones que determinen la zonificación económica y la consecuente repartición y/o competencia entre los grandes poderes económicos del mundo. Este ejercicio se anuncia duro y complejo y estará precedido de varios pulsos por parte de los concurrentes que tradicionalmente explotaban las riquezas del vasto continente africano sin demasiada competencia. Valga recordar que África, durante el siglo XX, incluso antes, fue “un continente pobre en su riqueza”, acusado además de provocar la emigración hacia Europa por no ser capaz de controlar su demografía, como lo hicieron los chinos desde hace más de medio siglo.

¿Perderán las antiguas potencias coloniales su aliento en África? De momento, esa no parece ser la tendencia. África recibe menor inversión extranjera directa (IED) de China en comparación con países occidentales como Francia, Reino Unido y Alemania, entre otros. Un hecho que en sí mismo justifica el vivo interés en comprender el rol de China como país inversor en África. Véase la dominación china como adquisidor de activos mediante operaciones de fusión-adquisición[1]. Los países africanos debido a sus fuertes demografías (2,7%) esperan de China la creación de más oportunidades de empleo para su juventud que representa el 62% de la población. África provee flujos migratorios hacia Europa[2]. Lo anterior pone de manifiesto que hay una necesidad de que China acelere su estrategia industrial y no se limite a la explotación de recursos naturales y a las infraestructuras como lo ha estado haciendo desde hace más de medio siglo. Con la covid-19 las políticas de deslocalización evidenciarán algunos cambios en los próximos años y, probablemente, ciertos países africanos serán candidatos a recibir algunas industrias, cosa que ya ocurre en países del norte y del sur de África donde China ha financiado la creación de zonas industriales.

A nivel político se observa que, en los últimos veinte años, Francia está perdiendo terreno en ciertos lugares de África. ¿A qué se debe esa pérdida de influencia? Al apoyo incondicional de París a algunas dictaduras y dictadores que gobiernan sus países como si fueran monarcas absolutos que fueron traspasando el poder de padre a hijo, sin preocuparse del bienestar de sus poblaciones. Hay regímenes que están en el poder hace más de cuarenta años (véase Paul Biya en Camerún, Teodoro Obiang Nguema en Guinea Ecuatorial o los Bongos en Gabón, etc.). La permanencia en el poder ha sido justificada a menudo en nombre de la estabilidad interna de esos países compuestos de varias etnias y de diferentes confesiones, elementos altamente inflamables además de los influyentes tribalismos poco sensibles al Estado de derecho. Históricamente tanto en África como en el mundo árabe los cambios de regímenes han sido procesos muy delicados y, en la mayoría de los casos, dolorosos con abundante derramamiento de sangre y demandas de intervención extranjera para recuperar la paz[3]. Son muy limitados los casos de las democracias en África que han conseguido cambios y transiciones políticas suaves y sin conflictos.

Francia, por su parte, enfrenta serios problemas en los países del Sahel debido a los movimientos terroristas que circulan libremente en esta zona gris, localizada entre varias fronteras de países frágiles que carecen de medios eficaces para controlar un territorio inmenso y árido[4]. Sin embargo, este terreno poco poblado que carece de infraestructuras básicas, incluso de agua para el consumo humano, alberga riquezas minerales de gran valor para las industrias occidentales. En África del oeste y en África central las voces se levantan pidiendo la creación de sus propias monedas para no quedarse atados al franco (CFA), con las consecuentes pérdidas económicas y, también, de soberanía.

Además de Francia otras potencias se han interesado en África, a saber: China, Rusia, Turquía, Estados Unidos, Marruecos o Emiratos Árabes Unidos, entre otras. La economía francesa está fuertemente ligada al continente africano que le suministra materias primas, pero también le sirve como mercado para la venta de sus productos manufacturados. África es, adicionalmente, una mina de recursos humanos que, desde los años sesenta, contribuye notablemente al desarrollo económico, social, cultural y deportivo de varios países europeos. Los africanos brillan en los equipos de fútbol y en otras disciplinas deportivas en Europa, también hay médicos, ingenieros, investigadores, abogados y juristas, albañiles, bomberos, mineros, barrenderos.

El caso de Marruecos es ilustrativo de esa emigración que ha ido a Europa mayoritariamente y que ha contribuido ostensiblemente al desarrollo de los países de acogida. La fuga de cerebros supone que anualmente unos 600 ingenieros deciden irse a Francia, sobre todo especialistas en nuevas tecnologías de la información (Information Technology). También ejercen en Europa unos 7000 médicos marroquíes. Los conciudadanos marroquíes tienen presencia en diferentes sectores económicos y/o político-administrativos de países europeos. La mayoría de este contingente de jóvenes con formación y con alta cualificación si bien se ha beneficiado de los contribuyentes marroquíes en alguna medida, coinciden en que la decisión de salir del país de origen se debió a la falta de perspectivas laborales y/o profesionales, porque las ofertas del mercado local laboral no satisfacen sus aspiraciones económicas. Muchos salen para desarrollar sus potencialidades en materia de investigación científica puesto que las capacidades del país todavía son muy limitadas o deficientes. La otra razón aludida para emigrar a Europa tiene que ver con la experiencia democrática del país y la consolidación de su Estado de derecho que todavía no ofrece suficientes garantías para el libre desarrollo y para el pleno ejercicio de las libertades políticas, civiles, individuales y/o colectivas.

Posesiones europeas en África con base en los acuerdos de la Conferencia de Berlín (1885). Como puede apreciarse, Inglaterra y Francia concentraron la mayor parte de posesiones en el continente

¿Rezago colonial en África o neocolonialismo? El colonialismo europeo en África experimentó diversas etapas: desde la venta de seres humanos, esclavos destinados a las Américas como fuerza de trabajo (siglos XV-XIX), al colonialismo propiamente dicho con base en el reparto que acordó la Conferencia de Berlín (1885-1886), cuyo contenido se modificó cuando Alemania fue derrotada en la Primera Guerra Mundial (1914-1918), debiendo ceder sus colonias a Francia y a Inglaterra. Este ciclo del colonialismo europeo duró en promedio 85 años y terminó en los años 60 del siglo XX cuando la mayoría de los países africanos consiguieron sus independencias[5]. Durante este periodo de la colonización no se logró la destrucción social ni la desestabilización cultural y económica de la sociedad tradicional africana. Esto se debió a la incapacidad de los europeos para controlar y ocupar todo el territorio, así como a la dificultad de controlar las migraciones internas de los africanos, ya que las fronteras político-administrativas no se correspondían con las fronteras étnicas, basadas en valores socio-culturales. Fue así como los africanos quedaron a medio camino, entre la tradición africana y la modernidad europea. Esta bicefalia cultural existe aún en el continente africano con efectos bidireccionales, a veces obra de manera positiva pero también ha servido como combustible para alimentar las guerras civiles interétnicas que afectan severamente la estabilidad del continente y obstaculizan su desarrollo económico. En abril de 1994, cuando Sudáfrica conoció sus primeras elecciones democráticas y puso fin al apartheid, inició el genocidio en Ruanda. Esta fue una de las catástrofes humanas del siglo XX, en la cual unos 800.000 ruandeses perdieron la vida, en su mayoría pertenecientes a la etnia tutsi fueron masacrados por los hutus[6]. Este terrible evento desencadenó en la República Democrática del Congo (RDC), lo que se conoció como la primera guerra mundial de África, un conflicto que implicó a los ejércitos de ocho países, provocando tres millones de muertos. Desde la década de las independencias, en los años 60 del siglo XX, los países africanos han experimentado conflictos motivados por las fronteras, los recursos naturales, la discriminación, las injusticias, la diversidad cultural y las cuestiones confesionales, la falsificación de resultados electorales, la debilidad de los Estados, etc. Sin embargo, desde Occidente también ha habido una tendencia a subestimar el impacto del colonialismo y de la Guerra Fría sobre África. Esta omisión tampoco ayuda a la compresión de los conflictos africanos que se renuevan cada década[7].

Oportunidades y desafíos en el corto, mediano y largo plazo para la cooperación China-África. Muchos países africanos continuaron siendo dependientes de sus antiguas metrópolis, a través de flujos de inversiones, asesoramiento económico y presencia de tropas militares. Estas manifestaciones y formas de mantener la presencia e influencia han sido denominadas por académicos e intelectuales africanos como “neocolonialismo”. Historiadores y estudiosos del continente africano coinciden al señalar que la colonización europea tuvo un efecto negativo profundo sobre los pueblos africanos[8]. En la mayoría de los casos el sistema colonial habría delineado el destino del continente africano en lo económico, financiero, político y, de cierta manera, cultural por la influencia lingüística y los hábitos que moldearon los comportamientos de las sociedades africanas.

Algunos problemas de las lecturas e interpretaciones deterministas tienen que ver con ideas fijas que omiten que las realidades son dinámicas y cambiantes. Al establecer juicios de valor inamovibles también se pierde de vista que la historia no transcurre nunca, en ningún lugar, en negro o en blanco, sino en una amplia gama de grises y con más colores de los que se admiten en rígidos esquemas teóricos imbuidos de ideologías asumidas como creencias.

Dicho esto, es preciso observar que el grado de dependencia de los países africanos respecto a sus antiguas metrópolis es desigual, también son variadas sus pertenencias a bloques regionales y sus intereses políticos y económicos. No hay un África homogénea. Es un continente diverso en el que más de 50 Estados avanzan con velocidades diferenciadas. En el continente hay países que pertenecen a instituciones regionales como: la Liga de los Estados Árabes, a la cual están vinculados los países del norte de África; la Commonwealth, entidad que acoge a muchos países anglófonos; la Organización de la Francofonía, que reúne a los países de habla francófona y que excede a los africanos; y, la Unión Africana, organización que acoge a todos los Estados africanos. Además, existen en el continente una multitud de Comités Económicos Regionales (CER) que constituyen el pilar de la Comunidad Económica Africana, creada en 1991 en Abuya (Nigeria) con el propósito de establecer un marco general de integración para la economía africana.

Teniendo como trasfondo este escenario, China enfrenta diferentes desafíos para consolidar su posición en el continente y en la que se avista, desde hace tiempo, como una competencia entre potencias por la hegemonía en África y cuyas pujas tendrán efectos e incidencia en el progreso del continente, pero también en la cooperación China-África. La influencia europea sobre el continente todavía está viva, pese a algunas señales de fatiga que los europeos deben captar y corregir. De lo contrario, Europa perderá, en el futuro próximo, buena parte de su influencia sobre el continente africano. La dependencia cultural de Europa, es profunda y arraigada por diversas razones (geográficas, históricas e incluso en los hábitos y en las prácticas), mientras que la presencia cultural china todavía es muy pobre, ínfima, carece de inversión para que llegue a competir con la presencia cultural europea. Los europeos han invertido mucho tiempo y recursos para conocer la sociología africana, incluso esa fue una de las estrategias adoptadas para conquistar a varios países africanos.

Cualquier impulso desde China carecerá de eficacia y sostenibilidad si no toma en consideración el desarrollo humano. Este es un componente fundamental del desarrollo, aunque no ha recibido suficiente atención por parte de las metrópolis coloniales, si cabe señalar que la promoción intensiva de los derechos humanos, durante las últimas cuatro décadas, ha hecho de este un tema prioritario como aspiración colectiva de los pueblos africanos. Lo anterior significa que las sociedades africanas tienden, cada vez más, a posicionarse en favor del desarrollo, las libertades, la democracia, la armonía con las metas y los objetivos de las Decenios Internacionales de Desarrollo (MDG) iniciadas y promovidas por las Naciones Unidas. Apostar en esa dirección le daría oportunidad a China para mejorar y amplificar su imagen a nivel de cada país, mediante una presencia suficientemente pronunciada, popular y que guarde relación con las aspiraciones legítimas de la ciudadanía.

La buena gobernanza es un requisito para todo desarrollo sostenible, también para cualquier inversión exitosa y eficaz en el marco de un Estado de derecho. Ello supone el asentamiento de las líneas de responsabilidades, con la consecuente rendición de cuentas y las medidas punitivas que deben funcionar y ser efectivas cuando las autoridades responsables a cualquier nivel no cumplen con las leyes. La aplicación y el funcionamiento del Estado de derecho y de la igualdad ante la ley permitirían luchar efectivamente contra la corrupción y asegurar el mejor uso de los recursos económicos y sociales de cada país.

Acerca de las oportunidades que China tiene en África. Como es evidente la economía china ha tenido un progreso notable en términos globales. Se ha diversificado cada vez más, aspira a mejorar su calidad y a extender su espacio comercial en el mundo, adoptando su oferta a todas las demandas. Esta flexibilidad y capacidad de adaptación es funcional al mercado africano cuyo progreso es diferente según la región del continente. De otra parte, África posee grandes recursos naturales que a menudo se manufacturan y adquieren valor fuera del país productor, incluso fuera del continente. Esta externalización industrial” hace perder a los países africanos un importante valor añadido, así como la oportunidad de crear una gran cantidad de empleo que beneficiaría a la juventud africana.

China, como se enunció en la primera parte del análisis, ha debido implementar políticas para el control demográfico, este es un tema que preocupa también en África por la densidad demográfica del continente. Mientras la tendencia demográfica mundial ha ido disminuyendo paulatinamente, la africana ha ido en aumento. De hecho, la “población del África subsahariana podría triplicarse, lo que permitiría que poco menos de la mitad de la población mundial sea africana para finales de siglo”. La cuestión demográfica en África es vista con preocupación también en Europa. Recientemente, el presidente Emmanuel Macron utilizó expresiones desacertadas para referir el tema suscitando indignación, protestas y reacciones de desaprobación a esa visión “maltusiana”[9]. Opiniones opuestas explican el crecimiento demográfico en África por la reducción de la mortalidad infantil, el mejoramiento de los servicios médicos y la disponibilidad de los medicamentos, lo que contribuyó a la extensión de la esperanza de vida al nacer. Es cierto que el aspecto sociocultural influye notablemente en el crecimiento demográfico. En África todavía se prefiere una familia amplia” y numerosa, pero esta mirada, sin embargo, está cambiando con el progreso económico, con la profesionalización de las mujeres y con el cambio en las formas de vida de los africanos. No obstante, todavía es un proceso incipiente que contrasta con las opciones de muchas mujeres en otras regiones del mundo que han tenido acceso a la educación, así como la posibilidad de elegir sobre su futuro, su vida y su salud sexual y reproductiva.

Recuérdese que hace pocos años China flexibilizó su política de hijo único porque el envejecimiento de la población es un factor que puede afectar su economía. Los economistas Adam Smith y Ricardo recordaban la importancia del comercio, de la división del trabajo y la consecuente especialización de los trabajadores, con el fin de producir riqueza y maximizar la funcionalidad de la economía de mercado. Los sistemas políticos defectuosos y con instituciones gangrenadas por la corrupción, la depredación y la inseguridad jurídica que amenaza la libertad del comercio y de la industria, son factores que inciden en el estancamiento económico de los países.

De otra parte, probablemente las consecuencias de la covid-19 van a empujar a muchos países industriales a revisar su política de deslocalización. Se espera también que ciertos países africanos, los mejor preparados y geográficamente más accesibles, tendrán la posibilidad o el atractivo para las compañías que tienden a la deslocalización. En este sentido, la experiencia China puede ser pertinente para preparar y orientar a los países africanos y que estos puedan beneficiarse de la reubicación industrial. Con lo cual los sistemas educativos deben ir reorientándose hacia las potencialidades de sus países para la formación técnica, tecnológica y profesional, así como en la creación de mecanismos de apoyo para los emprendimientos y las pequeñas y medianas empresas o pymes.

El peso y la diversidad de la industria china pueden jugar un papel importante en la explotación inteligente y equilibrada de los recursos naturales y humanos de los países africanos. El progreso económico de algunos países africanos ya se ha encaminado en la línea de la estrategia de China en África. Una asociación sur-sur que afianza su vocación de permanencia. China ha llegado para quedarse en África, pero debe tomar distancia de las formas coloniales —romper con la arrogancia que ha caracterizado a las potencias occidentales que entraron al continente décadas atrás— y comportarse como un socio, es decir, tratar de igual a igual a sus coprotagonistas, sin ningún complejo, de buena fe y con una lógica que afirme sociedades de ganador-ganador.

Por último, subrayar que el 31 de agosto pasado, el Rey Mohamed VI y Xi Jinping sostuvieron un intercambio telefónico respecto a la cooperación entre Marruecos y China. No hay que olvidar que Marruecos y China acordaron asociarse en ensayos de vacunas para combatir la pandemia de la covid-19. Como se había sugerido en páginas anteriores la relación entre Marruecos y China ha ido a más desde 2016 cuando los jefes de Estado firmaron la Declaración Conjunta sobre Asociación Estratégica. Ese encuentro tuvo lugar durante el viaje del monarca marroquí a Pekín. La declaración apuntó a fortalecer la asociación y la cooperación económicas en varios campos. China y Marruecos acordaron intensificar y fortalecer la cooperación bilateral. De hecho, el sector privado en industria y turismo a través de diferentes grupos y corporaciones firmó varios convenios de cooperación y ello redundó positivamente en el turismo marroquí —entre 2016 y 2019 aumentó el número de turistas chinos que visitaron Marruecos—. Después de que Marruecos decidió eliminar los requisitos de visado para los ciudadanos de China, el volumen de turistas chinos en Marruecos alcanzó los 350.000 al año. Este año Marruecos y China celebran 60 años de relaciones diplomáticas.

Notas

[1] Respecto a las acciones de las empresas y a las oportunidades de compra y/o venta de capital de empresas véase M&A : Mergers & Acquisition, ou Fusion- Acquiescions.

[2] El crecimiento demográfico en África subsahariana es muy elevado (2,7%), frente al 1% a nivel mundial. Los jóvenes de 25 años representan el 62% de la población subsahariana, mientras que los jóvenes de 25 años en el resto del mundo alcanzan el 41%.

[3] Véanse a este respecto las guerras civiles de República Democrática del Congo (RDC), República Centroafricana, Chad, Ruanda, Sierra Leona, Liberia, Nigeria, Libia, etc.

[4] La zona del Sahel y el Sahara es —zona de transición entre Mauritania, Argelia, Libia, Chad, Sudan, Níger, Nigeria, Burkina Faso y Mali— un corredor de circulación entre el norte y el sur subsahariano, una zona gris de control difícil, un espacio donde circulan organizaciones terroristas como Boko Haram, AQMI y otros comerciantes de armas y traficantes de emigrantes.

[5] Es de precisar que Marruecos recuperó el Sahara occidental en 1975, tras la Marcha Verde que forzó la retrocesión por parte de España. El traspaso administrativo tuvo lugar de manera definitiva en febrero de 1976. Namibia accedió a la independencia en 1990.

[6] Premiere phase du rapport de l’ONU sur le genocide au Rwanda. Communiqué de Presse CS/1174 (Naciones Unidas, 14 de abril de 2000)

[7] Artículo de Tom Porteous en Politique Etrangere. L’evolution des Conflits en Afrique, Année 2003 /68-2/ pp.307-320.

[8] Véase Lujan Aldana, C. “Las particularidades del colonialismo en África y sus consecuencias” (29 de abril de 2019).

[9] El maltusianismo es una doctrina hostil al crecimiento demográfico que preconiza la restricción voluntaria de la natalidad. Véase Malthus. T (1766-1834).

Un artículo exclusivo para CPLATAM -Análisis Político en América Latina- ©
Septiembre, 2020

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