Bonil y el correísmo que muta

El correísmo no corre: vuela. Del complejo de Adán pasó a la refundación. Del casi-Estado al todo-Estado. Del Estado de propaganda al Estado de opinión. O al revés, qué importa.

Ahora el correísmo implanta el Estado de irrisión. Es el efecto que provoca, pues la burla que produce brota mezclada con desprecio. Con desdén.

Irrisorio no es sinónimo de chiste que se celebra. O de ocurrencia jocosa que, mediante la risa, estimula los músculos cigomáticos de la cara.

Irrisorio es producir pena porque la burla que suscita el Estado raya, en este momento, en lo grotesco. ¿Brindamos por eso?

Irrisorio es el juicio a Bonil.

Irrisorios son esos funcionarios, pagados con dinero de todos, para perseguir a los ciudadanos.

Irrisorios son esos supuestos semiólogos contratados para que estiren los conceptos hasta que coincidan con la tipología de delitos que el gobierno inventó.

Irrisorias son las superintendencias de esta inquisición que ocultan información a los propios abogados de sus víctimas.

Irrisorio es que gente inteligente y ocupada pierda tiempo y energía para clamar su solidaridad con los chivos expiatorios del correísmo, en juicios penosamente surrealistas.

Irrisorios son esos jueces anónimos, de mirada vidriosa, tan afanosos como ajenos al dolor que causan.

Irrisorio es acusar a Bonil de racista o discriminador.

Irrisorios son los argumentos de sus inculpadores que, en vez de admitir que Agustín, el gran Tin, tuvo una intervención desafortunada, lo erigen en ícono intocable de una hermosa comunidad.

Irrisoria es la tesis del Presidente según la cual ahora sí se debaten esos temas… ¡Uy presidente!, ¿dónde ha estado?

Irrisorio es creer que este Gobierno puede enseñar a las conciencias sensibles del país (y ahí está Bonil) cómo no ser racistas. Y a palo.

Irrisorio es convertir el humor en delito.

Irrisorio es pretender condenar a un diario, El Universo, por no aplicar, como piden los nuevos curas sin alma, la censura previa y respetar el derecho de expresión.

Irrisorio es un gobierno que quiere subir a la camioneta de sus enemigos ficticios hasta los payasos contemporáneos.

Irrisorios son esos simulacros de justicia, con pruebas montadas y comités de ciudadanos abusados, que quieren convertir en racistas a personas que luchan, precisamente, por el respeto de las diferencias frente a un poder unívoco.

Irrisorios son los Ponce, los Falconi, los Barrera, los Bustamante, los Cordero… que callan. Denodada y tristemente.

Irrisorio es corroborar tanta cobardía en políticos que cuando eran conciencias se fajaban con gobiernos atrabiliarios.

Irrisorio es comprobar hasta qué punto un gobierno que ha tenido tantas cartas a su favor trabaja tanto en su contra.

Irrisorio es cerciorarse de que Kafka sigue vivo en Ecuador.

Irrisorio es confirmar que estos funcionarios no creen que un día responderán por sus abusos.

Irrisorio es escribir y repetirse; escribir y sumar capítulos a la reiteración.

Todo sería tan irrisorio si no fuera tan dramático. Si no causara dolor y angustia en las familias. Si no hubiese un coronel Carrión, una Mery Zamora, los familiares de estudiantes presos, un Kléver Jiménez, un Carlos Zorrilla, un Bonil…

Irrisoria es la nueva etapa del correísmo decidido a superar los límites de lo parecía improbable.

Irrisorio es que persevere con tanto ahínco en tierras movedizas en vez de enmendar.

Irrisorio y desconsolador.

Irrisorio es este correísmo que no corre: vuela. De la grandeza prometida a la insignificancia que produce risa (si no fuera tan dramático).

José Hernández, Ecuador.

Sentido Común, febrero 10, 2015.

logofundamedios

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.